La Caja de Pandora

•22 noviembre 2014 • Dejar un comentario

Mitología Griega: La historia de Pandora y su famosa caja se enmarca dentro del mito de Prometeo, que robó el fuego a los dioses para entregárselo a los hombres.
La historia de Pandora es una venganza de Zeus como parte de un castigo a Prometeo por haber revelado a la humanidad el secreto del fuego.

Vamos a conocer el origen de la frase “abrir la caja de Pandora”, dado que cuando queremos decir que alguno de los actos que realizamos en la vida nos van a traer males o desgracias decimos esto, ahora sabremos porque con más acierto.

Pandora1
Ahí diferentes versiones de la historia de la Caja de Pandora Aquí una:

Hace mucho, muchísimo tiempo, cuando nuestro mundo se hallaba en la infancia, había un niño llamado Epimeteo, que nunca había tenido padre ni madre, y para que no estuviera solo, otra niña, procedente de un lejano país, y que se llamaba Pandora, fue llevada a vivir con él.

La primera cosa que vio Pandora al entrar en la casa en que vivía Epimeteo, fue una gran caja, y casi inmediatamente después de haber atravesado el umbral, preguntó qué había en ella.

—Mi querida Pandora —contestó Epimeteo —es un secreto. La caja fue dejada aquí, para que estuviese bien guardada; y yo mismo no sé lo que contiene.

—Pero ¿quién te la dio? —preguntó Pandora —¿De dónde procede?

—Una persona de aspecto risueño e inteligente la dejó ante la puerta antes de que llegaras tú; y según vi, apenas podía contener la risa al hacerlo.

—Ya lo conozco,—dijo Pandora pensativa—era Mercurio. Éste fue quien me trajo, y sin duda hizo lo mismo con la caja. Estoy segura de que es para mí, y probablemente, contiene hermosos trajes y juguetes o bien una golosina.

—Es posible—contestó Epimeteo alejándose—pero hasta que Mercurio regrese y nos autorice para ello, no tenemos el derecho de abrirla.

—¡Qué muchacho tan tímido! —murmuró Pandora, cuando el niño salía de la casita. —Me gustaría que fuese más animoso.

Y en cuanto Epimeteo se marchó, la niña se quedó mirando el objeto que había despertado su curiosidad.

Las esquinas de la caja aparecían talladas con mucho arte y primor. En los lados había figuras muy graciosas de hombres, mujeres y lindísimos niños. La cara más bonita de todas había sido esculpida en alto relieve, en el centro de la tapa. Ninguna otra particularidad se advertía, exceptuando la obscura y lisa riqueza de la madera pulimentada y el rostro del centro con unas guirnaldas de flores sobre sus cejas.

La caja permanecía bien cerrada y no por una cerradura u otro medio semejante, sino con una cuerda de oro cuyos dos extremos estaban atados de un modo tan complicado, que, probablemente, nadie habría logrado deshacer el nudo. Y, sin embargo, precisamente al ver tal dificultad, más deseos sentía Pandora de examinarlo, a fin de averiguar cómo había sido hecho.

—Creo—se dijo—que ya sabré des-hacerlo y luego atarlo otra vez, y como de ello no ha de resultar ningún daño…

Ante todo, trató de levantar la caja. Elevó un lado algunos centímetros y la dejó caer, produciendo algún ruido. Un momento después le pareció oír que dentro se removía algo. Aplicó el oído y escuchó. Sin duda alguna se percibían dentro algo así como murmullos apagados.

Y al retirar la cabeza, sus ojos se clavaron en el nudo de la áurea cuerda.

—No hay duda de que quien hizo este nudo es persona muy ingeniosa, se dijo —pero me parece que lo podré deshacer.

Entretanto los brillantes resplandores del sol atravesaron la abierta ventana. Pandora se detuvo para escuchar, pero al mismo tiempo e inadvertidamente, retorció algo el nudo, y con gran sorpresa vio que la cuerda de oro se había desatado por sí misma, como por magia.

—¡Que cosa tan extraña! —exclamó la niña. —¿Qué dirá Epimeteo? —¿Sabré hacer otra vez el nudo?

Hizo una o dos tentativas para conseguirlo, pero pronto vio que tal intento era muy superior a su destreza. Así, pues, nada podía hacer, sino dejar la caja desatada hasta el regreso de Epimeteo.

Entonces la niña pensó que su amigo creería que había mirado el interior de la caja, y no siéndole posible evitar que así se lo figurara, díjose que lo mejor era justificar tal sospecha satisfaciendo su curiosidad… No habría podido asegurar si era ilusión o no, pero le parecía que algunas voces murmuraban dentro de la caja:

—¡Déjanos salir, querida Pandora, déjanos salir! ¡Seremos para ti muy buenos compañeros de juego! ¡Oh, déjanos salir!

—¿Quién será? —pensó Pandora.— Sin duda hay alguien vivo dentro. Sí, seguramente. Voy a dar una mirada, sólo una y luego volveré a cerrar.

Pero ya es tiempo de que veamos lo que hacía Epimeteo.

Aquella era la primera vez, desde que llegara su compañera de juegos, que había tratado de divertirse solo, pero como se aburría, decidió interrumpir sus juegos y volver a donde estaba Pandora. En el momento en que iba a entrar en la casita, la mala niña tenía la mano a punto de levantar la tapa de la caja, y Epimeteo la vio. Si él la hubiera avisado dando un grito, Pandora, probablemente, habría retirado la mano de la caja; y tal vez no fuera conocido aún el fatal misterio que guardaba.

caja pandora

Cuando Pandora levantó la tapa, el aire se obscureció porque una nube negra salió de ella y se extendió ante el sol, ocultándolo completamente. Luego, durante algunos instantes, se oyó un murmullo y una serie de gruñidos que pronto se transformaron en un fragor parecido al estampido del trueno… Pero Pandora, sin hacer caso de ello, acabó de levantar la tapa de la caja y miró a su interior.

Pareció como si una multitud de seres alados pasaran rozándole el rostro, huyendo del encierro, y en el mismo instante oyó la voz de Epimeteo que exclamaba en tono lastimero, como si experimentara algún dolor:

—¡Oh, me han picado! ¡Me han picado! ¡Perversa Pandora! ¿Por qué has abierto esa maldita caja?

La niña dejó caer la tapa e incorporándose miró a su alrededor para ver qué le había ocurrido a Epimeteo. La nube que se había formado obscureció de tal modo la habitación que apenas podía divisarse lo que en ella había. Pero oyó un desagradable zumbido, como si por allí revolotearan enormes abejorros. En cuanto sus ojos se hubieron acostumbrado a la imperfecta luz que reinaba, vio un enjambre de feas y asquerosas figuras provistas de alas de murciélago y armadas de terribles aguijones en sus colas, una de las cuales fue la que picó a Epimeteo.

Pocos instantes después también Pandora empezó a quejarse, pues sentía no menos dolor y miedo del que experimentara su compañero de juegos, pero sus quejas fueron más ruidosas que las de Epimeteo. Un repugnante y ruin monstruo se posó en su frente, y la habría herido tal vez de gravedad, si Epimeteo no lo hubiera impedido.

Ahora, si desea saber el lector quienes eran aquellos feos seres evadidos de La caja en que estaban prisioneros, le diremos que formaban la familia completa de los males. Había malas Pasiones, muchas especies de Cuidados, más de ciento cincuenta Dolores y Tristezas, gran número de Enfermedades y, en fin, más formas de Maldad de lo que es dable imaginar.

Entretanto no sólo Pandora, sino también Epimeteo, habían sido gravemente picados y sufrían mucho, cosa que les parecía tanto más intolerable, cuanto que era el primer dolor que sentían desde que existía el mundo. Por esta razón estaban de muy mal humor y muy disgustados uno de otro.

Epimeteo se sentó en un rincón dando la espalda a Pandora y ésta, por su parte, se dejó caer al suelo, apoyando la cabeza sobre la fatal y abominable caja. Lloraba amargamente como si su corazón fuera a destrozarse.

De pronto se oyó un golpecito procedente del interior de la caja.

—¿Quién podrá ser? —se preguntó Pandora, levantando la cabeza. En cuanto a Epimeteo, o no había oído el golpe, o estaba demasiado preocupado para hacer caso de él. Sea como fuere, no contestó.

—¿Por qué no me hablas? —exclamó Pandora sollozando

Y entonces se oyó nuevamente el golpecito, procedente del interior de la caja. Era tan suave que parecía como si lo dieran los dedos de una hada.

—¿Quién eres? —preguntó Pandora sintiendo aún cierta curiosidad.

Una vocecita dulce contestó a sus palabras, diciendo:

—¡Levanta la tapa y lo verás!

—No, no—contestó Pandora echándose a llorar de nuevo. —Ya estoy escarmentada de haber abierto la caja. ¡Ya que estás encerrada, no saldrás!

Y miró a Epimeteo mientras hablaba, solicitando su aprobación a lo que acababa de decir. Pero el muchacho sólo murmuró que tal prueba de buen juicio era tardía.

—¡Ah! dijo nuevamente la dulce vocecita —obrarás bien dejándome salir. No soy como esos monstruos que tienen aguijones en la cola. Ven, hermosa Pandora. Estoy segura de que me dejarás salir.

Y había un encanto tal en el tono de aquella voz, que casi era imposible negarse a lo que pedía. Pandora, al oiría, sentía disiparse su tristeza y Epimeteo, que continuaba en su rincón, volvió la cabeza mostrando en su aspecto mejor humor que antes.

—Querido Epimeteo—exclamó Pandora, —¿has oído esa vocecita?

—Sí, contestó él, todavía malhumorado—y ¿qué?

—¿Te parece que abra otra vez la caja?

—Obra como quieras —replicó Epimeteo. —Después de lo hecho ya no importa que repitas tu imprudente acción.

—Podrías hablarme con alguna mayor bondad —murmuró la niña enjugándose los ojos.

—¡Si estás deseando verme!—gritó la vocecita, dirigiéndose a Epimeteo. —Ven, querida Pandora, abre porque tengo gran prisa por consolarte.

—¡Epimeteo! —exclamó Pandora —Suceda lo que quiera, estoy resuelta a abrir la caja.

—Y, como la tapa parece muy pesada, —dijo el niño atravesando la habitación —yo te ayudaré.

Y así los dos niños unieron sus fuerzas para abrir nuevamente la caja. Salió de ella un personaje sonriente, cuyo cuerpo parecía formado con rayos de sol.

Empezó a revolotear por la estancia, iluminando los lugares en que se posaba. Se llegó a Epimeteo, y tocó ligeramente con uno de sus dedos el lugar donde le había picado el Dolor y en el acto el niño dejó de sentir sufrimiento alguno. Luego besó a Pandora en la frente y el daño que le causara el Mal fue también inmediatamente curado.

—¿Quién eres, hermosa criatura?— exclamó Pandora—

—Soy la Esperanza —contestó el brillante ser.

—Tus alas tienen el color del arco iris —añadió la niña. —¡Qué hermosas son!

—Sí, son como el arco iris —dijo la Esperanza —porque aun cuando mi naturaleza es alegre, estoy formada de lágrimas y de sonrisas.

—¿Querrás quedarte para siempre a nuestro lado? —preguntó Epimeteo.

—No me moveré mientras me necesitéis —contestó la Esperanza sonriendo. —No os abandonaré mientras viváis en el mundo. Sí, queridos niños, sé que más tarde os será otorgado un don inapreciable.

—¡Oh, dinos cual!

—No me lo preguntéis —repuso la Esperanza poniéndose un dedo en sus rosados labios. —Pero no desesperéis, aun cuando nunca gozaseis en esta vida de la felicidad que os he anunciado. Creed en mi promesa, porque es verdadera.

—¡Creemos en ti! —gritaron a coro Epimeteo y Pandora.

Y así lo hicieron, y no solamente ellos, sino que también todo el mundo ha confiado en la Esperanza, que desde entonces vive en el corazón de los hombres.

Tal es el poético ropaje con que la imaginación griega ha vestido la caída de los progenitores del linaje humano, que con diversas formas se nos presenta en las tradiciones y mitos de los pueblos antiguos.

Pandora abriendo la caja. Walter Crane

Para terminar les dejo la otra historia que nos cuenta la historia de Pandora, más al estilo griego:

Por orden de Zeus padre de los dioses, Hefesto dios del fuego, famoso por sus habilidades, formó la estatua de una hermosa doncella.

La propia Atenea que, celosa de Prometeo, habíase trocado en su enemiga, echó sobre la imagen una vestidura blanca y reluciente, aplicóle sobre el rostro un velo que la virgen mantenía separado con las manos, coronóla de frescas flores y le ciñó el talle con un cinturón de oro, adornada maravillosamente con policromas figuras de animales.

Hermes, el mensajero de los dioses, otorgaría el habla a la bella imagen, y Afrodita le daría todo su encanto amoroso.

De este modo Zeus, bajo la apariencia de un bien, había creado un engañoso mal, al que llamó Pandora, es decir, la omnidotada; pues cada uno de los Inmortales había entregado a la doncella algún nefasto obsequio para los hombres.

Condujo entonces a la virgen a la Tierra, donde los mortales vagaban mezclados con los dioses, y unos y otros se pasmaron ante la figura incomparable.

Pero ella se dirigió hacia Epimeteo, el ingenuo hermano de Prometeo, llevándole una caja regalo de Zeus.

En vano aquél había advertido a su hermano que nunca aceptase un obsequio venido del olimpico Zeus, para no ocasionar con ello un daño a los hombres; debía de rechazarlo inmediatamente.

Epimeteo, olvidándose de aquellas palabras, acogió gozoso a la hermosa doncella y no se dio cuenta del mal hasta que ya lo tuvo. Pues hasta entonces las familias de los hombres, aconsejadas por su hermano, habían vivido libres del mal, no sujetos a un trabajo gravoso, y exentos de la torturante enfermedad.

Pero la mujer llevaba en las manos su regalo, una gran caja provista de una tapadera. Apenas llegada junto a Epimeteo abrió la tapa y en seguida volaron del recipiente innumerables males que se desparramaron por la Tierra con la velocidad del rayo. Oculto en el fondo de la caja había un único bien: la esperanza; pero, siguiendo el consejo del Padre de los dioses, Pandora dejó caer la cubierta antes de que aquella pudiera echar a volar, encerrándola para siempre en el arca.

Entretanto la desgracia llenaba, bajo todas las formas, tierra, mar y aire. Las enfermedades se deslizaban día y noche por entre los humanos, solapadas y silenciosas pues Zeus no les había dado la voz. Un tropel de fiebres sitiaba la Tierra, y la muerte, antes remisa en sorprender a los hombres, precipitó su paso.

La vejez, la enfermedad, la fatiga, la locura, el vicio, la pasión, la plaga, la tristeza, la pobreza, el crimen; todos los males del mundo se habían extendido por la tierra y sólo la esperanza quedó oculta en el fondo del arca.

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Malleus Maleficarum “El martillo de los brujos” parte 2

•17 mayo 2014 • Dejar un comentario

La segunda parte, de malleus maleficarum (el martillo de los brujos) es la que tarta de los métodos por medio de los cuales se obra la brujería, y de cómo puede eliminarla auspiciosamente.

RESULTA EN DOS ÚNICAS PREGUNTAS

PREGUNTA UNO

De aquellos contra quienes el poder de las brujas de nada sirve

La segunda parte de esta obra trata del método de procedimiento adoptado por las brujas
para la ejecución de sus brujerías; y se distinguen según nueve rubros, nacidos de dos
dificultades principales. La primera de las dos, tratada al comienzo, se refiere a los
remedios protectores gracias a los cuales un hombre queda inmunizado contra la brujería:
la segunda, tratada al final, se refiere a los remedios curativos mediante los cuales se puede
curar a los embrujados. Pero como dice Aristóteles (Física, IV), la prevención y la cura se
relacionan entre sí, y son, accidentalmente, asuntos de causación. De este modo quedará
clara toda la base de esta horrible herejía.

En las dos divisiones precedentes se destacarán ante todo los siguientes puntos. Primero, la
iniciación de las brujas y su profesión de sacrilegio. Segundo, el avance de su método de
trabajo y de sus horribles observancias. Tercero, las protecciones preventivas contra sus
brujerías. Y como ahora tratamos de asuntos vinculados con la moral y la conducta, y no
hace falta, una variedad de argumentos y disquisiciones, ya que las materias que ahora
siguen bajo sus títulos han sido lo bastante analizadas en las preguntas precedentes,
rogamos a Dios que el lector no busque pruebas en cada caso, ya que basta con presentar
ejemplos que han sido vistos u oídos en personas, o que son aceptados bajo palabra de
testigos fieles.

En el primero de los puntos mencionados se examinarán ante todo dos temas: primero, los
distintos métodos de atracción que adopta el demonio mismo; segundo, las diversas
maneras en que las brujas profesan su herejía. Y en el segundo de los puntos principales se
examinarán por orden cuatro materias relacionadas con el procedimiento de la brujería y su
cura. Primero, las prácticas de las brujas respecto de sí mismas y de su propio cuerpo.
Segundo, sus prácticas con referencia a otros hombres. Tercero, los tipos de brujería que se
practican sólo por hombres, y no por mujeres; cuarto, el problema de eliminar la brujería, y
de cómo puede curarse a los embrujados. Por lo tanto, la primera pregunta se divide en
dieciocho temas, ya que en otras tantas formas son variadas y múltiples sus observancias.

Se pregunta si un hombre puede ser bendecido de tal manera por los ángeles buenos, que
las brujas no puedan encantarlo de ninguno de los modos que siguen. Y parece que no
puede, pues ya se mostró que inclusive los puros e inocentes y justos son a menudo
atacados por los demonios, como ocurrió en Job; y se advierte que muchos niños inocentes,
así como innúmeros hombres justos son hechizados, aunque no en la misma medida que
los pecadores; pues no resultan dañados en la perdición de su alma, sino sólo en sus bienes
terrenales y en su cuerpo. Pero lo contrario lo indican las confesiones de las brujas, a saber,
que no pueden dañar a nadie, sino sólo a aquellos de quienes saben, por información de los
demonios, que carecen de la ayuda Divina.

Respuesta: hay tres clases de hombres bendecidos por Dios a quienes esa detestable raza no
puede lesionar con su brujería. Y la primera son las de quienes administran la justicia
pública contra ellas, o las enjuician en cualquier condición oficial pública. La segunda es la
de quienes, según los ritos tradicionales y santos de la iglesia, hacen empleo legal del poder
y la virtud que la iglesia, por sus exorcismos, proporciona en la aspersión del Agua Bendita,
la aceptación de la sal consagrada, el trasporte de los cirios bendecidos el Día de la

Purificación de nuestra Señora, de las hojas de palma en el Domingo de Ramos, y los
hombres que de tal modo se fortalecen actúan de tal manera, que los poderes de los
demonios quedan disminuidos; y de ellos hablaremos más adelante. La tercera es la de
quienes, de distintas e infinitas formas, son bendecidos por los santos ángeles.

La razón para ello en la primera clase se dará y demostrará en distintos ejemplos. Pues ya
que, como dice San Pablo, todo el poder proviene de Dios, y es una espada para la
venganza contra los malvados y la recompensa de los justos, no es extraño que los
demonios sean mantenidos a raya cuando se hace Justicia para vengar ese horrible crimen.

En el mismo sentido, los Doctores señalan que hay cinco modos en que el poder del
demonio es obstaculizado en todo o en parte. Primero mediante un límite fijado por Dios a
su poder, como se ve en Job, i y a. Otro ejemplo es el caso del hombre del cual leímos en el
Formicarius de Nider, quien confesó a un juez que había llamado al demonio para poder
matar a un enemigo suyo, o causarle daño físico, o herirlo de muerte por un rayo. Y dijo:
“Cuando invoqué al demonio para cometer semejante hecho con su ayuda, me respondió
que no podía hacer ninguna de esas cosas, porque el hombre tenía buena fe y se defendía
con diligencia, con la señal de la cruz; y que por lo tanto no podía dañarlo en su cuerpo,
sino que lo más que podía hacer era destruir la undécima parte de los frutos de sus tierras”.

Segundo, es obstaculizado por la aplicación de alguna fuerza exterior, como en el caso del
asno de Balaam, Números, XXIII Tercero, por algún milagro de poder de ejecución exterior.
Y hay algunos bendecidos con un privilegio singular, como se mostrará más adelante, en el
caso de la tercera clase de hombres que no pueden ser embrujados. Cuarto, por la buena
providencia de Dios, Quien dispone de cada cosa de diversos modos, y hace que un ángel
bueno se interponga en el camino del demonio, como cuando Asmodeo mató a los siete
esposos de la Virgen Sara, pero no mató a Tobías.

Quinto, a veces se debe a la cautela del demonio mismo, pues en ocasiones no desea hacer
daño, para que lo peor se siga de ello. Como, por ejemplo, cuando puede molestar a los
excomulgados, pero no lo hace, como en el caso de los corintios excomulgados (I, Corintios,
v), para debilitar la fe de la iglesia en el poder de ese castigo. Por consiguiente podemos
decir, de la misma forma, que, aunque los administradores de justicia pública no estuviesen
protegidos por el poder Divino, es muy frecuente que los demonios, por su propia
voluntad, retiren su apoyo y protección a las brujas, ya sea porque temen su conversación,

o porque desean y apresuran su condenación. Este hecho también lo demuestran las
experiencias. Pues el mencionado Doctor afirma que las brujas han atestiguado como hecho
de su experiencia que sólo por haber sido apresadas por funcionarios de la justicia pública,
perdieron en seguida todo su poder de brujería. Por ejemplo, un juez llamado Pedro, a
quien mencionamos antes, deseó que sus funcionarios arrestaran a cierto brujo llamado
Stadlin; pero sus manos fueron presas de un temblor tan grande, y un hedor tan
nauseabundo llegó a su nariz, que abandonaron toda esperanza de atreverse a tocar al
brujo. Y el juez les ordenó, diciendo: “Pueden arrestar tranquilos al desdichado, porque
cuando lo toque a mano de la justicia pública, perderá todo el poder de su iniquidad”. Y así
resultó ser, pues fue arrestado y quemado por muchas brujerías por él perpetradas, que se
mencionan aquí y allí, en esta obra, en sus lugares correspondientes.
Y muchas más de estas experiencias nos ocurrieron a nosotros, inquisidores, en el ejercicio
de nuestras funciones inquisitoriales, que arrebatarían el sentido del lector, hasta hacerle
preguntarse si es conveniente relatarlas. Pero como el autoelogio es sórdido y mezquino,

será mejor guardar silencio sobre ellas, antes que incurrir en el estigma de la jactancia y el
engreimiento. Pero debemos hacer una excepción con las que han llegado a ser tan
conocidas, que no se las puede ocultar.

No hace mucho, en la ciudad de Ratisbona, los magistrados condenaron a una bruja a ser
quemada, y se les preguntó por qué nosotros, los inquisidores, no éramos atacados de
brujería como los otros hombres. Respondieron que las brujas habían intentado
dañarlos muchas veces, pero no pudieron, y al preguntárseles por la razón de ello,
respondieron que no lo sabían, como no fuese que los demonios les habían advertido que
no lo hicieran. Pues, dijeron, sería imposible decir cuántas veces nos acosaron día y noche,
ora en forma de monos, ora de perros o cabras, y nos molestaron con sus
gritos e insultos, y nos sacaron de nuestro lecho con sus blasfemas oraciones, de modo que
llegábamos hasta el otro lado de la ventana de su cárcel, que era tan alta, que nadie podía
llegar a ella sin la más larga de las escaleras; y entonces parecían clavarse los alfileres con
que se ceñían sus tocas, y los clavaban con violencia en la, cabeza, y así las encontrábamos
cuando nos levantábamos, como si hubieran querido clavárnoslos en nuestra propia cabeza,
pero alabado sea Dios Todopoderoso, Quien en Su piedad, y sin ningún mérito propio, nos
ha protegido a nosotros, indignos servidores públicos de la justicia de la Fe.

La razón, en el caso de la segunda clase de hombres, es evidente por si misma. Porque los
exorcismos de la iglesia están destinados a ello, y son remedios en todo sentido eficaces
para protegerse de los daños de las brujas.

Pero si se pregunta. de qué manera debería un hombre usar esas protecciones, debemos
hablar primero de las que se emplean sin pronunciar las palabras sagradas, y luego de las
invocaciones sagradas. Porque en primer lugar, es legal en cualquier habitación decente de
hombres o animales asperjar el Agua Bendita para seguridad y protección de hombres y
animales, con la invocación de la Santísima Trinidad y un Padre Nuestro. Pues se dice en el
Oficio del exorcismo, que cuando se la salpica, toda suciedad queda purificada, todo daño
ahuyentado, y ningún espíritu pestilente puede morar allí, etc. Porque el Señor salva al
hombre y al animal, según el Profeta, cada uno a su medida.

En segundo término, así como en el primero hay que efectuar por fuerza la. aspersión, así
en el caso de un cirio Bendito, aunque es más adecuado para encenderlo, cuya cera puede
salpicarse con ventaja en las viviendas. Y tercero, es conveniente colocar o quemar hierbas
consagradas en las habitaciones en que mejor se las puede consumir en algún lugar
adecuado.

Y sucedió en la ciudad de Spires, en el mismo año en que se inició este libro, que cierta
mujer devota mantuvo una conversación con una sospechada de bruja, y a la manera de las
mujeres, usaron palabras abusivas, la una contra la otra. Pero por la noche hizo depositar
en su cuna a su niñito de pecho, y recordó su encuentro de ese día con la sospechosa de ser
bruja. De modo que, temiendo algún peligro para el niño, colocó hierbas consagradas
debajo de él, lo roció con Agua Bendita, le puso un poco de Sal Bendita en los labios, lo
signó con el Signo de la Cruz, y aseguró con diligencia la cuna. En mitad de la noche oyó el
llanto del niño, y como hacen las mujeres, deseó abrazarlo y levantar la cuna hasta su cama.
Por cierto que la levantó, pero no pudo abrazar al niño, porque no estaba allí. La pobre
mujer, aterrorizada y derramando amargas lágrimas por la pérdida de su hijo, encendió
una luz y encontró al niño en un rincón, bajo una silla, lloroso pero indemne.

