Guerra de Troya, talón de Aquiles, Cabayo de troya

•9 febrero 2014 • Dejar un comentario

En la mitología griega, la guerra de Troya fue un conflicto bélico en el que se enfrentaron una coalición de ejércitos aqueos contra la ciudad de Troya (también llamada Ilión y ubicada en Asia menor) y sus aliados. Según Homero, se trataría de una expedición de castigo por parte de los aqueos, cuyo casus belli habría sido el rapto (o fuga) de Helena de Esparta (luego conocida como Elena de Troya) por el príncipe Paris de Troya.

Los historiadores que piensan que los poemas épicos de la guerra de Troya derivan de algún conflicto real, lo fechan entre 1200 ac .–1100 ac

El mito surge así:

Zeus se convierte en rey de los dioses tras destronar a su padre Crono; Crono a su vez había destronado a su padre Urano. Zeus escucha una profecía en que él a su vez será destronado por uno de sus hijos. Otra profecía dice que un hijo de la ninfa Tetis sería más grande que su padre. Posiblemente por alguna de estas razones, Tetis se casó por orden de Zeus con un mortal, el rey Peleo. Peleo y Tetis tuvieron un hijo llamado Aquiles quien, según otra profecía, moriría joven en Troya. Con la esperanza de protegerle, cuando era un niño su madre lo bañó en el río Estigia haciéndolo invulnerable excepto en el talón, por donde lo sujetó( de aquí el mito del talón de Aquiles).

Todos los dioses fueron invitados a la boda de Peleo y Tetis, excepto Eris. Ésta se presentó de improviso en la boda y dejó sobre la mesa una manzana de oro en la que estaba inscrita la palabra kallisti (‘para la más hermosa’). La manzana fue reclamada por Hera, Atenea y Afrodita. Zeus resolvió el asunto nombrando árbitro a París, un príncipe de Troya, que había sido criado como pastor a raíz de una profecía, según la cual sería el causante de la caída de Troya.

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Las diosas quisieron sobornar a Paris: Atenea le ofreció sabiduría, destreza en la batalla y las habilidades de los grandes guerreros; Hera le ofreció poder político y el control de toda Asia, y Afrodita le ofreció el amor de la mujer más bella del mundo. París concedió la manzana a Afrodita, y regresó a Troya.

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El porque del rapto de Helena:

La mujer más bella del mundo era Helena. Era hija de Leda, la cual estaba casada con Tíndaro, rey de Esparta, y fue seducida por Zeus en forma de cisne; los informes difieren sobre cuáles de los cuatro hijos de Leda lo eran de Zeus y cuáles de Tíndaro, pero Homero presenta a Helena como hija de Zeus.

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Helena tenía muchos pretendientes, y Tíndaro estaba poco dispuesto a elegir uno por miedo a que los otros tomasen represalias. Finalmente, uno de los pretendientes, Odiseo de Itaca (Ulises en la mitología romana) propuso un plan. Hizo prometer a todos defender el matrimonio de Helena con quien ella eligiese. Ella eligió a Menelao, quien humildemente no hizo la petición por sí mismo, sino enviando a su hermano Agamenón en su lugar. Los dos hermanos vivían en la corte de Tíndaro desde que fueron desterrados de Micenas, después de que su padre, Atreo fuese asesinado y su trono usurpado por su hermano Tiestes y su hijo Egisto. Menelao heredó el trono de Esparta de Tíndaro, con Helena como su reina, y Agamenón, casado con la hermana de Helena, Clitemnestra recuperó el trono de Micenas.

Enviado a hacer tratos diplomáticos a Esparta, Paris se enamoró de Helena y, con la ayuda de Afrodita, la raptó o la sedujo, y la llevó de regreso a Troya como esposa. Todos los reyes y príncipes de Grecia fueron llamados a cumplir su juramento y recuperarla.

Quien dirigió las tropas:

Odiseo estaba casado con Penélope y tenía un hijo, Telémaco. Odiseo para evitar ir a la guerra, se fingió loco y sembró sus campos con sal. Palamedes fue más listo que él y puso a su hijo Telémaco delante del arado. Odiseo se incorporó al no estar dispuesto a matar a su hijo, revelando su cordura y viéndose obligado a ir a la guerra.

El adivino Calcas auguró que nunca podría ser conquistada la ciudad de Troya sin que Aquiles participara en la batalla. Su madre Tetis, sabiendo que Aquiles moriría si iba a Troya, lo disfrazó de mujer en la corte del rey Licomedes en Esciro. Allí tuvo una relación amorosa con la hija del rey, Deidamía, de la que tuvieron un hijo, Neoptólemo. Odiseo descubrió a Aquiles entre las mujeres y consiguió así que participara en la expedición.

Finalmente, se reunió una flota de más de mil barcos al mando de Agamenón.

Los griegos también llevaron los huesos de Pélope, padre de Atreo y abuelo de Agamenón y Menelao, para ayudarles a ganar la guerra. Otro oráculo auguró que serían necesarios para conseguir la victoria.

El viaje a troya:

Cuando la expedición se dispuso de nuevo a zarpar desde Áulide, los vientos cesaron. Calcas auguró que la diosa Artemisa estaba castigando a Agamenón por matar un ciervo sagrado (o matar un ciervo en un bosque sagrado) y alardear que era mejor cazador que ella. La única forma de apaciguar a Artemisa era sacrificar a la hija de Agamenón, Ifigenia. Ifigenia fue trasladada desde Micenas hasta Áulide con el falso pretexto de que iba a convertirse en esposa de Aquiles. Cuando llegó, Agamenón se dispuso a sacrificarla pero en el último momento Artemisa sustituyó a la joven por un ciervo y la llevó a Táurica (o Táurida), donde fue sacerdotisa de su culto. Allí era la encargada de sacrificar a todo extranjero que allí llegaba, en honor a Artemisa. Hesíodondice que se convirtió en la diosa Hécate. 

Inicio de la Guerra:

La armada aquea arribó a las playas de Troya, donde se encontró con gran parte del ejército troyano esperándola (arqueros y guerreros).

Mapa de la Tróade.

El oráculo profetizó que el primer griego que pisara tierra sería el primero en morir en la guerra de Troya.Protesilao, líder de los filaceos, satisfizo esta profecía.Héctor mató a Protesilao, y Laodamía, esposa de éste, se suicidó a causa del dolor. Tras la muerte de Protesilao, su hermano Podarces fue a la guerra en su lugar.

Tras una batalla en la playa, los aqueos lograron imponerse. Entre otros, Aquiles mató a un hijo de Poseidón, Cicno, que luchaba en las fuerzas de Ilión. Cicno era invulnerable a las armas y Aquiles lo estranguló.

Los griegos sitiaron Troya durante nueve años. Las tropas griegas saquearon varias ciudades cercanas y, en el reparto del botín, Agamenón tomó como esclava a Criseida, hija de Crises, sacerdote de Apolo. Cuando Crises intentó pagar su rescate, fue maltratado, así que pidió a Apolo que castigase a los griegos, y la armada fue azotada por una plaga.

Hechos de la Íliada:

El oráculo emitido por Calcas dijo que la plaga solo cesaría si Agamenón  devolvía a Criseida a su padre. Enojado por esto, y con Aquiles (que garantizó el cumplimiento del oráculo), Agamenón aceptó devolver a Criseida pero a cambio tomó a la concubina de Aquiles, Briseida. Aquiles y Agamenon discutieron y Aquiles se negó a luchar. Aunque los griegos estaban destinados a ganar la guerra, Aquiles pidió a su madre Tetis que intercediera ante Zeus para asegurarse de que a los griegos les fuese mal hasta que Agamenón se disculpase ante él. Los siguientes días los griegos fueron duramente castigados en la batalla y los principales guerreros, salvo Áyax fueron heridos gravemente. Los troyanos, liderados por Héctor, avanzaban sin parar sobre las posiciones griegas llegando incluso hasta las naves las cuales comenzaron a prender fuego; lo hubiesen logrado a no ser por la resistencia de Áyax y la llegada de Patroclo.

En vista del peligro, Aquiles había dejado que su compañero Patroclo llevase su armadura y liderase las tropas en la batalla. La llegada de Patroclo le dio nuevos ánimos a los griegos (quienes creían que era Aquiles) y lograron expulsar a los troyanos de las naves. Sin embargo, Héctor dio muerte a Patroclo(con ayuda de Apolo) y se quedó con la armadura de Aquiles tras una ardua batalla que se había desencadenado alrededor del cuerpo sin vida de Patroclo. Loco de dolor, Aquiles juró venganza, mató a Héctor y arrastró su cuerpo atado a su carro alrededor de las murallas de Troya tres veces, y daba 13 vueltas alrededor de la pira funeraria de Patroclo por cada día que pasaba. Aquiles, furioso, se negó a devolver el cuerpo de Héctor a los troyanos para los ritos funerarios hasta que, Príamo, acompañado por Hermes, fue una noche en persona a suplicarle que lo devolviese, con lo que se ablandó y declaró una tregua de doce días mientras durasen los funerales de Héctor.

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Muerte de Aquiles:

Poco después de la muerte de Héctor, Aquiles venció a Memnón de Etiopía y a la amazona Pentesilea (con quien Aquiles tuvo una aventura según algunas versiones). Fue muerto por Paris, bien de una flecha en su talón dirigida por Apolo durante una tregua; o en otra versión, directamente por el dios Apolo. Sus huesos fueron mezclados con los de Patroclo, y hubo juegos funerarios. Como Áyax, se representa viviendo tras su muerte en la isla de Leuce en la desembocadura del Danubio. En Las troyanas y Hécuba, obras de Eurípides, Políxena, hija de Príamo es sacrificada en la pira fúnebre de Aquiles.

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En otra versión bastante diferente de las anteriores,Aquiles había prometido a Príamo que, si consentía el casamiento con su hija Políxena, pasaría a abandonar a los suyos y defender Troya, pero tras concertar una cita en el templo de Apolo Timbreo, fue asesinado por Paris con una daga en la espalda (o una flecha en el talón).

El caballo de troya:

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El cerco de Troya duró diez años. Los griegos idearon una nueva treta – un gran caballo de madera hueco. Fue construido por Epeo y lo ocuparon soldados griegos liderados por Odiseo.El resto de la armada griega fingió partir y un espía griego, Sinón, convenció a los troyanos de que el caballo era una ofrenda a Atenea a pesar de las advertencias de Laoconte y Casandra. Los troyanos introdujeron el caballo en la ciudad e hicieron una gran celebración y, cuando los griegos salieron del caballo, la ciudad entera estaba bajo el sueño de la bebida. Los guerreros griegos abrieron las puertas de la ciudad para permitir la entrada al resto de las tropas y fue saqueada sin piedad alguna.

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La Leyenda del Mate

•3 julio 2013 • Dejar un comentario

Los guaraníes cuentan que la luna, Yacy, paseaba desde siempre por los cielos nocturnos, observando curiosa los bosques, las lagunas, el río conociendo el mundo por primera vez. 

Sin embargo, a sus oídos fueron llegando los relatos de quienes habían visitado el mundo y que le iban contando de la vida de los animales, de la belleza de las flores, del canto de los grillos, el piar de las aves, del sonido del río… y la luna fue tornándose cada vez más curiosa y con deseos de visitar la tierra. 

Así que un día se decidió y, junto con Araí, la nube, fue a pedirle autorización a Kuaray, el Sol, para que las dejase bajar un día a la tierra para así poder contemplar de cerca las bellezas del mundo. El dios Sol se mostró reacio a dejarlas partir, pero por fin cedió y las dejó marchar. Sólo les impuso una condición: en la tierra serían vulnerables a los peligros de la selva como cualquier humano, aunque también serían invisibles para estos. 

Luego las dejó partir. 

Fue así como la luna, Yacy, llegó un día a la tierra. Y junto con Araí fueron visitando los lugares que veían desde las alturas,maravillándose a cada paso. Observaron de cerca como las arañas tejían sus redes, sintieron el frío del agua del río, tocaron la tierra roja con sus manos. 

Tan absortas en su mundo estaban ambas diosas que no se percataron de la acechanza de un yaguareté que las seguía de cerca. El felino estaba hambriento y quería comer, por lo que en un momento largo el zarpazo para atrapar a las mujeres. 

En el momento justo cuando estaba por alcanzarlas, el animal fue alcanzado por una flecha lanzada por un joven cazador guaraní, que justo pasaba por el lugar, y que sin saberlo, salvó la vida de las diosas. 
El joven cansado por la búsqueda, pero feliz por su conquista,decidió descansar al pie de un árbol, antes de regresar a la tribu. Y entonces se durmió. 

Y en sus sueños fue visitado por las diosas que, vestidas de blanco, le hablaron con cariño. Yacy le dijo que como símbolo de gratitud, cuando llegue a su tribu, encontrará un arbusto a la entrada que nunca antes había visto. Le dijo como hacer con sus hojas para preparar una infusión que uniría a las personas de todas las tribus,como símbolo de hermandad y de confraternidad. 

Cuando se despertó y volvió con su gente, el joven cazador vio el arbusto a la entrada del campamento y siguiendo las instrucciones que la diosa le dio en sueños, el muchacho buscó una calabaza hueca, picó las hojas del arbusto, las puso dentro y llenó el cuenco con agua.Luego, con una pequeña caña tomó la bebida. 

Inmediatamente compartió la infusión con la gente de la tribu que observaban curiosos es trabajo del cazador. La calabaza fue pasando de mano en mano, y todos fueron tomando la infusión. 

AImagensí nació el mate, que une a las personas, que es un símbolo de paz y confraternidad. Y que fue un regalo de la luna a los hombres para que compartan vivencias, para que fomenten su amistad, o para que disfruten un silencio compartido.

Criaturas mitológicas 3

•4 enero 2013 • 1 Comentario

       Gigante:

El gigante es una criatura de aspecto humanoide que se caracteriza por poseer un tamaño y fuerza descomunales.

Los gigantes aparecen en infinidad de leyendas y se les atribuyen muchas de las catástrofes que se han vivido durante la historia.  Los antiguos creían que eran capaces de romper montañas y provocar avalanchas, o de secar un río entero bebiendo de su caudal.

Los gigantes en la mitología

Una de las razas de gigantes más conocida en la mitología griega son los cíclopes. Gigantes de un solo ojo dedicados a la herrería y forjadores los rayos de Zeus y de las más increíbles armas de los dioses.

En la mitología mesopotámica se contaban las aterradoras historias del gigante Humbaba, el vomitador de fuego. Este gigante era el Guardián del Bosque de Cedros, en la morada de los dioses, y su aspecto era verdaderamente peculiar. Tenía la cara envuelta en intestinos replegados y contaba con garras de león. Tal era su fiereza que sólo se podía entrar en el bosque que protegía si se poseían amuletos de protección contra demonios. Cuando los legendarios héroes Gilgamesh y Enkidu se adentraron en este bosque, dieron muerte a Humbaba sin saber que era una bestia sagrada. Los dioses castigaron a Gilgamesh arrebatándole a su compañero Enkidu.

En el norte de Europa las leyendas hablaban de enormes y horribles seres conocidos como trolls que vivían en cuevas y madrigueras. Acechaban durante la noche, ya que la luz solar los convertía en piedra.

Los gigantes también abundan en cuentos de hadas e historias folclóricas como por ejemplo pulgarcito.

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 Arconte:

La figura del arconte ha sido reconocida en numerosas mitologías y civilizaciones como la celta y la azteca, y algunas han conseguido nombrar hasta 12 arcontes. Esto no significa que no haya más, sino que nunca se han materializado en nuestro plano.

Los arcontes son eficaces y poderosos intermediarios. Son la conciencia y, en cierto modo, el ente físico que se encarga de llevar a cabo todo lo que el dios necesita ejecutar. Son La Autoridad.

Es lógico pensar que estos seres poseen un gran poder, pero hay mucho más. Su fuerza y gracia son celestiales, divinas. No necesitan hablar, aunque lo hagan, y no necesitan luchar, aunque porten armas arcanas. Su mera presencia es una revelación que despeja la mente y el espíritu.

Características del arconte

Suelen aparecer bajo la forma de un humano, hombre o mujer, de piel y cabello azul, blanco o dorado. La mayoría posee enormes alas angelicales aunque no las necesitan para volar y moverse a voluntad. Pueden teleportarse y estar a cada segundo en un lugar distinto.

Los arcontes hablan su propia lengua celestial y la lengua infernal. Aun así, pueden comunicarse con cualquier otro ser usando su empatía, de manera que se hacen entender aunque no se conozca ni una palabra del idioma angelical.