Y en esto puede verse qué virtud tienen los exorcismos de la iglesia contra las trampas del
demonio. Es manifiesto que Dios Todopoderoso, en Su piedad y sabiduría, que se extiende
de extremó a extremo, vigila los actos de esos hombres malvados; y que dirige con dulzura
la brujería de los demonios, de modo que cuando tratan de disminuir y debilitar la Fe, por
el contrario, la. fortalecen y la arraigan con más firmeza en el corazón de muchos. Pues los
fieles pueden obtener gran provecho de estos males; cuando, en razón de las obras del
demonio, la fe se fortalece, se advierte la piedad de Dios, y se manifiesta Su poder, y los
hombres son llevados a Su guarda y a la reverencia de la Pasión de Cristo, y esclarecidos
por las ceremonias de la iglesia.

En una ciudad de Wiesenthal vivía cierto alcalde embrujado por los dolores más terribles y
contorsiones físicas; y descubrió, no por medio de otros brujos, sino por su propia
experiencia, cómo se le había practicado esa brujería. Pues dijo que tenía la costumbre de
fortalecerse todos los domingos con Sal Bendita y Agua Bendita, pero omitió hacerlo en una
ocasión debido a la celebración del matrimonio de alguien; y ese mismo día quedó
embrujado.

En Ratisbona un hombre era tentado por el demonio, en forma de mujer, para copular con
ella, y se sintió perturbado en gran medida cuando el demonio no quiso desistir. Pero en la
mente del pobre hombre surgió el pensamiento de que debía defenderse tomando la Sal
Bendita como había oído en un sermón. De manera que tomó un poco de Sal Bendita al
entrar en el cuarto de baño, y la mujer lo miró con ferocidad, y maldijo al demonio que le
había enseñado a hacerlo, y desapareció de repente. Porque el demonio, con permiso de
Dios, puede presentarse en forma de una bruja, o poseer el cuerpo de una bruja real.

Había también tres compañeros que se paseaban por un camino, y dos de ellos fueron
heridos por el rayo. El tercero se aterrorizó cuando escuchó voces que hablaban en el aire:
“Ataquémoslo también a él”. Pero otra, voz respondió: “No podemos, porque hoy escuchó
las palabras `el Verbo se ha hecho Carne”‘. Y entendió que había sido salvado porque ese
día oyó misa, y al final de ella, el Evangelio de San Juan: en el comienzo fue el Verbo,
etcétera.

También las palabras sagradas unidas al cuerpo son maravillosamente protectoras, si se
observan siete condiciones para su uso. Pero se mencionarán en la última pregunta de esta
Segunda Parte, cuando hablemos de las medidas curativas, tal como aquí hablamos de las
preventivas. Y esas palabras sagradas, no sólo ayudan a proteger, sino también a curar a los
embrujados.
Pero la protección más segura para los lugares, hombres o animales se encuentra en las
palabras del triunfal título de nuestro Salvador, y se las escribe en cuatro lugares en forma
de una cruz: IESUS j NAZARENUS REX IUDAEORUM . También puede agregarse el
nombre de la Virgen MARIA, y de los evangelistas, o ‘ las palabras de San Juan: el Verbo se
hizo Carne.

Pero la tercera clase de hombres que no puede ser dañados por las brujas es la más notable;
pues están protegidos por una custodia angélica especial, tanto por dentro como por fuera.
Por dentro, por la infusión de la gracia; por fuera, por la virtud de los astros, es decir, por la
protección de los Poderes que mueven los astros, y esta clase se divide en dos sectores de
los Elegidos: pues algunos están protegidos contra todo tipo de brujería, de modo que no
pueden recibir daño ninguno; y a otros los vuelven castos en especial los ángeles buenos,
respecto de la función de engendrar, tal como los espíritus malos, con su brujería, inflaman

el apetito de ciertos hombres malignos hacía una mujer, en tanto que los vuelven fríos hacia
otra.

Y su protección interior y exterior, por gracia e influencia de los astros, se explica como
sigue. Pues si bien es Dios mismo Quien vierte gracia en nuestra alma, y ninguna otra
criatura tiene un poder tan grande para hacerlo (como se dice: el Señor dará gracia y gloria),
sin embargo, cuando Dios desea conceder una gracia especial, lo hace en forma ejecutiva,
por intermedio de un ángel bueno, como nos enseña Santo Tomás en cierto lugar del Tercer
libro de sentencias.

Y esta es la doctrina formulada por Dionisio en el cuarto capítulo de Diuinis Nominibus: tal
es la ley fija e inalterable de la. Divinidad, que lo Alto pase a lo Bajo a través de un Medio,
de modo que todo lo bueno que emane a nosotros de la fuente de toda bondad, nos llegue
por el ministerio de los ángeles buenos. Y esto, se demuestra a la vez por medio de
ejemplos y por argumentos. Pues aunque sólo el poder Divino fue la causa de la
Concepción del Verbo de Dios en la Santísima Virgen, a través de la cual Dios se hizo
hombre, la mente de la Virgen, por ministerio de un ángel, fue muy estimulada por la
Salvación, y por el fortalecimiento e información de su entendimiento, con lo cual quedó
predispuesta a la bondad. Esta verdad también puede razonarse como sigue: es opinión del
mencionado Doctor que existen en el hombre tres propiedades, la voluntad, el
entendimiento y los poderes internos y externos pertenecientes a los miembros y órganos
corporales. Sobre la primera, sólo Dios puede influir, pues el corazón del rey está en manos
del Señor. Un ángel bueno puede influir sobre la comprensión hacia un más claro
conocimiento de la verdad y la bondad, de modo que en la segunda de sus propiedades,
Dios y un ángel bueno pueden iluminar a un hombre. Lo mismo en la tercera, un’ ángel
bueno puede dotar a un hombre de buenas cualidades, y uno malo, con permiso de Dios,
acosarlo con malas tentaciones. Pero la voluntad humana tiene el poder de aceptar esas
influencias malignas o rechazarlas, y un hombre puede hacerlo siempre mediante la
invocación de la gracia dé Dios.

En cuanto a la protección exterior que proviene de Dios a través de Quienes Mueven las
estrellas, la tradición es conocida, y coincide por igual con las Sagradas Escrituras y con la
filosofía natural. Porque todos los cuerpos celestes son movidos por poderes angélicos que
Cristo llama los que Mueven los astros, y la iglesia Poderes de los cielos; y por consiguiente,
todas las sustancias corpóreas de este mundo están gobernadas Por influencias celestiales,
como lo atestigua Aristóteles, Metafísica, I. En consecuencia, podemos decir que la
Providencia de Dios vigila a cada uno de Sus elegidos, pero somete a algunos de ellos a los
males de esta vida para su corrección, en tanto que protege a otros de tal modo, que no
pueden ser ofendidos. Y este don lo reciben de los ángeles buenos delegados por Dios para
su protección, o de la influencia de los cuerpos celestes o de los Poderes que los mueven.

Además hay que señalar que algunos están protegidos contra toda brujería, y otros sólo
contra una parte de ésta. Pues algunos son purificados en especial, por los ángeles buenos,
en sus funciones genitales, de modo que las brujas no puedan hechizarlos respecto de
dichas funciones. Pero en un sentido es superfluo escribir al respecto, aunque en otro
sentido es necesario por el siguiente motivo: pues quienes están embrujados en su función
de gestación quedan privados de la. protección de los ángeles, de tal modo, que se
encuentran siempre en pecado mortal, o practican esas impurezas con celo demasiado
lujurioso. En ese sentido se mostró, en la Primera Parte de esta obra, que Dios permite
mayores poderes de brujería contra esas funciones, no tanto por lo desagradables, como

porque fue este acto el que provocó la corrupción de nuestros primeros padres, y por
contagio llevó la herencia del pecado original a toda la raza humana.

Pero demos unos pocos ejemplos de cómo un ángel bueno bendice a veces a los hombres
justos y santos, en particular en el aspecto de los instintos genitales. Porque la siguiente fue
la experiencia del abate San Sereno, como lo narra Casiano en sus Colaciones de los Padres,
en la primera conferencia del abate Sereno. Este hombre, dice, se esforzó por lograr una
castidad interior de corazón y alma, con oraciones nocturnas y diurnas, ayunos y vigilias,
hasta que al final percibió que, por gracia Divina, había extinguido todas las oleadas de
concupiscencia carnal. Al cabo, movido por un deseo aun mayor de castidad, usó todas las
santas prácticas precedentes para rogar al Todopoderoso y Todo Bondadoso Dios que le
concediera que, por donde Dios, la castidad que sentía en el corazón le fuese conferida a su
cuerpo de manera visible. Entonces un ángel del Señor llegó a él en una visión nocturna, y
parió abrirle el vientre, y arrancarle de las entrañas un tumor ardiente de carne, y luego
remplazar todos sus intestinos, tales como estaban antes, y dijo: ¡He aquí que la
provocación de tu carne o sido cortada y sabe que en este día obtuviste la per petua pureza
de tu cuerpo, de acuerdo con la oración que rezaste, de manera que nunca más volverás a
ser acosado por ese deseo natural que inclusive surge en los niños recién nacidos y de
pecho!

De la misiva manera San Gregorio, en el Primer Libro de sus Diálogos, habla del bendito
abad Equicio. Este hombre, dice, fue muy perturbado en su juventud por la provocación de
la carne; pero la congoja misma de su tentación lo hizo más celoso aun en su aplicación a la
oración. Y cuando rezaba continuamente a Dios Todopoderoso por un remedio contra ese
mal, se le presentó un ángel, una noche, y pareció convertirlo en eunuco, y le pareció, en su
visión, que sus órganos genitales perdían toda sensación; y desde entonces fue tan ajeno a
la tentación, como si no tuviese sexo en el cuerpo. He ahí el beneficio que existía en esa
purificación; pues estaba tan henchido de virtud, que, con la ayuda de Dios Todopoderoso,
tal como antes se destacaba entre los hombres, así después se destacó entre las mujeres.

Una vez más, en las Vidas de los Padres, reunidas por el santísimo hombre San Heráclides
en el libro que intitula Paraíso, habla de cierto Santo Padre, un monje llamado Helías. La
piedad movió a este hombre a reunir a treinta mujeres en un monasterio, y comenzó a regir
sobre ellas. Pero luego de dos años, cuando tenía treinta de edad, huyó de la tentación de la
carne a una ermita, y allí ayunó durante dos días y oró a Dios: “Oh Señor Dios, mátame o
líbrame de esta tentación”. Y por la, noche tuvo un sueño, y vio que tres ángeles se
acercaban a él; y le preguntaron por qué había huido del monasterio de vírgenes. Pero
cuando no se atrevió a responder, de vergüenza, los ángeles dijeron: si quedas libre de la
tentación, ¿regresarás a tu cura de esas mujeres? Y él respondió que lo haría de muy buen
grado. Entonces le arrancaron un juramento en ese sentido, y lo convirtieron en un eunuco.
Pues uno pareció tomarlo de las manos, otro de los pies, y el tercero cortarle los testículos
con un cuchillo, aunque esto en realidad no fue así, sino que sólo pareció serlo. Y cuando le
preguntaron si se sentía remediado, respondió que estaba liberado por entero. De modo
que al quinto día volvió a las acongojadas mujeres y las gobernó durante los cuarenta años
que continuó viviendo, y jamás volvió a sentir una chispa de aquella primera tentación.

Y leemos que un beneficio no menor se le confirió al Beato Tomás, un Doctor de nuestra
Orden, a quien sus hermanos aprisionaron por ingresar en esa Orden; y como deseaban
tentarlo, le enviaron una seductora ramera, suntuosamente adornada. Pero cuando el
Doctor la miró, corrió hacia el fuego material, tomó una antorcha encendida, expulsó a la

máquina del fuego de la lujuria fuera de su prisión; y postrado en oración por el don de la
castidad, quedó dormido. Dos ángeles se le aparecieron y dijeron: he aquí que por pedido
de Dios te ceñimos con un cinturón de castidad, que no puede ser aflojado por ninguna otra
de esas tentaciones; ni es posible adquirirlo por los méritos de la virtud humana, sino que
sólo se entrega por don de Dios. Y se sintió ceñido, y tuvo conciencia del contacto del
cinturón, y lanzó un grito y despertó. Y en adelante se sintió dotado de un tan grande don
de castidad, que desde entonces aborreció todos los deleites de la carne, de modo que ni
siquiera podía hablar con una mujer, como no fuese por obligación, y era fuerte en su
perfecta castidad. Esto lo tomamos del Formicarius de Nider.

Por lo tanto, con excepción de estas tres clases de hombres, nadie está seguro de las brujas “
Pues todos los demás están en condiciones de ser hechizados, o tentados e incitados por
alguna brujería, en las nueve formas que ahora se considerarán. Pues primero debemos
describir estos métodos en su orden, para poder analizar luego, con mayor claridad, los
remedios con los cuales se puede aliviar a los hechizados. Y para poder mostrar con más
claridad los nueve métodos, se los expone de la siguiente manera. Primero, mostramos los
diversos métodos de iniciación de las brujas, y de cómo atraen a jóvenes inocentes para
aumentar el número de su pérfida compañía. Segundo, cómo profesan las brujas su
sacrilegio y el juramento de fidelidad al demonio que pronuncian. Tercero, cómo se
someten a los íncubos, que son demonios. Cuarto, su método general de práctica de la
brujería mediante los Sacramentos de la iglesia, y en especial cómo, con permiso de Dios,
pueden afectar a todas las criaturas, con excepción de los cuerpos Celestes. Quinto, su
método de obstruir la capacidad de engendrar. Sexto, cómo pueden arrebatar el miembro
viril por alguna arte de ilusión. Séptimo, cómo pueden provocar todo tipo de
enfermedades, y ello en general. Octavo, de ciertas enfermedades en particular. Noveno, de
cómo las brujas comadronas provocan el máximo daño, ya sea al matar a los niños o al
ofrecerlos a los demonios en forma sacrilega. Después seguirá el tema de los métodos por
medio de los cuales pueden eliminarse estos tipos de brujería.

Pero que nadie piense que, como hemos enumerado los diversos métodos por los cuales se
infligen las distintas formas de brujería, llegará a un conocimiento total de estas prácticas;
porque ese conocimiento sería de poco uso, e inclusive pernicioso.

Ni siquiera los libros prohibidos de nigromancia contienen tales conocimientos; pues la
brujería no se enseña en los libros, ni la practican los iniciados, sino los no educados, y tiene
un solo cimiento, sin cuyo conocimiento o práctica es imposible que nadie practique la
brujería como brujo.

Lo que es más, los métodos se enumeran aquí al comienzo para que sus actos no parezcan
increíbles, como a menudo se los consideró hasta hoy, para gran daño de la Fe y
crecimiento del número de los brujos. Pero si alguien afirma que, como (según se mostró
más arriba) algunos hombres son protegidos por la influencia de los astros, de modo que no
pueden ser dañados por la brujería, también debe atribuirse a los astros el hecho de que
alguien esté embrujado, como si fuese un asunto de predestinación el que un hombre sea
inmune a la brujería o esté sometido a ella, y entonces ese hombre no entiende bien lo que
quieren decir los Doctores, y ello en varios sentidos.

Y primero, porque existen tres cualidades humanas que puede decirse que están
gobernadas por tres causas celestes, a saber: el acto de volición, el de entendimiento y los

actos corporales. Y el primero, como se dijo, lo gobierna directa y solamente Dios; el
segundo un ángel; y el tercero lo gobierna, mas no lo impone, un cuerpo celestial.

Segundo, de lo que se ha dicho resulta claro que la elección y la volición son gobernadas de
manera directa por Dios, como dice San Pablo: Dios hace que queramos y ejecutemos según
Su buena voluntad; y el entendimiento del intelecto humano es ordenado por Dios, por
mediación de los ángeles. Por lo tanto, también todas las cosas corpóreas, ya .sean
interiores, como los poderes y el conocimiento adquiridos por las facultades físicas internas,

o exteriores, como la enfermedad y la salud, son dispensadas por los cuerpos celestes, por
mediación de los ángeles. Y cuando Dionisio, en el cuarto capitulo de Diuinis Nominibus,
dice que los cuerpos celestes son la causa de lo que sucede en este mundo, esto debe
entenderse como la salud y la enfermedad naturales. Pero las enfermedades que
consideramos son sobrenaturales, ya que las inflige el poder del demonio, con permiso de
Dios. Por lo tanto no podemos decir que un hombre esté hechizado por influencia de los
astros, aunque es posible decir, en verdad, que algunos hombres no pueden ser hechizados
debido a la influencia de los astros.
Pero si se objeta que estos dos efectos opuestos deben nacer de la misma causa, y que el
péndulo tiene que oscilar hacia los dos lados, se responde que cuando un hombre es
protegido,gracias a la influencia de los astros, de esos males sobrenaturales, ello no se debe
de modo directo a la influencia de los astros, sino a un poder angélico, que puede fortalecer
esa influencia de modo que el enemigo, con su malicia, no prevalezca contra él; y ese poder
angélico puede ser trasmitido por virtud de los astros. Pues un hombre puede estar a punto
de morir, habiendo llegado al plazo de vida. natural, y Dios, en Su poder, que en tales casos
obra siempre en forma indirecta, puede modificar eso enviando algún poder de
conservación, en lugar del defecto natural del hombre y de su influencia dominante. Por
consiguiente, de un hombre sometido a la brujería podemos decir que de la misma manera
es posible protegerlo de ésta, o que esta protección proviene de un ángel delegado para
guardarlo; y éste es el medio principal de todos los medios de protección.
Y cuando se dice en Jeremías, XXII “Escribid que será este hombre privado de generación,
hombre a quien nada sucederá prósperamente en todos los días de su vida”, esto debe
entenderse respecto de las elecciones de la voluntad, en que un hombre prospera y otro no,
y también puede asignarse a la influencia de los astros. Por ejemplo: los astros pueden
influir sobre un hombre para que haga una elección útil, tal como la de ingresar en alguna
Orden religiosa. Y cuando su entendimiento resulta esclarecido y considera esa medida., y
por operación Divina su voluntad se inclina a ponerla en ejecución, se dice que ese hombre
próspera bien. O de la misma manera, cuando un hombre se inclina a algún oficio, o a algo
útil. Por otro lado, se lo llamará infortunado cuando los altos Poderes inclinan su elección
hacia cosas improvechosas.

En su tercer libro de la Summa contra los Gentiles, y en varios otros lugares, Santo Tomás
habla de estas y muchas otras opiniones, cuando analiza en qué reside la diferencia de que
un hombre ” sea bien nacido y otro tenga un nacimiento desdichado. Que un hombre sea
afortunado o infortunado, o bien o mal gobernado o protegido. Pues según la disposición
de sus astros se dice que un hombre ha sido bien o mal nacido, y por lo tanto es dichoso o
desdichado; y según que sea esclarecido por un ángel, y siga ese esclarecimiento, se dice
que está bien o mal protegido. Y según que Dios lo dirija hacia el bien, y lo siga. se dice que
está bien gobernado. Pero estas elecciones no tienen cabida aquí, ya que no nos ocupamos
de ellas, sino de la protección respecto de la brujería; y por el momento hemos dicho lo

suficiente acerca del tema. Pasaremos a los ritos practicados por los brujos, y primero a
considerar cómo atraen a los inocentes para convertirlos en colaboradores de sus perfidias.

SOBRE LOS DIVERSOS MÉTODOS POR LOS CUALES LOS DEMONIOS, POR
INTERMEDIO DE LAS BRUJAS, ATRAEN Y ENGAÑAN A LOS INOCENTES PARA
CRECIMIENTO DE SUS HORRENDAS ARTES Y COMPAÑIA

listen ante todo tres métodos por los cuales los demonios, por intermedio de las brujas,
subvierten a los inocentes, y mediante los cuales aumentan en forma constante la perfidia.
Y el primero es por cansancio, por la provocación de enormes pérdidas en sus posesiones
temporales. Porque como dice San Gregorio: el demonio nos tienta a menudo a ceder por
pura fatiga. Y debe entenderse que un hombre tiene poder para resistirse a tal tentación;
pero que Dios lo permite como una advertencia para que no nos entreguemos a la pereza. Y
en este sentido debe entenderse Jueces, a, donde dice que Dios no destruyó las naciones
para que por medio de ellas pudiese probar al pueblo de Israel; y habla de las naciones
vecinas de los canaanitas, jebusitas y otros. Y en nuestro tiempo están permitidos los
husitas y otros heréticos, de manera que no puedan ser destruidos. Los demonios, entonces,
por medio de las brujas, afectan a sus inocentes vecinos con pérdidas temporales, de tal
manera que, por decirlo así, se ven obligados, primero a pedir los sufragios de las brujas, y
luego a someterse a sus consejos, como nos lo han enseñado muchas experiencias.

Conocemos a un extranjero de la diócesis de Augsburgo, quien antes de llegar a los
cuarenta y cuatro años perdió todos sus caballos, en forma sucesiva, por brujería. Su
esposa, aquejada de fatiga debido a esto, consultó con brujas, y después de seguir sus
consejos, aunque eran malsanos, todos los caballos que compró (era carretero) fueron
protegidos de la brujería.

Y muchas mujeres se quejaron a nosotros, en nuestra condición de inquisidores, de que
cuando sus vacas fueron perjudicadas por quedar privadas de su leche, o de cualquier otra
manera, consultaron con mujeres sospechadas de ser brujas, e inclusive éstas les dieron
remedios, a condición de que prometieran algo a algún espíritu; y cuando preguntaron qué
deberían prometer, las brujas respondieron que sólo una cosa pequeña, que aceptaran
ejecutar las instrucciones de ese amo respecto de ciertas observancias durante los Santos
oficios de la iglesia, u observar algunas silenciosas reservas en sus confesiones a los
sacerdotes.

Aquí es preciso señalar que, como ya se insinuó, esta iniquidad tuvo reducido y escaso
comienzo, como que en el momento de la elevación del Cuerpo de Cristo escupieron en el
suelo, o cerraron los ojos, o mascullaron algunas palabras vanas. Conocemos a una mujer
que todavía vive, protegida por la ley secular, que, cuando el sacerdote, en la celebración de
la misa, bendice al pueblo y dice Dominus Uobiscum, siempre agrega para sus adentros las
siguientes palabras en la lengua vulgar: “Kehr mir die Zung im Arss umb”1*, o inclusive
dicen algo por el estilo en la confesión, después de haber recibido la absolución, o no lo
confiesan todo, en especial los pecados mortales, y así, poco a poco, se ven llevadas a
renegar por completo de la Fe, y a la abominable profesión del sacrilegio.

Este, o alguno parecido, es el método que las brujas usan con las honestas matronas poco
dadas a los vicios carnales, pero preocupadas por las ventajas terrenales. Pero con las

1 ° “Pásame la lengua por el culo.” (N. del T.)

jóvenes, más dispuestas a los deleites y placeres corporales, observan un método distinto, y
trabajan por medio de sus deseos carnales y de los placeres de la carne.

Y aquí es de señalar que el demonio se muestra más ansioso y ávido de tentar a los buenos
que a los malos, aunque en la práctica tiente más a éstos que a aquéllos, porque en los
malos se encuentra más aptitud para ser tentados que en los buenos. Por lo cual el demonio
se esfuerza más por seducir a todas las vírgenes y doncellas más santas, y hay razones para
ello, además de muchos ejemplos.

Pues como ya posee a los malvados, pero no a los buenos, se esfuerza más por seducir a los
buenos, a quienes no puede poseer, que a los malos, a quienes ya posee. De la misma
manera, un príncipe de la tierra toma sus armas contra quienes no reconocen su poder,
antes que contra quienes no se le oponen.

Y he aquí un ejemplo. Dos brujas fueron quemadas en Ratisbona. Y una de ellas, que
atendía baños públicos, confesó, entre otras cosas, lo siguiente: que había sufrido muchos
daños del demonio, por esa razón. Había cierta virgen devota, hija de un hombre muy rico
cuyo nombre no hace falta aclarar, ya que la joven está ahora muerta, a disposición de la
merced Divina, y no querríamos que los pensamientos de él fuesen pervertidos por el mal;
y se le ordenó a la bruja que la sedujese invitándola a su casa en algún día festivo, para que
el demonio mismo, en forma de un joven, pudiese hablar con ella. Y aunque ella intentó
muchas veces cumplirlo, cada vez que hablaba con la joven ésta se protegía con la señal de
la Santa Cruz. Y nadie puede dudar de que lo hacía por inspiración de un ángel santo, para
repeler las obras del demonio.

Otra virgen que vivía en la diócesis de Estrasburgo confesó a uno de nosotros que se
encontraba sola, cierto domingo, en la casa de su padre, cuando una anciana de esa ciudad
acudió a visitarla, y, entre otras palabras malignas, le hizo la siguiente proposición: que si lo
deseaba, la llevaría a un lugar donde había algunos jóvenes desconocidos por todos los
ciudadanos. Y cuando consentí, dijo la virgen, y la seguí a su casa, la vieja dijo: “Ves,
subimos a una habitación de arriba, donde están los jóvenes; pero cuídate de hacer la Señal
de la Cruz”. Le prometí que no lo haría, y cuando subía delante de mí, me persigné en
secreto. En la cima de las escaleras, cuando ambas nos encontrábamos fuera de la
habitación, la arpía se volvió hacia mí colérica, con un semblante horrible, y me miró y
exclamó: “¡Maldita seas! ¿Por qué te persignaste? Véte de aquí. Sal, en nombre del
demonio”. Y así volví a mi hogar, indemne.
De esto puede verse con cuánta astucia trabaja el antiguo enemigo en la seducción de las
almas. Pues de tal manera, la encargada de la casa de baños, a quien mencionamos, y que
fue quemada, confesó que habla sido seducida por una anciana. Pero se utilizó un método
distinto en el caso de su bruja acompañante, quien había conocido al demonio en forma
humana, en el camino, mientras ella misma iba a visitar a su amante con fines de
fornicación. Y cuando el demonio incubo la vio, y le preguntó si lo reconocía, y ella contestó
que no, él replicó: “Soy el demonio, y si quieres estaré siempre dispuesta a tu placer, y no te
faltaré en ninguna necesidad”. Y cuando ella consintió, continuó durante dieciocho años,
hasta el final de su vida, practicando con él las diabólicas abominaciones, junto con una
total renuncia a la Fe, como condición necesaria.