El aura del arconte es una de sus cualidades más llamativas. Cuando el arconte se manifiesta, su aura es de pura bondad y sus ojos se muestran comprensivos y llenos de amor. Si el arconte debe tomar una actitud más correctora, su aura se transforma en un amplio halo luminoso de protección para sí mismo y para las criaturas de buen corazón que estén presenten. Si el arconte debe mostrarse hostil ante una criatura malvada, su aura se convierte en halo amenazador sediento de justicia al que muy pocas criaturas infernales escapan, ya que debilita y merma la voluntad.

Un arconte presenta también la capacidad de atravesar la oscuridad y la penumbra con su mente, permitiendo a sus ojos ver todo lo que esconden las sombras. Arconte, de Jason Engle

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Drider:

En la sociedad drow existe una gran veneración a la diosa araña, Lolth. Cuando un drow llega a un cierto grado de desarrollo, ya sea como guerrero, mago, etc., es sometido a una prueba especial encomendada por Lolth.

Aquéllos que no superan la prueba reciben una maldición de la diosa y son desterrados de su comunidad. La maldición los transforma en seres que mantienen la parte superior de drow, pero la parte inferior de su cuerpo es la de una araña gigante, normalmente de 8 patas.

Los driders conservan las mismas cualidades que tenían cuando eran drows; la capacidad de lanzar conjuros, la infravisión, el dominio del arco y, sobre todo, del hacha y la espada. Evidentemente, también conservan la aversión a la luz y su odio por las criaturas de la superficie.

Son seres agresivos, rápidos y fuertes. Sus mordiscos son profundos y venenosos. El carácter del drider es muy desagradable y, puesto que no son seres especialmente sociables, es habitual verlos solos o en compañía de alguna araña.

Viven atormentando a sus víctimas, las persiguen y las acosan hasta que consiguen acorralarlas y matarlas, bien golpeando con sus patas o bien mordiéndolas. Tras la matanza, se alimentan de la sangre y de las vísceras del desafortunado contrincante.

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El contemplador:

Se le conoce como “el ojo tirano”, ya que se trata de un cuerpo globular con un ojo gigante, más o menos esférico, y con unos 10 pedúnculos largos. Su cuerpo esta recubierto de quitina, lo que le da una gran dureza y puede actuar como armadura. Los pedúnculos también tienen ojos, y están situados en la parte superior de la esfera. Tiene además una enorme boca con dientes afilados. El ojo central puede lanzar un rayo anti magia  que le permite bloquear cualquier tipo de magia dentro de su campo de visión. Los demás ojos tienen distintas funciones, uno puede de hechizar, otro provocar sueño, transformar en piedra, telequinesis, lanzar un rayo des integrador  provocar lentitud en el adversario y lanzar el “rayo de la muerte”.

Si pierde un pedúnculo en combate, sólo necesita una semana para que le vuelva a crecer. Estos pendúnculos perdidos son muy útiles para pociones mágicas de levitación. Los contempladores pueden levitar y desplazarse flotando a voluntad. Esta agilidad en sus movimientos permite que puedan esquivar fácilmente otros ataques, y esto unido a la magia de sus ojos lo convierten un ser muy poderoso. Existe una variedad de contemplador que habita en las profundidades marinas, y que se diferencia del anterior en que tiene unas pinzas como de cangrejo. Tiene además dos ojos extra que le permiten crear una ilusión, con la que engañan a sus víctimas.

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ETTIN :

Físicamente es muy parecido a un ogro; cuentan con enormes colmillos y tienen la piel tan dura y grisácea que parece cubierta de una capa de pelaje corto. Sin embargo, su tamaño puede llegar a duplicar al de los ogros. De hecho, “ ETTIN” viene del inglés “eoten”, una palabra en desuso que significa “gigante”.

Lo más característico de estos seres es, sin duda, la doble cabeza. Cada cabeza es independiente y dirige una parte de su cuerpo. De este modo, la cabeza izquierda controla el brazo y pierna izquierdos, y la derecha hace lo mismo con el brazo y pierna derechos. De ahí la importancia de llegar a un acuerdo entre ambas cabezas, o el resultado de los movimientos del ETTIN puede ser desastroso.

Sin embargo, la doble cabeza es más ventajosa de lo que pueda parecer, ya que permite al ETTIN tener un mayor campo visual y facilita el estado de alerta. Es muy difícil encontrar a un ETTIN desprevenido, siempre están listos para la lucha.

Los ettin tienen un ataque muy poderoso puesto que están especializados en armas de gran tamaño como el garrote y el mayal que, además, pueden blandir en ambos brazos ya que cada cabeza coordina un arma.

Igual que al resto de gigantes, les gusta habitar en colinas y montañas, y hacen de las cuevas su hogar. Al ser seres solitarios, las cuevas suelen estar ocupadas por un solo ettin, a menos que tengan descendencia. En este caso, se ocupan del pequeño ETTIN durante los primeros años de su vida, hasta que se consideran adultos.

Son poco inteligentes, apenas consiguen comunicarse con otros seres y, si unimos esto a su poca sociabilidad, encontraremos que un ettin tiende a mostrarse agresivo con casi cualquier ser que tenga delante. Aunque es cierto que, en ocasiones, puede llegar a realizar tratos con ogros o con orcos, normalmente con fines perversos.

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Orcos

 Orcos:

Orco es la deformación de un término, proveniente del inglés antiguo, que se refería a numerosos monstruos de la mitología celta. La existencia de estas criaturas fue inventada para dar explicación a los hechos de sangre y asaltos acaecidos en los campos y bosques. En español la palabra ha evolucionado como «ogro». En la mitología romana la palabra Orcus («Orco») es sinónimo de inframundo y, en ocasiones, también es el nombre de un gigante hijo del dios Putón. La palabra castellana derivada de la latina es huerco.

Los salvajes orcos de piel verde son una de las razas más prolíficas de Azeroth. Se cree que son brutales y estúpidos, sin humanidad ni empatía hacia las otras razas. Nacidos en el mundo infernal de Draenor, los orcos llegaron al reino de Ventormenta a través del portal dimensional conocido como El Portal Oscuro y manipulados para luchar contra los humanos. Aunque son pocos los que conocen su historia, los orcos cultivaron una sociedad noble y chamánica en el mundo de Draenor.

La sociedad de los orcos se ha caracterizado siempre por la vida robusta y salvaje. Consecuentemente son pragmáticos, firmes, y nunca son tímidos en la batalla cuando tienen que proteger el futuro de un orco o de su clan. Se espera que todos los orcos sin importar sexo o edad sean valientes, y la debilidad se considera una falta grave. La debilidad de uno contamina la debilidad de todos, y es castigable por la humillación más grande que un orco puede recibir: el exilio. Es más exacto decir que los orcos son prácticos más bien que nobles, pero diversos clanes también tienen diversas personalidades. Thrall y el Frostwolves han traído una influencia notable de compasión en la Horda, vista típica mente en un tratamiento menos duro de Thrall hacia los peones, que eran vistos como una raza secundaria y despreciable. No obstante hay clanes tales como los Warsong que todavía se aferran en lo rígido, la creencia espartana valorada en la vieja Horda.

 

Los números de 2012

•1 enero 2013 • Dejar un comentario

Los duendes de las estadísticas de WordPress.com prepararon un informe sobre el año 2012 de este blog.

Aquí hay un extracto:

4,329 films were submitted to the 2012 Cannes Film Festival. This blog had 20.000 views in 2012. If each view were a film, this blog would power 5 Film Festivals

Haz click para ver el reporte completo.

Medusa, otra victima de los dioses

•26 abril 2012 • 3 comentarios

En la mitología griega, Medusa era una de las tres gorgonas, la única mortal(y la más hermoza).

ImagenLas 3 Gorgonas (Esteno, Euríale y Medusa) eran hijas de dos divinidades marinas, Forcis y Ceto. Su aspecto era terrible: de la cabeza le crecían serpientes en vez de pelo, el cuerpo recubierto de escamas de dragón,; Medusa y las gorgonas, en su sonrisa lucían un par de afilados colmillos de jabalí; sus manos eran de bronce y sus dos alas de oro, lo que no les impedía utilizarlas para volar; y, si miraban directamente a alguien a los ojos, al momento le dejaban petrificado(hecho piedra).

De las tres gorgonas, la más famosa era Medusa, aunque era la única mortal. Medusa y sus hermanas vivían el extremo de Occidente, cerca del reino de los muertos, y no había mortal ni divinidad que no las tuviera temor.

En la versión más conocida del mito, Medusa era originalmente una hermosa mujer humana. Poseidón se enamoró de Medusa, y la sedujo (o violó) en un templo dedicado a Atenea. Ambos dioses eran rivales desde que compitieran por el patronazgo de Atenas y los habitantes de la ciudad prefiriesen el olivo de Atenea a la fuente o los caballos de Poseidón.

Tras descubrir la profanación de su templo, Atenea transformó a Medusa hasta tener la forma de sus dos hermanas(horribles para que ya no sedujece ni le interesase a nadie más).

Algunas versiones dicen que fue Afrodita quien celosa de la cabellera de Medusa,la cambió por serpientes(lo cual no sería extraño ya que Afrodita ha sido famosa por su brutalidad contra las mortales cuando las creian demasiado bellas dado su gran ego).

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Mientras Medusa estaba embarazada de Poseidón, fue decapitada por el héroe Perseo(medio dios segun dice la historia otro de los hijos de Zeus con una mortal) con la ayuda de Atenea y Hermes.

La sangre que cayó al suelo o, según las versiones, de su cuello brotó su descendencia: el caballo alado Pegaso y el gigante Crisaor ( el padre de Gerión, un gigante que poseía tres cuerpos hasta la cintura y al que Hércules mataría en La Coruña y enterraría debajo de la Torre de Hércules) .

Perseo usó la cabeza de Medusa para rescatar a Andrómeda(imagen reperesentada en la escultura de arriva), la uso para matar a Polidectes y, en algunas versiones, petrificar al titán Atlas. Entonces se la ofreció a Atenea, quien colocó la cabeza de medusa en su escudo, la égida. Se dice que la sangre de Medusa resucitaba a los muertos y con ella Asclepio resucitó a algunos héroes.

Según cuenta Pausanias en el libro II de su Descripción de Grecia, dedicado a Corinto, el mito de Medusa es una versión novelada de la historia de una reina quien, después de la muerte de su padre, habría recogido ella misma el cetro, gobernando a sus súbditos cerca del lago Tritonide, en Libia. Medusa habría muerto de noche durante una campaña contra Perseo, un príncipe del Peloponeso.

Samuráis

•16 enero 2012 • 1 Comentario

Samuráis, los guerreros de Japón
En el siglo XVII los samuráis se quedaron sin guerras en las que combatir. No
abandonaron por ello la práctica de las armas, ni su ética basada en la lealtad y el
sacrificio. De hecho fue entonces cuando se forjó su mito.

La figura del samurái, el guerrero japonés, está tan envuelta por
el mito y el romanticismo que se hace extremamente difícil
separar la leyenda de la realidad. Sí que es cierto que el samurái
fue un producto de las circunstancias históricas de Japón, de
una larga evolución social y política que culminó en los siglos
XVII y XVIII con la configuración de una verdadera cultura
samurái, que persiste hasta la actualidad. Tras haber defendido
las fronteras de Japón durante siglos y librado interminables
guerras feudales, finalmente en el siglo XVII llegó la paz, pero la
figura del guerrero japonés siguió causando admiración por su
original ética y su maestría en las artes marciales. En los siglos
IV y III a.C. aparecieron en Japón unas élites armadas en los
grupos tribales que formaban pequeñas entidades sociales y se
fueron convirtiendo en grandes clanes sometidos al poder
imperial. Había hasta 17 categorías de samuráis y se esperaba
de ellos que respondieran lealmente a su señor, y acudieran a
la guerra aportando su caballo y sus armas, principalmente
arcos y sables. La vida de los samuráis se guiaba por los valores
del bushido, o «vía del guerrero», el código de honor samurái
que cristalizó en el siglo XVII, pero que ya estaba presente desde
el siglo VIII: sus valores eran la bravura, la justicia, el honor y la
fidelidad. Además, junto con el principio del cumplimiento del
deber, a los jóvenes samuráis se les inculcaba el desprecio a los
bienes materiales, al dolor y, sobre todo, a la muerte.

Separar la leyenda de la realidad. Sí que es cierto que el samurái
fue un producto de las circunstancias históricas de Japón, de
una larga evolución social y política que culminó en los siglos
XVII y XVIII con la configuración de una verdadera cultura
samurái, que persiste hasta la actualidad. Tras haber defendido
las fronteras de Japón durante siglos y librado interminables
guerras feudales, finalmente en el siglo XVII llegó la paz, pero la
figura del guerrero japonés siguió causando admiración por su
original ética y su maestría en las artes marciales. En los siglos
IV y III a.C. aparecieron en Japón unas élites armadas en los
grupos tribales que formaban pequeñas entidades sociales y se sometidos al poder
imperial. Había hasta 17 categorías de samuráis y se esperaba
de ellos que respondieran lealmente a su señor, y acudieran a
la guerra aportando su caballo y sus armas, principalmente
arcos y sables. La vida de los samuráis se guiaba por los valores
del bushido, o «vía del guerrero», el código de honor samurái
que cristalizó en el siglo XVII, pero que ya estaba presente desde
el siglo VIII: sus valores eran la bravura, la justicia, el honor y la
fidelidad. Además, junto con el principio del cumplimiento del
deber, a los jóvenes samuráis se les inculcaba el desprecio a los
bienes materiales, al dolor y, sobre todo, a la muerte.

En el siglo XVII los samuráis se quedaron sin guerras en las que combatir. No
abandonaron por ello la práctica de las armas, ni su ética basada en la lealtad y el
sacrificio. De hecho fue entonces cuando se forjó su mito.

Cronología el Japón de los samuráis:

794-1192
Período de Heian: el gobierno imperial sufre el acoso de los clanes nobiliarios.
1192-1338
Período de Kamakura: Minamoto Yorimoto ejerce el poder con el título de shogun.
1338-1573
Período de Muromachi: los shogunes Ashikaga se enfrentan a los daimyo (feudales).
1573-1600
Período de Momoyama: Nobunaga y Hideyoshi pugnan por someter a los daimyo.
Desde 1600
Período de Edo: Tokugawa Ieyasu unifica Japón y funda la dinastía shogunal

. Samuráis, los señores de Japón
Temibles guerreros, los samuráis defendieron a su país de invasiones, se enzarzaron en interminables guerras civiles y crearon el bushido, un código de honor basado en el coraje y el desprecio a la muerte.

Sus armas, su coraje militar y ritos extremos como el harakiri hicieron de los samuráis las figuras más admiradas por los japoneses, incluso tras su desaparición como casta. El samurái, el guerrero de élite de Japón, ha tenido en la historia del país nipón una importancia y un carácter simbólico que hace que no se le pueda equiparar a ningún otro tipo de soldado. Ninguna institución ha tenido tanta trascendencia política como el samurái, ni siquiera la sagrada figura del emperador. Desde finales del siglo XII hasta la segunda mitad del siglo XIX, el país estuvo gobernado sin interrupción por samuráis. Durante setecientos años, la cultura y el código de conducta de estos guerreros marcaron de forma indeleble el transcurso de la historia del país, e incluso en la actualidad la huella de la cultura samurái sigue latente en la sociedad nipona. El ascenso de los guerreros samurái comenzó en el siglo X, en las provincias alejadas del control militar del emperador de Japón, donde algunas familias nobles de rango menor fueron capaces de organizar de manera independiente grandes contingentes de tropas. El guerrero Raiko (948-1021), del clan Minamoto, fue uno de los primeros samuráis históricos que alcanzó la fama por sus éxitos en combates contra bandidos y rebeldes, y enseguida surgieron leyendas de sus victorias sobre enemigos fantásticos, como ogros y arañas gigantes. En la segunda mitad del siglo XII, los guerreros de los clanes Taira y Minamoto se enfrentaron entre sí por el dominio del país. La larga contienda se inició con la victoria de los Taira en la guerra de Heiji (1160) y concluyó con la victoria total de los Minamoto en la guerra de Gempei (1180-1185). Este turbulento período de la historia japonesa es la edad de oro de la épica samurái. La historia de sus protagonistas, adornada con hazañas legendarias, aparece recogida en el Heike Monogatari,«el cantar de Heike», la gran epopeya de la Edad Media japonesa. Como sucedía en Europa con los cantaresde gesta, los músicos ambulantes japoneses iban de aldea en aldea narrando los populares episodios del enfrentamiento entre los samuráis de los clanes Taira y Minamoto, según se explicaban en el Heike Monogatari. Posteriormente, sus historias se convirtieron en argumentos literarios y teatrales (tanto en el aristocrático teatro noh, como en el popular kabuki), de modo que aquellos samuráis alcanzaron el rango de héroes populares que se mantienen todavía en nuestros días. Un rasgo definidor de estas historias es su tendencia a un final trágico, lo que el estudioso Ivan Morris denominó la «nobleza del fracaso». El Heike Monogatari no glorifica al vencedor, sino que se recrea en el ascenso, éxito y fulminante caída de las grandes personalidades históricas. Desde su primer párrafo, nos enseña que el poder del orgulloso es como el sueño de una noche de primavera y que los hombres fuertes desaparecen de la faz de la tierra como el polvo que dispersa el viento. Las últimas décadas del siglo XVI presenciaron una sucesión de terribles luchas entre señores de la guerra, capaces de movilizar grandes ejércitos de infantería y que basaron su fuerza en el uso de las armas de fuego. Por fin, en 1603, Ieyasu Tokugawa, uno de los daimyo del sur de Japón, logró imponerse a sus rivales e inauguró una dinastía que, desde el cargo de shogun, regiría el país a lo largo de casi tres centurias. Ieyasu se empeñó en pacificar totalmente Japón, y, entre otras cosas, ordenó desmantelar los grandes castillos de la época anterior, que ocupaban el centro de lo que hoy son las principales ciudades japonesas. A consecuencia de ello, los samuráis se quedaron sin guerras en las que demostrar su valor y pericia. Durante el período Edo, que marca el declive del samurái como guerrero, cristalizó la imagen que hoy tenemos de esta figura. Durante el largo y pacífico período Edo se escribieron los principales tratados sobre la ética del guerrero samurái y su códigode honor o bushido, entre ellos El libro de los cinco anillos (1645), de Musashi Miyamoto, y Hagakure (1717), de Tsunetomo Yamamoto.

El Japón de los shogun
En los siglos XVII y XVIII, el clan Tokugawa se apropió del cargo militar de shogun y gobernó Japón de un modo autoritario, aplicando una política aislacionista. Pero a pesar de ello, el país vivió un período de auge económico y de cambios sociales.

Durante los siglos XVII y XVIII, la familia Tokugawa gobernó Japón con mano de hierro. Aislado del mundo, el archipiélago gozó de una era de paz y prosperidad que tuvo como máximo exponente la ciudad de Edo, foco de riqueza y de diversión. A mediados del siglo XVIII, Tokyo, llamada entonces Edo, era quizá, con un millón de habitantes la ciudad más poblada del mundo. Por sus concurridas calles y canales circulaban nobles, comerciantes, samuráis de diverso rango y artesanos. También se localizaban todo tipo de entretenimientos, especialmente en Yoshiwara, el barrio de placer de la ciudad. La historia de Edo, sin embargo, era muy reciente. En los primeros años del siglo XVII era un simple puerto pesquero situado en una bahía de la costa oriental japonesa. En 1603 Tokugawa Ieyasu la convirtió en la base de su poder. Los Tokugawa establecieron un sistema de gobierno militar que en japonés recibe el nombre de ‘bakufu’. Este término se refería a los campamentos desde donde los generales dirigían la batalla, y se aplica en la historia japonesa a los gobiernos en los que el poder político y militar estaban unidos. Los grandes señores feudales, o ‘daimyo’, quedaron sujetos a un estricto control. Los ‘shogun’ (título que se la daba al gobernador de Japón) limitaron el número de castillos que podía haber en cada dominio y obligaron a los señores a jurarles lealtad. La presencia de las familias de los ‘daimyo’ en Edo contribuyó a que la ciudad se convirtiera en un centro generador de riqueza y consumo. Por otro lado, el régimen autoritario de los ‘shogun’ perseguía establecer un control absoluto sobre el conjunto de la sociedad japonesa. Uno de los instrumentos para lograr ese objetivo fue la religión. El cristianismo, que había penetrado en Japón desde mediados del siglo XVI, fue considerado pronto por Ieyasu como una amenaza para su autoridad. En 1637 los Tokugawa ordenaron que todos los japoneses se registraran en alguno de los miles de templos budistas del país. Los ‘shogun’establecieron una rígida división de clases sociales. La sociedad japonesa, bajo los Tokugawa, se compartimentaba en cuatro grupos hereditarios: los samuráis, los campesinos, los artesanos y comerciantes. Las prostitutas, los mendigos y vendedores ambulantes formaban la clase social más baja: los ‘hinin’, o «no personas». Esta cultura de carácter hedonista tuvo sus propias formas de expresión artística y literaria, como la poesía y la novela, el teatro y la pintura. Los actores de ‘kabuki’ gozaban de extraordinaria popularidad, como prueban las ‘estampas’ que se publicaron en su honor. A lo largo de más de 250 años, el régimen de los Tokugawa, pese a su rigidez, sobrevivió a los cambios sociales y económicos y a crisis a veces graves derivadas de malas cosechas, desastres naturales, hambrunas e incluso revueltas populares. En 1854 una escuadra norteamericana llegó a Japón y las autoridades de este país hubieron de abrir, de forma definitiva, las puertas al comercio internacional.

Etimología

Kanji de la palabra samurái.
Aunque no existe certeza del origen exacto de la palabra samurai (侍, ‘samurai’?), la mayoría de los historiadores concuerdan en que tiene su origen en una variación del verbo, en japonés antiguo, saburau que significa «servir», por lo que el término derivado saburai se convierte en «aquellos que sirven».
El primer registro que se ha encontrado de la palabra samurái data del siglo VIII y no era aplicado con un carácter marcial, sino que se utilizaba para referirse a los sirvientes domésticos encargados de atender a los ancianos. La palabra finalmente derivó a un aspecto militar y su significado como lo conocemos hoy en día surgió con los gunkimono (軍記物, ‘gunkimono?), una serie de historias de guerra del siglo XII gracias a las cuales se ha podido estudiar el comportamiento, metodología y apariencia de la élite militar.
Los términos bushi (武士, ‘bushi’?) y samurai (侍, ‘samurai’?) han sido utilizados como sinónimos, pero la diferencia radica en que la palabra bushi significa sencillamente «guerrero» sin importar la posición o jerarquía, mientras que la palabra samurái se refiere a los miembros de una élite militar.

El samurái en la era Heian

Mon del clan Minamoto, uno de los protagonistas de la Era Heian.
Hacia 860, se pueden apreciar la mayoría de las características de los samuráis:jinetes a caballo diestros en el uso del arco, además del empleo de espadas de hoja curva. Estos militares a caballo gozaban de la total confianza del «Trono del Crisantemo» y se encargaban de la seguridad de las ciudades así como luchar contra las revueltas que sucediesen.
Durante el siglo IX Japón sufrió un grave declive económico a consecuencia de plagas y diversas hambrunas. A principios del siglo X tuvieron lugar numerosos disturbios, desórdenes y rebeliones debido a la situación que se vivía. El gobierno tomó la decisión de conceder amplios poderes a los gobernadores locales para reclutar tropas y actuar contra las crecientes rebeliones conforme a lo que creyeran conveniente, lo que les dio a dichos gobernadores un enorme poder político. Es durante este periodo que se documenta por primera vez la palabra «samurái», «aquellos que sirven», en un contexto meramente militar.
La primera gran prueba de estabilidad del sistema tuvo lugar en el año 935 con una revuelta protagonizada por Taira no Masakado, descendiente del Príncipe Takamochi, a quien la autoridad imperial había enviado a sofocar los disturbios en Kantō y que recibía el apodo de «El Pacificador» Al principio la corte Heian consideró que el incidente protagonizado por Masakado era tan sólo un incidente local, hasta que éste llegó a autoproclamarse «nuevo emperador». Debido a lo anterior, se envió un ejército provincial para sofocar su rebelión, muriendo decapitado en 940. A partir de este momento y debido a su origen social, estos líderes guerreros se comienzan a definir como una aristocracia local
Durante este periodo, los linajes de mayor importancia política fueron los Taira, los Fujiwara y los Minamoto. Minamoto no Yoriyoshi se vio envuelto en un conflicto importante de la época llamado la Guerra Zenkunen o «guerra de los primeros nueve años». Este conflicto duró de 1051 a 1062, siendo la primera guerra que se vivía en el país desde los enfrentamientos contra los emishi.El incidente se originó cuando Abe no Yoritoki, descendiente de los emishi y miembro del clan Abe, no entregó a la Corte los impuestos recaudados, por lo que Yoriyoshi fue enviado a tratar con él. Yoriyoshi y Yoritoki habían llegado ya a un acuerdo pacífico pero un conflicto interno en el clan Abe tuvo lugar y Yoritoki fue asesinado. Con este hecho se declara la guerra entre Abe no Sadato, hijo de Yoritoki, y los Minamoto. No fue sino hasta 1062 cuando Yoriyoshi pudo vencer a los Abe en la Batalla de Kuriyagawa llevando la cabeza del rebelde hasta Kioto en señal de triunfo. Minamoto no Yoshiie, hijo de Yoriyoshi, estuvo al lado de su padre durante todo el conflicto, ganando un gran prestigio por sus proezas militares. Esto le valió el apodo de Hachimantarō o «el primer hijo nacido de Hachiman, dios de la guerra».
Mon del clan Taira, enemigos del clan Minamoto y uno de los clanes más importantes de la Era Heian.
En el año de 1083 estallaría nuevamente un conflicto armado en el que los Minamoto se verían envueltos, ahora en la Guerra Gosannen o «guerra de los últimos tres años», originada por diferencias entre los líderes de los antiguos clanes aliados Minamoto y Kiyowara. Después de una feroz batalla de tres años en que la Corte se negó a auxiliar a los Minamoto, éstos lograron, sin embargo, salir finalmente victoriosos. Cuando Yoshiie asistió a Kioto con la finalidad de buscar una recompensa, la Corte se negó y aun le recriminó los impuestos atrasados que debía, con lo que se inicia un claro distanciamiento entre ambos. Mientras tanto, sus rivales, los Taira, gozaban cada vez más de una mejor relación con ellos debido a sus hazañas en el oeste del país. La rivalidad entre los clanes Minamoto y Taira fue aumentando y haciéndose cada vez más evidente. En 1156 tuvo lugar un conflicto entre ambos clanes, cuando Minamoto no Yoshitomo se unió a Taira no Kiyomori contra su padre Minamoto no Tameyoshi y su hermano Tametomo, durante la Rebelión Hōgen. La batalla fue muy breve y al final Tameyoshi fue ejecutado y Tametomo fue castigado con el destierro.
En 1160 se produjo un nuevo enfrentamiento conocido como Rebelión Heiji, donde Yoshitomo se enfrentó con Kiyomori. La victoria del clan Taira fue tan decisiva que los miembros del clan Minamoto huyeron para tratar de salvarse. Los Taira los persiguieron y Yoshitomo fue capturado y ejecutado. De los miembros de la rama original de la familia Minamoto, sólo quedaron algunos pocos, siendo aniquilados casi por completo. En 1167 Taira Kiyomori recibió del emperador el título de Daijō Daijin (Gran Ministro), el cual constituía el rango más alto que podía conceder el emperador, por lo que se convirtió en el gobernante de facto del país. Guerras Genpe

Minamoto no Yoritomo estableció el shogunato en 1192.
Las Guerras Genpei fueron una serie de guerras civiles protagonizadas nuevamente por los clanes más influyentes de la escena política del país: los Taira y Minamoto. Estas guerras tuvieron lugar entre 1180 y 1185 En 1180, estallaron en el país dos rebeliones independientes y protagonizadas por dos generaciones distintas del clan Minamoto: en Kioto por el veterano Minamoto no Yorimasa y en la Provincia de Izu por el joven Minamoto no Yoritomo. Ambas revueltas fueron sofocadas con relativa facilidad, por un lado obligando a Yoritomo a escapar a Kantō, mientras que Yorimasa fue vencido en la Batalla de Uji, en donde cometió seppuku antes de ser capturado.
Después de dos años durante los cuales ambos lados protagonizaron escaramuzas menores, los Taira decidieron enfrentarse a Minamoto no Yoshinaka, primo de Yoritomo, en 1183, para evitar que éste pudiera auxiliarlo. Yoshinaka venció a los Taira en la Batalla de Kurikara y enfiló su ejército hacia donde se encontraba Yoritomo. Los ejércitos de Yoshinaka y Yoritomo se encontraron finalmente en la Batalla de Uji en 1184. Yoshinaka perdió la batalla y trató de huir, pero fue alcanzado en Awazu, donde fue decapitado. Con esta victoria, la rama principal de los Minamoto enfocaría sus esfuerzos en vencer a sus principales enemigos: los Taira. Yoshitsune encabezó el ejército del clan en nombre de su hermano mayor Yoritomo, quien permaneció en Kamakura. Finalmente, en la Batalla de Dan no Ura los Minamoto se alzaron con la victoria. Yoritomo consideró que su hermano representaba una amenaza y un rival, por lo que sus hombres persiguieron a Yoshitsune hasta que lo vencieron durante la Batalla de Koromogawa en 1189, en donde éste último se suicidó.
En 1192 Minamoto no Yoritomo se autoproclamó shōgun, título que hasta ese entonces había sido temporal. Con esto se instituyó el shogunato como una figura permanente, la cual duraría cerca de 700 años hasta la Restauración Meiji. Con la nueva figura del shōgun, el emperador se convertiría en un mero espectador de la situación política y económica del país, mientras que los samuráis se convertirían en los gobernadores de facto.

Shogunato Kamakura

Después de tan sólo tres shogunes del clan Minamoto, el país volvió a vivir una guerra civil. El clan Hōjō había usurpado la regencia a los Minamoto. Por este motivo, en 1219 el Emperador Go-Toba, buscando restablecer el poder imperial que gozaban antes del establecimiento del shogunato, acusó a los Hōjō de proscritos. Las tropas imperiales se movilizaron, dando lugar a la Guerra Jōkyū (1219 – 1221), la cual culminaría con la Tercera batalla de Uji. Durante ésta, las tropas imperiales fueron derrotadas y el Emperador Go-Toba exiliado. Con la derrota de Go-Toba se confirmó el gobierno de los samuráis sobre el país.

Invasiones de los mongoles a Japón

Artículo principal: Invasiones de los mongoles a Japón
Un samurái es atacado por diversos arqueros y explosivos lanzados desde catapultas durante las invasiones de los mongoles a Japón.
Después de que Kublai Khan reclamara el título de Emperador de China, decidió invadir Japón con el propósito de someterlo a su dominio. Ésta sería la primera vez que los samuráis podrían medirse a las fuerzas de enemigos extranjeros. Por otro lado, estos últimos no sentían ningún tipo de interés en la forma tradicional japonesa de hacer la guerra.
La primera invasión tuvo lugar en 1274, cuando las tropas mongolas desembarcaron en Hataka (actual Fukuoka). Los ruidos de los tambores, campanas y gritos de guerra espantaron a los caballos de los samuráis. Durante esta batalla las tropas japonesas se enfrentaron a una técnica muy distinta en el empleo del arco de la que estaban acostumbrados, ya que los mongoles disparaban a grandes distancias y al mismo tiempo generaban «nubes de flechas» a diferencia de los disparos solitarios y a corta distancia efectuados por los arqueros japoneses. Otra gran diferencia entre ambas formas de combate era el uso de catapultas por parte del ejército mongol. Durante la noche de ese mismo día, una fuerte tormenta infligió graves daños a la flota invasora por lo que decidieron regresar a Corea para rearmar su ejército. Después de la retirada del ejército enemigo, los japoneses tomaron una serie de medidas preventivas, como la construcción de muros en los puntos vulnerables de la costa, así como la implementación de una guardia.
Samuráis incursionan en barcos mongoles durante la invasión de 1281.
El segundo intento de invasión tuvo lugar en 1281.Los samuráis efectuaron incursiones a los barcos enemigos desde pequeñas balsas que solo tenían capacidad para transportar a doce guerreros con el afán de evitar el desembarco de tropas en las costas. Después de una semana de enfrentamientos, un emisario imperial fue enviado para pedir a Amaterasu, la diosa del sol, que intercediera por ellos. Un tifón arrasó la flota mongola que se hundió casi en su totalidad. Este hecho dio origen al mito del Kamikaze (神風, lit. «Viento Divino»?), considerado como una señal de que Japón era el elegido por los dioses y, por lo tanto, éstos se encargarían de su seguridad y supervivencia. Los pocos sobrevivientes decidieron retirarse y de este modo el país no volvería a enfrentarse a una invasión de grandes proporciones hasta varios siglos después.