Existe además un tercer método de tentación por el camino de la tristeza y la pobreza. Pues
cuando las niñas han sido corrompidas y rechazadas por sus amantes, luego de copular
inmodestamente con ellos, con la esperanza y promesa de casamiento con éstos, y se

encuentran desalentadas en todas sus esperanzas, y en todas partes despreciadas, recurren
a la ayuda y protección de los demonios, ya sea con fines de venganza, para embrujar a esos
amantes o a las esposas con quienes casaron, o con vistas a entregarse a todo tipo de
lujurias. Mas, ¡ay!, la experiencia nos dice que estas jóvenes son innumerables, y que por
consiguiente también lo son las brujas que nacen de esta clase. Demos unos pocos, de entre
muchos ejemplos.

Hay un lugar, en la diócesis de Brixen, donde un joven declaró los siguientes hechos sobre
el embrujamiento de su esposa. “En la época de mi juventud amaba a una joven quien me
importunaba para que me casase con ella; pero yo la rechacé y me casé con otra muchacha
de otra región. Pero como deseaba complacerla por amistad, la invité a la boda. Acudió, y
mientras otras mujeres honradas nos deseaban suerte y nos ofrecían regalos, ella levantó la
mano, y en presencia de las otras mujeres que se encontraban en torno, dijo: después de hoy
tendrás muy pocos días de salud: Mi novia se asustó, ya que no la conocía (pues, como dije,
era de otra región),. y preguntó a los presentes quién era la que nos había amenazado de ese
modo; y le dijeron que era una mujer ligera y vagabunda. Ello no obstante, sucedió tal
como dijo. Pues al cabo de pocos días mi esposa quedó embrujada de tal manera, que
perdió el uso de sus miembros, y aun hoy, después de diez años, pueden verse en su
cuerpo los efectos de la brujería.” Si recogiéramos todos los casos similares que ocurrieron
en un pueblo de esa diócesis, nos ocuparía todo un libro; pero están escritos y conservados
en la casa del obispo de Brixen, quien aún vive para atestiguar su verdad, por asombrosos e
increíbles que parezcan.

Pero no debemos dejar en silencio un caso sorprendente y singular. Cierto conde de noble
cuna, del distrito de Westerich, diócesis de Estrasburgo, casó con una noble niña de igual
cuna; pero después de celebrar la boda, no pudo, durante tres años, conocerla carnalmente,
debido, como se demostró, a cierto encantamiento que se lo impedía. Con gran ansiedad, y
sin saber qué hacer, llamó en alta voz a los santos de Dios. Y ocurrió que fue al Estado de
Metz, por ciertos negocios, y mientras se paseaba por las calles y plazas de la ciudad,
acompañado por sus criados y domésticos, se encontró con cierta mujer que antes había
sido su querida. Y al verla, y sin pensar en el hechizo que actuaba sobre él, le habló con
bondad, y en forma espontánea, por la antigua amistad que se tenían y le preguntó cómo le
iba, y si estaba bien. Y ella, al ver la bondad del conde, a su vez inquirió muy en especial
por su salud y asuntos; y cuando él respondió que estaba bien y que prosperaba, ella se
asombró, y guardó silencio durante un rato. El conde, al verla así sorprendida, la invitó a
conversar con él. De modo que ella preguntó por su esposa, y recibió una respuesta
parecida, que estaba bien desde todo punto de vista. Entonces ella preguntó si tenían hijos,
y el conde contestó que tres, uno nacido en cada año. Ante esto, ella se asombró aun más, y
volvió a guardar silencio. Y el conde le preguntó: ¿por qué, querida mía haces
averiguaciones? Estoy seguro de que te felicitas por mi dicha. Y ella replicó: por cierto
queme felicito, pero maldigo a la vieja que dijo que encantaría tu cuerpo para que no
pudieses tener relaciones con tu esposa. Y en prueba de ello, hay un cacharro en el pozo, en
medio de tu patio, que contiene ciertos objetos malignamente embrujados, y fue puesto allí
para que, mientras su contenido se conservase intacto, tú fueses incapaz de cohabitar. ¡Pero
ya ves, todo es en vano, y me alegro!, etc. Al volver a su hogar, el conde no demoró en
vaciar el pozo, y al encontrar la olla quemó su contenido y todo, con lo cual recuperó en el
acto la virilidad que había perdido. Por eso la condesa volvió a invitar a todos los nobles, a
una nueva celebración de bodas, y dijo que ahora era la dama del castillo y las fincas,
después de haber permanecido virgen durante tanto tiempo. En bien de la reputación del

conde, no es conveniente nombrar ese castillo y fincas, pero hemos relatado esta historia
para que se conozca la verdad del asunto, y se deteste abiertamente un tan grande delito.

De esto resulta claro que las brujas utilizan diversos métodos para aumentar su número.
Pues la mujer mencionada, por haber sido suplantada por la esposa del conde, lanzó el
hechizo sobre éste, con la ayuda de otra bruja; y así es como una brujería trae muchas otras
a su zaga.

SOBRE LA MANERA EN QUE S£ ESTABLECE EL PACTO FORMAL CON EL
DEMONIO

El método con que profesan su sacrilegio mediante un franco pacto de fidelidad a los
demonios varia según las distintas prácticas a que son adictas las diferentes brujas. Y para
entender esto debe señalarse, ante todo, que existen, como se mostró en la Primera Parte de
este Tratado, tres tipos de brujas, a saber: las que dañan pero no pueden curar; las que
curan, pero, por algún extraño pacto con el diablo, no pueden dañar; y las que dañan y
curan. Y entre quienes dañan, se destaca una clase en especial, que puede ejecutar todo tipo
de brujerías y encantamientos, que abarcan todo lo que las otras, cada una por separado,
pueden hacer. Por lo tanto, si describimos el método de profesión en su caso, también
bastará para todos los otros tipos. Y esta clase está compuesta de aquellas que, contra todos
los instintos de la naturaleza humana o animal, tienen la costumbre de comer y devorar a
los niños de su propia especie.

Y esta es la clase más poderosa de brujas, que practica además muchísimos otros
encantamientos Pues provocan granizo y graves tempestades y rayos; causan esterilidad en
los hombres y animales; ofrecen a los demonios, o matan de otras maneras, los niños que no
devoran. Pero éstos son sólo los niños que no han renacido por bautismo en la fuentes
porque no pueden devorar a los bautizados, ni a ninguno sin permiso de Dios. Además, y a
la vista de sus padres, y cuando nadie más está presente, pueden arrojar al agua a los niños
que caminan junto a ella; hacen que los caballos enloquezcan bajo sus jinetes; pueden
trasportarse de lugar en lugar, por el aire, en el cuerpo o en la imaginación; pueden afectar
a jueces y magistrados, de manera que no les hagan daño; pueden hacer que ellas mismas y
otros guarden silencio bajo tortura; pueden provocar un gran temblor en las manos y
horror en la mente de quienes quieran arrestarlas; pueden mostrar a otros cosas ocultas y
ciertos acontecimientos futuros, por información de los demonios, aunque a veces esto
tenga una causa natural (véase la pregunta: de si los diablos pueden predecir el futuro, en
el Segundo libro de sentencias); pueden ver cosas ausentes como si estuviesen presentes;
pueden llevar la mente de los hombres hacia un amor u odio desmesurado; en ocasiones
pueden herir con un rayo a quien les plazca, e inclusive matar a algunos hombres y
animales; pueden eliminar el efecto de los deseos de engendrar, e inclusive el poder de
copulación, provocar abortos, matar a los niños ‘en el útero materno por un simple contacto
exterior; en oportunidades pueden embrujar a hombres y animales con una simple mirada,
sin tocarlos, y causar la muerte; dedican sus propios hijos a los demonios; y en una palabra,
como se dijo, pueden provocar todas las pestes que las otras brujas sólo pueden causar en
parte, es decir, cuando la Justicia de Dios así lo permite. Esta, la más poderosa de todas las
clases de brujas, puede hacer todas esas cosas, pero no deshacerlas.

Pero es común en todas ellas practicar la copulación carnal con los demonios; por lo tanto,
si mostramos el método que usa esta clase principal en su profesión de su sacrilegio,
cualquiera puede entender con facilidad el método de las otras clases.

Existían tales brujas últimamente, hace treinta años, en el distrito de Saboya, hacia el Estado
de Berna, como nos lo dice Nider en su Formicarius. Y ahora hay algunas en el distrito de
Lombardía, en los dominios del duque de Austria, donde el Inquisidor de Como, como
dijimos en la parte anterior, hizo quemar a cuarenta y una brujas en un año; y tenía
cincuenta y cinco de edad, y aún sigue trabajando en la Inquisición.

Ahora bien, el método de protección es doble. Uno es una ceremonia solemne, como un
voto solemne. El otro es privado y puede ser hecho al demonio a cualquier hora, a solas. El
primer método es cuando las brujas se reúnen en cónclave, en un día prefijado, y el
demonio se les aparece en el cuerpo de un hombre, y las insta a tener fe en él, y les promete
prosperidad mundana y larga vida; y ellas recomiendan a una novicia a su aceptación. Y el
demonio pregunta si abjurará de la Fe, y abandonará la santa religión cristiana y la
adoración de la Mujer Anómala (pues así llaman a la Santísima Virgen MARIA), y jamás
venerará los Sacramentos; y si ve que la novicia o el discípulo se muestran dispuestos, el
demonio extiende la mano, lo mismo que la novicia, y ésta jura, con la mano levantada,
cumplir con el pacto. Y hecho esto, el diablo agrega en seguida que no es suficiente; y
cuando el discípulo pregunta qué más debe hacerse, el diablo exige el siguiente juramento
de homenaje: que ella se le entregue en cuerpo y alma, para siempre, y que haga lo posible
por atraer a otras de su sexo a su poder. Y por último añade que debe preparar ciertos
ungüentos con los huesos y miembros de niños, en especial de los que han sido bautizados;
por todos cuyos medios podrá cumplir con todos sus deseos, con la ayuda de él.

Los Inquisidores hemos tenido experiencias creíbles acerca de este método en el pueblo de
Breisach, en la diócesis de Basilea, y recibimos plena información de una joven bruja que
había sido convertida y cuya tía también fue quemada en la diócesis de Estrasburgo. Y
añadió que se había convertido en bruja por el método con que su tía trató primero de
seducirla.

Porque un día su tía le ordenó que subiese con ella, y por su orden entrara en una
habitación en la cual encontró a quince jóvenes ataviados con ropas verdes, según la
manera de los caballeros alemanes. Y la tía le dijo: elige a quien quieras de entre estos
jóvenes, que yo te lo daré; y él te tomará por esposa. Y cuando dijo que no quería a ninguno
de ellos, fue castigada con brutalidad y después se la inició según la mencionada
ceremonia. También dijo que con frecuencia se la transportaba de noche con su tía, a lo
largo de enormes distancias, aun desde Estrasburgo hasta Colonia.

Cuando se le preguntó si viajaban sólo en imaginación y fantasía, por una ilusión de los
demonios, respondió que lo hacían de las dos maneras. Dijo también que los mayores
daños eran los infligidos por las comadronas, porque estaban obligadas a matar u ofrecer a
los demonios tantos niños como fuese posible; y que había sido castigada intensamente por
su tía porque abrió un jarro secreto y encontró las cabezas de muchos niños. Y mucho más
nos relató, luego de jurar que decía la verdad, como era adecuado.

Y su relato sobre el método de profesar la fe del demonio coincide sin duda con lo que
escribió el eminentísimo doctor Johann Nider, quien aun en nuestra época ha escrito en
forma muy esclarecedora; y puede señalarse en especial que nos dice lo siguiente, que supo
por un Inquisidor de la diócesis de Edua, quien llevó a cabo muchas inquisiciones de brujas
en ésa diócesis, e hizo quemar a muchas.

Pues dice que este Inquisidor le dijo que en el ducado de Lausanne ciertas brujas habían
cocido y comido a sus propios hijos, y que el siguiente era el método en que se iniciaban en
tales prácticas. Las brujas se reunían, y por sus artes convocaban a un demonio en forma de
hombre, a quien la novicia era obligada a jurar que renegaba de la religión cristiana, que
jamás adoraría la Eucaristía, y a pisar la Cruz siempre que pudiese. hacerlo en secreto.

He aquí otro ejemplo de la misma fuente. Hace poco hubo un informe general, llevado a
conocimiento de Pedro, el Juez de Boltingen, de que trece niños habían sido devorados en el
Estado de Berna, y que la justicia pública ejerció una venganza total sobre los asesinos. Y
cuando Pedro preguntó a una de las brujas cautivas de qué manera comían a los niños, ella
respondió: “Esta es la manera. Ante todo tendemos nuestras trampas. a niños no
bautizados, e inclusive a los bautizados, en especial cuando no han sido protegidos por el
signo de la Cruz y las oraciones (lector, advierte que, por orden del demonio, toman ante
todo a los no bautizados, para que no puedan llegar a serlo), y con nuestros hechizos los
matamos en la cuna, o aun cuando duermen junto a sus padres, de tal modo que después se
cree que han fallecido o muerto de alguna muerte natural. Entonces, en secreto, los sacamos
de sus tumbas, y los cocemos en un caldero, hasta que toda la carne se desprende de los
huesos para hacer una sopa que puede beberse con facilidad. Con la sustancia más sólida
hacemos un ungüento, que tiene la virtud de ayudarnos en nuestras artes y placeres, y de
nuestros viajes, y con el liquido llenamos un frasco u odre, y quien bebe de él, con el
agregado de algunas otras ceremonias, adquiere en seguida muchos conocimientos y se
convierte en jefe de nuestra secta”.

He aquí otro ejemplo muy claro y concreto. Un joven y su esposa, ambos brujos, fueron
encarcelados en Berna; y el hombre, encerrado a solas, aparte de ella, en otra torre, dijo: “Si
pudiese obtener perdón por mis pecados, declararía de buen _a gana todo lo que conozco
sobre la brujería; pues veo que debería morir. Y cuando los escribientes, informados que se
encontraban allí le dijeron que podía obtener el perdón total si me arrepentía de veras, con
alborozo se resignó a la muerte, y reveló el método por medio del cual había sido afectado
por su herejía. “La siguiente -dijo- es la manera en que se me sedujo. Primero es necesario
que, un domingo antes de la consagración del Agua Bendita, el novicio entre en la iglesia
con los maestros, y en su presencia niegue a Cristo, su Fe, el bautismo y la iglesia toda. Y
luego debe rendir homenaje al Pequeño Maestro, pues así, y no de otro modo, llaman al
demonio.” Aquí es preciso advertir que este método coincide con los ya narrados; pues
carece de importancia que el diablo esté presente o no, cuando se le rinde homenaje. Pues lo
hace en su astucia, al percibir el temperamento del novicio, quien podría asustare con su
presencia y retractarse de sus votos, en tanto que quienes lo conocen encuentran más fácil
persuadirlo. Y por lo tanto lo llaman Pequeño Maestro cuando está ausente, para que, por
el aparente desdén a su Maestro, el novicio experimente menos temor. “Y luego bebe del
odre, que ya se mencionó, y en el acto siente dentro de sí un conocimiento de todas las
nuestras artes, y el entendimiento de nuestros ritos y ceremonias. -Y de este modo se me
sedujo. Pero creo que mi esposa es tan obstinada, que preferirá ir a la hoguera antes que
confesar la menor parte de la verdad: mas, ¡ay!, los dos somos culpables.” -Y como dije el
joven, así ocurrió en todos los aspectos.
Pues el joven confesó y fue visto morir en la máxima contrición; pero la esposa, aunque
convicta por los testigos, no quiso confesar la verdad, ni bajo tortura ni en la muerte misma,
y cuando en hoguera fue preparada por el carcelero, lo maldijo con las palabras más
terribles, y así ardió. Y con estos ejemplos resulta claro su método de iniciación en cónclave
solemne.

El otro método privado se ejecuta de diversas maneras. Pues a veces, cuando los hombres o
las mujeres han padecido alguna dolencia corporal o temporal, se les aparece el demonio,
en ocasiones en persona, y en oportunidades les habla por boca de otro; y promete que, si
aceptan sus consejos, hará por ellos lo que deseen. Pero empieza por cosas pequeñas, como
se dijo antes, y pasa poco a poco a las cosas mayores. Podríamos mencionar muchos
ejemplos que han llegado a nuestro conocimiento en la Inquisición, pero como este tema no
ofrece dificultad, se lo puede incluir brevemente con los temas anteriores.

AQUÍ SIGUE LA FORMA EN QUE LAS BRUJAS COPULAN CON LOS DEMONIOS
CONOCIDOS COMO INCUBOS

En cuanto al método en que las brujas copulan con los demonios íncubos, hay que señalar
seis puntos. Primero, acerca del demonio y el cuerpo que adopta, el elemento de que está
formado. Segundo, respecto del acto, de si siempre va acompañado por la inyección de
semen recibido de algún otro hombre. Tercero, en cuanto al tiempo y lugar, de si un
momento es más favorable que otro para esta práctica. Cuarto, de si el acto es visible para
las mujeres, y de si sólo aquellas que fueron engendradas de esa manera son así visitadas
por los demonios. Quinto, si rige sólo para las que fueron ofrecidas al demonio, en el
momento del nacimiento, por las parteras. Sexto, de si el placer venéreo concreto es mayor

o menor en este acto. Y ante todo hablaremos de la materia y calidad del cuerpo que adopta
el demonio.
Debe decirse que adopta un cuerpo aéreo, y que en algunos sentidos es terrestre, en la
medida en que posee una propiedad terrenal debido _a la condensación, y esto se explica
como sigue. Por sí mismo, el aire no puede adoptar una forma definida, salvo la de algún
otro cuerpo en el cual está incluido. Y en ese caso no está encerrado por sus propios límites,
sino por los de alguna otra cosa; y una parte del aire continúa en la simiente. Por lo tanto no
puede adoptar un cuerpo aéreo como tal.

Sépase, por lo demás, que el aire es en todo sentido una materia muy cambiable y fluida; y
una señal de ello es el hecho de que cuando intentamos cortar o atravesar con una espada el
cuerpo adoptado por un demonio, no fue posible hacerlo; pues las partes divididas del aire
vuelven a unirse en seguida. De ello se sigue que el aire es, por si mismo, una materia muy
competente, pero como no puede adoptar una forma a 1 menos de que se le una otra
materia terrestre, es necesario que el aire que constituye el cuerpo adoptado por el demonio
se espese de alguna manera, y se acerque a la propiedad de la tierra, a la vez que conserva
su verdadera propiedad de aire Y los demonios y espíritus desencarnados pueden efectuar
esta condensación por medio de densos vapores que se elevan de la tierra, y reuniéndolos
en formas en las cuales moran, no como corruptores de ellos, sino como su fuerza motriz
que otorga a ese cuerpo la apariencia formal de vida, de la misma manera, que el alma
informa al cuerpo al cual está unido. Además, en estos cuerpos adoptados y modelados,
son como un marinero en un barco movido por el viento.

De manera que cuando se pregunta de qué tipo es el cuerpo que adopta el demonio, debe
decirse que, respecto de su material, una cosa es hablar del comienzo de su adopción, y otra
hablar del final. Pues al principio no es más que aire, pero al final es aire espesado, que
participa de algunas de las propiedades de la tierra, y todo esto, con permiso de Dios, los
demonios pueden hacerlo por su propia naturaleza; pues la naturaleza espiritual es
superior a la corporal. Por lo tanto, esta última debe obedecer a los demonios en lo que se

refiere al movimiento local, aunque no en lo relativo a la adopción de formas naturales,
sean ellas accidentales o sustanciales, salvo en el caso de algunas criaturas pequeñas (y
entonces, sólo con la ayuda de algún otro agente, como ya se insinuó). Pero en cuanto al
movimiento local, forma alguna se encuentra más allá de su poder; de tal manera, pueden
moverlas como quieran, en las circunstancias que deseen.

De esto puede surgir un interrogante incidental en cuanto a. lo que debe pensarse cuando
un ángel bueno o uno malo ejecutan algunas de las funciones de la vida por medio de
verdaderos cuerpos naturales, y no en cuerpos aéreos; como en el caso del asno de Balaam,
por intermedio del cual habló el ángel, y cuando los demonios se adueñan de los cuerpos.
Hay que decir que estos cuerpos no se consideran adoptados, sino ocupados. Véase Santo
Tomás, 11, 8, acerca de si los ángeles adoptan un cuerpo. Pero atengámonos en forma
estricta a nuestro argumento.

¿De qué manera debe entenderse que los demonios hablan con las brujas, las ven, las
escuchan, comen con ellas y copulan con ellas? Y esta es la segunda parte de la primera
dificultad. En cuanto a lo primero, debe decirse que hacen falta tres cosas para una
verdadera conversación: a saber, pulmones para inspirar el aire; y ello, no con vistas a
producir sonido, sino también para refrescar el corazón; y hasta los mudos poseen esta
cualidad necesaria.

Segundo, es necesario que se efectúe alguna percusión de un cuerpo en el aire, ya que se
produce un mayor o menor sonido cuando uno golpea madera en el aire, o hace sonar una
campana. Pues cuando una sustancia susceptible de sonido es golpeada por un instrumento
que lo produce, emite un sonido según su dimensión, que se recibe en el aire y se multiplica
en los oídos del oyente a quien, si se encuentra lejos, le parece llegar a través del espacio.

Tercero, se requiere una voz, y se podría decir que lo que se llama Sonido en los cuerpos
inanimados se llama Voz en los cuerpos vivos. Y en este acto la lengua golpea las
respiraciones de aire contra un instrumento u órgano natural vivo proporcionado por Dios.
Y esto no es una campana, que se llama sonido, sino que es una voz. Y este tercer requisito
puede ser ejemplificado con claridad por el segundo, y lo establezco para que los
predicadores cuenten con un método para enseñar a la gente. Y en cuarto término, es
necesario que quien forma la voz quiera expresar por medio de ésta algún concepto de la
mente, a otra persona, y que él mismo entienda lo que dice; y que administre su voz de tal
modo, golpeando sucesivamente los dientes con la lengua en su boca, abriendo y cerrando
los labios, y enviando al aire exterior el aire golpeado dentro de la boca, que dé esta manera
el sonido se reproduzca por su orden en los oídos del oyente, quien entonces entiende lo
que se le quiere decir.

Para volver al tema. Los demonios no tienen pulmones ni lengua, aunque pueden mostrar
asta última, así como los dientes y los labios, hechos en forma artificial según el estado de
su cuerpo; por consiguiente, hablando en términos exactos y correctos, no pueden hablar.
Pero como poseen entendimiento, y cuando desean expresar algo producen, por medio de
alguna perturbación del aire incluido en su cuerpo adoptado, no del aire inspirado y
espirado, como en el caso de los hombres; producen, digo, no voces, sino sonidos que se
parecen a voces, y los envían, articulados, a través del aire exterior, hasta los oídos del
oyente. Y resulta claro que puede crearse la semejanza de una voz sin la respiración de aire,
como en el caso de otros animales que no respiran, pero que según se dice crean sonidos, lo

mismo que ciertos otros instrumentos, como dice Aristóteles en de Anima. Porque ciertos
peces, cuando son atrapados, lanzan de pronto un grito fuera del agua, y mueren.

Todo esto es aplicable a lo que sigue hasta el punto en que tratamos de la función de
engendrar, pero no en lo que respecta a los ángeles buenos. Si alguien quiere investigar más
a fondo el asunto de los diablos que hablan en cuerpos poseídos, puede remitirse a Santo
Tomás en el Segundo libro de sentencias, 8, art. 5. Porque en ese caso pueden usar los
órganos físicos del cuerpo poseído, ya que lo ocupan respecto de los límites de su cantidad
corpórea, pero no en relación con los límites de su esencia, ya sea del cuerpo o del alma.
Obsérvese la distinción entre sustancia y cantidad o accidente. Pero esto no viene al caso.
Pues ahora debemos decir de qué modo ven y oyen. Ahora bien, la visión es de dos tipos.
Espiritual y corpórea, y la primera supera. infinitamente a la segunda, pues puede penetrar,
y la distancia no es un obstáculo debido a la facultad de la luz que utiliza. Por lo cual puede
decirse que un ángel bueno o malo, en modo alguno ve con los ojos de su cuerpo adoptado,
ni usa propiedades corpóreas como lo hace al hablar,

cuando utiliza el aire y su vibración para producir sonidos que se reproducen en los oídos
del oyente. Por lo cual sus ojos son ojos pintados. Y se aparecen libremente ante los
hombres en esas semejanzas que les manifiestan, de sus propiedades naturales, y por esos
medios conversan con ellos en el plano espiritual. Con este fin, los ángeles santos se han
aparecido a menudo ante los Padres, por orden de Dios, y con Su permiso. Y los ángeles
malos se manifiestan a los hombres malignos para que éstos, al reconocer sus cualidades,
puedan vincularse con ellos, aquí en pecado y en otras partes en castigo.

A1 final de su Jerarquía celestial, San Dionisio dice: “En todas las partes del cuerpo
humano, el ángel nos enseña a considerar sus propiedades, y se llega a la conclusión de
que, como la visión corpórea es una función del cuerpo vivo por medio de un órgano físico,
de los cuales carecen los demonios, por lo tanto, en sus cuerpos adoptados, así como tienen
una apariencia de miembros, así también poseen la apariencia de sus funciones”.