Restauración Kenmu

Estatua de Kusunoki Masashige en Tokio, un samurái de suma importancia en las guerras Nanbokuchō.
A principios del siglo XIV, el clan Hōjō se enfrentó a un nuevo intento de restauración imperial, ahora bajo la figura del Emperador Go-Daigo. Cuando los Hōjō se enteraron de esto, enviaron un ejército desde Kamakura, pero el emperador huyó antes de que llegaran, llevándose las insignias imperiales con él. El Emperador Go-Daigo buscó refugio en Kasagi entre monjes guerreros que le dieron la bienvenida y se prepararon para un posible ataque.
Después de intentos de negociación por parte de los Hōjō con el Emperador Go-Daigo para que abdicara y ante la negativa de éste, decidieron subir al trono a otro miembro de la familia imperial. Sin embargo, debido a que Go-Daigo se había llevado las insignias imperiales, no pudieron llevar a cabo la ceremonia. Es en este momento en que la figura de Kusunoki Masashige cobra importancia y renombre, no sólo por sus destrezas militares, sino por el apoyo incondicional que brindó al emperador. Este ejemplo a la postre serviría de referencia y modelo para los futuros samuráis. Masashige luchó por el Emperador Go-Daigo desde un yamashiro (castillo en la montaña). Aunque su ejército no era muy numeroso, la orografía del lugar le brindaba una defensa extraordinaria. El castillo cayó finalmente en 1331, por lo que Masashige decidió huir para continuar después la lucha. El emperador fue capturado y llevado hasta el cuartel general de los Hōjō ubicado en Kioto y posteriormente sería exiliado a la isla de Oki. Los Hōjō intentaron terminar con el ejército encabezado por Masashige, quien edificó otro castillo en Chihaya aún con mejores defensas que el anterior, por lo que los Hōjō se vieron inmovilizados. La férrea defensa de Masashige motivó a Go-Daigo de regresar a la escena nuevamente en 1333. Al enterarse los Hōjō de su regreso, decidieron enviar a uno de sus principales generales tras el: Ashikaga Takauji. Ashikaga en ese momento decidió que sería más beneficioso para él y su clan aliarse con el bando del emperador. Por esta razón, decidió lanzar el ataque junto con su ejército hacia el cuartel general de los Hōjō en Rokuhara.
El golpe recibido por la traición de Ashikaga tuvo graves consecuencias para los regentes, siendo su ejército mermado severamente. El poderío del clan Hōjō se extinguió definitivamente ese mismo año de 1333, cuando un guerrero llamado Nitta Yoshisada se unió a los partidarios imperiales e incrementó sus fuerzas.

Shogunato Ashikaga

El Kinkakuji o «Pabellón dorado» es todo un símbolo en la ciudad de Kioto. Fue construido por el shōgun Ashikaga Yoshimitsu en 1397.
Después de haber ayudado al emperador a volver al trono, Ashikaga Takauji esperaba recibir una cuantiosa recompensa por sus servicios. No obstante, debido a que consideró que lo ofrecido no era suficiente, decidió rebelarse.Los Ashikaga eran descendientes del clan Minamoto, por lo que podían acceder al trono imperial. Por esta razón, el emperador decidió actuar rápidamente y mandó un ejército contra Takauji, siguiéndolo hasta Kyūshū. Takauji no fue vencido y regresó a la escena en 1336. El emperador mandó a Masashige a enfrentar las tropas rebeldes en Minatogawa (hoy Kobe), resultando en una decisiva victoria para Takauji. Ante esta situación, Masashige decidió cometer seppukuEn este momento el shōgun nombró a su propio emperador, por lo que durante los siguientes cincuenta años existirían dos cortes imperiales: la Corte del Sur en Yoshino y la Corte del Norte en Kioto. Este conflicto se conocería como Nanbokuchō (南北朝, ‘Nanbokuchō’? literalmente, «Cortes del Sur y del Norte»).
No fue sino hasta 1392 y gracias a las habilidades diplomáticas de uno de los mayores gobernantes de la historia de Japón, el shōgun Ashikaga Yoshimitsu, que ambos linajes se reconciliaron. Yoshimitsu fue además un gran impulsor de las artes. Esto se vio reflejado en el Kinkaku-ji (金閣寺, ‘Kinkaku-ji? Templo del Pabellón Dorado), el cual ordenó construir durante su mandato

Periodo Sengoku

Oda Nobunaga, quien pasó de ser un daimyō secundario a la principal figura del país.
Después de un breve periodo de relativa estabilidad, se creó un vacío político durante el shogunato de Ashikaga Yoshimasa, nieto del célebre Ashikaga Yoshimitsu. Yoshimasa solía dedicar todo su tiempo a cuestiones artísticas y culturales, por lo que desatendió completamente la situación económica y política del país. Debido a esto, terratenientes oportunistas comenzaron una lucha interna por poder y tierras, tomando para sí mismos el título de daimyō (大名, ‘daimyō? lit. «grandes apellidos»).Este periodo de la historia de Japón, comprendido entre 1467 y 1568, es conocido como período Sengoku (戦国時代,, Sengoku jidai?) o «periodo de estados en guerra». Es precisamente bajo este clima de inestabilidad y conflictos armados, en que los samuráis tienen su mayor participación.
Entre las figuras más importantes de este periodo tenemos a Takeda Shingen y Uesugi Kenshin, cuya legendaria rivalidad ha servido de inspiración en diversas obras literarias. Los ejércitos de Shingen y Kenshin se enfrentaron en las conocidas Batallas de Kawanakajima. Aunque algunas de ellas fueron meras escaramuzas, la Cuarta Batalla de Kawanakajima tuvo gran importancia.
Con esta lucha interna desmedida con el afán de obtener más poder y tierras, era solo cuestión de tiempo que algún poderoso daimyō intentara llegar hasta Kioto para buscar derrocar al shōgun, lo que sucedió en 1560. Imagawa Yoshimoto marchó hacia la capital acompañado de un gran ejército con la finalidad de derrocar al entonces dirigente. Sin embargo, no contaba con enfrentarse con las tropas de Oda Nobunaga, un daimyō secundario a quien superaba en una proporción de doce a uno en el número de soldados. Yoshimoto, confiado de su poder militar, solía celebrar la victoria incluso antes de terminar la batalla. Oda Nobunaga logró atacarlo desprevenido durante una de sus famosas celebraciones en la Batalla de Okehazama. Cuando Yoshitomo salió de su tienda debido al escándalo que había, fue sorprendido y asesinado en ese mismo lugar. Nobunaga pasó entonces de un personaje secundario a una figura prominente del periodo. En 1568 Nobunaga marchó hacia Kioto y destituyó al shōgun. Este hecho marcó el inicio de lo que se conoce como período Azuchi-Momoyama.

Periodo Azuchi-Momoyama Japón durante el período Azuchi-Momoyama.

  Oda Nobunaga fue famoso por introducir y entrenar soldados ashigaru (足軽, pies ligeros?) en el uso de arcabuces. Este hecho cambiaría radicalmente la forma en que se hacía la guerra en Japón. La batalla más representativa es la Batalla de Nagashino, en la que las fuerzas de Oda vencieron la legendaria y temida caballería del clan Takeda mediante el uso de armas de fuego. A partir de este momento su empleo se volvió típico en el campo de batalla y fue considerado como un factor vital para obtener la victoria.
Nobunaga estaba muy cerca de unificar el país, pero en 1582 fue traicionado por uno de sus principales generales, Akechi Mitsuhide, y obligado a cometer seppuku en el templo Honnō. Este suceso es conocido como el «Incidente de Honnō-ji». Toyotomi Hideyoshi, otro de los principales generales de Nobunaga, vengó la muerte de su señor venciendo a Mitsuhide durante la Batalla de Yamasaki, levantándose con la autoridad del fallecido Nobunaga. Después de la Batalla de Shizugatake, Toyotomi continuó con la tarea de unificar el país. Sin embargo, debido a su origen humilde, nunca pudo ser nombrado con el título de shōgun.

Se define la figura del samurái

 Representación de la Batalla de Nagashino, un parte aguas en la forma de hacer la guerra en Japón.
Es Hideyoshi quien define finalmente la figura del samurái, ya que ordena y define los lineamientos para el adiestramiento, disciplina y especialización de los soldados del país. Los soldados ashigaru fueron capacitados tanto en el uso de la naginata como del arcabuz. Un edicto proclamado en 1588, conocido como «cacería de espadas», buscaba separar formalmente a los soldados y samuráis de los campesinos, por lo que se les confiscan sus armas. Otro edicto de 1591 termina de separar y distinguir entre las clases sociales de los samuráis y de los campesinos. A diferencia del tipo de reclutamiento histórico realizado en el pasado, donde los campesinos tomaban las armas por algunos periodos del año y el resto lo dedicaban a sus labores en el campo, se enfatiza la especialización de los miembros del ejército
Toyotomi Hideyoshi, uno de los «grandes pacificadores» del país, que convocó a dos invasiones a Corea.

Invasiones de Hideyoshi a Corea

Artículo principal: Invasiones japonesas a Corea (1592 – 1598)
Hideyoshi, ya como figura principal del país, convocó a los principales daimyō a dos invasiones a Corea. La primera invasión comenzó en 1592 y tan sólo veinte días después del desembarco de las tropas japonesas en las costas coreanas, ya habían tomado Seúl. Corea solicitó apoyo a la dinastía Ming, los gobernadores de China, a lo que éstos respondieron enviando un numeroso ejército. Los samuráis se enfrentaron entonces a condiciones adversas y se encontraron con una fiera resistencia tanto de civiles como de irregulares, entre los que se encontraban monjes guerreros budistas, campesinos e incluso mujeres.Después de diversas derrotas en tierra y agua, Hideyoshi decide retirar a sus tropas.
No obstante el primer fracaso, Hideyoshi convocó a una segunda invasión en el año de 1598. En esta campaña encontró una mayor resistencia que la primera ocasión. Hideyoshi falleció mientras las tropas se encontraban en Corea. Éstas, al enterarse de la noticia, deciden regresar de inmediato a Japón, abandonando definitivamente la idea de conquistar aquella nación.

Shogunato Tokugawa

Antes de morir, Hideyoshi había nombrado el «Consejo de los Cinco Regentes» con la finalidad de que ellos gobernaran a su muerte y hasta que su hijo Hideyori tuviera la edad suficiente para hacerse cargo del país. Tokugawa Ieyasu había servido primero bajo las órdenes de Oda Nobunaga y después bajo las órdenes del mismo Hideyoshi. Además había sido nombrado como uno de los «cinco regentes». Este personaje comenzó a disputar el gobierno para sí, lo que culminó en la Batalla de Sekigahara. En este suceso, Tokugawa y su «Ejército del Este» salieron victoriosos. Tokugawa era descendiente del clan Minamoto, por lo que fue nombrado como shōgun en el año 1603, por parte del Emperador Go-Yōzei.
Tokugawa Ieyasu, fundador del shogunato Tokugawa.

Asedio de Osaka

La última amenaza real para el gobierno de Ieyasu era la figura de Toyotomi Hideyori, quien ahora era un joven daimyō que ocupaba el Castillo Osaka. Muchos samuráis que se oponían a Ieyasu se unieron en torno a Hideyori alegando que él era el legítimo gobernador del país. Ieyasu le ordenó que abandonara el castillo, por lo que comenzó a reclutar simpatizantes. Los Tokugawa, bajo el liderazgo del Ōgosho (大御所, shōgun enclaustrado?) Ieyasu y del shōgun Hidetada dirigieron un numeroso ejército al castillo en lo que se conoce como «La Campaña de Invierno de Osaka». El asedio empezó el 19 de noviembre, cuando Ieyasu guio tres mil hombres a través del río Kizu, destruyendo el fuerte que estaba allí. Una semana después, atacó el pueblo de Imafuku con 1.500 hombres, contra una fuerza de defensa de 600. Con la ayuda de una escuadra equipada con arcabuces, las fuerzas shogunales consiguieron otra victoria. Otros pequeños fuertes y pueblos fueron atacados antes que el asedio al mismo castillo de Osaka comenzase el 4 de diciembre.
El Sanada-maru era un enclave defendido por Sanada Yukimura y 7.000 hombres, alineados con los Toyotomi. Los ejércitos del shōgun fueron repetidamente repelidos, y Sanada y sus hombres lanzaron un gran número de ataques contra las líneas de asedio, rompiéndolas tres veces. Ieyasu entonces recurrió a la artillería, llevando 300 cañones, junto con otros hombres para excavar bajo las murallas. El 22 de enero, el asedio de invierno terminó. Toyotomi Hideyori hizo un llamado para prevenir una rebelión y accedió a que se rellenara el foso del castillo y se derrumbaran las murallas exteriores.
Después de que Hideyori comenzó a cavar de nuevo el foso del castillo, el castillo fue asediado, en lo que se conoce como «Asedio de Verano de Osaka». Finalmente, después de la decisiva Batalla de Tennōji de 1615, el castillo cayó bajo el ejército de los Tokugawa y los defensores fueron asesinados, incluyendo a Sanada Yukimura, Hideyori, su madre Yodogimi y Kinimatsu, el hijo de Hideyori de tan sólo ocho años.La esposa de Hideyori, Senhime (nieta de Ieyasu), fue devuelta con su familia a salvo. Con los Toyotomi finalmente exterminados, ya no existían amenazas para la dominación de los Tokugawa de Japón. Fue precisamente esta batalla la última en la que Ieyasu participaría activamente.

Medidas contra los samuráis

Desde el momento en que Ieyasu estableció el shogunato Tokugawa, inició un proceso para quitar el estatus social y legal a la clase samurái. Del mismo modo, estableció la clase social de los soldados ashigaru como un rango menor a la de los samuráis. Durante este periodo la mayoría de los samuráis perdieron la posesión directa de las tierras y se les plantearon dos opciones: dejar las armas y convertirse en campesinos o trasladarse a la ciudad principal de su feudo y convertirse en sirvientes a sueldo del daimyō. Sólo algunos pocos samuráis permanecieron en las provincias exteriores del norte como vasallos directos del shōgun. Estos samuráis fueron conocidos como «los 5.000 hatamoto».
Samurái del periodo Edo con armadura completa. Destaca su arma, un kanabō.
En el año de 1650, el shogunato expidió una ley con la cual se prohibían los duelos entre los samuráis. En 1690 se prohibió formalmente la práctica de las diferentes artes marciales. En esta época, la destrezas y la formación en el uso del arco, la lanza, la espada y el combate cuerpo a cuerpo sufrieron un gran declive.
Con las medidas tomadas por el gobierno, muchos samuráis se dedicaron al campo y a fabricar artesanías. Algunos se convirtieron en rōnin (浪人, ‘rōnin? lit. «hombre ola»), es decir, samurái sin señor. Muchos otros se embarcaron en el tráfico, contrabando y robo de mercancías en los puertos y en alta mar, lo cual también terminó en el año de 1639 con el edicto de «Fronteras Cerradas». Mediante este edicto se buscaba controlar y evitar la influencia de los extranjeros, sobre todo de misioneros católicos, considerados por el gobierno como «subversivos».
Las quejas hacia la figura de los samuráis durante este periodo fueron frecuentes, tal y como evidencia la siguiente cita de Ogyu Sorai (1666-1728):
Se pasean por la ciudad con ese aspecto amenazador y se van abriendo paso a empujones.
Con su fuerza, reprimen a la gente y crean el desorden en la sociedad [...] Simplemente estudian historias de guerra y métodos de combate. Tal vez crean que el mundo del guerrero sólo supone hacer alarde de unas destrezas profesionales.
Ogyu Sorai
Otra de las críticas al carácter samurái es la descrita por Murata Seifu (1746-1811):
[...] la espada colgada en el cinturón es lo único que les recuerda a los samuráis que lo son.
Murata Seifu

La restauración Meiji

Tokugawa Yoshinobu, el último shōgun, en uniforme militar francés, c.1867.
La apertura comercial obligatoria que sufrió Japón después de que apareciese el Comodoro Perry en la bahía de Edo en el año 1853 trastocó la situación política del país. Diversos grupos nacionalistas comenzaron a presionar al gobierno con el afán de mantener fuera de las fronteras a los extranjeros. El eslogan Sonnō jōi (尊王攘夷, ‘Sonnō jōi? «Reverenciar al Emperador, Expulsar a los Bárbaros») se convirtió en un movimiento político para derrocar el shogunato Tokugawa bajo el pretexto de cobrar venganza por la «tibieza» con que había respondido ante la «amenaza extranjera». Por primera vez en muchos siglos, el emperador de Japón, bajo la figura del Emperador Kōmei, tomó un papel protagónico en la política nacional, uniéndose a él diversos grupos de samuráis relegados de las esferas políticas. La presión dentro del país llevó al shōgun a tomar la decisión de romper las relaciones con los extranjeros. Esto provocó que diversos comerciantes provenientes de países europeos fueran asesinados y consecuentemente se desencadenaron una serie de hostilidades, como el bombardeo de Shimonoseki.
La muerte tanto del emperador como del shōgun fueron prácticamente simultáneas. El sucesor del difunto shōgun Tokugawa Iemochi, Tokugawa Yoshinobu, tomó posesión a mediados de 1866. Mientras tanto, Mutsuhito, el segundo hijo del Emperador Kōmei, fallecido en 1867, se convirtió en el nuevo Emperador Meiji. Yoshinobu trató en vano de hacer los ajustes necesarios para evitar un claro enfrentamiento con las fuerzas pro-imperialistas, que contaban con los clanes de Chōsu y Satsuma como líderes. Sin embargo, al aumentar la posibilidad de un conflicto interno, decidió renunciar en 1868. Con esto terminó el bakufu o shogunato Tokugawa.
Fuerzas que pretendían restablecer la figura del shōgun se levantaron en armas, por lo que una guerra civil conocida como Guerra Boshin tuvo lugar entre 1868 y 1869. Nuevamente, tanto samuráis y rōnin hicieron su aparición en uno y otro bando, hasta que finalmente las fuerzas pro-imperialistas se levantaron con la victoria. Ya con la guerra ganada, el Emperador Meiji comenzó a modernizar el país. Se abrió nuevamente el comercio con el exterior, se compraron armamento, barcos y se copió la organización del ejército de las potencias europeas. Se abolieron los privilegios de la clase samurái, por lo que los nacionalistas, que en un principio habían apoyado la figura del emperador así como la filosofía del Sonnō jōi, se sintieron traicionados.