Y lo mismo podemos decir de su audición, que es mucho más fina que la del cuerpo, pues
puede conocer el concepto de la mente y la conversación del alma con más sutileza que un
hombre que escucha el concepto mental por medio de las palabras habladas. Véase Santo
Tomás, Segundo libro de sentencias, 8. Porque si los deseos secretos de un hombre se leen
en su cara, y los médicos pueden adivinar los pensamientos del corazón por sus latidos y
por el estado del pulso, tanto más Pueden conocer estas cosas los demonios.
Y en cuanto a la comida, podemos decir que en el acto completo de ella existen cuatro
procesos. La masticación en la boca, la deglución en el estómago, la digestión en el
estómago y, cuarto, el metabolismo de los alimentos necesarios y la eyección de lo
superfluo. Todos los ángeles pueden ejecutar los dos primeros procesos de la comida en sus
cuerpos supuestos, pero no el tercero y cuarto; pero en lugar de digerir y excretar, poseen
otro poder por el cual el alimento se disuelve de pronto en la materia circundante. En
Cristo, el proceso de comer era completo en todo sentido, ya que poseía los poderes
nutritivos y metabólicos; no, dicho sea de paso, con el fin de convertir la comida en Su
propio cuerpo, pues esos poderes, lo mismo que su cuerpo, estaban glorificados, de modo
que el alimento se disolvía en Su cuerpo como cuando se arroja agua al fuego.

LA MANERA EN QUE LAS BRUJAS, EN LOS TIEMPOS MODERNOS EJECUTAN EL
ACTO CARNAL CON LOS DEMONIOS INCUBOS, Y CÓMO SE MULTIPLICAN POR
ESE MEDIO

Pero de lo que se dijo no surgen dificultades acerca de nuestro tema principal, que es el acto
carnal que los íncubos con cuerpo adoptado ejecutan con las brujas; salvo, tal vez, que
alguien dude de que las brujas modernas practican esos abominables coitos, y que las
brujas se originaron en esa abominación.

En respuesta a estas dos dudas, diré, en cuanto a la primera, algo sobre las actividades de
las brujas que vivieron en tiempos pasados, unos mil cuatrocientos años antes de la
Encarnación de Nuestro Señor. No se sabe, por ejemplo, si eran; propensas a estas
repugnantes prácticas como lo han sido las brujas modernas desde esa época; pues hasta
donde lo sabemos, la historia nada nos dice en ese sentido. Pero nadie que lea las historias
puede dudar de que siempre hubo brujas, que con sus malas artes se hizo mucho daño a los
hombres animales y frutos de la tierra, y que los demonios íncubos súcubos existieron
siempre, porque las tradiciones de los Cánones y de los santos Doctores han dejado y
trasmitido a la posteridad muchas cosas relacionadas con ellos, durante muchos cientos de
años. Pero existe la diferencia de que en tiempo muy remotos los demonios íncubos solían
infestar a las mujeres contra su voluntad, como a menudo lo muestra Nider en su
Formicarius, y Tomás de Brabante en su libro sobre El bien universal o sobre Las abejas.

Pero la teoría, de que las brujas modernas están manchadas de esta especie de asquerosidad
diabólica no resulta confirmada sólo en nuestra opinión, ya que el testimonio experto de las
brujas mismas ha hecho creíbles todas estas cosas; y que no se someten ahora como en
tiempos pasados, a desgana, sino que de buena gana abrazan esta tan pútrida y desdichada
servidumbre. ¿Pues cuántas mujeres dejamos para que. fuesen castigadas por la ley secular
en diversas diócesis, en especial en Constanza y en la ciudad de Ratisbona, que durante
muchos años se dedicaron a estas abominaciones, algunas desde los veinte años, y otras
desde los doce o trece, y siempre con una renuncia total o parcial a la Fe? Todos los
habitantes de esos lugares son testigos de ello. Pues sin tener en cuenta a quienes se
arrepintieron en secreto, y a los que volvieron a la Fe, en cinco años fueron quemados no
menos de cuarenta y ocho. Y no se trata de credulidad en la aceptación de sus relatos, pues
se arrepintieron libremente; pues todos convinieron en que debían dedicarse a esas
prácticas lascivas para que crecieran las filas de su perfidia. Pero ya hablaremos de esto, en
forma individual, en la Segunda Parte de esta, obra, donde se describen sus acciones
especificas, y omitiremos los que pasaron a jurisdicción de nuestro colega el Inquisidor de
Como, en el distrito de Burdia, quien en el espacio de un año, que fue el año de gracia de
1485, hizo quemar a cuarenta y una brujas, todas las cuales afirmaron en público, como se
dice, que habían practicado estas abominaciones con los demonios. Por lo tanto, esto está
confirmado por testigos oculares, de oídas, y por el testimonio de testigos dignos de fe.

En cuanto a la segunda duda, de si las brujas tuvieron su origen en estas abominaciones,
podemos decir con San Agustín que es cierto que todas las artes supersticiosas se
originaron en la pestífera asociación de los hombres con los demonios, pues así lo dice en
su obra Sobre la doctrina cristiana: todo este tipo de prácticas, ya sea de supersticiones
triviales o nocivas, nacieron de una vinculación pestilente de los hombres con los demonios,
como si se hubiese formado un pacto de amistad infiel y crédula, y todos deben ser
repudiados por entero. Adviértese aquí que es manifiesto que, como existen varios tipos de
superstición o artes mágicas, y diversas sociedades de quienes las practican; y como entre
los catorce tipos de esas artes la especie de las brujas es la peor, ya que tienen un pacto, no
tácito, sino abierto y expreso, con el demonio, y, más aun, deben reconocer una forma de
adoración del demonio por abjuración de la Fe, se sigue que las brujas mantienen el peor

tipo de relación con los demonios, con especial referencia a la conducta de las mujeres, que
siempre se complacen en las cosas vanas.

Adviértase también en Santo Tomás, el Segando libro de sentencias (a, art. 4l, en la solución
de un argumento, donde pregunta si los engendrados de esta manera por los demonios son
más poderosos que otros hombres. Y responde que esta es la verdad, y basa su creencia, no
sólo en el texto de las Escrituras en el Génesis, vi: y lo mismo ocurrió con los hombres
poderosos de la antigüedad; pero también por la siguiente razón. Los demonios saben
cómo asegurarse de la virtud del semen: primero, por el temperamento de aquel de quien
se lo obtiene; segundo, porque saben qué mujer es más adecuada para la recepción de ese
semen; tercero, porque saben qué constelación es favorable para ese efecto corpóreo; y
podemos agregar, cuarto, que por sus propias palabras nos enteramos de que aquellos a
quienes engendran tienen el mejor tipo de disposición para las obras del demonio. Cuando
todas estas causas coinciden de esa manera, se llega a la conclusión de que los hombres así
nacidos son poderosos y grandes de cuerpo.

Por lo tanto, para volver al tema de si las brujas tuvieron su origen en estas abominaciones,
diremos que se originaron en alguna pestilente asociación mutua con los demonios, como
resulta, claro de nuestro primer conocimiento de ellas. Pero nadie puede afirmar con
certidumbre que no aumentaran y se multiplicasen por medio de esas sucias prácticas,
aunque los demonios cometen ese hecho con vistas, no al placer, sino a la corrupción. Y el
siguiente parece ser el orden del proceso. Un demonio súcubo extrae el semen de un
hombre maligno; y si es el demonio particular de ese hombre, y no desea convertirse en
íncubo de una bruja, entrega el semen al demonio delegado a gana mujer o bruja; y este
último; bajo alguna constelación que favorece su objetivo de que el hombre o la mujer así
nacidos sean fuertes en la práctica de la brujería, se convierta en el íncubo de la bruja.

Y no constituye una objeción el hecho de que aquellos de quienes habla el texto no fueran
brujas, sino sólo gigantes y hombres famosos y poderosos; porque como ya se dijo, la
brujería no se perpetró en la época de la ley de la naturaleza, debido al reciente recuerdo de
la Creación del mundo, que no dejaba lugar para la Idolatría. Pero cuando la maldad del
hombre comenzó a aumentar, el demonio encontró más oportunidades para difundir esta
clase de perfidia. Ello no obstante, no debe entenderse que aquellos de quienes se dice que
eran hombres famosos lo eran así, por fuerza, en razón de sus buenas virtudes.

DE SI LAS RELACIONES DE UN DEMONIO INCUBO CON UNA BRUJA VAN
SIEMPRE ACOMPAÑADAS POR LA INYECCIÓN DE SEMEN

A esta pregunta se contesta que el demonio tiene mil modos y maneras de infligir daño, y
desde el momento de su primera Caída trató de destruir la unidad de la iglesia, y subvertir
a la raza humana en todas las formas. Por lo tanto, no es posible establecer una regla
infalible en este sentido, pero existe la siguiente distinción probable: que una bruja es vieja
y estéril o que no lo es. Y si lo es, entonces es natural que él se asocie con ella. sin la
inyección de semen, ya que seria inútil, y el demonio evita todo lo superfluo, en sus
acciones, hasta donde le es posible. Pero si no es estéril, se le acerca por el camino del
deleite carnal que se procura para la bruja. Y si ésta estuviese en condiciones para el
embarazo, entonces, si él puede poseer convenientemente el semen extraído de otro
hombre, no demora en acercarse a ella con vistas a infectarle su progenie.

Pero si se pregunta si es capaz de reunir el semen emitido en alguna polución nocturna,
durante el sueño, tal como reúne el que se emite en el acto carnal, la respuesta es -que es
probable que no pueda, aunque otros sostienen una opinión contraria. Pues debe señalarse
que, como se dijo, los demonios prestan atención a la virtud procreadora del semen, y tal
virtud es más abundante y se conserva mejor en el semen obtenido por el acto carnal, que el
que se derrocha en las poluciones nocturnas, durante el sueño, que sólo surgen de lo
superfluo de los hombres, y no se emiten con una virtud engendradora tan grande. Por lo
tanto se cree que no emplea ese semen para engendrar su progenie, salvo que sepa que la
virtud necesaria se encuentra presente en ese semen.

Pero tampoco puede negarse por completo que aun en el caso de una mujer casada que ha
sido impregnada por su esposo, el demonio, con el agregado de otro semen, puede infectar
lo que se ha concebido.

DE SI UN INCUBO ACTÚA MAS EN UN MOMENTO QUE EN OTRO; Y LO MISMO
EN LO QUE CONCIERNE AL LUGAR

A la pregunta de si el demonio observa tiempos y lugares, debe decirse que, aparte de su
observación de ciertos momentos y constelaciones, cuando su objetivo consiste en efectuar
la polución de la progenie, también observa ciertos períodos en que su objeto no es la
polución, sino el de provocar placer venéreo por parte de la bruja; y estos son los momentos
más sagrados de todo el año, como Navidad, Pascuas, Pentecostés y otros días festivos.

Y los demonios lo hacen por tres razones. Primero, para que de esta manera las brujas
queden imbuidas, no sólo del vicio de la perfidia, por apostasía de la Fe, sino también del
de Sacrilegio, y que pueda inferirse la mayor ofensa al Creador, y caiga sobre el alma de las
brujas la más fuerte condenación.

La segunda razón es que cuando Dios recibe tamaña ofensa, les otorga mayor poder de
dañar, inclusive a hombres inocentes, al castigarlos en sus asuntos o en su cuerpo. Pues
cuando se dice: “El hijo no heredará la iniquidad del padre”, etc., ello sólo se refiere al
castigo eterno, pues es muy frecuente que los inocentes sean castigados con daños
temporales a consecuencia de pecados ajenos. Por lo tanto, en otro lugar Dios dice: “Soy un
Dios poderoso y celoso, que trasmite los pecados de los padres hasta la tercera y cuarta
generaciones”. Semejante castigo fue ejemplificado en los hijos de los hombres de Sodoma,
destruidos por los pecados de sus padres.

La tercera razón es que tienen mayores oportunidades para observar a muchas personas, en
especial a muchachas jóvenes, que en los días festivos se dedican más á la ociosidad y la
curiosidad, y por lo tanto las brujas viejas las seducen con mayor facilidad. Y lo siguiente
sucedió en el país natal de uno de nosotros, los Inquisidores (pues somos dos los que
colaboramos en esta obra).

Cierta joven, virgen devota, fue solicitada, en un día festivo, por una anciana, quien le pidió
que subiese a una habitación en que había algunos jóvenes muy hermosos. Y entonces
consintió, y cuando subían y la anciana abría la marcha, advirtió a la joven que no hiciese la
señal de la Cruz. Y aunque ella lo aceptó, se persignó en secreto. Por lo tanto sucedió que,
cuando subieron, la virgen no vio a nadie, porque los demonios que se encontraban allí
fueron incapaces de mostrarse en sus cuerpos adoptados. Y la anciana la maldijo, y

exclamó: “Véte, en nombre de todos los demonios; ¿por qué te persignaste?”. Esto lo supe
por el franco relato de la buena y honrada doncella.

Puede agregarse una cuarta razón, a saber, que de esa, manera les resulta más fácil seducir
a los hombres, haciéndoles pensar que si Dios permite que se hagan tales cosas en las fechas
más sagradas, no puede ser un pecado tan grande como si 21 no las permitiera en esas
ocasiones.

Con respecto al tema de si prefieren más un lugar que otro, hay que decir que ello lo
demuestran las palabras y acciones de brujas en todo sentido incapaces de cometer esas
abominaciones en lugares sagrados. Y en ello puede verse la eficacia de los ángeles
guardianes, pues tales lugares son reverenciados. Y por lo demás, las brujas afirman que
jamás tienen paz, salvo en el momento de los Servicios Divinos, cuando se encuentran en la
iglesia; y por lo cual son las primeras en entrar y las últimas en salir de ella. Pero están
obligadas a observar ciertas otras abominables ceremonias por orden del demonio, como
las de escupir en el suelo ante la Elevación de la Hostía, o emitir, de manera verbal o de
cualquier otra, los más horribles pensamientos, como por ejemplo: ojalá estuvieses en tal o
cual lugar. Esto se estudia en esta Segunda Parte.

DE SI LOS INCUBOS Y SÚCUBOS COMETEN ESTE ACTO VISIBLE PARA LA BRUJA
0 PARA LOS PRESENTES

En cuanto a si cometen esas abominaciones en forma visible o invisible, hay que decir, en
todos los casos de que tenemos conocimiento, que el demonio siempre actuó en forma
visible para la bruja; pues no necesita acercársele de manera invisible, debido al pacto de
federación con él, que ya se expresó. Pero en relación con cualquier observador, a menudo
se ha visto a las brujas mismas echadas de espaldas en los campos de los bosques, desnudas
hasta el ombligo, y resultaba evidente, por la disposición de los miembros que
corresponden al acto y orgasmo venéreos, y además por la agitación de sus piernas y
muslos, que invisibles para los presentes, habían estado copulando con demonios íncubos.
Pero a veces, aunque esto es raro, al final del acto se eleva al aire, desde la bruja, un vapor
muy negro, más o menos de la estatura de un hombre. Y la razón es que el Maquinador
sabe que de este modo puede seducir o pervertir la mente de las jóvenes u otros hombres
que se encuentran próximos. Pero de estos asuntos y de cómo se llevaron a cabo en muchos
lugares. en la ciudad de Ratisbona, y en la finca de los nobles de Rappolstein, y en algunos
otros lugares, trataremos en esta Segunda Parte.

También es cierto que ocurrió lo que sigue. Algunos esposos llegaron a ver a demonios
íncubos fornicando con sus esposas, aunque en verdad pensaron que no eran diablos, sino
hombres. Y cuando tomaron un arma y trataron de atravesarlos, el demonio desapareció de
pronto, haciéndose invisible. Y entonces sus esposas los abrazaron, aunque a veces fueron
heridas, y se burlaron de sus maridos, los injuriaron y les preguntaron si tenían ojos o si
estaban poseídos por el demonio.

LOS DEMONIOS INCUBOS NO SÓLO INFESTAN A LAS MUJERES
ENGENDRADAS POR SUS ASQUEROSOS ACTOS 0 A AQUELLAS QUE LES HAN
SIDO OFRECIDAS POR COMADRONAS, SINO A TODAS, CON MAYOR 0 MENOR
DELEITE VENÉREO

Por último, para terminar, puede decirse que estos demonios íncubos no sólo infectan a las
mujeres engendradas por medio de tales abominaciones, o a quienes les fueron ofrecidas

por parteras, sino que tratan con todas sus fuerzas, por medio de brujas que son rameras o
ardientes prostitutas, de seducir a todas las doncellas devotas y castas, de todo el distrito o
ciudad. Pues esto es bien conocido por la constante experiencia de los magistrados; y en la
ciudad de Ratisbona, donde algunas brujas fueron quemadas, las desdichadas afirmaron,
antes de su sentencia final, que sus Maestros les habían ordenado que usaran todos los
esfuerzos para lograr la subversión de las doncellas y viudas piadosas.

Si se pregunta si el deleite venéreo es mayor o menor con los demonios íncubos en cuerpos
adoptados que en iguales circunstancias con hombres de verdadero cuerpo físico, podemos
decir lo siguiente: parece que, si bien el placer, por supuesto, debería ser mayor cuando un
semejante se relaciona con otra semejante, el astuto Enemigo puede reunir de tal manera los
elementos activos y pasivos, y por cierto que no de modo natural, sino en esas cualidades
de ardor y temperamento, que parezca excitar un grado de concupiscencia no menor. Pero
esto se analizará en detalle con referencia a las cualidades del sexo femenino.

LAS BRUJAS EJECUTAN POR LO GENERAL SUS HECHIZOS MEDIANTE LOS
SACRAMENTOS DE LA IGLESIA. Y DE CÓMO PERJUDICAN LA CAPACIDAD DE
ENGENDRAR Y PUEDEN HACER QUE LAS CRIATURAS DE DIOS PADEZCAN DE
OTROS MALES DE TODA CLASE. PERO AQUÍ SE EXCEPTÚA LA INFLUENCIA DE
LOS ASTROS

Pero ahora es preciso señalar varias cosas acerca de sus métodos de herir a otras criaturas
de ambos sexos, y de dañar los frutos de la tierra. En cuanto a los hombres, primero, cómo
pueden obrar un hechizo obstructor sobre las fuerzas de procreación, y aun sobre el acto
venéreo, de modo que una mujer no pueda concebir, o un hombre cumplir el acto.
Segundo, cómo este acto es obstruido a veces respecto de una mujer, pero no de otra.
Tercero, cómo arrebatan el miembro viril como si fuese arrancado por completo del cuerpo.
Cuarto, si es posible distinguir si alguno de los daños precedentes fue causado por un
demonio, por su propia cuenta, o por intermedio de una bruja. Quinto. de cómo las brujas
convierten a los hombres y mujeres en animales por medio de algún prestigio o
encantamiento. Sexto, de cómo las brujas comadronas matan de diversas manera lo que fue
concebido en el útero materno; y cuando no lo hacen, ofrecen los niños a los demonios. Y
por si estas cosas parecieran increíbles, han sido demostradas en la Primera Parte de esta
obra por preguntas y respuestas a argumentos; a los cuales, si es necesario, el lector que
dude puede volver con el fin de investigar la verdad.

Por el momento, nuestro objetivo no es otro que el de presentar hechos y ejemplos
concretos que hemos descubierto, o escrito por otros en repugnancia de tan grande delito,
para respaldar los argumentos anteriores, en caso de que a alguien le resultase difícil
entenderlos; y mediante las cosas que se relatan en esta segunda Parte, devolver a la Fe y
apartar de su error a quienes creen que no existen brujas, y que en el mundo no pueden
hacerse brujerías.

Y respecto del primer tipo de daños con que atacan a la raza humana, hay que señalar que,
aparte de los métodos con que hieren a otras criaturas, tienen seis maneras de lesionar a la
humanidad. Y una consiste en inducir un amor maligno en un hombre por una mujer, o en
una mujer por un hombre. Y la segunda es implantar el odio o los celos en alguien. La
tercera consiste en embrujarlos de tal modo, que un hombre no pueda ejecutar el acto
genital con una mujer, o a la inversa, una, mujer con un hombre; o por distintos medios
provocar un aborto, como ya se dijo. La cuarta es causar alguna enfermedad en cualquiera
de los órganos humanos. La quinta, arrebatar la vida. La sexta, privarlos de la razón.

Ea este sentido debe decirse que, aparte de la influencia de los astros, y por sus poderes
naturales, los demonios pueden provocar, en todos los sentidos, verdaderos defectos y
enfermedades, y ello por su poder espiritual natural, que es superior a cualquier poder
físico. Pues ninguna, enfermedad es igual a otra, y ello rige también para los defectos
naturales en que no existe una enfermedad física. Por lo tanto, proceden por medio de
distintas enfermedades o defectos. Y de ellos daremos ejemplos en el texto de esta obra,
según lo requiera la necesidad.

Pero ante todo, para que no queden dudas en la mente del lector en cuanto a que no poseen
poder para modificar la influencia de los astros, diremos que existe una triple razón.
Primero, los astros se encuentran por encima de ellos, en la región del castigo, que es la
región de las brumas inferiores, y ello a consecuencia de la tarea que les está asignada.
Véase la Primera Parte, en la pregunta en que tratamos de los demonios íncubos y súcubos.

La segunda razón es que los astros son gobernados por los ángeles buenos. Véase en
muchos lugares, sobre las Potencias que mueven a los astros, y en especial Santo Tomás,
Parte I. pregunta 90. Y en esto los Filósofos coinciden con los Teólogos

Tercero, se debe al orden general y al bien común del universo, que sufriría un detrimento
general si se permitiese que los malos espíritus causaran una alteración en la influencia de
los astros. Por lo tanto, los cambios milagrosamente engendrados en el Antiguo o Nuevo
Testamento, fueron hechos por Dios, por intermedio de los ángeles buenos, como por
ejemplo cuando el sol se detuvo para Josué, o cuando retrocedió para Ezequías, o cuando
quedó sobrenaturalmente oscurecido en la Pasión de Cristo. Pero en todos los otros casos,
con permiso de Dios, pueden efectuar sus hechizos, ya sea los diablos por si mismos, o
éstos por intermedio de las brujas; y en rigor, es evidente que así lo hacen.

Segundo, se debe señalar que en todos sus métodos para producir daños instruyen casi
siempre a las brujas para que fabriquen sus instrumentos de brujeria por medio de los
Sacramentos o cosas sacramentales de la iglesia, o alguna cosa santa consagrada a Dios;
como cuando a veces colocan una imagen de cera debajo del mantel del altar, o pasan un
hilo a través del Crisma. Sagrado, o de esa manera usan alguna otra cosa consagrada. Y hay
tres motivos para ello.

Por una razón similar suelen practicar sus brujerías en los momentos más sagrados del año,
en especial durante el Adviento de Nuestro Señor, y en Navidad. Primero, porque por tales
medios hacen culpables a los hombres, no sólo de perfidia, sino también de sacrilegio, de
contaminar lo que hay de divino en ella; y porque de ese modo ofenden más
profundamente a Dios su Creador, condenan su alma y hacen que muchos más se
precipiten al pecado.

Segundo, para que Dios, tan ofendido por los hombres, pueda otorgar al demonio un
mayor poder para atormentar a éstos. Pues dice San Gregorio que en Su cólera, Él admite a
veces, a los malignos, sus oraciones y peticiones, que piadosamente niega a otros. Y la
tercera razón es la de que, mediante la apariencia del bien, puede engañar con más
facilidad a ciertos hombres sencillos, quienes creen haber ejecutado algún acto piadoso y
obtenido la gracia de Dios, en tanto que no hicieron otra cosa que pecar con mayor
intensidad.

También puede agregarse una cuarta razón referente a las estaciones más sagradas y al Año
Nuevo. Porque según San Agustín, hay otros pecados mortales aparte del adulterio, por los
cuales puede infringirse la observancia de las festividades. Lo que es más, la superstición y
la brujería que nacen de las acciones más serviles del demonio son contrarias a la reverencia
debida a Dios. Por lo tanto, como se dijo, hace que un hombre caiga más bajo, y el
Creador se ofende más.

Y sobre el Año Nuevo podemos decir, según San Isidoro, Etim., VIII, 2, que Jano, cuyo
nombre lleva el mes de enero, que también comienza el Día de la Circuncisión, era un ídolo
de dos caras, como si una fuese el final del año anterior y la otra el comienzo del nuevo, y,
por decirlo así, el protector y auspicioso autor del año entrante. Y en honor a él, o más bien
al demonio en forma de ese ídolo, los paganos efectuaban ruidosas orgías y festejaban
mucho entre sí, y celebraban diversos bailes y fiestas. Y acerca de todo ello, el Beato
Agustin menciona muchos lugares, y ofrece una muy amplia descripción en su Libro XXVI.

Y ahora los malos cristianos imitan esas corrupciones, las convierten en lascivia cuando
corren de un lado al otro, en la época del Carnaval, con máscaras y bromas y otras
supersticiones. Del mismo modo, las brujas usan estas jaranas del demonio para su
ventaja, y obran sus hechizos para la época del Año Nuevo respecto de los Oficios y Cultos
Divinos, y en el día de San Andrés y en Navidad.

Y ahora, en cuanto a cómo operan su brujería, primero por medio de los Sacramentos, y
luego mediante los objetos sacramentales, nos referiremos a unos pocos hechos conocidos,
descubiertos por nosotros en la Inquisición.