El último samurái

Saigō Takamori (sentado, con uniforme del Oeste), rodeado de sus oficiales. Artículo en el periódico «Le Monde Illustré», 1877.
Los cambios tan abruptos y masivos en la cultura japonesa, como en el caso de la vestimenta, les resultaba a los samuráis como una traición del jōi, parte del Sonnō jōi, que había servido para justificar la expulsión del shogunato Tokugawa. Saigō Takamori, uno de los líderes más viejos en el Gobierno Meiji, estaba particularmente preocupado por la creciente corrupción política. Después de una serie de diferencias con el gobierno, renunció a su cargo y se retiró al dominio de Satsuma. Ahí estableció academias donde todos los estudiantes tomaban un entrenamiento e instrucción en tácticas de guerra. Las noticias acerca de las academias de Saigō fueron recibidas con gran preocupación en Tokio. El gobierno acababa de hacer frente a algunas pequeñas pero violentas revueltas de samuráis en Kyūshū, y el número de partidarios con que contaba en la región de Satsuma resultaba alarmante.
El 12 de febrero de 1877, Saigō se reunió con sus terratenientes Kirino Toshiaki y Shinohara Kunimoto y anunció su intención de marchar a Tokio para entrevistarse con el gobierno. Sus tropas comenzaron a avanzar, y para el 14 de febrero la avanzada arribó a la prefectura de Kumamoto. El General Tani Tateki, comandante del Castillo Kumamoto, contaba con 3.800 soldados y 600 policías a su disposición. Ya que muchos de sus hombres eran de Kyūshū y muchos a su vez originarios de Kagoshima (pueblo natal de Saigō), decidió no arriesgarse a deserciones o traiciones y permaneció a la defensiva.
Representación de la Batalla de Shiroyama.
El 19 de febrero a las 13:15 horas se hicieron los primeros disparos por parte de los defensores del castillo, al momento en que unidades de Satsuma intentaban forzar la entrada al mismo. El 22 de febrero, la armada principal de Satsuma arribó y atacó el Castillo Kumamoto en un movimiento de pinzas. La batalla continuó hasta la noche y las fuerzas imperiales que habían salido a su encuentro se retiraron. Aun con el triunfo, el ejército de Satsuma no pudo tomar el castillo y se dieron cuenta de que los conscriptos que integraban las fuerzas imperiales no eran tan ineficientes como habían supuesto en un principio. Después de dos días de infructuoso ataque, las fuerzas de Satsuma cavaron alrededor del castillo y trataron de asediarlo. Durante el asedio, muchos de los ex-samuráis de Kumamoto desertaron hacia el bando de Saigō, aumentando sus fuerzas alrededor de los 20.000 hombres. Mientras tanto, el 9 de marzo, Saigō, Kirino y Shinohara fueron despojados de sus cargos y títulos oficiales desde Tokio. No obstante, Saigō argumentaba que no era un traidor, sino que sólo buscaba quitarle al emperador las malas influencias de consejeros equivocados y corruptos.
Estatua de Saigō Takamori en el Parque Ueno, Tokio.
El principal contingente de la Armada Imperial, bajo las órdenes del General Kuroda Kiyotaka y con la asistencia del General Yamakawa Hiroshi, arribó a Kumamoto en auxilio de los ocupantes del castillo el 12 de abril. Esto hizo que las tropas de Satsuma, que ahora estaban en completa desventaja numérica, huyeran. Después de una constante persecución, Saigō y sus samuráis restantes fueron empujados de vuelta a Kagoshima, donde se llevaría a cabo la batalla final: la Batalla de Shiroyama. Las tropas de la Armada Imperial comandadas por el General Yamagata Aritomo y los marines comandados por el Almirante Kawamura Sumiyoshi sobrepasaban las fuerzas de Saigō sesenta a uno. Las tropas imperiales pasaron siete días construyendo y elaborando sistemas de presas, muros y obstáculos para prevenir que se escaparan. Cinco barcos de guerra se unieron al poder de la artillería de Yamagata y redujeron las posiciones de los rebeldes. Después de que Saigō rechazó una carta solicitando su rendición, Yamagata ordenó un ataque frontal el 24 de septiembre de 1877. Para las 6 de la mañana, sólo 40 rebeldes estaban aún con vida y Saigō estaba herido de muerte. Sus seguidores aseguran que uno de ellos, Beppu Shinsuke actuó como kaishakunin y ayudó a Saigō a cometer seppuku antes de que pudiera ser capturado. Después de la muerte de Saigō, Beppu y el último samurái en pie alzaron sus espadas y se dirigieron cuesta abajo hacia las posiciones imperiales, hasta que cayó el último de ellos por los disparos de las ametralladoras Gatling. Con estas muertes, la rebelión Satsuma llegó a su final.
Saigō Takamori fue etiquetado como «héroe trágico» por la gente el 22 de febrero de 1889 y el Emperador Meiji perdonó a Saigō post mórtem en 1891. Actualmente es considerado por algunos historiadores como el verdadero último samurái

Estructura

Los vínculos familiares, así como la lealtad de vasallos hacia el daimyō eran sumamente fuertes, y eran estos factores los que regían sobre la estructura de un ejército samurái. Cualquiera que naciera en una casa de guerreros era entrenado desde su niñez con el fin de convertirlo en un digno representante de sus antepasados.Por otro lado, las alianzas entre clanes representaron los vínculos más débiles y a lo largo de la historia se repitieron episodios donde un clan traicionó a su «aliado» al momento mismo de la batalla.
Hasta mediados del siglo XVI, la organización común de un ejército samurái fue casi la misma: al término de las campañas, el ejército se disolvía y la gran mayoría de los ashigaru y algunos samuráis regresaban a sus labores del campo. No fue sino hasta el periodo Sengoku en que algunos daimyō con suficientes recursos mantuvieron un ejército estable y buscaron un grado de especialización en el ejército, incluyendo la infantería.
La estructura jerárquica dependía de factores como el nacimiento, el vasallaje vitalicio y aspectos sociales y militares.En el vértice de la pirámide estaban los daimyō y a su lado sus parientes cercanos y familia; seguían los criados vitalicios de la familia, los cuales servían a su señor por muchos años; el siguiente escalón lo constituían los vasallos, ya fuera que se hubieran unido a su servicio o fueran obligados después de la derrota de sus antiguos señores. Los ashigaru del periodo Sengoku estaban en el último escalón y estaban divididos en tres secciones según el arma que manejaran, ya fueran arcabuces, lanzas o arcos. Había también ashigaru dedicados a servir a los distintos samuráis, otros eran portaestandartes y algunos otros estaban asignados a tambores.

Reclutamiento

Durante gran parte del periodo Sengoku, se esperaba que todo samurái estuviese listo para presentarse en el campo de batalla con sus respectivas armas, armadura y caballo al momento de existir algún conflicto. Además se deseaba que cada uno proporcionara tropas al servicio de su señor acorde con la riqueza del feudo al que pertenecieran. De este modo el reclutamiento de las tropas necesarias recaía en los samuráis. Estos últimos llevaban consigo a otros samuráis o a jornaleros que dejaban sus tierras para convertirse en ashigaru.
Cuando había que reunir al ejército, se les notificaba la fecha y el lugar en que se pasaría revista. Cada ashigaru reunía sus armas y armadura a la espera de que sonara el horagai (trompeta de concha), el tambor o campanas, los cuales indicarían la hora de partir. Al llegar al punto acordado, el samurái les pasaba revista. Desde ese punto marcharían juntos para presentarse en el castillo y unirse al resto del ejército.

Castillo japonés

Castillo Fushimi-Momoyama construido por Toyotomi Hideyoshi.
Un aspecto de vital importancia a lo largo de la historia de los samuráis fueron los castillos. Las primeras fortificaciones en Japón eran difícilmente lo que la gente asocia con «castillos», ya que eran elaboradas casi exclusivamente con madera. Se apoyaban mucho más en las defensas naturales y la topografía del lugar (como ríos, lagunas, etc.) que cualquier elemento creado por el hombre, y se prefería colocarlos en la cima de las montañas. Este tipo de construcciones, conocidas como kōgoishi y chiyashi, no se construían pensando a largo plazo, por lo que los nativos del archipiélago construían estas fortificaciones y eran abandonadas posteriormente.
Los habitantes de Yamato comenzaron a construir ciudades al inicio del siglo VII, expandiendo el complejo del palacio, rodeado a los cuatro lados por murallas y unas puertas impresionantes. Fortificaciones de madera se construyeron a lo largo del país para defender el territorio de los emishi, los ainu y otros grupos. A diferencia de sus predecesores, estas construcciones eran relativamente más duraderas y eran construidas durante tiempos de paz.
Hacia finales del periodo Heian el nacimiento de la clase samurái influyó drásticamente en la construcción de los castillos. Esto se debió a que ya no sólo se planeaba su posición con la idea de defender el territorio nacional de ataques externos, sino a que desde ese momento, los distintos clanes tuvieron que cuidarse unos de otros. El comienzo de la forma y estilo de lo que hoy se consideran estereotipos «clásicos» de los castillos japoneses surgieron en esta época. Los llamados jōkamachi (城下町, ‘jōkamachi? lit. «pueblo bajo castillo») también aparecieron, crecieron y se desarrollaron. A pesar de los avances en cuanto a construcción, la mayoría de los castillos de la época permanecieron con la misma forma de las fortificaciones de madera de siglos atrás, sólo que más largos y un poco más complejos. Del mismo modo se buscó ubicarlos en lo alto de las montañas, por lo que este tipo de castillos es conocido como yamashiro (山城, ‘yamashiro’? «castillo de montaña»). No fue sino hasta los últimos 30 años de este periodo de guerra donde cambios drásticos se desarrollarían.
Reproducción del Castillo Azuchi de Oda Nobunaga.
A diferencia de Europa, donde la difusión del uso de los cañones terminó con la era de los castillos, en Japón, la introducción de las armas de fuego, irónicamente, fue un aliciente para su mejora y desarrollo. El Castillo Azuchi, cuya construcción finalizó en 1576 fue el primer ejemplo del nuevo tipo de castillos. Estas nuevas edificaciones eran construidas más grandes y situadas sobre una gran base de piedraconocida como musha-gaeshi (武者返し, ‘musha-gaeshi’?). Gracias a estas bases los castillos resistían de mejor forma los terremotos habituales de Japón. También se diseñaron con un arreglo concéntrico y además contaban con una torre alta central. Adicionalmente, los castillos se comenzaron a construir en lugares planos en lugar de montañas densamente forestadas. Fue tal la importancia de estos nuevos castillos, que tanto el Castillo Fushimi-Momoyama de Hideyoshi, como el castillo Azuchi de Nobunaga brindaron su nombre a este corto periodo —el período Azuchi-Momoyama—, durante el cual, este tipo de castillos para uso militar floreció.
Cuando se utilizaban armas de asedio en Japón, eran más frecuentemente ver trabucos o catapultas de estilo chino y eran utilizadas casi exclusivamente como armas anti-personal. No existen registros de que se fijara la meta de destruir las murallas, y de hecho era visto como «más honorable» y más ventajoso tácticamente que el defensor saliera del castillo a librar la batalla. Cuando las batallas no se resolvían de esta forma, los esfuerzos se resumían en evitar que el castillo recibiera provisiones.Esto podía durar años, lo que involucraba rodear el castillo con una fuerza lo suficientemente grande hasta que se obtuviera la rendición. Un ejemplo de esto fue el asedio que Nobunaga hizo al castillo custodiado por los Ikko Ikki, una clase de monjes guerreros que soportaron nada menos que once años el constante ataque.
El Castillo Azuchi fue destruido diez años después de la culminación de su construcción, pero comenzó un nuevo periodo en la forma de construir castillos. Entre los castillos construidos en los años subsecuentes estaba el Castillo Osaka de Hideyoshi, terminado en 1583. Éste incorporó las nuevas características y filosofía de construcción del Castillo Azuchi, aunque más grande, mejor colocado y más resistente.
Castillo Matsumoto en la Prefectura de Nagano, un Tesoro Nacional de Japón.
Algunas familias poderosas no sólo controlaban un castillo, sino una serie de castillos, donde el principal era llamado honjō y los castillos satélite shijō. Aunque los shijō generalmente eran castillos en toda la extensión de la palabra, frecuentemente eran construcciones de madera o tierra. Usualmente, faros de fuego, tambores taiko o conchas marinas eran utilizadas para establecer comunicaciones entre los castillos a grandes distancias. El Castillo Odawara de la familia Hōjō y su red de satélites era uno de los más poderosos ejemplos del sistema honjō-shijō; los Hōjō controlaban tanta tierra, que una jerarquía de sub-satélites tuvo que ser creada.
Los castillos del periodo Edo se convirtieron en lujosas residencias de los daimyō y sus familias. También sirvieron para protegerlos en contra de las insurgencias internas o levantamientos de los aldeanos. Para contrarrestar el poderío de los daimyō, el shogunato Tokugawa decretó una serie de regulaciones limitando el número de castillos a uno por han, con pocas excepciones, con lo cual se detuvo su construcción. A lo largo de la historia muchos castillos serían destruidos, ya fuera como parte de la Restauración Meiji o durante los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial. En realidad, muy pocos de los castillos japoneses actuales son los originales y predominan los castillos reconstruidos con acero y hormigón en tiempos modernos.
Cuando el shogunato Tokugawa promulgó el edicto de sankin kotai o «Presencia Alterna», se estipuló que las mujeres e hijos de cada daimyō debían de permanecer en los yashiki (屋敷, casa solariega?). Estas últimas estaban ubicadas en los alrededores del Castillo Edo, y su cercanía estaba regida por el rango de cada familia; los de mayor rango y confianza se encontraban más próximos al castillo.Este sistema de yashiki pronto fue adoptado por los propios daimyō en su respectiva provincia, bajo el mismo sistema.