En una ciudad que mejor es no nombrar con fines de caridad y conveniencia, cuando cierta
bruja recibió el Cuerpo de Nuestro Señor, bajó de pronto la cabeza, como es de detestable
costumbre en las mujeres, acercó su vestimenta a su boca, y sacando el Cuerpo del Señor de
la boca, lo envolvió en un pañuelo. Y después, por sugestión del demonio, lo depositó en
un caldero en el cual había un sapo, y lo ocultó en el suelo, cerca, de su casa, junto al
depósito, al mismo tiempo que varias otras cosas, por medio de las cuales debía llevar a
cabo su brujería. Pero con la ayuda de la merced de Dios se descubrió este delito y se lo
llevó a la luz. Pues al día siguiente un obrero iba a sus ocupaciones cerca de esa casa, y
escuchó un sonido como el llanto de un niño. Y cuando se acercó a la piedra debajo de
la cual estaba oculto el cacharro, lo escuchó con mayor claridad, y pensando que la mujer
había enterrado allí a un niño, fue a ver al alcalde, o principal magistrado, y le dijo lo que se
había hecho, según le parecía, con el infanticidio. Y el alcalde envió en el acto a sus criados
y vio que era como el otro había dicho. Pero no estaban dispuestos a exhumar al niño, y les
pareció más prudente poner una guardia y esperar a ver si alguna mujer se acercaba al
lugar, pues no sabían que lo oculto allí era el Cuerpo del Señor. Y así fue como la misma
bruja llegó al lugar, y en secreto ocultó el cacharro bajo sus ropas, ante la vista de ellos. Y
cuando se la arrestó e interrogó reveló su delito, y dijo que el Cuerpo del Señor había sido
oculto en la olla con un sapo, de modo que con su polvo pudiese provocar daños, a
voluntad, a hombres y otras criaturas.

Es de señalar que cuando las brujas comulgan observan la costumbre de, cuando pueden
hacerlo sin ser vistas, recibir el Cuerpo del Señor bajo la lengua, y no encima de ella. Y hasta
donde puede advertirse, el motivo es que no desean recibir remedio alguno que pueda
contrarrestar su abjuración de la Fe, ya sea por la Confesión o por la recepción del
Sacramento de la Eucaristía; y segundo, porque de esta manera les resulta más fácil sacarse

de la boca el Cuerpo del Señor, para aplicarlo, como se dijo, a sus propios usos, para mayor
ofensa del Creador.

Por esa razón, todos los rectores de la iglesia, y quienes comulgan a la gente, son instados a
adoptar los máximos cuidados cuando administran la comunión a las mujeres, de que la
boca esté bien abierta y la lengua sobresaliente, y de que sus ropas no sean tocadas. Y
cuantos más cuidados se adoptan en ese sentido, más brujas se descubren por estos medios.

Muchísimas otras supersticiones practican mediante los objetos sacramentales. A veces
colocan una imagen de cera o alguna sustancia aromática bajo el mantel del altar, como ya
dijimos, y luego la ocultan debajo del umbral de una casa, de modo que la persona así
afectada pueda quedar hechizada al cruzar el umbral. Se podrían presentar incontables
ejemplos. Pero estos tipos de encantamientos menores son probados por los mayores.

DE COMO LAS BRUJAS IMPIDEN Y OBSTACULIZAN EL PODER DE
PROCREACIÓN

Acerca del método con que obstruyen la función procreadora en hombres y animales, y en
ambos sexos, el lector puede consultar lo que ya se escribió en el sentido de si los demonios
pueden llevar la mente de los hombres al amor o al odio por medio de las brujas. Allí,
después de la solución de los argumentos, se efectúa una declaración específica acerca del
método por el cual, con el permiso de Dios, pueden obstruir la función procreadora.

Pero debe señalarse que este obstáculo es tanto intrínseco como extrínseco. En el terreno
intrínseco, lo crean de dos maneras. Primero, cuando impiden de modo directo la erección
del miembro destinado a la fructificación. Y esto no tiene por qué parecer imposible,
cuando se considera que son capaces de viciar el uso natural de cualquier miembro.
Segundo, cuando impiden el flujo de las esencias vitales a los miembros en que reside la
fuerza motriz, y cierran los conductos seminales de modo que no llegue a los vasos
generadores, o que no pueda ser eyaculado, o que se derrame infructuosamente.

En el terreno extrínseco, lo hacen a veces por medio de imágenes, o por la ingestión de
hierbas; en otras ocasiones, por otros medios exteriores, como los testículos del gallo. Pero
no se debe pensar que en virtud de estas cosas quede impotente un hombre, sino debido al
poder oculto de las ilusiones del demonio, con el cual las brujas procuran esa impotencia, a
saber que hacen que un hombre sea incapaz de copular, o una mujer de concebir.

Y la razón de ello es que Dios les permite más poder sobre este acto, por el cual se difundió
el primer pecado, que sobre otras acciones humanas. Asimismo, tienen más poder sobre las
serpientes, que están más sometidas a la influencia de los encantamientos, que sobre otros
animales. Por lo cual a menudo descubrimos nosotros, y otros inquisidores, que provocaron
esta obstrucción por medio de serpientes o de cosas parecidas.

Porque cierto hechicero que había sido arrestado confesó que durante muchos años, y por
medio de brujerias, provocó la esterilidad de todos los hombres y animales que habitaban
cierta casa. Más aun, Nider nos habla, de un hechicero llamado Stadlin, arrestado en la
diócesis de Lausana, quien confesó que en una casa donde vivían un hombre y su esposa,
por medio de su brujería él mató sucesivamente, en el útero de la mujer, a siete niños, de
manera que durante otros tantos años la mujer siempre abortó. Y que en la misma forma
hizo que todo el ganado y los animales preñados de la casa fuesen incapaces, durante esos

años, de dar a luz ninguna cria viva. Y cuando se le interrogó en cuanto a cómo había hecho
eso, y qué tipo de acusación profería contra él, reveló su delito al decir: pongo una serpiente
bajo el umbral de la puerta de afuera de la casa; y si se la saca se restablece la fecundidad de
los habitantes. Y es como se dijo, porque aunque la serpiente no se encontró, ya que había
sido reducida a polvo, se removió todo el trozo de tierra, y en el mismo año la fecundidad
volvió a la esposa y a todos los animales.

Otro caso ocurrió hace apenas cuatro años en Reichshofen. Había una conocida bruja, que
en cualquier momento y por un simple toque podía embrujar a las mujeres y provocar un
aborto. Ahora bien, la esposa; de un noble de ese lugar había quedado embarazada y
llamado a una comadrona para que la cuidase, y la comadrona le previno que no saliera del
castillo, y que ante todo cuidase de no mantener conversaciones con esa bruja. Luego de
unas semanas, sin tener en cuenta la advertencia, salió del castillo para visitar a algunas
mujeres reunidas en una ocasión festiva; y cuando se sentó por un momento, entró la bruja,
y como con el objeto de saludarla, le apoyó ambas manos en el vientre; y de pronto sintió
que el niño se movía, dolorido. Asustada por ello, volvió al hogar y le contó a la comadrona
lo ocurrido. Y ésta exclamó: “¡Ay!, ya perdiste a tu hijo”. Y así resultó ser, cuando le llegó el
momento, pues dio a luz, no un aborto entero, sino, poco a poco, fragmentos separados de
la cabeza, los pies y las manos. Y este gran dolor fue permitido por Dios para castigar al
esposo, cuya obligación era llevar a las brujas ante la justicia y vengar sus injurias al
Creador.

Y en la ciudad de Mersburgo, en la diócesis de Constanza, existía cierto joven embrujado de
tal modo, que jamás podía ejecutar el acto carnal con ninguna mujer, salvo una. Y muchos
le oyeron decir que a menudo deseaba rechazar a esa mujer y huir a otras tierras, pero que
hasta entonces se había visto obligado a levantarse por la noche y a regresar con suma
rapidez, a veces por tierra, y a veces a través del aire, como si volara.

DE COMO, POR DECIRLO ASÍ, DESPOJAN AL HOMBRE DE SU MIEMBRO VIRIL

Ya mostramos que pueden arrebatar el órgano masculino, por cierto que sin despojar al
cuerpo humano de él, sino ocultándolo con algún hechizo, en la manera en que ya
declaramos. Y de ello presentaremos unos pocos ejemplos.

En la ciudad de Ratisbona, cierto joven que tenía una intriga con una muchacha y deseaba
abandonarla, perdió su miembro, es decir, que se arrojó sobre él algún hechizo de modo
que no podía ver ni tocar otra cosa que su cuerpo liso. En su preocupación por ello, fue a
una taberna a beber vino, y después que estuvo sentado allí durante un rato, entró en
conversación con otra mujer que allí estaba, y le habló de la causa de su tristeza, se lo
explicó todo, y le demostró en su cuerpo que así era. La mujer era astuta y le preguntó si
sospechaba de alguien, y cuando él nombró a la persona, y reveló todo el asunto, ella dijo:
“Si la persuasión no es suficiente, debes usar alguna violencia para inducirla a devolverte la
salud”. De modo que por ta noche el joven vigiló el camino que la bruja acostumbraba
seguir, y al encontrarla le rogó que restableciese la salud de su cuerpo. Y cuando ella afirmó
que era inocente y que nada sabia de eso, él se le arrojó encima, le enrolló con fuerza una
toalla en torno del cuello, y la asfixió, diciéndole: “Si no me devuelves la salud morirás a
mis manos”. Entonces ella, incapaz de gritar Y con el rostro ya hinchado y ennegrecido,
dijo: “Suéltame y te curaré”. El joven entonces aflojó la presión de la toalla, y la bruja le tocó
con la mano entre los muslos, y dijo: “Ahora tienes lo que deseas”. Y el joven, como dijo

después, sintió con claridad, antes de verificarlo con la vista y el tacto, que el miembro le
había. sido devuelto por el simple contacto de la mano de la bruja.

Una experiencia similar es la que narra un Venerable Padre de la casa Dominica de Spires,
muy conocido en la Orden por la honradez de su vida y por su erudición. “Un día -dice-,
mientras escuchaba confesiones, vino a mí un joven, y a lo largo de su confesión me dijo,
acongojado, que había perdido el miembro. Asombrado ante ello y nada dispuesto a
creerle, ya que en opinión de los sabios, creer con demasiada facilidad es una señal de
ligereza, obtuve pruebas de ello cuando nada vi luego que el joven se quitó las ropas y me
mostró el lugar. Luego, usando el consejo más prudente que pude, le pregunté si
sospechaba que alguien lo hubiese hechizado de esa manera. Y el joven respondió que
sospechaba de alguien, pero que estaba ausente y vivía en Worms. Entonces le dije: `Te
aconsejo que vayas a ella lo antes posible y te esfuerces por ablandarla con dulces palabras
y promesas’, y así lo hizo. Porque volvió luego de pocos días y me agradeció, diciéndome
que estaba intacto y que había recobrado todo. Y yo creí sus palabras, pero una vez más las
confirmé con la evidencia de mis ojos”.

Pero es preciso señalar algunos puntos para una comprensión más clara de lo que ya se ha
escrito en este sentido. Primero, no debe creerse en modo alguno que esos miembros sean
arrancados en verdad del cuerpo, sino que el demonio los oculta por alguna arte
prestidigitatoria, para que no se los pueda ver ni sentir. Y esto lo demuestran las
autoridades y los argumentos, aunque se trató antes, allí donde Alejandro de Hales dice
que un Prestigio bien entendido es una ilusión del demonio no provocada por un cambio
material, sino que sólo existe en las percepciones del engañado, ya sea en sus sentidos
interiores o en los exteriores.

Con referencia a estas palabras, he de señalar que, en los casos que consideramos, se
engañan dos de los sentidos exteriores, a saber, el de la vista y el del tacto, y no los
interiores, es decir, el buen sentido, la fantasía, la imaginación, el pensamiento y la
memoria. (Pero Santo Tomás dice que sólo son cuatro, como ya se dijo, contando que la
fantasía y la imaginación son uno; y con cierta razón pues existe muy poca diferencia entre
imaginar y fantasear. Véase Santo Tomás, 1, 78.) Y estos sentidos, y no sólo los exteriores,
son afectados cuando no se trata de ocultar algo, sino de hacer que algo se le aparezca a un
hombre, esté despierto o dormido.

Como cuando un hombre que se encuentra despierto ve las cosas como no son; tal como
alguien que devora un caballo con su jinete o pensar que ve a un hombre convertido en un
animal, o que él mismo es un animal y debe vincularse con ellos.

Pues entonces se engañan los sentidos exteriores, y son utilizados por los interiores. Porque,
por el poder de los demonios, con permiso de Dios, las imágenes mentales conservadas
durante mucho tiempo en el tesoro de ellas, que es la memoria, son extraídas, no de la
comprensión intelectual en que se acumulan dichas imágenes, sino de la memoria, que es el
depósito de las imágenes mentales y se encuentra situada en la parte posterior de la cabeza,
y se presentan ante la facultad imaginativa. Y se imprimen con tanta energía sobre esa
facultad, que un hombre tiene el impulso inevitable de imaginarse que es un caballo o un
animal, cuando el demonio extrae de la memoria la imagen de un caballo o un animal; y así
se ve obligado a pensar que ve con los ojos exteriores un animal, cuando en realidad no lo
hay; pero parece haberlo hecho en razón de la fuerza impulsiva del demonio que actúa por
medio de esas imágenes.

Y no tiene por qué parecer asombroso que los demonios puedan hacer eso, cuando
inclusive un defecto natural puede provocar el mismo resultado, como lo demuestra el caso
de los hombres frenéticos y melancólicos, y de los maniáticos y algunos ebrios, incapaces de
discernir con exactitud. Pues los hombres frenéticos creen que ven cosas maravillosas, tales
como animales y otros horrores, cuando en verdad nada ven. Véase más arriba, en la
pregunta de si las brujas pueden impulsar la mente de los hombres hacia el amor y el odio,
donde se señalan muchas cosas.

Y por último, la razón resulta evidente por sí misma. Pues como el demonio tiene poder
sobre las cosas inferiores, salvo en el alma, es capaz de efectuar ciertos cambios en dichas
cosas, cuando Dios lo permite, de modo que las cosas parecen ser lo que no son. Y como ya
dije, esto lo hace confundiendo y engañando el órgano de la visión, de modo que una cosa
clara parece nublada, tal como después de llorar, debido a los humores reunidos, la luz
parece distinta de lo que era antes. O mediante la actuación sobre la facultad imaginativa,
por una transmutación de imágenes mentales, como se dijo, o por la agitación de varios
humores, de modo que las materias que son terrenas y secas parecen ser fuego o agua,
como algunas personas hacen que todos los de la casa se desnuden, bajo la impresión de
que están nadando en el agua.

También puede preguntarse, con referencia a los precedentes métodos de los demonios, si
este tipo de ilusión puede surgir tanto a los buenos como a los malvados, así como otras
enfermedades corporales, cual se mostrará después, pueden ser provocadas por las brujas,
inclusive en quienes se encuentran en estado de gracia. A esta pregunta, siguiendo las
palabras de Casiano en su Segunda colación del abate Sireno, tenemos que contestar que no
pueden. Y de esto se sigue que es de presumir que quienes se engañan de esta manera están
en pecado mortal. Pues dice, como surge con claridad de las palabras de San Antonio: el
demonio en modo alguno puede penetrar en la mente o cuerpo de ningún hombre, ni tiene
el poder de penetrar en los pensamientos de nadie, salvo que tal persona haya quedado
despojada primero de todos los pensamientos santos y esté privada de la contemplación
espiritual.

Esto coincide con Boecio, donde dice, en la Consolación de la filosofía : “Les hemos dado
tales armas, que, si no las hubieran arrojado, se habrían protegido de la enfermedad”.
También Casiano habla en el mismo lugar de dos brujas paganas, cada una maliciosa a su

manera, que con su brujería enviaron una sucesión de demonios a la celda de San Antonio,
con el propósito de expulsarlo de allí por medio de sus tentaciones, henchidos como
estaban de odio hacia el santo hombre a causa de la gran cantidad de personas que lo
visitaban todos los días. Y aunque estos demonios lo asaltaban con los más agudos acicates
de sus pensamientos, él los expulsó persignándose en la frente y en el pecho, y postrándose
en sincera oración.
Por lo tanto podemos decir que todos los así engañados por los demonios, sin hablar de
otras enfermedades corporales, carecen del don de la gracia divina. Y así se dice en Tobías,

vi: “El demonio tiene poder contra quienes están sometidos a sus apetitos”.
Podemos resumir nuestras conclusiones como sigue: los demonios, para su provecho y
beneficio, pueden herir a los buenos en su fortuna, es decir en cosas exteriores tales como la
riqueza., da fama y la salud física. Esto resulta claro por el caso del bendito Job, acosado por
el demonio en tales asuntos. Pero estas lesiones no las causan ellos mismos, de modo que
no pueden ser llevados o empujados a pecado ninguno, aunque es posible tentarlos por
dentro y por fuera, en la carne. Pero los demonios no pueden atacar a los buenos con este

tipo de ilusiones, ni activa ni pasivamente. No en forma activa, mediante el engaño de sus
sentidos, como hacen con otros que no están en estado de gracia. Y no de manera pasiva,
arrebatándoles los órganos masculinos con algún hechizo. Pues en esos dos sentidos nunca.
pudieron herir a Job, y menos con la herida pasiva referente al acto venéreo, pues era de tal
continencia, que podía decir: he hecho un Juramento con mis ojos, de que jamás pensaré
acerca de una virgen, y menos todavía sobre una esposa ajena. Ello no obstante, el demonio
sabe que posee gran poder sobre los pecadores; véase San Lucas, XI “Cuando el fuerte
armado guarda su atrio, en paz está lo que posee”.
Pero puede preguntarse, en cuanto a las ilusiones acerca del órgano masculino, si, admitido
que el demonio no puede imponer esta ilusión a quienes se encuentran en estado de gracia
en forma pasiva, tampoco puede hacerlo en un sentido activo, siendo el argumento que el
hombre en estado de gracia se engaña porque debería ver el miembro en su lugar
correspondiente, cuando quien piensa que le ha sido arrebatado, lo mismo que los otros
testigos, no lo ve en su lugar; pero si se admite esto, parece ser contrario a lo que se dijo.
Puede afirmarse que no existe tanta fuerza en la pérdida activa como en la pasiva; por
pérdida activa se entiende, no la del que soporta la pérdida, sino del que ve la pérdida
desde afuera, como es evidente por sí mismo. Por lo tanto, aunque un hombre en estado de
gracia puede ver la pérdida de otro, y en esa medida el demonio puede engañar sus
sentidos, no puede sufrir esa pérdida, de manera pasiva, en su propio cuerpo, como por
ejemplo, verse privado de su miembro, ya que no es esclavo de la lujuria. De la misma
manera, también es cierto lo contrario, como dijo el ángel a Tobías: “Sobre aquellos que
están entregados a la lascivia, el demonio tiene poder”.
¿Y qué debe pensarse entonces de las brujas que de esta manera reúnen, a veces, órganos
masculinos en grandes cantidades, en ocasiones veinte o treinta miembros, y los ponen en
un, nido de aves, o los encierran en una caja, donde se mueven como miembros vivos, y
comen avena y trigo, como lo vieron muchos y es cosa de información común? Hay que
decir que todo ello lo hace la obra del demonio y la ilusión. Pues los sentidos de quienes los
ven se engañan en la forma en que dijimos. Porque cierto hombre dice que, cuando perdió
su miembro, se acercó a una conocida bruja para pedirle que se lo devolviera. Ella le dijo al
hombre lesionado que se trepase a cierto árbol, y que podía tomar el que le agradara de un
nido en el cual había varios miembros. Y cuando trató de tomar uno grande, la bruja dijo:
no debes tomar ése, y agregó que pertenecía a un sacerdote de la parroquia.
Y todas estas cosas son provocadas por los demonios por medio de una ilusión o hechizo,
tal como dijimos, mediante la confusión del órgano de la visión, por transmutación de las
imágenes mentales en la facultad imaginativa. Y no debe decirse que esos miembros que se
muestran sean demonios con miembros adoptados, tal como a veces se aparecen a las
brujas y los hombres en cuerpos aéreos, adoptados, y conversan con ellos. Y 1a razón es que
efectúan esto por un método más fácil, a saber, extrayendo una imagen mental del depósito
de la, memoria, e imprimiéndola sobre la imaginación.
Y si alguien desea decir que podrían trabajar de la misma manera, cuando se dice que
conversan con brujas y otros hombres en cuerpos adoptados; es decir, que podrían causar
esas apariciones cambiando las imágenes mentales en la facultad imaginativa, de modo que
cuando los hombres creyesen que los demonios se encontraban presentes en cuerpos
adoptados, en realidad no eran más que una ilusión provocada por un cambio de las
imágenes mentales en la percepción interna.
Es necesario decir que, si el demonio no tuviese otro objetivo que el de mostrarse en forma
humana, no necesitaría aparecer en un cuerpo adoptado, ya que podría lograr su propósito
bastante bien con la mencionada ilusión. Pero esto no es así, pues tiene otras finalidades, a
saber, hablar y comer con ellos, y cometer otras abominaciones. Por lo tanto, es necesario

que él mismo esté presente, que se coloque ante la vista en un cuerpo adoptado. Pues como
dice Santo Tomás, donde está el poder de un ángel, allí actúa.
Y podría preguntarse si el demonio por sí mismo, y sin una bruja., arrebata a alguien el
miembro viril, si existe alguna diferencia entre uno y otro tipo de privación. Además de lo
que se dijo en la Primera Parte de la obra sobre el asunto de si las brujas pueden arrebatar el
órgano masculino, es posible decir que cuando el diablo se lleva un miembro por sí mismo,
se lo lleva en realidad, y cuando hay que restablecerlo lo restablece de verdad. Segundo, así
como se lo arrebata sin, herir, así también se lo arrebata sin dolor. Tercero, que nunca hace
esto si no es impulsado por un ángel bueno, pues al hacerlo interrumpe una fuente de
grandes beneficios para él; pues sabe que puede obrar más brujerías en ese acto que en
ningún otro acto humano. Porque Dios le permite lesionar más ese acto humano que otros,
como ya se dijo. Pero ninguno de los puntos precedentes rige cuando actúa por medio de
una bruja, con permiso de Dios.
Y si se pregunta si el demonio es más capaz de herir al hombre y a las criaturas, por sí
mismo más que por intermedio de una bruja, puede decirse que no hay comparación entre
los dos casos. Pues es muchísimo más capaz de hacer daño por Intermedio de las brujas.
Primero, porque así ofende más a Dios al usurpar para sí a una criatura dedicada a EL.
Segundo, porque cuando Dios es más ofendido, le otorga más poder de dañar a los
hombres. Y tercero, por su propio beneficio, que encuentra en la perdición de las almas.

SOBRE EL MÉTODO CON QUE PUEDEN INFLIGIR TODO TIPO DE ENFERMEDADES,
EN GENERAL DOLENCIAS DE LAS MAS GRAVES

No hay enfermedad física, ni siquiera la lepra o la epilepsia, que no puedan ser causadas
por brujas, con permiso de Dios. Y esto lo prueba el hecho de que los Doctores no
exceptúan ninguna clase de enfermedad. Pues una cuidadosa consideración de lo que ya se
ha escrito acerca del poder de los demonios y la malignidad de las brujas mostrará que esta
afirmación no ofrece dificultades. Nider también trata este tema en su Libro de preceptos y
en su Formicarius, donde pregunta si las brujas pueden en verdad dañar a los hombres con
sus brujerías. Y la pregunta no exceptúa ninguna enfermedad, por incurable que fuere. Y
allí responde que pueden hacerlo, y pasa a preguntar de qué manera y por qué medios.
Y en cuanto a lo primero, responde como se mostró en la primera Pregunta de la. Primera
Parte de este Tratado. Y también lo demuestra San Isidoro, cuando describe las acciones de
las brujas (Etim., 8, cap. 9), y dice que se las llama brujas debido a la magnitud de sus
delitos; porque perturban los elementos creando tormentas con ayuda de los demonios,
confunden las mentes de los hombres de las maneras ya mencionadas, obstaculizando por
entero o impidiendo gravemente el uso de su razón. Y además agrega que, sin el empleo de
un veneno, por la pura virulencia de sus encantamientos, pueden privar de su vida a los
hombres.
También lo demuestra Santo Tomás en el Segundo libro de sentencias, 7 y 8, y en el Libro
IV, 34, y en general todos los Teólogos escriben que las brujas, con la ayuda del demonio,
pueden provocar daño a los hombres y a sus asuntos en todas las formas en que un diablo
por sí solo puede dañar o engañar a saber, en sus asuntos, su reputación, su cuerpo, su
razón y su vida; lo cual significa que los daños causados por el demonio sin una bruja,
también pueden ser provocados por ésta, y con mayor facilidad aun, debido a la mayor
ofensa que se infiere a la Divina Majestad, como se mostró más arriba.
En Job, i y u se encuentra un claro caso de daño en los asuntos temporales. El daño a la
reputación se muestra en la historia del beato Jerónimo, donde el demonio se trasformó en
la apariencia de San Silvano, obispo de Nazaret, amigo de San Jerónimo. Y este demonio se
acercó de noche a una noble dama, en su cama, y primero trató de provocarla y atraerla con
palabras obscenas, y luego la invitó a ejecutar el acto pecaminoso. Y cuando ella ,llamó, el

demonio; en forma del santo obispo, se ocultó debajo de la cama de -la mujer, y al ser
buscado y hallado allí, con lenguaje meloso declaró, embustero, que era el obispo Silvano.
Al día siguiente, cuando el diablo desapareció, el santo varón fue escandalosamente
difamado, pero su buen nombre quedó en claro cuando el demonio confesó, ante la tumba
de San Jerónimo, que había hecho eso con un cuerpo adoptado.

El daño al cuerpo se muestra en el caso del bendito Job, herido por el demonio con terribles
llagas, que se explican como una forma de lepra. Y Sigisberto y Vincent de Beauvais (Spec.
Hist. XXV, 37) dicen ambos que en tiempos del emperador Luis II, en la diócesis de
Maguncia, cierto demonio comenzó a arrojar piedras y a golpear en las casas como con un
martillo, y luego, por declaraciones públicas e insinuaciones secretas, difundió la discordia
y perturbó la mente de muchos. Luego excitó la ira de todos contra un hombre, cuya
vivienda, siempre que descansaba en ella, incendiaba y decía que todos sufrían por los
pecados de él. De modo que al final el hombre tuvo que encontrar su morada en los
campos. Y cuando los sacerdotes a decían una letanía en su favor, el demonio apedreó a
muchas de las personas, hasta que las hirió y las hizo sangrar; y a veces desistía, y otras se
enfurecía; y esto siguió durante tres años, hasta que todas las casas quedaron quemadas.
Ejemplos del daño al uso de la razón, y del tormento de las percepciones internas, se len en
los hombres posesos y frenéticos de quienes hablan los Evangelios. Y en cuanto a la muerte,
y a que privan a algunos de su vida, se demuestra en Tobías, «, en el caso de los siete
esposos de la virgen Sara, muertos por sus lujuriosos apetitos y desenfrenados deseos por
la virgen Sara, de quien no eran dignos de ser esposos. Por lo tanto se llega a la conclusión
de que por sí mismos, y más aun con la ayuda de las brujas, los demonios pueden dañar a
los hombres en todas las formas, sin excepción.

Pero si se pregunta si daños de este tipo deben ser atribuidos a los diablos antes que a las
brujas, se responde que cuando los primeros provocan daños por su propia acción directa,
se les atribuyen principalmente a ellos. Pero cuando trabajan por intermedio de las brujas,
para rebajar y ofender a Dios, y para la perdición de las almas, sabedores de que por este
medio Dios se encoleriza más y les otorga mayor poder para hacer el mal; y como en
verdad perpetran incontables brujerías que el demonio no se le permitiría ejercer sobre los
hombres si desease’ herirlos por sí solo, sino que son permitidas en el justo y oculto
designio de Dios, por intermedio de las brujas, debido a su perfidia y abjuración de la Pe
católica, por lo tanto esos daños son atribuidos, con justicia, a las brujas en términos
secundarios, por más que el demonio sea el actor principal.
Por lo cual, cuando una mujer hunde una ramita en el agua y salpica el agua por el aire
para, hacer llover, aunque ella misma no cause la lluvia, y no pueda ser culpada de ello, sin
embargo, como firmó un pacto con el demonio, gracias al cual puede hacer eso como bruja,
aunque el demonio es quien provoca la lluvia, ella merece cargar con la culpa, porque es
una infiel y efectúa la labor del demonio, y se entrega a sus servicios.
Y así también cuando una bruja elabora una imagen de cera o alguna otra cosa por el estilo,
para hechizar a alguien; o cuando una imagen de una persona aparece al verter plomo
fundido en el agua, y se hace algún daño a la imagen, como perforarla o perjudicarla de
alguna otra manera, cuando el hombre embrujado es herido de ese modo en su
imaginación; y aunque el daño se hace en verdad a la imagen, por parte de la bruja o algún
otro hombre, y el demonio daña de manera invisible, y en la misma forma, al hombre
hechizado, ello se atribuye merecidamente a la bruja. Porque sin ella, Dios nunca permitiría
que el demonio infligiese el daño, ni el diablo, por su propia cuenta. trataría de herir al
hombre.

Pero como se dijo que en el caso de su buen nombre los demonios pueden lesionar a los
hombres por su propia cuenta y sin la, colaboración de brujas, puede surgir la duda de si
los demonios no serán capaces también de difamar a mujeres honradas de forma que se las
considere brujas, cuando dan la impresión de hechizar a alguien; de lo cual surgiría que
semejante mujer sería difamada sin causas.
Para responder debemos hacer antes unas pocas observaciones. Primero, se dijo que el
demonio nada puede hacer sin el permiso Divino, como se muestra en la Primera Parte de
esta obra. También se mostró que Dios no concede tan gran poder de mal contra los justos y
los que viven en gracia, como contra los pecadores; y como los demonios tienen mayor
poder contra éstos (véase el texto: “Cuando un fuerte hombre armado”, cte.), Dios les
permite afectarlos más que a los justos. Por último, si bien pueden, con el permiso de Dios,
herir a los justos en sus asuntos, su reputación y su salud corporal, como saben que este
poder se les concede ante todo para engrandecimiento de los méritos de los justos, se
muestran menos ansiosos de dañarlos.
Entonces puede decirse que en esta dificultad es preciso considerar varios puntos. Primero,
el permiso Divino. Segundo, el hombre a quien se considera justo, pues los así reputados no
están siempre, en verdad, en estado de gracia. Tercero, el delito del cual se sospecharía de
un hombre inocente, pues ese delito, en su origen mismo; es superior a todos los crímenes
del mundo. Por lo tanto, es de decir que se permite que, con -autorización de Dios, una
persona inocente, se ‘ encuentre o no «en estado de gracia, sea perjudicada en sus negocios

o reputación, pero con respecto a este, delito y a la gravedad de la acusación (pues a
menudo citamos a San Isidoro cuando dice que sé llaman brujas por la magnitud de sus
crímenes), puede decirse que es imposible, por muchas razones, que una persona Inocente
sea difamada por el demonio en la forma en que se describió.
En primer lugar, una cosa es ser difamado en relación con vicios cometidos sin contrato
expreso o tácito’ con el demonio, tales como hurto, robo o fornicación; pero otra muy
distinta es ser difamado en punto -de vicios de qué es imposible acusar a un hombre de
haber perpetrado, a menos de que firmase un contrato expreso con el demonio; y tales son
las obras de las brujas, que no les pueden ser imputadas si no es por el poder de los
demonios que embrujan a los hombres, los animales y los frutos de la tierra: Por lo tanto,
aunque el diablo puede ensombrecer la reputación de los hombres respecto de otros vicios,
no parece posible que lo haga en relación con el vició que no puede perpetrarse sin su
colaboración.
Además, hasta hoy nunca se supo que ocurriese que una persona inocente haya sido
difamada por el demonio hasta tal punto, que se la condenara a ,muerte por ese delito.
Además, cuando una persona sólo está bajo sospecha, no sufre castigos, salvo los que el
Canon prescribe para su purificación.
Y aquí se afirma que, si ese hombre fracasa en su purificación, se lo debe considerar
culpable, pero tiene que ser objeto de una solemne súplica antes que se proceda con castigo
de su pecado y se lo ponga en práctica. Pero- aquí tratamos de hechos concretos, y nunca
se supo que una persona inocente haya sido castigada por sospecha de brujería, y no cabe
duda de que Dios jamás permitirá que ocurra, – fui cosa. Además, El no permite que los
inocentes que’ se encuentran bajo su protección angélica. sean sospechados de delitos
menores, tales como robos y otras cosas; tanto más protegerá El a quienes se encuentran
bajo esa guarda, de la sospecha del delito de brujería.
Y no es objeción válida citar la leyenda de San Germano, cuando los demonios adoptaron el
cuerpo de otras mujeres y se sentaron ala mesa, y durmieron con los esposos, y llevaron a
éstos a la creencia de ,que esas mujeres comían y bebían con ellos en sus propios cuerpos,
como ya mencionamos. Pues en este caso las mujeres no deben ser consideradas inocentes.
Porque en el Canon (Episcopi 26, pregunta 2) esas mujeres son condenadas por pensar que

se las trasporta en verdad y en realidad, cuando sólo lo -son en la imaginación, si. bien,
como mostramos más arriba, a veces son trasportadas físicamente por los demonios. Pero
nuestra proposición actual es la de que, con permiso de Dios, pueden provocar todas las
otras enfermedades sin excepción; y de lo que dijimos debe extraerse la conclusión de que
así es. Porque los Doctores no hacen excepciones, ni existen motivos para que hagan
ninguna, ya que, como dijimos muchas veces, el poder natural de los demonios es superior
a todos los poderes corpóreos. Y en nuestra experiencia hemos visto que ello es así. Porque
si bien pueden sentirse mayores dificultades para creer que las brujas pueden causar lepra
o epilepsia, ya que por lo general estas enfermedades surgen de alguna predisposición o
defecto físicos de larga data, ello no obstante, se ha visto muchas veces que fueron
engendradas por brujería. Porque en la diócesis de Basilea, en el distrito de Alsacia y
Lorena, cierto honrado trabajador habló con rudeza a una mujer pendenciera, y ella,
encolerizada, lo amenazó diciéndole que pronto se vengaría de él. El hombre le prestó poca
atención, pero la misma noche sintió que le crecía una pústula en el cuello, y la frotó tanto,
y encontró toda la cara y cuello hinchados, y una horrible forma de lepra le apareció en
todo el cuerpo. En seguida acudió a sus amigos en procura de consejo, y les habló de la
amenaza, de la mujer, y dijo que apostaba, la vida en la sospecha de que ello le había sido
producido por las artes mágicas de la misma bruja. En una palabra. la mujer fue arrestada,
interrogada, y confesó su delito. Pero cuando el juez le preguntó en especial por el motivo
de ello, v de cómo lo hizo, contestó: “Cuando ese hombre usó palabras injuriosas contra mí,
me enfurecí y me fui a casa; y mi familiar me preguntó por el motivo de mi malhumor. Yo
se lo conté, y le pedí que me vengase del hombre. Y él me preguntó qué quería que le
hiciera; y yo le contesté que quería que tuviese siempre el rostro hinchado. Y el demonio se
fue y afectó al hombre mucho más allá de lo que yo le pedía, pues no había abrigado la
esperanza de que lo infectase con tan horrible lepra”. Y por lo tanto la mujer fue quemada.
Y en la diócesis de Constanza, entre Breisach y Priburgo, hay una mujer leprosa (a menos
de que haya pagado la deuda de toda la carne en estos dos últimos años) que solía decir a
muchas personas que lo mismo le había ocurrido en razón de una pendencia similar que
ocurrió entre ella y otra mujer. Porque una noche, cuando salió de la casa para hacer algo
delante de la puerta, un viento caliente llegó de la casa de la otra mujer, que se encontraba
enfrente, y de pronto le dio en la cara; y desde entonces se vio afectada de la lepra que
ahora sufría.
Y por último, en la misma diócesis, en el territorio de la Selva Negra, una bruja era
levantada por un carcelero al montículo de leña preparado para quemarla, y dijo: “Te
pagaré”, y le sopló en la, cara. Y en el acto se vio afectado dé una horrible lepra en todo el
cuerpo, y no sobrevivió muchos días. Con fines de brevedad, se omiten los temibles delitos
de esta bruja, y muchos otros casos que se podrían narrar. Pues a menudo hemos visto que
ciertas personas fueron castigadas con epilepsia ú otra enfermedad, por medio de huevos
enterrados con cadáveres, en especial los cadáveres de brujas, junto con otras ceremonias
de las cuales no podemos hablar, en especial cuando dichos huevos fueron dados a una
persona, ya sea para comerlos o para beberlos.

DE LA MANERA EN QUE, EN ESPECIAL, AFECTAN A LOS HOMBRES CON OTRAS
ENFERMEDADES PARECIDAS

¿Pero quién puede calcular la cantidad de otras enfermedades que infligieron a los
hombres, como la ceguera, los más agudos dolores y las contorsiones del cuerpo? Pero
expondremos unos pocos ejemplos que vimos con nuestros ojos, o que fueron relatados a
uno de nosotros, inquisidores.
Cuando se llevaba a cabo una inquisición con ciertas brujas en la, ciudad de Innsbruck,
surgió a la luz, entre otros, el siguiente caso. Una mujer honrada, legalmente casada con un
miembro de la casa del archiduque, declaró formalmente lo siguiente. En la época de su

doncellez se encontraba al servicio de uno de los ciudadanos, cuya esposa fue afectada por
fuertes dolores en la cabeza; y llegó una mujer que dijo que podía curarla, e inició ciertos
encantamientos y ritos que según afirmó aliviarían los dolores. Y yo observé con cuidado
(dijo esta mujer) lo que hacia, y vi que, contra la naturaleza del agua vertida en un vaso,
hacía que el agua se elevara en su recipiente, junto con otras ceremonias que no hace falta
mencionar. Y como consideré que los dolores de cabeza de mi ama no se mitigaron por
estos medios, me dirigí a la bruja, con cierta indignación, con estas palabras: “No sé lo que
haces, pero sea lo que fuere, es brujería, y lo haces para tu propio beneficio”. La bruja
replicó en el acto: “En el lapso de tres días sabrás si soy o no una bruja”. Y así fue; porque al
tercer día, cuando me senté y tomé una rueca, sentí de pronto un terrible dolor en el cuerpo.
Primero surgió dentro de mí, de modo que me pareció que no había parte alguna de mi
cuerpo en que no sintiese horribles dolores punzantes; luego me pareció que me
derramaban continuamente, sobre la cabeza, carbones encendidos; tercero, desde la
coronilla de la cabeza hasta las plantas de los pies, no quedó un solo espacio, mayor que la
cabeza de un alfiler, que no estuviese cubierto de una erupción de pústulas blancas; y así
seguí en estos dolores, gritando y ansiando la muerte, hasta el cuarto día. Por último el
esposo de mi ama me dijo que fuese a cierta taberna, y con gran dificultad me encaminé
hacia allí, mientras él caminaba delante, hasta que estuvimos frente a la taberna. “¡Mira!
-me dijo-. Hay una hogaza de pan blanco sobre la puerta de la taberna.” “Ya la veo”
respondí. Y él dijo: “Bájala, si puedes, pues te hará bien”. Y yo, tomándome de la puerta con
una mano hasta donde me fue posible, aferré la hogaza con la otra. “Ábrela -dijo mi amo – y
mira con cuidado lo que hay adentro.” Entonces, cuando partí la hogaza, encontré muchas
cosas dentro de ella, y en particular unos granos blancos muy parecidos a las pústulas de
mi cuerpo; y también vi algunas simientes y hierbas tales, que yo no podía comer, y ni
siquiera mirar, con huesos de serpientes y de otros animales. En mi asombro, pregunté a mi
amo qué debía hacer, y él me dijo que arrojase todo al fuego. Así lo hice, y he ahí que de
pronto, no en una hora o siquiera en unos pocos minutos, sino en el momento mismo en
que el pan fue arrojado al fuego, recuperé mi salud anterior.
Y mucho más se declaró contra la esposa del ciudadano a cuyo servicio estaba esa mujer, en
razón de que se sospechaba de ella, no con ligereza, sino con gran fuerza, y en especial
porque había usado una gran familiaridad con brujas reconocidas. se presume que,
conocedora del hechizo de brujería oculto en la hogaza, se lo contó a su esposo; y luego, de
la manera descrita, la criada recobró la salud.
Para provocar repugnancia contra un crimen tan grande, es bueno que narremos cómo otra
persona, también una mujer, fue hechizada en la misma ciudad. Una honrada, mujer casada
declaró lo siguiente bajo juramento. Detrás de mi casa (dijo) tengo un huerto, y el jardín de
mi vecino está contiguo a él. Un día advertí que se había practicado un pasaje desde ese
jardín hasta mi huerto, no sin provocar algunos daños; y me encontraba ante mi huerto,
cavilando y lamentando el pasaje y el daño cuando de pronto apareció mi vecina y
preguntó si sospechaba de ella. Pero yo me asusté debido a su mala reputación, y sólo
respondí: “Las huellas de pisadas en el césped son pruebas del daño”. Entonces ella se
indignó porque, al contrario de lo que esperaba, yo no la había acusado con palabras que le
permitiesen enjuiciarme, y se fue murmurando, y aunque escuché sus palabras, no pude
entenderlas. Al cabo de varios días enfermé de fuertes dolores del estómago, y de los más
agudos calambres, que me recorrían el cuerpo del lado izquierdo al derecho, y a la inversa,
como si me atravesaran el pecho con dos espadas o cuchillos. Día y noche molesté a todos
los vecinos con mis lamentos. Y cuando vinieron de todas partes para consolarme, ocurrió
que cierto alfarero, enredado en adúltera intriga con la bruja, mi vecina, al visitarme se
apiadó de mi enfermedad, y luego de unas pocas palabras de consuelo, se fue. Pero al día
siguiente regresó de prisa, y después de consolarme, agregó: “Voy a probar si tu

enfermedad se debe a la brujería, y si descubro que ello es así, te restableceré la salud”: De
modo que tomó un poco de plomo derretido, y mientras yo yacía sobre el lecho, lo derramó
en un cuenco de agua que colocó sobre mi cuerpo. Y cuando el plomo se solidificó en cierta
imagen y varias formas, dijo: “¡Ves, tu enfermedad ha sido causada por brujería! Y uno de
los instrumentos de ese embrujo está oculto bajo el umbral de la puerta de tu casa.
Vayamos, entonces, a sacarlo, y te sentirás mejor”. Así que mi esposo y él fueron a quitar el
encantamiento, y el alfarero, luego de levantar el umbral, le dijo a mi esposo que metiera la
mano en el hoyo que entonces apareció, y que sacase lo que encontrara; y así lo hizo. A1
principio sacó una imagen de cera de un palmo de largo, toda – perforada, y atravesada en
los costados por dos agujas, de la misma manera en que yo sentía los punzantes dolores de
lado a lado; y luego, varios bolsitos que contenían todo tipo de cosas, tales como granos,
simientes y huesos. Y cuando todas estas cosas fueron quemadas, mejoré, pero no del todo.
Pues aunque los dolores y calambres cesaron, y recuperé mi apetito, todavía no me
encuentro en modo alguno restablecida en mi salud total. Y cuando le preguntamos por
qué no se había recuperado por completo, contestó: hay ocultos otros instrumentos de
brujería que no- puedo hallar. Y cuando le pregunté al hombre cómo sabia dónde estaban
escondidos los primeros instrumentos, respondió: “Lo supe por el amor que impulsa a un
amigo a contarle cosas a un amigo; pues tu vecina me lo reveló cuando me instaba a
cometer adulterio con ella”. Esta es la historia de la mujer enferma.
Pero si hablase de todos los casos que se conocieron en esa ciudad, tendría’ que hacer un
libro con ellos. Pues incontables hombres y mujeres ciegos, cojos, encogidos, o atacados de
varias enfermedades, juraron en diversas ocasiones que tenían fuertes sospechas de que sus
enfermedades, tanto en general como en particular, eran originadas por las brujas, y que
debían soportar esas dolencias durante un periodo, o hasta su muerte. Y todo lo que dijeron
‘y atestiguaron era cierto, ya sea en relación con una enfermedad especifica, o en cuanto a la
muerte de otros. Pues ese país abunda en secuaces y caballeros que disponen de tiempo
para el vicio, y seducen a las mujeres, y luego quieren desprenderse de ellas cuando desean
casar con una mujer honrada, pero pocas veces pueden hacerlo sin incurrir en la venganza
de -alguna brujería sobré ellos o sus esposas. Pues cuando esas mujeres sé ven
despreciadas, insisten en atormentar, no tanto al marido como a la esposa, en la esperanza
de que, si ésta muere, el esposo volverá a su anterior amante.
Porque cuando un cocinero del archiduque se casó con una honrada muchacha de un país
extranjero, una bruja, que había sido su querida, los encontró en la carretera pública, y al
alcance del oído de otras personas honradas, predijo el embrujamiento y muerte de la
joven, extendió la mano y afirmó: “No será mucho el tiempo en que te regocijes con tu
esposo”. Y en el acto, al día siguiente, cayó en cama, y luego de varios días pagó la deuda
de toda la carne, y exclamó en el momento de expirar: “¡Ay, así muero, porque esa mujer,
con el permiso de Dios, me mató con su brujería; pero ea verdad voy a otro y mejor
casamiento con Dios!”.
De la misma forma, según las pruebas de un informe público, cierto soldado fue muerto
por brujería, y muchos otros cuya mención omito. Pero entre ellos había un conocido
caballero, cuya amante deseó que fuese a visitarla en una ocasión pata pasar la noche; pero
él envió a su criado para decirle que no podía visitarla esa noche porque estaba ocupado.
Entonces ella se encolerizó y dijo al criado: Vé y dile a tu amo que no me molestará mucho
tiempo. Al día siguiente, el caballero cayó enfermo, y una semana después era enterrado.
Y hay brujas que pueden hechizar a sus jueces con una simple mirada de los ojos, y en
público se jactan de que no pueden ser castigadas; y cuando los malhechores son
encarcelados por sus delitos, y expuestos a las más severas torturas para obligarlos a decir
la verdad, esas brujas pueden dotarlos de tal obstinación en su silencio, que no les sea
posible revelar sus crímenes.

Y existen quienes, para cumplir sus malos hechizos y encantamientos, golpean y hieren el
Crucifijo, y emiten las más sucias palabras contra la Pureza de la muy Gloriosa Virgen
MARIA, y lanzan las más horrendas calumnias contra la Natividad de Nuestro Salvador en
Su inviolado útero. No es conveniente repetir esas ruines palabras, ni describir todavía sus
detestables crímenes, ya que la narración ofendería en grande los oídos de los piadosos;
pero todas se conservan y guardan por escrito, y detallan la manera en que cierta judía
bautizada instruyó a otras jóvenes. Y una de ellas, llamada Walpurgis, que en el mismo año
se encontraba al borde de la muerte, e instada por quienes la rodeaban a que confesase sus
pecados, exclamó: me entregué en cuerpo y alma al demonio; no hay para mí esperanza de
perdón; y así murió.
Estos – detalles no han sido descritos para vergüenza, sino más bien para alabanza y gloria
del ilustrísimo archiduque. Pues era, un verdadero príncipe católico, y trabajó con gran
celo, con la iglesia de Brixen, para exterminar a las brujas. Pero se escriben más bien con
odio y repugnancia, hacia un delito tan grande, y para que los hombres no dejen de vengar
sus horrores, y los insultos y ofensas que estas desdichadas ofrecen al Creador y a nuestra
Santa Fe, para, no hablar de las pérdidas corporales que provocan. Pues este es su mayor y
más grave crimen, a saber: que abjuran de la Fe.

DE CÓMO LAS COMADRONAS COMETEN HORRENDOS CRÍMENES CUANDO
MATAN A LOS NIÑOS 0 LOS OFRECEN. A LOS DEMONIOS EN LA FORMA MAS
ABORRECIBLE

No debemos dejar de mencionar los daños hechos a los niños por brujas comadronas,
primero al matarlos, y segundo ofrecerlos a los diablos en forma blasfema. Ea la diócesis de
Estrasburgo y en la ciudad de Zabern hay una honrada mujer muy devota de la Santa
Virgen MARIA, quien narra la siguiente experiencia a todos los huéspedes que acuden a la
taberna que posee, conocida con el emblema de El águila Negra. Estaba, dice, embarazada
por mi legítimo esposo, ya muerto, y cuando se acercaba mi momento cierta comadrona me
importunó para que la tomase para ayudar en el nacimiento de mi hijo. Pero yo conocía su
mala reputación, y aunque había decidido llamar a otra mujer, fingí, con palabras
conciliatorias, aceptar su pedido. Pero cuando llegaron mis dolores, y traje a otra
comadrona, la primera se enfureció mucho, y apenas una semana más tarde entró en mi
habitación, una noche, con otras dos mujeres, y se acercó al lecho en que yacía, y cuando
traté de llamar a mi esposo, quien dormía en otra habitación, mis miembros y lengua
quedaron sin movimiento, de modo que aparte de ver y oír, no podía mover un músculo. Y
la bruja, de pie entre las otras dos, dijo: “¡Vean cómo esta vil mujer, que no quiso tomarme
por comadrona, no triunfará sin ser castigada!” Y las otras dos, que se hallaban junto a ella,
le rogaron por mí, y le dijeron: “Nunca nos hizo daño”. Mas la bruja agregó: “Pero me
ofendió a mí y por eso le pondré algo en las entrañas; pero para complacerlas a ustedes, no
sentirá dolores durante medio año, mas al cabo de ese lapso sufrirá grandes torturas”. Y así
se acercó y me tocó el vientre con las manos, y me pareció que me arrancaba las entrañas, y
puso adentro algo, que sin embargo yo no pude ver. Y cuando se fueron y recuperé el
habla, llamé a mi esposo lo antes posible, y le conté lo ocurrido. Pero él lo atribuyó al
embarazo, y dijo: “Ustedes, las mujeres embarazadas, siempre sufren de fantasías e
ilusiones”. Y cuando en modo alguno quiso creerme, le respondí: “Se me han dado seis
meses de gracia, y si después de ese período no experimento tormento alguno, te creeré”.
Relató esto a su hijo, clérigo, que entonces era archidiácono del distrito, y quien fue a
visitarla el mismo día. ¿Y qué ocurrió? Cuando pasaron seis meses, con exactitud,
experimentó en el vientre un dolor tan terrible, que no pudo dejar de alarmar a todos con
sus gritos, día y noche. Y dado que, como se dijo, era muy devota de la Virgen, la Reina de
la Piedad, ayunó con pan y agua todos los sábados, de manera que creyó que había sido

librada por Su intercesión. Pues un día, cuando quiso ejecutar una acción de la naturaleza,
todas las cosas impuras le cayeron del cuerpo; y llamó a su esposo y a su hijo, y les dijo:
“¿Son estas fantasías? ¿No dije que al cabo de medio año se sabría la verdad? ¿O quién me
vio comer alguna vez espinas, huesos hasta trozos de madera?” Pues había espinos tan
largos como la palma de una mano, así como una cantidad de otras cosas.
Más aun (como se dijo en la Primera Parte de la obra), se mostró, por la confesión de la
criada, quien fue llevada a juicio en Breisach, que los mayores daños a la Fe, en lo que se
refiere a la herejía de las brujas, son los que hacen las comadronas; y esto resulta más claro
que la luz del día, gracias a las confesiones de algunas que después fueron quemadas.
Porque en la diócesis de Basílea, en la ciudad de Dann, una bruja a quien luego se quemó
confesó que había muerto a más de cuarenta niños clavándoles una aguja en la, cabeza,
hasta el cerebro; cuando salían del útero.
Por último, otra mujer de la diócesis de Estrasburgo confesó que había matado a más niños
de los que podía contar. Y se la atrapó de la siguiente manera. Había sido llamada de una
ciudad a otra para actuar como comadrona de una mujer, y luego de cumplir con su tarea,
regresaba a su hogar. Pero cuando salió de las puertas de la ciudad, el brazo de un niño
recién nacido le cayó de la capa con que se había envuelto, en cuyos pliegues se hallaba
oculto. Esto lo vieron quienes estaban sentados en la puerta, y cuando ella siguió de largo
recogieron del suelo lo que confundieron con un trozo de carne; pero cuando miraron más
de cerca y vieron que no era, un trozo de carne, sino que lo reconocieron por los dedos,
como el brazo de un niño, le informaron a los magistrados, y se descubrió que un niño
había muerto antes del bautismo, con un brazo de menos. De modo que se apresó a la bruja
y se la interrogó, y confesó el crimen, y que, como se dijo, había matado a más niños de los
que podía contar.
Ahora bien, la razón de tales prácticas es la que sigue: es de suponer que las brujas se ven
obligadas a hacer estas cosas por orden de los malos espíritus, y a veces contra su propia
voluntad. Pues el demonio sabe que, debido al dolor de la pérdida, o pecado original, esos
niños no pueden entrar en el Reino de los Cielos. Y por este medio se demora el Juicio Final,
en que los demonios serán condenados a la tortura eterna, ya que la cantidad de los
elegidos se completa con más lentitud, y cuando haya terminado se consumirá el mundo. Y
además, como ya se mostró, el demonio enseña a las brujas a confeccionar, con los
miembros de estos niños, un ungüento muy útil para sus hechizos.
Pero para que tan gran pecado sea detestado al máximo, no debemos guardar silencio
respecto del siguiente y horrible delito. Porque cuando no matan al niño, lo ofrecen al
demonio, de manera blasfema, de esta manera. Ea cuanto nace el chico, la comadrona, si la
madre misma no es una bruja, lo saca de la habitación con el pretexto de calentarlo, lo
levanta y lo ofrece al Príncipe de los Demonios, es decir, Lucifer, y a todos los diablos. Y
esto se hace junto al fuego de la cocina.
Un hombre relata que advirtió que su esposa, cuando le llegaba el momento de dar a luz en
contra de la costumbre habitual de las mujeres en el parto, no permitía que mujer alguna se
acercase al lecho, salvo su propia hija, que actuaba de comadrona. Como deseaba conocer la
razón de ello, se ocultó en la casa y presenció todo el orden del sacrilegio y la dedicación al
demonio, como se describió. También vio, según le pareció, que sin ayuda humana, sino
con el poder del diablo, el niño trepaba por la cadena de que colgaban las ollas de la
comida. Con gran consternación, tanto por las terribles palabras de la invocación de los
demonios, como por las otras inicuas ceremonias, insistió con energía en que se bautizara al
niño en el acto. Mientras se lo llevaba a la aldea vecina, donde había una iglesia, y cuando
tuvieron que cruzar un puente sobre un río, desenvainó la espada y corrió hacia su hija,
quien llevaba el niño, y dijo, en presencia de otros dos que estaban con ellos:

“No llevarás el niño al otro lado del puente, pues lo cruzará por sí mismo, o tú te ahogarás
en el río”. La hija se aterrorizó, y, junto con las otras mujeres acompañantes, le preguntó si
estaba en sus cabales (pues había ocultado lo sucedido a todos los demás, salvo a los dos
hombres que iban con él). Y entonces él respondió: “Bruja ruin, con tus artes mágicas hiciste
que el niño trepara por la cadena de la cocina; ahora haz que cruce el puente sin que nadie
lo lleve, o te ahogaré en el río”. Y así, obligada, depositó al niño en el puente e invocó al
demonio con sus artes, y de pronto se vio al chico al otro lado del puente. Y cuando se lo
bautizó y regresó al hogar, ya que ahora tenía testigos para condenar a su hija por brujería
(pues no podía demostrar el crimen anterior, de oblación al demonio, ya que había sido el
único testigo de ese sacrílego ritual), acusó a la hija y la madre ante el juez, luego de su
período de justificación. Y ambas fueron quemadas, y se descubrió el delito de las
comadronas que hacían esa sacrílega ofrenda.