Armaduras e indumentaria

 Armadura samurái exhibida en el Museo de Arte Asiático en San Francisco.
Las primeras armaduras, encontradas mediante excavaciones en los kofun, recibieron nombre de tankō (鍛鋼, ‘tankō’?). Eran fabricadas en hierro macizo, las planchas de blindaje se sujetaban unas a otras con correas de cuero y estaban específicamente diseñadas para ser usadas de pie. Para proteger la parte baja del cuerpo, los guerreros llevaban una falda acampanada llamada kusazuri. Los hombros y antebrazos se cubrían con planchas curvas que llegaban hasta el codo. Desde esos tiempos, la superficie de metal se cubría de laca laminar para protegerla del clima, tal y como se seguiría aplicando a los modelos posteriores. La característica particular del casco era que parte de adelante tenía forma de visera, además de dientes de hierro en la parte superior cuyo objeto era sujetar plumas de faisán. Posteriormente se diseñó un tipo de armadura laminar, la cual se conoce con el nombre de keikō (携行, ‘keikō’?), de la cual a su vez se desprendió el estilo yoroi (鎧, ‘yoroi?), que es la armadura clásica samurái. Debido a que si la armadura era hecha completamente de hierro tenía un peso considerable, sólo se empleaban piezas de ese metal en las zonas donde se requería de más protección y en el resto de la armadura se alternaban piezas de hierro con cuero. En promedio, una yoroi tenía un peso aproximado de 30 kilogramos y proporcionaba una buena protección.
La armadura que cubría el cuerpo era llamada do y constituía la base de esta indumentaria defensiva. Con los siglos se marcó una tendencia a reemplazar la yoroi por una armadura llamada do-maru. Esta última surgió como la evolución de la armadura de los soldados de infantería, mucho más sencilla y resultando más cómoda a la hora de la lucha sobre el terreno. La armadura desarrollada en el siglo XVI es conocida como tōsei gusoku (当世具足, ‘tōsei gusoku’?) o «armadura moderna». Su rasgo característico es que le fueron añadidas protecciones para la cara, el muslo y un sashimono, el cual era un pequeño estandarte en la espalda.

Indumentaria

En el campo de batalla

 El kabuto y las menpo (máscaras) eran elementos de suma importancia en la armadura japonesa.
Debajo de la armadura o de su propia vestimenta, la ropa interior que utilizaban los samuráis era conocida como fundoshi (褌, ‘fundoshi?), el cual era una especie de taparrabos hecho a base de lino o algodón.[94] En el campo de batalla, los samuráis utilizaban unos calcetines conocidos como tabi, unas sandalias de tiras llamadas waraji o zori y, en algunas ocasiones, un par de geta (unos zapatos parecidos a los zuecos). La primera sección que se ponían eran las Suneate (脛当て, ‘Suneate?) o espinilleras, además de unas haidate o protecciones en los muslos. Estas últimas se volvieron famosas hasta el periodo Sengoku, cuando los kusazuri (protecciones para el antemuslo) se redujeron. Se usaban además unos guantes denominados yugake, junto con los kote (小手, ‘kote’? mangas), para proteger brazos y manos. Un uwaobi (上帯, ‘uwaobi?) —o cinturón exterior— mantenía todo el conjunto de ropa y armadura unido. Para proteger su cuello se utilizaba un nodowa. Además se colocaba un hachimaki (鉢巻き, ‘hachimaki?) alrededor de la cabeza para recibir el peso del kabuto (兜, ‘kabuto? casco).
Algunos samuráis acostumbraron utilizar algún tipo de máscaras para proteger el rostro, las cuales eran conocidas como hoate. Éstas podían ser completas o media máscara que protegía hasta debajo de los ojos, y podían o no incluir una pieza para la nariz.Los samuráis de alto rango solían portar también un jinbaori (陣羽織, ‘jinbaori? guardapolvos) que se colocaba sobre la armadura. Éstos no se solían usar en combate, pero sí dentro del campamento para dar un toque ceremonial a la reunión, así como para reflejar la importancia del personaje que la portaba.
El kamishimo era esencial en la vestimenta japonesa.

Ropa normal

La evolución final de la armadura tuvo lugar durante el periodo Edo cuando cesaron las guerras por lo que las armaduras se convirtieron entonces en lujosos regalos y sólo se utilizaban en los castillos. La vestimenta típica era el hakama y el kimono,mientras que para ocasiones de mayor formalidad utilizaban una chaqueta sobre el hakama llamado kataginu, los cuales combinados se conocían como kamishimo.
Ante situaciones de suma importancia, como por ejemplo, en una entrevista con el shōgun, se esperaría que un daimyō vistiera un nagabakama, unos pantalones sumamente largos que arrastraban por el suelo.

Armas

De hoja cortante

 Par de nihontō, conocidas comúnmente como katana exhibidas en el Castillo Okayama.
Fotografía de tres samuráis con diversas armas, el de la izquierda un arco, el del centro una espada y el de la derecha porta una yari.
El nihontō, conocido más comúnmente en occidente como katana, es el arma más estrechamente relacionada con el samurái e incluso se le llegó a considerar durante el periodo Edo como «el alma del samurái». Un samurái nunca abandonaba su espada, aun en tiempos de paz.El mejor regalo que podía recibir un samurái de parte de su daimyō era una espada forjada por un célebre maestro. No obstante, cabe resaltar que durante la mayor parte de la historia japonesa, las principales armas fueron el arco y la lanza. No fue sino hasta que terminaron las guerras que la espada adquirió la fama que tiene actualmente.
Las primeras espadas utilizadas por soldados yamato eran rectas, algunas con empuñadura en forma de bulbo y eran conocidas como «espada con cabeza de mazo». Algunas otras, como las llamadas «espadas coreanas», tenían empuñadura en forma de argolla terminando con el aspecto de la silueta de algún animal. Estas armas medían 90 centímetros en promedio.
La tachi fue la clásica espada samurái y colgaba con la hoja hacia abajo. Este tipo de espada tenía que ser desenfundada con ambas manos, por lo que se tenía que dejar el arco para utilizarl. Más tarde se logró desarrollar la katana, la cual, junto con el wakizashi, eran conocidas como daishō (大小, ‘daishō? lit. «grande y pequeña»). Cuando un samurái portaba su armadura completa, la katana colgaba con la hoja hacia abajo y el wakizashi era a veces reemplazado por un tantō, el cual llegó a ser considerado como una de las armas más importantes en el campo de batalla. Se decía que una buena espada debía ser capaz de dos cosas: cortar siete cuerpos apilados uno encima del otro y estar lo suficientemente afilada como para que al sumergirla en el agua pudiera cortar un nenúfar que flotara en la superficie.
Representación de Ishi-jo, esposa de Oboshi Yoshio, uno de los 47 rōnin portando un naginata.
La fuerza impresionante de la katana se debía a su curvatura, que hacía posible que el corte producido pudiera incluso seccionar el hueso del oponente. Ya que se la debía de empuñar con ambas manos, el portador de la espada se tenía que colocar en ángulo recto con respecto al enemigo. Los samuráis no utilizaban ningún escudo para su protección, dado que la katana era un arma defensiva y ofensiva al mismo tiempo. Debido a su gran resistencia, podía golpear el arma del oponente para desviar el ataque y acto seguido asestar un golpe mortal.Debido a todas éstas características, no es exageración que muchos historiadores afirmen que la katana es muy superior a las espadas diseñadas por otras culturas.
Otro tipo de espada desarrollada fue la nodachi, conocida como «espada de campaña». Ésta contaba con una hoja extra larga y apareció a comienzos del siglo XVI. Existen escasos registros de que esta arma fuera usada efectivamente en el campo de batalla, ya que, debido a su gran peso, el portador debía de tener una gran fuerza física para esgrimirla de pie, más aún si se portaba mientras se cabalgaba. La mayoría de los registros documentan que este tipo de espadas fueron creadas con la finalidad de servir como ofrendas a santuarios y templos.
El naginata (un tipo de espada larga)es el arma más citada en las crónicas samurái. Constaba de una hoja curva montada sobre un mango de madera y su aspecto de asemejaba al de las alabardas chinas. La naginata era un arma sumamente versátil, ya que con ella se podía golpear, apuñalar o acuchillar al enemigo.Los sōhei, una clase de monjes guerreros, fueron reconocidos por el grado de especialización que alcanzaron esgrimiéndola.
Otra arma muy recurrente fue la yari, una especie de lanza japonesa que apareció como el arma utilizada por las tropas de infantería durante el siglo XV. Un tipo de yari, conocida como mochi yari, pasó también a formar parte del arsenal de los samuráis.

Arrojadizas

 Los samuráis fueron expertos en el uso del arco a caballo. En la foto un yabusame moderno.
Arcabuces japoneses llamados Teppō del periodo Edo, los cuales fueron desarrollados a partir del modelo europeo.
Durante la mayor parte de la historia de los samuráis, el arco japonés (llamado yumi) fue su arma preferida y sólo se solía recurrir a la espada al descender del caballo y entablar combate cuerpo a cuerpo. Los samuráis solían ser expertos en el kyūba no michi «camino del arco y el caballo». Los arcos utilizados en aquella época se asemejan en gran medida a los que se utilizan actualmente en el kyūdō. El arco tenía que ser levantado a la altura de la cabeza del jinete para poder disparar adecuadamente. La práctica del caballo y el arco dieron lugar al yabusame, el cual es practicado hasta nuestros días. La técnica del uso del arco a caballo necesitaba de mucha práctica, ya que sólo se podía disparar por el lado izquierdo del jinete y se contaba con un ángulo de disparo de 45º. Esto se complicaba en mayor medida si el jinete portaba una armadura. Durante el periodo Sengoku el tiro con arco se combinó con el uso de arcabuceros ashigaru.
Durante 1510, los samuráis conocieron el cañón de metal y en ese mismo año, Hōjō Ujimasa compró una pistola china.Para 1548, durante la Batalla de Uedahara, se registró el uso de armas de fuego, con lo que de una forma u otra su uso se había extendido entre los distintos clanes. En 1543, comerciantes portugueses arribaron a Japón buscando un intercambio comercial. Entre los artículos que intercambiaron estuvieron los arcabuces europeos. A partir de 1549, diversos artesanos desarrollaron la técnica necesaria para reproducir estas armas y comenzaron a fabricar arcabuces japoneses llamados Teppō (鉄砲, ‘Teppō’? lit. «cañón de acero»).Para 1553 el ejército de Oda Nobunaga ya contaba con 500 arcabuceros, los cuales darían muestras de su efectividad con las tácticas adecuadas como disparos circulares utilizados en la batalla de Nagashino. Aunque muchos samuráis se opusieron a su implementación debido a que con estas nuevas condiciones cualquier soldado estaba en posición de matar de un solo tiro a un entrenado y diestro maestro de las artes marciales (aun si fuera un humilde ashigaru), su implementación se propagó por todo el país y se volvió un elemento típico en los conflictos bélicos.
Cabe destacar que el uso de grandes cañones no se difundió ni causó el mismo impacto emocional que se vivió con los resultados de las armas de fuego. Existen diversos registros que mencionan el uso de pequeños cañones que se obtuvieron de barcos europeos adaptados para su uso en el campo de batalla. Sin embargo, debido a que las tácticas de guerra no consistían en el derribo de fortalezas, sino más bien en el asedio y la lucha a campo abierto, no se desarrollaron técnicas para producir cañones de grandes dimensiones.

Técnicas de combate

 Representación de Onikojima Yatarō Kazutada con la cabeza cercenada de un enemigo en la mano, por Utagawa Kuniyoshi.
Durante la existencia de los samuráis, reinaron dos tipos opuestos de organización. El primer tipo eran ejércitos basados en reclutas: al inicio, durante el periodo Nara, los ejércitos samuráis se basaron en ejércitos de reclutas del tipo chino y hacia el final en unidades de infantería compuestas por ashigaru. El segundo tipo de organización era el de samurái a caballo que luchaba individualmente o en pequeños grupos.
Al inicio de la contienda se disparaban una serie de flechas con cabeza de bulbo, las cuales zumbaban en el aire. El objeto de estos disparos era llamar a los kami a que presenciaran las muestras de valentía que estaban a punto de desarrollarse. Después de un breve intercambio de flechas entre uno y otro bando, se desarrollaba una contienda llamada ikkiuchi (一騎討ち, ‘ikkiuchi’?), donde grandes rivales de uno y otro lado se enfrentaban. En este tipo de duelos influían mucho aspectos como el rango, el nombre, la posición dentro del ejército, etc. Después de estos combates individuales, se daba paso a los combates mayores, generalmente enviando tropas de infantería lideradas por samuráis a caballo. Al comienzo de las batallas samurái, era todo un honor ser el primero en entrar en batalla. Esto cambió en el periodo Sengoku con la introducción del arcabuz. Al comienzo del uso de las armas de fuego, la metodología del combate era la siguiente: al inicio se hacía un intercambio de disparos de arcabuz a una distancia de 100 metros aproximadamente; cuando se encontraba el momento oportuno se ordenaba que avanzaran los lanceros ashigaru y finalmente los samuráis atacarían, ya fuera a pie o a caballo. El jefe del ejército solía estar sentado en una silla de tijera dentro de una tienda semi abierta llamada maku, que exhibía su respectivo mon. Como muestra del simbolismo tan fuerte que esto representaba, otra forma de llamar al shogunato instituido por Minamoto Yoritomo era el término bakufu, que significaba «gobierno desde la maku».
En medio de la contienda, algunos samuráis decidían bajar del caballo y buscar cortar la cabeza de un rival digno. Este acto era considerado todo un honor. Además, mediante el mismo ganaban respeto entre la clase militar. Después de la batalla, los samuráis de alto rango celebraban normalmente la ceremonia del té, y el general victorioso pasaba revista a las cabezas de los miembros más importantes del enemigo que habían sido cortadas.
Es importante hacer notar que la mayoría de las batallas no se resolvieron de la forma tan idealista antes expuesta, sino que la mayoría de las guerras se ganaron mediante ataques sorpresas, como incursiones nocturnas, incendios, etc. El reconocido samurái Minamoto no Tamemoto aseguraba:
De acuerdo con mi experiencia, no hay nada más ventajoso a la hora de machacar al enemigo que un ataque nocturno[...]. Si prendemos fuego a tres de los lados y cerramos el paso por el cuarto, quienes huyan de las llamas serán derribados por flechas, y quienes busquen escapar de éstas no podrán huir de las llamas.
Minamoto Tamemoto.

Cobro de cabezas

Cortar la cabeza de un rival digno en el campo de batalla era motivo de gran orgullo y reconocimiento. Existía todo un ritual para embellecer las cabezas cortadas: primero eran lavadas y peinadas y una vez efectuado esto, se ennegrecían los dientes aplicando un tinte llamado ohaguro. El motivo de ennegrecer los dientes radicaba en que unos dientes blancos era un signo de distinción, por lo que aplicarles un tinte para oscurecerlos era una forma metafórica de quitarles un poco de la misma.Finalmente las cabezas eran dispuestas cuidadosamente sobre una tabla para su exposición.
Durante las invasiones de Hideyoshi a Corea, era tal el número de cabezas cortadas de los enemigos que tenían que ser enviadas a Japón, que por motivos logísticos se envió solamente la nariz. Éstas eran cubiertas con sal y enviadas en barriles de madera. Estos barriles fueron enterrados en un túmulo cerca del «Gran Buda» de Hideyoshi, donde permanecen al día de hoy bajo el nombre equivocado de Mimizuka o «túmulo de orejas».

Formaciones militares

Durante el periodo Azuchi-Momoyama y gracias a la introducción de armas de fuego las tácticas de combate cambiaron drásticamente. Las formaciones militares adoptadas tenían nombres poéticos, entre las cuales destacan:
Ganko (pájaros en vuelo).- Era una formación muy flexible que permitía que las tropas se adecuaran dependiendo de los movimientos del oponente. El comandante estaba situado en la parte trasera, pero cerca del centro para evitar problemas con la comunicación.
Formación Ganko.
Hoshi (cabeza de flecha).- Era una formación agresiva en la que los samuráis aprovechaban las bajas ocasionadas por los disparos de los ashigaru. Los elementos de señalización estaban cerca de los principales generales del comandante.
Formación Hoshi.
Saku (cerrojo).- Esta formación estaba considerada como la mejor defensa en contra de la formación Hoshi,ya que dos hileras de arcabuceros y dos de arqueros estaban en posición para recibir el ataque.
Formación Saku.
Kakuyoku (alas de grulla).- Formación recurrente con la finalidad de rodear al enemigo. Los arqueros y arcabuceros menguaban las tropas enemigas antes del ataque cuerpo a cuerpo de los samuráis mientras que la segunda compañía los rodeaba.
Formación Kakuyoku.
Koyaki (yugo).- Debe su nombre a los yugos utilizados en los bueyes. Era utilizada para neutralizar el ataque «alas de grulla» y «cabeza de flecha» y su finalidad era que la vanguardia absorbiera el primer ataque y dar tiempo a que el enemigo revelara su siguiente movimiento ante el cual la segunda compañía pudiera reaccionar a tiempo.
Formación Koyaku.
Gyōrin (escamas de pescado).- Se utilizaba frecuentemente para hacer frente a ejércitos mucho más numerosos. Su finalidad era atacar un sólo sector para romper las filas enemigas.
Formación Gyorin.
Engetsu (media luna).- Formación utilizada cuando el ejército aún no era vencido pero se necesitaba realizar una retirada ordenada al castillo. Mientras que la retaguardia retrocedía, la vanguardia podía aun organizarse de acuerdo a las circunstancias.
Formación Engetsu.