Pero aquí surge la duda: ¿con qué fin u objetivo se hace esta ofrenda sacrílega de los niños,
y cómo beneficia a los demonios? A esto puede decirse que los diablos lo hacen por tres
razones que sirven a tres finalidades muy malignas. La primera ‘ nace de su orgullo, que
siempre aumenta; como se dice: “Quienes te odian han levantado la cabeza”. Pues hasta
donde les es posible, tratan de adaptarse a los ritos y ceremonias divinos. Segundo, les es
más fácil engañar a los hombres so capa de una acción en apariencia piadosa. Pues de la
misma manera atraen a vírgenes y muchachos a su poder; pues aunque podrían solicitarlos
por medio del mal y corromper a los hombres, prefieren engañarlos con espejos mágicos y
los reflejos que se ven en las uñas de las brujas, y atraerlos con la creencia de que aman la
castidad, cuando en verdad la odian. Pues el demonio odia ante todo a la Santísima Virgen,
porque ella le hirió la cabeza (Génesis, XIII 15). Del mismo modo, en esta oblación de los
niños engañan la mente de las brujas y las llevan al vicio de infidelidad bajo la apariencia
de un acto virtuoso. Y la tercera razón es que la perfidia de las brujas puede crecer, para
beneficio del demonio, cuando tienen brujas dedicadas. a ellos desde la cuna.

Y este sacrilegio afecta al niño de tres maneras. En primer lugar, las ofrendas visibles a Dios
se hacen con cosas visibles, tales como el vino o el pan o los frutos de la tierra, en señal de
honor y sometimiento a Él, como se dice en Ecalesiasticus, xxv: “No te presentarás sin nada
ante el Señor”. Y tales ofrendas no pueden ni deben ser más tarde utilizadas con fines
profanos. Por lo tanto, el Santo Padre San Juan Damasceno, dice: las oblaciones que se
ofrecen en la. iglesia, pertenecen sólo a los sacerdotes, pero no para que las empleen para
sus propios fines, sino para que las distribuyan con fidelidad, en parte en la observancia del
culto divino, y en parte para uso de los pobres. De esto se sigue que un niño que ha sido
ofrecido al demonio en señal de sometimiento y homenaje a él no puede ser dedicado por
los católicos a una vida santa, en digno y fructífero servicio de Dios, para beneficio de sí
mismo y de los demás.

¿Pues quién puede decir, que los pecados de las madres de otros no redundarán en castigo
sobre los niños? Tal vez alguien cite el dicho del profeta: “El hijo no heredará la iniquidad
del padre”. Pero hay otro pasaje en Exodo, xx: “Yo soy Jehová tu dios, fuerte, celoso, que
visito la maldad de los padre sobre los hijos sobre los terceros y sobre los cuartos, a los que
me aborrecen”. Ahora bien, el significado de estos dos dichos es como sigue. El primero
habla de castigo espiritual en el juicio del Cielo o Dios, y no en el juicio de los hombres. Y es
el castigo del alma, tal como una pérdida de la gloria, o el castigo del dolor, es decir, del
tormento del fuego eterno. Con tales castigos, nadie resulta castigado, salvo por su propio
pecado, ya sea heredado como pecado original o cometido por pecado real.
El segundo texto habla de quienes imitan los pecados de sus padres como lo explicó
Graciano (I, Pregunta 4, etc.); y allí ofrece explicaciones acerca de ceso el juicio de Dios

inflige otros castigos al hombre, no sólo por los pecados que cometió, u que pueda cometer
(pero que el castigo le impide cometer), sino también por los pecados de los demás.
No puede argumentarse que entonces se castiga a un hombre sin causa y sin pecado, que
debería ser el motivó del castigo. Pues según el régimen de la ley, nadie debe ser castigado
sin pecado, a menos de que haya alguna causa para ello. Y podemos decir que existe
siempre una causa muy justa, aunque no la conozcamos: véase San Agustín, xxiv, 4. Y si en
el resultado no podemos penetrar en la profundidad del juicio de Dios, sabemos que lo que
El dijo es cierto, y justo lo que É1 hizo.
Pero es preciso observar una distinción entre los niños inocentes que son ofrecidos a los
demonios, no por sus madres, cuando son brujas, sino por comadronas, que, como dijimos,
los arrebatan en secreto del abrazo y el útero de una mujer honrada. Esos niños no quedan
tan apartados de la gracia, que por fuerza deban ser objeto de tales delitos; pero se cree
piadosamente que más bien pueden cultivar las virtudes de sus madres.
El segundo resultado de este sacrilegio para los niños es el siguiente. Cuando un hombre se
ofrece en sacrificio a Dios, reconoce a éste como su Principio y su Final; y ese sacrificio es
más digno que todos los sacrificios exteriores que hace, que tienen su comienzo en su
creación y su fin en su glorificación, como se dice: un sacrificio a Dios es un espíritu
afligido, etc. De la . misma manera, cuando una bruja ofrece un niño al demonio, se lo
encomienda en cuerpo y alma, como su comienzo y su fin, en eterna condenación; por lo
cual, sólo un milagro puede librarlo del pago de una deuda tan grande.
Y a menudo leemos la historia de niños a quienes sus madres, en una pasión o perturbación
mental, los ofrecieron al demonio, sin pensarlo, desde el útero mismo, y de cómo sólo con
las mayores dificultades pueden, cuando llegan a una edad adulta, librarse de la esclavitud
que el demonio, con permiso de Dios, usurpó para sí. Y el Libro de los ejemplos, Santísima
Virgen MARIA, ofrece muchos ejemplos de estos; uno de los más notables es el del hombre
a quien el Supremo Pontífice no pudo librar de los tormentos del demonio, sino que al cabo
fue enviado a un santo hombre que vivía en Oriente, y por último, con grandes dificultades,
quedó libre de sus ataduras gracias a la intercesión de la muy gloriosa Virgen.
Y si Dios castiga con tanta severidad, inclusive de modo tan irreflexivo, no diré ya en
sacrificio, sino encomendación usada airadamente por una madre cuando su esposo,
después de copular con ella, dice: “Espero que de esto nazca un niño”, y ella responde:
“¡Ojalá se vaya el niño al demonio!”, cuánto mayor debe de ser el castigo cuando la Divina
Majestad resulta ofendida de la manera que describimos.
El tercer efecto de esta sacrílega oblación consiste en inculcar una inclinación habitual a
lanzar hechizos sobre los hombres, animales y frutos de la tierra. Esto se muestra en Santo
Tomás, en el Libro Segundo, Pregunta 108, cuando habla del castigo temporal, de cómo
algunos son castigados por los pecados de otros. Pues dice que, hablando en términos
corporales, los hijos son una parte de las posesiones de sus padres, y criados y animales
pertenecen a sus amos; por lo cual, cuando un hombre es castigado en todas sus posesiones,
se sigue que a menudo los hijos sufren por los padres.
Y esto es muy distinto de lo que se dijo acerca de que Dios visita los pecados de los padres
sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generaciones. Pues allí se trata de quienes imitan los
pecados de sus padres, pero aquí hablamos de quienes sufren en lugar de sus padres,
cuando no imitan sus pecados cometiéndolos en la práctica, sino que sólo heredan los
resultados de dichos pecados. Porque de esta manera murió muy pronto el hijo nacido a
David, en adulterio; y se ordenó que fuesen muertos los animales de los amalecitas. Sin
embargo, en todo esto hay mucho misterio.
Si se tiene en cuenta todo lo que dijimos, podemos llegar a la conclusión de que tales niños,
siempre, hasta el final de su vida, están predispuestos a la perpetración de brujerías. Pues
así como Dios santifica lo que está dedicado a É1, como lo demuestran los hechos de los

Santos, cuando los padres ofrecen a Dios el fruto que engendraron, así también el diablo no
deja de infectar con maldad todo lo que se le ofrece. Muchos ejemplos pueden encontrarse
en el Antiguo y Nuevo Testamento. Pues así fueron muchos de los Patriarcas y Profetas,
tales como Isaac, Samuel y Sansón; y así fueron Alexis, y Nicolás, y muchos otros, guiados,
por una gran gracia, a una vida santa. Por último, sabemos por experiencia que las hijas de
las brujas son siempre sospechosas de prácticas similares, como imitadoras de los delitos de
sus madres; y que en verdad queda infectada toda la progenie de una bruja. Y la razón de
ello y de todo lo que se dijo antes es que, de acuerdo con su pacto con el demonio, siempre
tienen que dejar tras de si e instruir con cuidado a un sobreviviente, para cumplir con su
voto de hacer todo lo posible para aumentar el número de brujas. Pues de qué otra manera
podría ocurrir, como a menudo se vio, que tiernas niñas de ocho o diez años hayan
provocado tempestades y granizo, a menos de que sus madres las hubieran dedicado al
demonio, según un pacto por el estilo. Pues los niños no pueden hacer esas cosas por sí
mismos, mediante la abjuración de la e, que es como deben empezar todas las brujas
adultas, ya que no tienen conocimiento de un solo artículo de la Fe. Narraremos un
ejemplo de uno de esos niños.
En el ducado de Suabia, cierto campesino fue a sus campos con su hijita, de apenas ocho
años de edad para observar sus cosechas, y se quejó de la sequia y dijo: “¡Ay! ¿Cuándo
lloverá?” La niña lo oyó, y en la sencillez de su corazón dijo: “Padre, si quieres que llueva,
yo puedo conseguirlo”. Y el padre le contestó: “¿Qué? ¿Sabes hacer llover?” Y la niña
respondió: “Puedo hacer llover y puedo provocar granizos y tormentas también”. Y el
padre preguntó: “¿Quién te enseñó?” Y ella dijo: “Mi madre, pero me dijo que no se lo
contara a nadie”. Y entonces el padre interrogó: “¿Cómo te lo enseñó?” Y ella contestó: “Me
envió a un maestro que hará todo lo que le pida en cualquier momento”. Pero el padre dijo:
“¿Alguna vez lo viste?” Y ella: “A veces vi a hombres que entraban a ver a mamá y salían; y
cuando le pregunté quiénes eran, me dijo que eran nuestros amos, a quienes ella me había
entregado, y que eran patronos poderosos y ricos”. El padre se aterrorizó, y le preguntó si
podía provocar entonces una tormenta. Y la niña dijo: “Sí, si tengo un poco de agua”.
Entonces llevó a la niña de la mano a un arroyo, y le dijo: “Hazlo, pero sólo en nuestras
tierras”. Entonces la niña metió la mano en el agua y la agitó en el nombre de su amo, como
le había enseñado su madre, y he aquí que la lluvia cayó sólo sobre esa tierra. Y al verlo, el
padre dijo: “Ahora conviértelo en granizo, pero sólo en uno de nuestros campos”. Y cuando
la niña lo hizo, el padre quedó convencido, y acusó a su esposa ante el juez. Y la esposa fue
apresada y condenada y quemada; pero la hija se reconcilió y fue dedicada a Dios con
solemnidad, pues desde entonces ya no pudo efectuar esos hechizos y encantamientos.

PREGUNTA DOS.

Los métodos de destrucción y curación de la brujería.

INTRODUCCIÓN, EN QUE SE ESTABLECE LA DIFICULTAD DE ESTE
TEMA.

¿Es legal eliminar la brujería por medio de otras brujerías o por cualquier otro método
prohibido?

Se argumenta que no, pues ya se mostró que en el Segundo libro de sentencias, y en la
Distinción octava, todos los Doctor coinciden en que es ilegal usar la ayuda de los
demonios, y que ello implica apostasía respecto de la Fe. Y se argumenta que no es posible
eliminar ninguna brujería sin la ayuda d los demonios. Pues se afirma que debe ser curada
por el poder humano, o por el diabólico, o por el Poder Divino. No puede serlo por el
primero, porque el poder inferior no puede contrarrestar al superior, ya que no tiene
dominio sobre lo que encuentra fuera de su capacidad natural. Tampoco por el Pode
Divino, pues ello sería un milagro, que Dios sólo ejecuta p Su voluntad, y no por instancias
de los hombres. Pues cuando su Madre rogó a Cristo que hiciese un milagro para satisfacer
la necesidad de vino, É1 respondió: mujer, ¿qué tengo que ve contigo? Y los Doctores
explican que esto significa: “¿Qué asociación existe entre tú y yo en la ejecución de un
milagro?” También parece que es muy poco frecuente que los hombres se libren de un
hechizo pidiendo la, ayuda. de Dios o con las oraciones a los Santos. Por lo tanto sólo
pueden liberarse con 1 colaboración de los demonios, y es ilegal buscarla.
Además se señala que el método común que se practica p anular un encantamiento, aunque
sea ilegal, es que las personas hechizadas recurren a las mujeres sabias, por quienes so
curadas. con mucha frecuencia, y no por los sacerdotes o exorcistas. De manera que la
experiencia muestra que esas c se efectúan con la ayuda de los demonios, que es ilegal
procurar por lo tanto, no puede ser legal curar de ese modo un encanta miento, sino que se
lo debe soportar con paciencia.
Además se argumenta que Santo Tomás y San Buenaventura, en el libro IV, dist. 34, dijeron
que un hechizo debe permanente porque no tiene remedio humano; pues si existe es
desconocido para los hombres o ilegal. Y se entiende q estas palabras significan que dicha
enfermedad es incurable; agregan que, aunque Dios proporcionara un remedio forzando al
demonio, y éste pudiese eliminar su maldición de un hombre y el hombre quedara curado,
esa cura no sería humana. Por lo tanto, si Dios no efectúa la cura, no es lícito que el hombre
la busque de alguna otra manera. En el mismo lugar, estos dos Doctores agregan que
inclusive es ilegal procurar un remedio agregando otro encantamiento. pues dicen que, si se
siente que esto es posible, y que el hechizo original queda eliminado, ello no obstante
deberá considerarse permanente la brujería, pues en modo alguno es licito invocar la ayuda
del diablo por medio de la brujería. Además, se afirma que los exorcismos de la, iglesia no
son siempre eficaces en la represión de los demonios, en materia de afecciones corporales,
ya que éstas sólo se curan por discreción de Dios; pero que son siempre efectivas contra los
ataques de los diablos contra los cuales han sido ante todo instituidas, como por ejemplo,
contra hombres poseídos, o en materia de exorcismo de niños.
Por otro lado, no se sigue que, porque se le haya otorgado poder al demonio sobre alguien,
a causa de sus pecados, ese poder deba terminar al cesar el pecado. Pues con suma
frecuencia un hombre puede dejar de pecar, pero sus pecados siguen en pie. Por lo cual

parece, por estos dichos, que los dos Doctores que hemos citado opinaban que es ¡licito
eliminar un hechizo, sino que debe ser tolerado, tal como lo permite Dios Nuestro Señor,
Quien puede eliminarlo cuando le plazca.
Contra esta opinión se argumenta que así como Dios y la naturaleza no abundan en cosas
superfluas, tampoco carecen de las necesarias; y es una necesidad que se dé a los fieles,
contra esos actos del demonio, no sólo un medio de protección (del cual tratamos en el
comienzo de esta Segunda Parte), sino también remedios curativos. Pues de lo contrario,
los fieles no estarían lo bastante armados por Dios, y las obras del demonio parecerían más
fuertes que las de Dios.
Además está la glosa de ese texto en Job. No existe poder. en la tierra, etc. La glosa dice que,
aunque el demonio tiene poder sobre todas las cosas humanas, está sometido a los méritos
de los Santos, e incluso a los de los hombres santos en esta vida.
Y una vez más San Agustín (De moribus Ecelesiae) dice: “Ningún ángel es más poderoso
que nuestra mente, cuando nos aferramos a Dios”. Pues si el poder es una virtud en este
mundo, la mente que se mantiene cerca de Dios es más sublime que el mundo entero. Por lo
tanto, esas mentes pueden deshacer los actos del demonio.
Respuesta. He aquí dos opiniones importantes, que, según parece, difieren por entero entre
si , pues hay algunos Teólogos y Canonistas que afirman que es licito anular la brujería,
inclusive por medios supersticiosos y vanos. Y esta es la opinión de Duna Escoto, Enrique
de Segusio, y Godofredo, y todos los Canonistas. Pero es opinión de los otros Teólogos, en
especial de los antiguos, y algunos de lo. modernos, tales como Santo Tomás, San
Buenaventura, el Beato Alberto, Pedro de Paludes y muchos otros, que en ningún cric debe
hacerse el mal para obtener buenos resultados, y que un hombre debería morir, antes de
aceptar su curación por método; supersticiosos y vanos.
Examinemos ahora sus opiniones, con vistas a hacerla coincidir en la mayor medida
posible. En su Libro IV, dist, 39 sobre las obstrucciones e impotencia provocadas por la
brujería Escoto dice que es tonto afirmar que es ilícito anular un hechizo aunque sea por
medios supersticiosos y vanos, y que hacerlo así no es en manera alguna contrario a la Fe;
pues quien destruya la obra del demonio no es cómplice de dichas obras, sino que cree que
el diablo tiene el poder y la inclinación de ayudar infligir un daño, sólo en la medida en que
el símbolo o seña exteriores de ese daño perduren. Por lo tanto, cuando el símbolo se
destruye, pone fin al daño. Y agrega que es meritorio destruí las obras del demonio. Pero
como habla de los símbolos, daremos un ejemplo.
Hay mujeres que descubren a una bruja por el siguiente símbolo. Cuando el rendimiento
de leche de una vaca ha sido reducido por brujería, cuelgan un cubo de leche sobre fuego,
pronuncian ciertas palabras supersticiosas, golpean cubo con un palo. Y aunque las mujeres
golpean el cubo, demonio trasmite todos esos golpes a la espalda de la bruja y de ese modo
se fatiga a la bruja y al demonio. Pero el. diablo hace para poder llevar a peores prácticas a
la mujer que golpea el cubo. Y así, si no fuese por el riesgo que ello 1mplica no habría
dificultad en aceptar la opinión de este sabio Docto Podrían darse muchos otros ejemplos.
En su elocuente Summa sobre la impotencia genital causal por brujería, Enrique de Segusio
dice que en tales casos dei recurrirse a los remedios de los médicos; y aunque algunos tales
remedios parecen vanos y supersticiosos sortilegios encantamientos, se debe confiar en
todos en su propia profesión y la iglesia puede muy bien tolerar la supresión de vanidad
por medio de otras vanidades.
También Ubertino, en su Libro Cuarto, usa estas palabra “Un hechizo puede anularse por
oración; o por la misma arma con que se le infligió”.
Godofredo dice en su Summa: un hechizo no siempre puede ser eliminado por quien lo
causó, ya sea porque ha muerto, o porque no sabe cómo curarlo, o porque se ha perdido el
encantamiento necesario. Pero si sabe cómo lograr alivio, es licito que lo cure. Nuestro

autor habla contra quienes dijeron que una obstrucción del acto carnal no podía ser causada
por brujería, y que nunca es permanente, y que por lo tanto no anula un matrimonio ya
contraído.
Además, quienes afirmaban que ningún maleficio es permanente, eran movidos por las
siguientes razones: pensaban que todos los hechizos podían ser anulados, bien por otro
encantamiento mágico, o por loa exorcismos de la iglesia, ordenados para la supresión del
poder del diablo, o por una verdadera penitencia, ya que el demonio sólo tiene poder sobre
los pecadores. De modo que en el primer sentido convienen con la opinión de los otros, a
saber, que un hechizo puede eliminarse por medios supersticiosos.
Pero Santo Tomás opina lo contrario cuando dice: si un hechizo no puede revocarse, como
no sea por algún medio ilícito, tal como la ayuda del demonio o cualquier cosa por el estilo,
aunque se sepa que es posible eliminarlo de esa manera, se lo debe considerar permanente,
pues el remedio no es lícito.
La misma opinión sustentan San Buenaventura, Pedro de Paludes, el beato Alberto y todos
los Teólogos. Pues en una breve referencia al problema de invocar la ayuda del demonio, ya
sea de manera tácita o expresa, parecen sostener que esos hechizos sólo pueden eliminarse
por un exorcismo legal o una verdadera penitencia (como se establece en la Ley Canónica,
acerca del sortilegio), movidos, según parece, por consideraciones mencionadas al
comienzo de este tema.
Pero es conveniente hacer coincidir, hasta donde resulte posible, estas diversas opiniones
de los sabios Doctores, y ello puede hacerse en un sentido. Pues debe señalarse el objetivo
de que los métodos con que es posible eliminar un hechizo de brujería son los siguientes:
por intermedio de otra bruja y otro hechizo, o sin la ayuda de otra bruja, pero mediante
ceremonias mágicas e ilícitas. Y este último método puede dividirse en dos, a saber: el
empleo de ceremonias al mismo tiempo ilegales y vanas, o la utilización de ceremonias que
son vanas pero no ilícitas.
El primer remedio es en todo sentido ilegal, tanto respecto del agente como del remedio
mismo. Pero puede lograrse de dos maneras; o con cierto daño para quien efectuó el
hechizo, o sin daño alguno, pero con ceremonias mágicas e ilicitas. En este último caso, se lo
puede incluir en el segundo método, es decir, aquel por el cual se elimina el hechizo, no con
la ayuda de una bruja, sino con ceremonias mágicas e ilegales; y en este caso debe seguir
siendo juzgado ilícito, aunque no en la misma medida que el primer método. Podemos
resumir la situación como sigue. Existen tres condiciones por las cuales un remedio resulta
ilegal. Primero, cuando el encantamiento se elimina por la acción de otra bruja, y por una
nueva brujería, o sea, por el poder de algún demonio. Segundo, cuando no lo elimina una
bruja, sino alguna persona honrada, pero de tal modo, que el hechizo, por medio de algún
remedio mágico, se traslada de una persona a otra; y una vez más, esto es ilícito. Tercero,
cuando el encantamiento se elimina , sin imponerlo a otra persona, sino que se usa una
invocación abierta o tácita a los demonios; y otra vez, esto es ilícito.
Y con referencia a estos métodos dicen los Teólogos que es mejor morir que aceptarlos. Pero
existen otros dos métodos. por medio de los cuales, según los Canonistas, es licito, o no
ocioso y vano, anular un hechizo; y que tales métodos pueden usarse cuando se han
probado y fracasado todos los remedios de la iglesia, tales como los exorcismos y las
oraciones de los santas y la verdadera penitencia. Pero para una comprensión más clara de
estos remedios, relataremos algunos ejemplos que conocemos por experiencia.
En época del papa Nicolás llegó a Roma, por ciertos negocios, un obispo de Alemania, a
quien es caritativo no nombrar, aunque ya pagó la deuda de toda la naturaleza. Allí se
enamoró de una muchacha, y la envió a su diócesis, al cuidado de dos criados, junto con
algunas otras de sus posesiones, entre ellas varias, ricas joyas. Mientras esta joven se
encontraba en gracia, con la habitual codicia, de las mujeres, llegó a ansiar apoderarse de