Artes Marciales

De cada niño que crecía dentro de una familia samurái se esperaba que de mayor fuera también un guerrero, por lo que gran parte de su infancia la dedicaba a practicar distintas artes marciales. Un samurái completo debía de ser diestro por lo menos en el uso de la espada, el arco y la flecha, la lanza y posteriormente en el uso de armas de fuego. Del mismo modo, se les instruía en el uso de estas armas mientras se montaba a caballo. Además se esperaba que supieran nadar y bucear.
Durante la época feudal de Japón, florecieron diversos tipos de artes marciales, conocidos en japonés con el nombre de bujutsu (武術, ‘bujutsu’?). El término jutsu puede traducirse como «método», «arte» o «técnica» y el nombre que posee cada una es indicativo del modo en que se ejecutan. Los métodos de combate que se desarrollaron y perfeccionaron son muy diversos, entre los cuales destacan:

Con armas Sin armas
Importante Secundario Colateral
Tiro con arco Arte del abanico de guerra Arte de la cadena y otras herramientas
kyujutsu tessenjutsu kusarijutsu aiki jujutsu
Kyūdō Arte del palo kusariganayutsu chikarakurabe
shagei jōjutsu (bō) manrikikusari chogusoku
Lancería jōdō chigirigijutsu genkotsu
sojutsu tetsubojutsu gegikanjutsu gusoku
yarijutsu Arte del jitte Artes ocultas hakushi
naginatajutsu juttejutsu ninjutsu jūjutsu
sodegaramijutsu toiri-no-jutsu karate
sasumatajutsu shinobijutsu kenpo
Esgrima chikairi-no-jutsu kiaijutsu
tojutsu shurikenjutsu kogusoku
kenjutsu yubijutsu koshi-no-mawari
kendō koppo kumiuchi
iaijutsu fukihari roikomiuchi
iaidō suihokojutsu shikaku
tantojutsu shinobi
Equitación shubaku
bajutsu sumai
jobajutsu sumo
suibajutsu taidō
Natación taidojutsu
suiejutsu torite
oyogijutsu wajutsu
katchu gozen oyogi yawara

Filosofía y cultura

Bushidō

 El bushidō alentaba que los dirigentes estuvieran presentes en el campo de batalla. Algunos permanecían sentados en un taburete de tijeras en la retaguardia, tal y como se representa a Imagawa Yoshimoto.
Durante largos periodos de inestabilidad, los samuráis se enfrentaron día a día con los horrores de la guerra y con la posibilidad de su propia muerte, por lo que muy seguramente todos eran conscientes de ese riesgo. Los preceptos clásicos del bushidō (武士道, lit. «Camino del guerrero» ?) aparecieron por primera vez compilados en un breviario conocido como Hagakure a principios del siglo XVIII. En él aparecían algunos consejos prácticos aplicables al comportamiento samurái y el tema de la muerte tiene una importancia central en la obra.
La principal diferencia entre el bushidō y la caballería europea está en que, en el primero hay una total ausencia de amor cortés. Cuando las mujeres hacen aparición en las heroicas historias samurái, suele ser como una respuesta de auto-inmolación, como cuando se suicidaban debido a que el castillo en el que se encontraban caía en manos enemigas.
El mayor dogma del bushidō radicaba en el aspecto de reforzar la idea que tenían los samuráis de sí mismos como miembros de una élite superior al resto de la sociedad. Solían referirse a los ashigaru como «sus inferiores»y a los extranjeros como «bárbaros». El bushidō además, alentaba a los dirigentes —incluso a los del país— a participar en los conflictos armados. Se suponía que todo comandante debería de permanecer en un taburete de tijeras en la retaguardia durante toda la batalla e incluso muchos participaban activamente en las contiendas. Son escasos los personajes que no estuvieron presentes con su ejército en batalla, como en el caso de Hideyoshi, cuando envió sus tropas con la finalidad de invadir Corea.

Zen

El budismo fue llevado a Japón desde China durante el siglo VI y desde ese momento se expandió por todo el archipiélago. Durante la época de los samuráis existían diversas variantes o sectas de esta misma filosofía, aunque la mayoría de los guerreros optaron por el budismo de tipo Zen. El Zen enseña a sus seguidores a buscar la iluminación y salvación a través de la meditación, la cual se conseguía con mucha disciplina. Dado que el objetivo final de esta filosofía es buscar la armonía espiritual, la cual lleva a un «fluir entre la vida y la muerte», muchos guerreros se sintieron identificados y atraídos hacia ella.

Seppuku

 El seppuku, suicidio ritual que efectuaban los samuráis para evitar la vergüenza de la derrota, pagar por una equivocación grave o seguir a su señor en la muerte.
Un aspecto al que se daba mucha importancia era el anhelo de morir por su señor o por su causa. Esto se veía resumido en la práctica del seppuku, un suicidio ritual que era visto en la sociedad japonesa de la época con gran respeto y admiración. Un ejemplo claro es el caso del famoso samurái Torii Mototada, quien, a pesar de verse en condiciones adversas enfrentando a un enemigo sumamente superior, logró ganar el tiempo suficiente para que su señor Tokugawa Ieyasu huyera y pudiera armar un ejército de grandes proporciones y ganar finalmente en la Batalla de Sekigahara. Después de resistir el asedio del Castillo Fushimi por catorce días, cometió seppuku para evitar la vergüenza de la derrota.La práctica del seppuku también se extendía en el caso de que se buscara reparar algún error cometido, como un modo de protesta o como una manera de seguir a su propio señor a la muerte.

Benefactores del arte

El se vio beneficiado durante el periodo Azuchi-Momoyama y el shogunato Tokugawa por las principales figuras militares.
Un aspecto de los samuráis casi desconocido en la actualidad son las aportaciones al arte que realizaron algunos daimyō durante la historia de Japón. Muchas de estas familias tenían una excelente formación en literatura y estética del mismo modo que dominaban tácticas de guerra. Algunos personajes que destacan por sus aportes hacia el arte son Oda Nobunaga y Toyotomi Hideyoshi, los cuales comenzaron la unificación del país durante el periodo Azuchi-Momoyama mediante sangrientas guerras.
Hideyoshi fue el personaje por el cual la ceremonia del té se convirtió en un arte. La gran ironía es que los recipientes para esta ceremonia eran traídos desde Corea, país que Hideyoshi invadió en dos ocasiones. Hideyoshi contrató a dos hermanos quienes, bajo la supervisión del famoso maestro del té Sen no Rikyū, crearon el estilo raku de recipientes. Otro daimyō que aprovechó los alfareros coreanos fue el del clan Shimazu de Satsuma, el cual hizo famosa a la región.Otro ejemplo son las aportaciones que hizo Oda Nobunaga al (能, ‘?), al cual solía recurrir frecuentemente.
El arroz es la base de la alimentación en Japón desde tiempos remotos y los samuráis no fueron la excepción.

Gastronomía

El arroz ha sido desde tiempos remotos la base de alimentación de la sociedad japonesa. Esto se hizo extensivo también a los samuráis, sobre todo después de mediados del siglo XV, cuando el arroz formó parte de su dieta regular. El arroz era cocido de distintas formas, ya fuera en una cacerola mezclado con yasai (verduras) y nori (algas), sólo al vapor o en forma de onigiri (bolas de arroz). Se solían preparar también mochi (pastelillos de arroz) con harina de arroz o una mezcla de arroz y harina de trigo.[139] Durante mucho tiempo fue un problema cocinar el arroz en medio de las campañas, pero Tokugawa Ieyasu ideó un método para ello: proveyó cascos de hierro a sus miembros de infantería y dentro de ellos se cocía el arroz.
Además del arroz se encontraba el tempura, platillo derivado de la cocina portuguesa y cuyo nombre deriva de «tempora» o «tiempo», y los sashimi tal y como lo conocemos hoy en día. Durante los banquetes de despedida los guerreros compartían kachi-guri (castañas secas), konbu (alga marina) y sake. Estos alimentos se disponían en tres cuencos simbolizando el cielo, el hombre y la tierra. Este ritual cambiaba considerablemente respecto al realizado por los piratas del mar, los cuales acostumbraban comer pulpo debido a que éstos pueden defenderse en ocho direcciones al mismo tiempo.

Pederastia

Los samuráis practicaban un tipo de pederastia similar al griego llamado wakashudō (若衆道, ‘wakashudō? «el camino de la juventud»), o simplemente shudō. En este sistema, el nenja, la parte activa y protectora de la pareja, era el de mayor edad, y el chigo o wakashu, la parte pasiva, el aprendiz, era el más joven; su relación se basaba en las obligaciones y la lealtad mutuas.
[...] la mayoría de los que saltan al campo de batalla, rechazando a los enemigos y acompañado a sus señores hasta el final, son los compañeros sexuales de sus señores [gomotsu].
Anónimo, siglo XVII.
El wakashudō era considerado por algunos moralistas como necesario para lograr «gentileza en el discurso» y «refinamiento del comportamiento educado», además de que se esperaba que el amante más joven diera su vida por el otro. Existen innumerables ejemplos tanto en la vida real como en la literatura de este tipo de relación, que no impedía a ninguno de los dos componentes tener relaciones sexuales con mujeres. Por ejemplo, se cree que más de la mitad de los shogunes entre 1338 y 1837 tenían este tipo de amantes.Existen además una gran cantidad relatos sobre el tema, como el titulado «Trágico amor de dos enemigos» de Cuentos del espíritu del samurái (1688) de Ihara Saikaku, sobre dos samuráis cuyo amor entra en conflicto con sus deberes.

Samuráis famosos

Estos son algunos de los samuráis más representativos y famosos de la historia:

Samuráis famosos
Nombre Fecha nacimiento – muerte Aspectos importantes
Minamoto Yoshiie 1039 -4 de agosto de 1106 Miembro del clan Minamoto, debido a sus proezas recibió el título de Hachimantarō (hijo de Hachiman).[146]
Minamoto Yoshitsune 115915 de junio de 1189 General del clan Minamoto, ayudó a su hermano Yoritomo a establecer el primer shogunato.
Kusunoki Masashige 12941336 Luchó al lado del Emperador Go-Daigo en contra del shogunato Kamakura. Su lealtad sirvió de referencia y modelo para los futuros samuráis.
Sanada Yukimura 15673 de junio de 1615 Recibió varios títulos como el de «Héroe que sólo aparece una vez cada cien años», «Demonio carmesí de la guerra» o «El guerrero número uno en Japón» debido a sus habilidades marciales.
Uesugi Kenshin 8 de febrero de 153019 de abril de 1578 Daimyō que gobernó la Provincia de Echigo y rival legendario de Takeda Shingen. Tenía el apodo de «El dragón de Echigo».
Yamamoto Tsunetomo 16591719 Redactor del Hagakure.
Takeda Shingen 1 de diciembre de 152113 de mayo de 1573 Poderoso daimyō gobernante de la Provincia de Kai y rival legendario de Uesugi Kenshin. Tenía el apodo de «El tigre de Kai».
Date Masamune 5 de septiembre de 156727 de junio de 1636 Su galeón «Juan Bautista» fue el primer barco japonés en hacer un viaje alrededor del mundo. Era conocido como «Dragón de un solo ojo».
Oda Nobunaga 23 de junio de 153421 de junio de 1582 Después de la Batalla de Okehazama se convirtió en la figura más importante del país. Es considerado como el primero de los «grandes unificadores». Fue traicionado por uno de sus principales generales y obligado a cometer seppuku durante el «Incidente de Honnō-ji».
Toyotomi Hideyoshi 2 de febrero de 153618 de septiembre de 1598 Fue el segundo de los «grandes unificadores» de Japón a la muerte de Oda Nobunaga. Convocó a dos invasiones a Corea.
Tokugawa Ieyasu 31 de enero de 15431 de junio de 1616 Fue el último de los «grandes unificadores» y fundador del shogunato Tokugawa.
Akechi Mitsuhide 15282 de julio de 1582 Fue uno de los principales generales de Oda Nobunaga. Es famoso debido a que traicionó a su señor durante el «Incidente de Honnō-ji».
Miyamoto Musashi 1584? – 19 de mayo de 1645 Se dice que participó en más de 60 combates y nunca perdió uno solo. Se convirtió en un rōnin y estableció el sistema Niten Ichi Ryu, además escribió «El libro de los cinco anillos».
Honda Tadakatsu 15483 de diciembre de 1610 Daimyō bajo las órdenes de Tokuwaga Ieyasu. Era reconocido por sus proezas militares e incluso Oda Nobunaga lo llamaba el «samurái entre samuráis», Toyotomi Hideyoshi aseguraba que los mejores samuráis eran «Honda Tadakatsu en el este y Tachibana Muneshige en el oeste», Takeda Shingen afirmaba que Tadakatsu era «un lujo para Tokugawa Ieyasu».
Torii Mototada 15398 de septiembre de 1600 Samurái al servicio de Tokugawa Ieyasu. Gracias a que pudo resistir el Asedio de Fushimi por diez días su señor pudo escapar y ganar finalmente la Batalla de Sekigahara.
Ishida Mitsunari 15606 de noviembre de 1600 Comandó el «Ejército del Oeste» durante la Batalla de Sekigahara en apoyo a Toyotomi Hideyori, hijo de Hideyoshi, a quien consideraba el heredero legítimo al gobierno. Perdió la batalla y murió decapitado.
Saigō Takamori 23 de enero de 182824 de septiembre de 1877 Samurái y político japonés durante la Restauración Meiji. Se levantó en armas desde la Provincia de Satsuma y su ejército fue aniquilado por la Armada Imperial Japonesa. Es considerado por muchos historiadores como «el último samurái».

Otros grupos de samuráis famosos fueron:
Los Veinticuatro Generales de Takeda ShingenLas Siete Lanzas de Shizugatake

Mujeres guerreras

 Las mujeres también efectuaban un suicidio ritual llamado jigai, y a diferencia del seppuku masculino, se cortaban la garganta.
Durante los primeros siglos de historia de Japón, fue evidente la fuerte carga matriarcal que tenía la sociedad.[149] Una muestra de ello es el papel y el énfasis conferido a Amaterasu dentro del mito de la creación entre todos los kami. Entre las primeras crónicas japonesas, es recurrente escuchar acerca de reinas dirigiendo el ejército contra fortificaciones enemigas a lo largo de Yamato o del estrecho de Corea. De esto también quedó constancia en documentos chinos, donde un enviado aseguraba que una mujer, Himiko no Yamatai, era considerada como la máxima autoridad gobernante del país. A partir del periodo Heian las mujeres dejaron de participar directa y activamente en los campos de batalla.No obstante, seguían practicando artes marciales y técnicas de auto defensa. El naginata era su arma preferida debido a su largo alcance y versatilidad,junto con el yari. Estas armas solían estar colgadas en las puertas de los hogares militares para en el caso de que algún intruso se presentara. Otra arma en cuyo manejo eran especialistas era un puñal corto llamado kaiken, el cual era útil en combates a corta distancia. El kaiken servía también como el arma en que las mujeres cometían el suicidio ritual conocido como jigai. Este último se diferenciaba del seppuku masculino en que, en lugar de cortarse el vientre, el corte se efectuaba en la garganta.
Dentro de las mujeres guerreras más famosas destaca Tomoe Gozen. De ella se dice que, después de matar a varios enemigos en un sólo combate, el líder de las fuerzas enemigas, Uchida Iyeyoshi, intentó capturarla él mismo. Durante la escaramuza, Uchida intentó tirarle de una manga para bajarla del caballo. Esto enfureció tanto a Tomoe, que giró sobre su adversario y le cortó la cabeza, trofeo que más tarde presentó a su esposo. Se dice que, en otra batalla, después de varias horas de combate, ella era una de los últimos siete guerreros de pie. Según la leyenda, su última acción fue cuando, al enterarse de que su esposo[153] Minamoto no Yoshinaka estaba a punto de ser derrotado, decidió adentrarse en el campo de batalla con el objeto de brindarle tiempo suficiente para que pudiera morir honrosamente cometiendo seppuku. Con el afán de lograr su cometido, cabalgó hasta donde se encontraba el más diestro de los guerreros enemigos y lo retó, intentando atraer la atención del resto de los combatientes. Se dice que efectivamente logró vencer y decapitar a su rival, sin embargo, cuando llegó al lugar donde se encontraba su esposo, éste había muerto por el impacto de una flecha. Esto la desalentó tanto, que bajó la guardia y murió a manos de varios guerreros en ese mismo lugar.

Samurái occidental

 Representación del encuentro entre William Adams y Tokugawa Ieyasu. Dibujo de 1707.
Todo parece indicar que el navegante y explorador William Adams (24 de septiembre de 156416 de mayo de 1620) fue el primer inglés en arribar a Japón,además de ser el primer extranjero en recibir el título de samurái. William Adams, conocido en japonés como Anjin-sama (anjin, «piloto»; sama, título honorífico superlativo de san) y Miura Anjin (三浦按針, el piloto de Miura?) fue un navegante inglés quien, después de naufragar en el océano en el barco holandés Liefde, arribó a costas japonesas en el año 1600. Poco después se entrevistó directamente con Tokugawa Ieyasu y fue interrogado por varias semanas. Gracias a que Williams hablaba un poco de portugués, Ieyasu pudo entablar comunicación con él a través de sus intérpretes, quienes en aquella época mantenían contacto frecuente con comerciantes españoles y portugueses. Williams le habló de la «reforma protestante» y las consecuentes guerras en Europa entre países protestantes y católicos, entre otras novedades para él. Williams causó tan buena impresión en el shōgun (a pesar de las intrigas de los misioneros jesuitas, quienes decían que los ingleses eran los «bandidos y ladrones de todas las naciones», por lo que pedían que todos los tripulantes fueran crucificados como «enemigos de Japón» ), que Ieyasu permitió que los tripulantes del Liefde regresaran a sus hogares. Sin embargo a él lo mantuvo como consejero personal en asuntos de comercio internacional, además de que lo nombró samurái y hatamotoy le proporcionó un feudo valuado en 250 koku con 80 granjeros.
Fue finalmente Williams quien construiría los primeros barcos de tipo occidental en Japón. Estas naves realizarían viajes hasta México, Manila y España. Williams falleció el 16 de mayo de 1620 en Hirado y nunca volvió a su país natal.
La historia de William Adams, se encuentra relatada en la novela Shogun: señor de samuráis del escritor James Clavell, y misma de la cual se filmó una miniserie en el año de 1980, protagonizada por el actor estadounidense Richard Chamberlain como el piloto inglés John Blackthorne y actor japonés Toshirō Mifune, representado el papel del señor Toranaga

Brujas…femicidio

•12 diciembre 2011 • 2 comentarios

Catástrofes naturales, pactos con el Diablo sellados con relaciones sexuales, maleficios poderosos y curaciones malsanas, excursiones nocturnas en compañía de la paganísima Diana. Esos fueron los argumentos con los que la Iglesia Católica –y los poderosos más papistas que el Papa– llevó adelante una de las masacres de mujeres más grandes de la historia, por la que hace sólo algunos años pidió perdón y que se fundó, en realidad, en una disputa por el conocimiento y el poder sobre los cuerpos.

 

Por Moira Soto

 

Algunas mujeres malvadas se han dejado pervertir por el Diablo y descarriar por ilusiones y fantasías inducidas por los demonios, de manera que creer salir de noche montadas a lomos de animales en compañía de Diana, la diosa pagana, y una horda de mujeres. Creen recorrer enormes distancias en el silencio de la noche. Dicen obedecer las órdenes de Diana, la cual las llama al parecer ciertas noches para que le presten servicio.” Así decía el Canon Episcopi, de la Iglesia Católica oficial, redactado hacia el año 900, es decir, en la primera mitad de la Edad Media. El documento jurídico más importante de la época para el historiador norteamericano Jeffrey B. Russell, autor de la muy documentada y abarcadora Historia de la brujería (Paidós, 1998). Este estudioso de un tema que sigue intrigando y fascinando en pleno siglo XXI señala que dicho Canon, que luego sería malinterpretado y utilizado para alimentar el terror y el odio hacia las brujas, reflejaba la preocupación de las autoridades eclesiásticas por erradicar las prácticas paganas.

“Es el Diablo, y no Dios, quien inculca tales fantasías en las mentes de las personas que no tienen fe. En efecto, Satanás tiene poder para transformarse en un ángel de luz. De esta forma se apodera y esclaviza la mente de una mujer miserable y se transforma adoptando la forma de distintas personas. Hace que esta mente ilusa vea cosas extrañas y gentes desconocidas, y la embarca en viajes extraños. Esto no ocurre más que en la mente, pero las personas que carecen de fe creen que esto sucede también en el plano corporal.” Como puede apreciarse, el Canon Episcopi, aun dentro de su afán proselitista, estaba, a comienzos de la Edad Media, más cerca de una interpretación racional (quizás habría que reemplazar el concepto de demonio por las propiedades de alguna hierba alucinógena) respecto de los “viajes” que describieron contadas mujeres, entre los millares de acusadas de brujería a lo largo de varios siglos.

Este Canon se incluyó en los principales códigos medievales de derecho canónico y al condenar la falta de fe y la creencia en la brujería, según Russell, contribuyó poderosamente “a preparar el camino a la ola de brujomanía”(?). Asimismo, coadyuvó a fijar el concepto histórico de Sabbat: como cabecilla de una horda de demonios, Diana era equiparada con Satanás. Las mujeres que la seguían rendían, pues, ¿culto al diablo? Cien años después, el jurisconsulto Burchard de Worms equiparó a Diana con la teutona Holda, mítica diosa madre que quedó así identificada como bruja.

Cuando a finales de la Edad Media comienza el hostigamiento sistemático de las presuntas brujas, ya estaban consolidados en el imaginario popular el escenario, sus procedimientos y oficiantes: el pacto con el diablo, el vuelo nocturno, la negación de la fe cristiana, el aquelarre, las ceremonias blasfemas que culminaban en la misa negra (celebrada en honor a Satanás), las prácticas maléficas de las brujas (fracaso de cosechas, muerte de animales, vampirización y asesinato de niños, etc.). Poco importaba, a esta altura en que ya se asimilaba apostasía con hechicería, que las primeras herejías del Medioevo hubiesen tratado en realidad dereformar la Iglesia, con intención de mejorarla. En 1198, el papa Inocencio III ordenó la ejecución de quienes persistieran en la herejía después de haberlos excomulgado. Y como la brujería se fue equiparando a la herejía, las acusadas de brujas por los motivos más arbitrarios fueron martirizadas y quemadas en masa en las siguientes centurias. Se trata, por supuesto, de la misma Iglesia Católica oficial que sobre todo a partir del siglo XX se ha dedicado con gran celo a defender la vida desde el momento mismo de la concepción. Algún historiador ha sostenido que las brujas fueron un invento de la Inquisición papal (creada en el siglo XIII, y que no sólo se ensañó con las pretendidas brujas: los judíos y musulmanes de España se cuentan entre sus numerosas víctimas), pero la verdad es que el arquetipo teñido de misoginia ya existía antes de que Inocencio IV, en 1252, mediante bula autorizara la confiscación de bienes, el encarcelamiento, la tortura y ejecución de los/as acusados/as de herejía. Todo ello sin necesidad de pruebas.

 

La gran masacre

La Caza de brujas, hasta ese entonces esporádica, se agudizó a mediados del siglo XV, al finalizar la Edad Media, pese a lo que indica la creencia popular, que suele atribuir esa persecución a la denominada “edad oscura”. Producto del Renacimiento y la Reforma, apunta Jeffrey B. Russell, “figuran entre los adalides más decididos de la creencia en la brujería diabólica numerosos intelectuales de esta época”. Las sanciones jurídicas se vuelven cada vez más severas porque teólogos y juristas consideran que la brujería es la mayor de las herejías, por aquello de pactar con el Diablo (¡y encima tener relaciones carnales con él!). La invención de la imprenta sirvió para la multiplicación y difusión de manuales y breviarios que alimentaron el folclore en torno a la bruja y el rechazo de la gente, al tiempo que justificaban delaciones, venganzas, expropiaciones. La propia Juana de Arco –en verdad condenada por razones políticas– fue acusada de brujería y condenada a la hoguera.

Si bien se obtenían confesiones de mujeres aterradas por el solo hecho de ser confinadas en oscuros y húmedos calabozos, rodeadas de alimañas y de excrementos, era rutina aplicar terribles tormentos, algunos de ellos destinados a comprobar la culpabilidad o la inocencia de la supuesta bruja. He aquí algunos de los que detalla Russell en la Historia de la brujería: “La inmersión de la bruja consistía en atar a la acusada de manos y pies y arrojarla dentro del agua. Si se hundía era señal de que el agua, creación de Dios, la aceptaba, y entonces era declarada inocente y sacada a la orilla. Y si flotaba, era porque el agua la rechazaba y entonces era considerada culpable”. Otro recurso era pincharlas con una aguja en ciertos puntos que se volvían insensibles si el diablo las había marcado: a veces se trataba de marcas (cicatrices, lunares) visibles que descubría el inquisidor, para lo cual se desnudaba a las brujas, a menudo pobres campesinas que al dolor sumaban vergüenza por la vejación. La creatividad para acrecentar la batería de instrumentos de tortura era incesante, se fabricaron distintos modelos de tornos, cepos, empulgueras, recipientes para baños de cal hirviente, reclinatorios y sillas con elementos punzantes, potros, zapatos con pinches, tenazas al rojo vivo, además de someter a las desdichadas al hambre y la falta de sueño. En Vacas, cerdos, guerras y brujas, el antropólogo Marvin Harris cita el testimonio de un crítico contemporáneo de la caza de brujas, Johann Matthäus Meyfarth, con detalles de crueldad inhumana: “He visto miembros despedazados, ojos sacados de la cabeza, tendones retorcidos en las articulaciones, omóplatos desencajados, venas perforadas. He visto a las víctimas levantadas en alto, luego bajadas, luego dando vueltas, la cabeza abajo y los pies arriba. He visto cómo el verdugo azotaba con el látigo y golpeaba con varas, apretaba con empulgueras, cargaba pesos, quemaba con azufre, rociaba con aceite y chamuscaba con antorchas. En resumen, puedoatestiguar, puedo describir, puedo deplorar cómo se violaba el cuerpo humano”. Tanta atrocidad para que las acusadas firmaran un documento donde confirmaban “por propia voluntad” las confesiones así arrancadas, que en la mayoría de los casos no las salvaban de la hoguera (en los raros casos en que estas mujeres eran declaradas inocentes y liberadas, corrían el riesgo de ser linchadas por gente fanatizada que no estaba de acuerdo con tanta indulgencia).

Aunque los historiadores no se ponen de acuerdo en la cifra, cálculos actuales basados en archivos de diversos países de Europa –aunque desde luego muchos documentos se han perdido por descuido, incendios, inundaciones, etc.– elevan el número de mujeres aniquiladas a sesenta mil. Un femicidio alentado por el desprecio y temor hacia la mujer generado por la Iglesia Católica, que veía en ella “la puerta del Diablo” y que apenas pidió someramente perdón hace un par de años, unos siglos después de violar en tan grande escala el quinto mandamiento. ¿Cuánto tardará esta institución política, económica y también religiosa en disculparse por esta indirecta forma de genocidio que representa obligar a las mujeres pobres y desnutridas del tercer mundo a tener todos los hijos que conciban, aun en casos de violaciones?

En el ensayo Las mujeres renacentistas (Alianza, Madrid) Margaret L. King dice, refiriéndose a este período: “Fue de una brutalidad excepcional contra las mujeres. El fuego que consumió a las brujas de Europa es tan brillante que ilumina crudamente la condición de las mujeres en el Renacimiento”. Entre esas decenas de miles de perseguidas, supliciadas, asadas vivas, King pasa información documentada y detallada de la condición de monjas encerradas en pésimas condiciones, niñas abandonadas (porque se prefería a los varones), muchachas humildes vejadas, enorme desigualdad de salarios por el mismo trabajo. Era entre estas mujeres que estaban las comadronas, las mujeres sabias herboristas, sanadoras, que ayudaban a parturientas y a enfermos, cuyo poder era envidiado por los médicos. Según Victoria San (Diccionario Ideólogo Feminista, Icaria, Barcelona), cada vez se afianzaba más la teoría de que las miles mujeres torturadas y asesinadas en concepto de brujas no eran únicamente enfermas mentales o físicas –explicación que prevaleció durante un tiempo– ni sólo víctimas de la ignorancia o codicia de vecinos o inquisidores, “sino que un número importante de ellas formaba parte de un movimiento social subversivo que fue barrido a fuego con la excusa de la religión”. ¿El colectivo de varones siempre ha estado atento a cualquier movimiento de mujeres que pudiera tender a liberarse de la opresión y/o vengarse de ella, para sofocarlo y aplacarlo?

Lo que es seguro es que para los represores cualquier mujer podía ser una bruja: pobres y ricas, jóvenes y viejas, cayeron bajo sospecha para ser exterminadas en al mayoría de los casos. Chivos expiatorios indefensos cuando ocurría una epidemia, algún desastre natural, se perdían las cosechas, las mujeres estigmatizadas como brujas sufrieron la exacerbación de una misoginia de larga tradición. En la religión griega, Hecate –madre de otra bruja, Medea– era diosa infernal de los sortilegios; en la tradición judeocristiana, Eva es la tentadora que incita a Adán y juntos cometen el pecado original.

La caza de las brujas tal como se practicó sobre todo en el Renacimiento –”aterrorizando a millones, envileciendo durante varios siglos la mente de eximios pensadores y dejando una enorme mancha negra en el curriculum de la sociedad cristiana”, según escribe Jeffrey B. Russell– ha encontrado desgraciada réplica en tiempos cercanos en nuestro país, durante la dictadura militar, esa forma fascista de ejercer el poder ignorando los derechos civiles, humanos, recurriendo al secuestro, la tortura, el asesinato.

 

El retorno de las hechiceras

Durante el siglo XX, las brujas que, como se sabe, siempre han tenido su sitial en los cuentos de hadas, empezaron a ser objeto de humor, a través de comedias tan deliciosas como Me casé con una bruja (1942, con Veronica Lake) o Bell, Book and Candle (1958, con Kim Novak) y también de dibujos animados en los que pese a la manifiesta perversidad de la Madrastra (Blancanieves) o de Maléfica (La bella durmiente), se traslucía una mirada chistosa, que se acentuó en Hocus Pocus (1993), con Bette Midler y Sarah Jessica Parker. Desde luego, no faltaron en el cine, desde época temprana, las producciones serias, como el semidocumental La brujería a través de los siglos (1921), del danés Benjamín Christensen, las erizantes y terroríficas en el estilo de Domingo negro, con la magnífica Barbara Steele, o las actualizadas Streghe (l967), con Silvana Mangano. Y entre las incontables muestras sobre brujas, vale rescatar una inglesa que de vez en cuando pasan por cable, The Witch-Founder General (también conocida como The Conqueror Worm, y estrenada localmente bajo el título Arde, bruja, arde, 1968) de Michael Reeves, con un descacharrante Vincent Price en el rol de Matthew Hopkins, un terrible cazador de brujas que existió en la época de Cromwell. Por supuesto, la tele no dejó de cultivar a graciosas brujitas en series desde los tiempos de Hechizada, y más recientemente, Charmed, Sabrina la bruja adolescente, alguna infiltrada en Buffy.

Aunque perduren ediciones con brujas tan malas y caníbales como la de Hansel y Gretel (¿se acuerdan que quería engordar a los chicos para después almorzárselos?), los libros para chicos sueles tomarse en solfa el tema de la brujería: tal el caso de Las brujas, de Roald Dahl (interpretado en el cine por Anjelica Huston), los divertidos Cuentos de brujas, de Graciela Cabal (gran escritora feminista para chicos y grandes que murió esta semana) o el imperdible Manual de la bruja, de Malcom Bird, lleno de recetas, filtro, hechizos y otras yerbas.

Hace rato que las feministas vienen revalorizando a las brujas, a las mujeres sabias y también a aquellas que se atrevieron a recobrar cultos paganos a pesar de la amenaza que las acechaba. Muchas mujeres reivindican, dentro de los recursos considerados brujeriles, la intuición, ciertos poderes psíquicos, la adivinación… Según Russell, particularmente en Gran Bretaña y en los Estados Unidos se ha dado en los últimos años un asombroso florecimiento de grupos neopaganos informales, sin un cuerpo de doctrina pero con un atractivo mensaje de libertad y creatividad. Entre las feministas se evidencia el culto o al menos la recuperación de la diosa, compartiendo en general el rechazo a la religión patriarcal y a las jerarquías. Y por si alguna lectora quiere incorporarse a este culto que puede incluir a Isis, Astarté, Ishtar, Kali o cualquier otra diosa que les caiga en gracia, deberían ir sabiendo que hay ocho sabbats por año, ceremonia religiosa heredada de las antiguas fiestas europeas en que se celebraban los cambios estacionales.

 

 
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