las joyas, que en verdad -eran muy valiosas; y comenzó a pensar, en el fondo del corazón,
que si el obispo muriese por alguna brujería, ella podría apoderarse de los anillos,
pendientes y collares. A1 día siguiente el obispo enfermó de repente, y los médicos y sus
criados sospecharon que había sido envenenado; pues había tal fuego en su pecho, que
debía beber continuos tragos de agua fría para atenuarlo. Al tercer día, cuando parecían no
existir esperanzas para él, llegó una anciana y rogó que se le permitiese verlo, diciendo que
había ido para curarlo, de manera que la hicieron pasar, y ella prometió al obispo que lo
curaría si aceptaba sus proposiciones. Cuando el obispo preguntó qué debía aceptar para
recuperar la salud, como tan lo deseaba, la anciana respondió: tu enfermedad ha sido
causada si por un hechizo de brujería, y sólo puedes curarte con otro, que trasladará la
enfermedad, de ti a la bruja que la provocó, de forma que ella morirá. El obispo se asombró,
y al ver que no podía curarse de otra manera, y como no deseaba adoptar una decisión
irreflexiva, decidió pedir consejo al Papa. Ahora bien, el Santo Padre lo amaba tiernamente,
y cuando se enteró de que sólo podía curar por la muerte de la. bruja, aceptó permitir el
menor de los dos males, y firmó ese permiso con su sello. Entonces se buscó otra vez a la
anciana y se le dijo que tanto él como el Papa habían aceptado la muerte de la bruja, a
condición de que a él se le devolviera su salud anterior; y !a anciana se fue, prometiéndole
que quedaría curado a la noche siguiente. Y he aquí que en mitad de la noche se sintió
curado y libre de toda enfermedad, y envió un mensajero para averiguar qué había sido de
la joven; y éste volvió e informó que había enfermado de pronto, en mitad de la noche,
mientras dormía junto a su madre.
Debe entenderse que a la misma hora y momento la enfermedad abandonó al obispo y cayó
sobre la joven bruja, por intermedio de la bruja vieja; y así, el mal espíritu al dejar de acosar
al obispo, pareció restablecerle la salud por casualidad, en tanto que no era él, sino Dios,
quien le permitía acosarlo, y el demonio, en razón de su pacto con la segunda bruja, que
envidiaba la fortuna de la joven, tuvo que atacar a la amante del obispo. Y debe pensarse
que estos dos malos encantamientos no fueron hechos por un demonio que sirviese a dos
personas, sino por dos demonios, servidores de dos brujas distintas. Pues los demonios no
trabajan contra sí, sino que actúan, en la medida de lo posible, de acuerdo para la perdición
de las almas. Por último y por compasión; el obispo fue a visitar a la joven, pero cuando
entró en la habitación ella lo recibió con horribles execraciones, y exclamó: ¡que tú y quien
te curó sean condenados para siempre! Y el obispo trató de apaciguarla, y llevarla a la
penitencia, y le dijo que le perdonaba todos sus errores, pero ella apartó el rostro y dijo:
“No tengo esperanza de perdón, y encomiendo mi alma a todos los demonios del infierno”.
Y tuvo una muerte desdichada. Pero el obispo regresó a su hogar con alborozo y
agradecimiento.
Aquí debe señalarse que un privilegio otorgado a uno no constituye un precedente para
todos, y la dispensa del Papa en este caso no significa, que sea licita en todos los casos.
En su Formicarius, Nider se refiere a la misma materia, pues dice: a veces se emplea el
siguiente método para eliminar un hechizo de brujería, o para vengarse de él. Alguien, que
ha sido hechizado en sí mismo o en sus posesiones, acude a una bruja con el deseo de saber
quién lo dañó. Entonces la bruja vierte plomo fundido en el agua hasta que, por obra del
demonio, el plomo solidificado forma alguna imagen. Entonces la bruja pregunta en qué
parte del cuerpo desea que su enemigo sea herido, para poder reconocerlo por ese daño. Y
cuando lo eligió, , la bruja en seguida perfora o hiere con un cuchillo la imagen de plomo en
la misma parte, y le muestra el lugar por el cual puede reconocer a la persona culpable. Y se
sabe por experiencia que, tal como la imagen de plomo queda herida, tal ocurre también
con la bruja que obró el hechizo.
Pero yo digo, acerca de este tipo de remedio, y de otros como él, que en general son ilícitos,
aunque la debilidad humana, en la esperanza de obtener el perdón de’ Dios, queda

atrapada muy a menudo por tales prácticas, ya que cuida más la salud del :, cuerpo que la
del alma.
El segundo tipo de cura practicada por brujas que eliminan un hechizo exige, una vez más,
un pacto expreso con el demonio, pero no va acompañada por un daño a otra persona.
Existen muchas de estas brujas, pues siempre se las encuentra a intervalos de una o dos
millas alemanas, y parecen capaces de curar a quien haya sido hechizado por otra bruja de
su propio distrito.’, Algunas de ellas afirman que pueden efectuar esas curaciones en todo
momento; otras, que sólo pueden curar a los hechizados’. de las tierras señoriales vecinas;
otras, que sólo pueden ejecutar, sus curas con el consentimiento de la bruja que practicó el
encantamiento primitivo.
Y se sabe que estas mujeres han entrado en un pacto abierto con el demonio, porque
revelan asuntos secretos a quienes acuden a ellas para ser curados. Porque de pronto
revelan a esa persona la causa de su calamidad, le dicen que ha sido hechizado en su propia
persona o en sus posesiones, debido & alguna pendencia que tuvo con un vecino, o con otra
mujer u hombre; y en ocasiones, para mantener en secreto sus prácticas criminales,
imponen a sus clientes una peregrinación otra obra piadosa. Pero abordar a estas mujeres
para curar es tanto más pernicioso, pues parecen atraer mayor desprecio sobre la Fe que
otras que realizan sus curas por medio de u pacto tácito con el demonio. Pues quienes
recurren a tales brujas piensan más en salud física que en Dios, y además, Dios abrevia sus
vidas p castigarlos por tomar en sus manos la venganza por sus daños Pues así la venganza
Divina alcanzó a Saúl, porque primero expulsó del país a todos los magos y hechiceros, y
después consultó a una bruja, por lo cual fue muerto en combate con sus hijos, I Samuel,
x~,-y I Paralipómenos, x. Y por el mismo motivo, tuvo que morir el enfermo Ochozías, IV,
Reyes, , (Ahaziah; II Reyes, i).
Además, quienes consultan con esas brujas son considerados difamados, y no se les puede
permitir que presenten una acusación. Y por ley deben ser sentenciados a la pena capital,
como se dijo en el Primer Tema de esta obra.
Mas, ¡ay!, Oh Señor Dios, que eres justo en todos Tus juicios, ¿quién librará a los pobres
hechizados que claman en sus dolores incesantes? Pues nuestros pecados son tan grandes y
el enemigo tan fuerte; ¿y quiénes son los que pueden deshacer las obras del demonio por
medio de exorcismos lícitos? Parece quedar un remedio: que los jueces, por medio de
diversas penalidades, frenen en todo lo posible esas maldades, castigando a las brujas que
las ocasionan; de modo que así priven a los enfermos de la oportunidad de consultar a las
brujas. Mas, ¡ay! nadie entiende esto en su corazón, sino que todos buscan su propio
beneficio en lugar del de JESUS Cristo.
Porque tantas personas solían acudir a liberarse de hechizos, a la bruja de Reichshofen, a
quien ya mencionamos, que el conde del castillo instaló un puesto de portazgo, y todos los
encantados en sus .personas o posesiones debían pagar una moneda antes de poder visitar
la casa de ella; y él se jactaba de obtener una importante ganancia con estos medios.
Sabemos por experiencia que existen muchas de esas brujas en la diócesis de Constanza; no
porque esta diócesis esté más infectada que otras, ya que esta forma de infidelidad es
general en todas las diócesis; pero ésta ha sido investigada más a fondo. Se descubrió que se
recurría todos los días a un hombre llamado Hengst, por una gran cantidad de pobres que
habían sido hechizados, y con nuestros propios ojos vimos esas multitudes en la aldea de
Eningen, y por cierto que los pobres nunca acudían en tales números a ningún altar de la
Santísima Virgen, o a un pozo Sagrado, o a una Ermita. Pues en medio del más crudo
invierno, cuando todas las carreteras y caminos laterales se hallaban cubiertos de nieve,
acudían a él desde cuatro a diez kilómetros a la redonda, a pesar de las mayores
dificultades, y algunos eran curados, pero otros no. Pues supongo que no todos los
hechizos pueden anularse con la misma facilidad, debido a los diversos obstáculos, como

ya se dijo. Y estas brujas anulan encantamientos por medio de una invocación abierta de los
demonios, a la manera del segundo tipo de remedio, que es ilícito, pero no en el mismo
grado que la primera clase.

El tercer tipo de remedio es el que se emplea mediante ciertas ceremonias supersticiosas,
pero sin daño para nadie, y no por una bruja confesa. Un ejemplo de este método es el
siguiente:
cierto comerciante del mercado de la ciudad de Spires declaró que le había ocurrido la
experiencia que sigue. Me encontraba, dijo, en Suabia, en el castillo de un noble muy
conocido, y un día, después de la cena, me paseaba a mis anchas, con dos de los criados,
por los campos, cuando nos encontramos con una mujer. Pero mientras ella se encontraba
todavía lejos, mis compañeros la reconocieron, y uno me dijo: “Persígnese en seguida”, y el
otro me instó a hacer lo mismo. Les pregunté qué temían, y contestaron: “La bruja más
peligrosa de toda la provincia viene a nuestro encuentro, y puede lanzar un hechizo sobre
los hombres con sólo mirarlos”. Pero por obstinación me jacté que nunca les había temido, y
apenas pronuncié las palabras cuando me sentí fuertemente herido en el pie izquierdo, de
modo que no pude separarlo del suelo, ni dar un paso sin el mayor dolor. Ante lo cual,
enviaron en seguida a buscar, al castillo, un caballo para mí, y así me llevaron de vuelta.
Pero los dolores fueron en aumento durante tres días. La gente del castillo, entendiendo
que había sido embrujado, relató lo que le había ocurrido a cierto campesino que vivía a un
kilómetro y medio de distancia, y de quien sabían que era diestro para eliminar hechizos.
Ese hombre llegó muy pronto, y después de examinar mi pie dijo: “Probaré si estos dolores
se deben a una causa natural; y si descubro que no, tendrá que recurrir a remedios no
naturales”. A lo cual repliqué: “Si puedo curar sin magia, y con la ayuda de Dios, aceptaré
de buen grado; pero nada quiero tener que ver con el demonio, ni deseo su ayuda”. Y el
campesino prometió que no usaría otros medios que los legales, y que me curaría con la
ayuda de Dios, siempre que pudiese asegurarse de que mis dolores eran obra de brujería.
Entonces acepté sus proposiciones. Tomó plomo derretido (a la manera de otra bruja a
quien ya mencionamos), y lo sostuvo en un cucharón de hierro, sobre mi pie, y lo dejó caer
en un cuenco de agua, y en el acto aparecieron las formas de varias cosas, como espinas y
pelos y huesos y otras cosas por el estilo, depositadas en el cuenco. “Ahora -dijo- veo que
esta enfermedad no es natural, sino que se debe, por cierto, a un embrujamiento.” Y cuando
le pregunté cómo podía saberlo por el plomo fundido, contestó: “Existen siete metales que
pertenecen a los siete planetas, y como Saturno es el Señor del plomo, cuando éste se vierte
sobre alguien que ha sido hechizado, tiene la propiedad de descubrir la brujería con su
poder. Y así ha quedado demostrado con certeza., y pronto curarás; pero debo visitarte
durante tantos días cuantos pasaste bajo este hechizo”. Y me preguntó cuántos días habían
transcurrido; y cuando le dije que ese era el tercero, fue a verme cada uno de los tres días
siguientes, y con sólo examinar y tocar mi pie, y decir para sí algunas palabras, disolvió el
encantamiento y me restableció la salud.
En este caso resulta claro que quien cura no es un brujo, aunque su método sea un tanto
supersticioso. Pues como prometió una cura con ayuda de Dios, y no por obra del demonio,
y afirmó la influencia de Saturno sobre el plomo, se mostró irreprochable y más bien digno
de elogio. Pero aún queda una pequeña duda en cuanto al poder mediante el cual se
eliminó el hechizo de la bruja, y las figuras creadas en el plomo. Pues ninguna brujería,
puede eliminarse por un poder natural, aunque es posible atenuarla, como se mostrará más
tarde, cuando hablemos de los remedios para los posesos. Por lo tanto parece que ejecutó
esa cura, al menos por medio de un pacto tácito con un demonio. Y lo llamamos pacto
tácito cuando el practicante acepta de manera tácita emplear la. ayuda del diablo. Y de este
modo se llevan a cabo muchas obras supersticiosas, pero con un grado variable de ofensa al
Creador, ya que puede existir mayor ofensa para Él en una operación que en otra. Pero
como este campesino estaba seguro de lograr una cura y como debía visitar al paciente
durante tantos días como había estado enfermo, y si bien no usó remedios naturales, sino
que lo curó de acuerdo con la promesa hecha, por estas razones, aunque no tenía un pacto

abierto con el diablo, se lo debe considerar, no sólo como sospechoso, sino como claramente
culpable de herejía, y como convicto y sujeto por lo menos a los castigos expuestos en el
segundo método de sentencia; pero su castigo debe ser acompañado por una solemne
adjuración, a menos de que esté protegido por otras leyes que parezcan ser de intención
contraria.
La cuarta clase de remedios, respecto de los cuales los Canonistas coinciden en parte con
algunos de los Teólogos, se dice que no es nada peor que ociosa y vana, ya que sólo es
supersticiosa, y no hay pacto, ni abierto ni tácito, con el demonio en cuanto a la intención u
objetivos del practicante. Y dicen que los Canonistas y algunos Teólogos sólo coinciden en
parte en que se debe tolerar este tipo de remedios; pues su acuerdo o desacuerdo depende
de si clasifican o no este tipo de remedios con la tercera clase. Pero esta clase de remedio
vano se ejemplifica más arriba, en el caso de las mujeres que golpean un cubo colgado sobre
el fuego para que pueda ser apaleada la bruja que hizo que la vaca quedase sin leche;
aunque esto puede hacerse en nombre del demonio o sin ninguna referencia a él.
Podemos presentar otros ejemplos del mismo tipo, porque a veces, cuando una vaca ha sido
dañada de esa manera, si desean descubrir quién la embrujó, la llevan a los campos con los
pantalones de un hombre, o con cualesquiera otras de esas cosas impuras, sobre la cabeza o
el lomo. Y esto lo hacen ante todo en los días festivos y santos, y tal vez con alguna
invocación al demonio, y castigan a la vaca con una vara y la ahuyentan. Y entonces el
animal corre en línea recta a la casa del brujo, y golpea con vehemencia en la puerta, con los
cuernos, mientras lanza grandes mugidos; y el demonio hace que la vaca siga haciendo esto
hasta que se la pacifica con otra brujería.
En verdad, y según los mencionados Doctores, estos remedios pueden ser tolerados, pero
no son meritorios, como algunos tratan de afirmar. Porque San Pablo dice que todo lo que
hacemos, de palabra o de acto, debe hacerse en el nombre de Nuestro Señor JESUS Cristo.
Ahora bien, en este tipo de remedio puede no haber invocación directa del demonio, y sin
embargo mencionarse el nombre de éste; o no existir intención de hacer tales cosas por
medio de un pacto abierto o tácito con ii diablo, y un hombre puede decir “Quiero hacer
esto, participe o no el demonio en ello”, y esa temeridad, al apartar el temor a Dios, ofende
a éste, Quien entonces concede al demonio poder para efectuar esas curas. En consecuencia,
quienes usan tales prácticas deben ser llevados al camino de la penitencia, e instados a
abandonar esas cosas y recurrir más bien a los remedios de que hablaremos luego, aunque
ya los mencionamos antes, a saber, el uso del Agua Bendita y de la Sal Bendita, y de
exorcismos, etcétera.
Del mismo modo debe verse a quienes usan el siguiente método. Cuando un animal ha
sido muerto por brujería, y desean encontrar a la bruja, o asegurarse de si su muerte fue
natural o debida a hechicería, van al lugar en que se despelleja a los animales muertos, y
arrastran sus intestinos por el suelo, hasta su casa; y no entran en la casa por la puerta
principal, sino por sobre el umbral de la entrada trasera a la cocina, y entonces encienden
un fuego y ponen los intestinos sobre él. Después, según lo que con mucha frecuencia se
nos dijo, así cómo los Intestinos se calientan y se queman, así los intestinos de la bruja
resultan afectados por quemantes dolores.
Pero cuando ejecutan este experimento cuidan que la puerta esté bien cerrada, porque los
dolores obligan a la bruja a tratar de entrar en la casa, y si puede sacar un carbón del fuego,
todos sus dolores desaparecerán. Y muchas veces se nos dijo que, cuando no puede entrar
en la casa, la rodea por dentro y por fuera con la más densa niebla, con tan horribles
chillidos y alborotos, que al final quienes se encuentran en la casa creen que el techo está a
punto de derrumbarse y aplastarlos, si no abren la puerta.
Algunos otros experimentos son de la misma naturaleza. Porque a veces las personas eligen
a las brujas de entre una cantidad de mujeres de la iglesia, haciendo que las brujas no

puedan salir de la iglesia sin su permiso, inclusive después de terminados los ritos. Y lo
hacen de esta manera. Un domingo cubren los zapatos de los jóvenes con grasa, sebo o unto
de cerdo, como suelen hacerlo cuando desean reparar y renovar la festividad del cuero, y
de tal modo los jóvenes entran en la iglesia, de la cual es imposible que ninguna de las
brujas presentes salga o parta hasta que quienes estaban ansiosos por descubrirlas se vayan

o les den permiso expreso para regresar a sus casas.
Lo mismo ocurre con ciertas palabras, que no es conveniente mencionar, no sea que el
demonio seduzca a alguien para que las emplee. Pues los jueces y magistrados no deben
asignar demasiado peso a las pruebas de quienes pretenden descubrir brujas por estos
medios, por temor de que el demonio, el sagaz enemigo, los induzca; con este pretexto, a
difamar a mujeres inocentes. Por lo tanto, hay que instar a tales personas a que busquen el
remedio de la penitencia. Pero en ocasiones es preciso tolerar y permitir prácticas de este
tipo.
De tal manera hemos contestado a los argumentos de que ningún hechizo de brujería debe
ser anulado. Porque los dos primeros remedios son por completo ilícitos. El tercero es
tolerado por la ley, pero necesita un muy cuidadoso examen por parte del juez eclesiástico.
También San Antonino, en su Summa, señala esta discrepancia entre la Ley Canónica y la
ley civil.
LOS REMEDIOS QUE PRESCRIBE LA SANTA IGLESIA CONTRA LOS DEMONIOS
INCUBOS Y SÚCUBOS

En los capítulos precedentes. del Primer Tema tratamos de los métodos de embrujar a los
hombres, animales y frutos de la tierra, y en especial de la conducta de las brujas en sus
propias personas; de cómo seducen a las jóvenes para aumentar sus malignas huestes; cuál
es su método de protección y de rendir homenaje; cómo ofrecen a los demonios sus propios
hijos y dos ajenos; y cómo se transportan de lugar en lugar. Ahora digo que no existe
remedio para tales prácticas, a menos de que las brujas sean desarraigadas por entero por
los jueces, o . los por lo menos castigadas como ejemplo para toda que quieran imitarlas;
pero no tratamos en seguida este punto Por el momento sólo nos ocupamos de los remedios
contra los daños que infligen; y ante todo, de cómo puede curarse a los hombres
hechizados. Con respecto al encantamiento de los seres humanos por medio de demonios
íncubos y súcubos, es de seglar que esto puede darse de tres maneras. Primero, como en el
caso de las propias brujas, cuando las mujeres se prostituyen voluntariamente a los
demonios Incubos Segundo, cuando los hombres tienen relaciones con los demonios
súcubos; pero no parece que los hombres forniquen de ese modo, diabólicamente, con el
mismo grado pleno de culpabilidad, porque los hombres, que por naturaleza tienen un
intelecto más fuerte que las mujeres, tienden en mayor medida a rechazar esas Prácticas.
Tercero, puede ocurrir que hombres o mujeres se vean enredados, por brujería, con íncubos
y súcubos, contra su voluntad. Esto sucede ante todo en el caso de ciertas vírgenes
molestadas por los demonios íncubos contra su voluntad; y parecería que son hechizadas
por las brujas, que, como ocurre muchas veces en otras enfermedades, hacen que los
demonios molesten a tales vírgenes, en forma de íncubos, con el fin de seducirlas e
incorporarlas a su ruin compañía. Demos un ejemplo.

En la ciudad de Coblenza hay un pobre hombre embrujado de ese modo. En presencia de
su esposa, tiene la costumbre de actuar como los hombres con las mujeres, es decir, de
practicar el coito,, por así decirlo, y lo hace en repetidas ocasiones, y los gritos y ansiosos
ruegos de su esposa no producen efecto alguno que lo haga desistir. Y después de haber
fornicado así, dos o tres veces, ruge: “Vamos a empezarlo todo de nuevo”, cuando en

verdad no existe ninguna persona visible para los’ ojos mortales, acostada junto a él. Y
después de una increíble cantidad de estos encuentros, el pobre hombre cae por fin al suelo,
completamente agotado: Cuando recobra un poco las; fuerzas y se le pregunta cómo le
ocurrió eso, y si tenía a alguna’ mujer consigo, responde que nada vio, pero que su mente
está poseída de alguna manera, de modo que no puede contenerse de ese priapismo. Y por
cierto que abriga una fuerte sospeche de que cierta mujer lo embrujó de esa manera, porque
él se ofendió, y ella lo maldijo con palabras amenazadoras, y le dije qué quería que le
sucediera.
Pero no existen leyes ni ministros, de justicia que pueda vengar un delito tan grande sin
otro justificativo que una vaga acusación o una grave sospecha; pues se afirma que nadie
debe ser condenado si no ha sido convicto por su propia confesión, o por las pruebas de
tres testigos dignos de confianza, ya que el simple hecho del delito, unido inclusive a la más
grave de las sospechas contra alguna persona, no basta para justificar el castigo de ésta.
Pero este asunto se tratará más adelante.
En cuanto a los casos en que jóvenes doncellas son molestadas de ese modo por demonios
íncubos, llevaría demasiado tiempo mencionar siquiera a los que ocurrieron en nuestra
propia época, porque existen muchas historias, muy bien atestiguadas, de tales
encantamientos. Pero la gran dificultad para encontrar un remedio para tales afecciones
puede ejemplificarse con una historia narrada por Tomás de Brabante en su Libro sobre las
abejas.
Yo vi, escribe, y escuché la confesión de una virgen revestida de hábitos religiosos, quien al
comienzo dijo que nunca había consentido en participar en una fornicación, pero al mismo
tiempo me dio a entender que había sido tratada de esa manera. No pude creerlo, y la insté
y exhorté con energía, y con los ruegos más solemnes, a que dijese la verdad, para no poner
en peligro su alma. Al cabo, llorando con amargura, reconoció que había sido corrompida,
más bien en la mente que en el cuerpo; y que aunque después la congoja estuvo casi a
punto de matarla, y que todos los días se confesaba con lágrimas, ningún recurso o estudio
de artes pudo librarla de un demonio íncubo, ni siquiera por el Signo de la Cruz, ni por el
Agua Bendita, prescritas en especial para la expulsión de los demonios, y menos por el
Sacramento del Cuerpo de Nuestro Señor, que hasta los ángeles temen. Pero luego de
muchos años de oraciones y ayunos, quedó liberada.
Puede creerse (salvo mejor juicio) que después de arrepentirse y confesar su pecado, el
demonio íncubo debería ser considerado más bien un castigo por el pecado, que un pecado
en sí mismo.
Una monja devota llamada Cristina, de los Países Bajos, del ducado de Brabante, me dijo lo
siguiente acerca de la misma mujer. En la vigilia de un Pentecostés la mujer acudió a ella
para quejarse de que no se atrevía a tomar el Sacramento debido a los importunos acosos de
un demonio. Cristina. se apiadó de ella y le dijo: ‘Té y descansa, en la seguridad de que
mañana recibirás el Cuerpo de Nuestro Señor, pues yo tomaré sobre mí tu castigo”. Y así se
fue, gozosa, y después de rezar esa noche, durmió en paz, y por la mañana se levantó y
comulgó con toda la tranquilidad del alma. Pero Cristina, sin pensar en el castigo que había
atraído sobre sí, fue a reposar por la noche, y mientras yacía en el lecho oyó, por decirlo así,
un violento ataque de que se la hacía objeto; y aferrando de la garganta a lo que fuese, trató
de quitárselo de encima. Volvió a recostarse, pero fue molestada otra vez, y se levantó
aterrorizada; y esto sucedió en varias ocasiones, en tanto que la paja de su cama era
revuelta y arrojada por todas partes, de modo que al final advirtió que era perseguida por
la malicia de un demonio. Entonces abandonó su jergón, y pasó una noche insomne; y
cuando deseaba orar, se vio tan atormentada por el demonio, que dijo que jamás había
sufrido tanto hasta entonces. En consecuencia, por la mañana, luego de decir a la otra mujer
“Renuncio a tu castigo, y apenas me queda vida para renunciar a él”, escapó de la violencia

del maligno tentador. Según esto, puede verse cuán difícil es curar este tipo de mal, se deba

o no a la brujería.
Pero todavía existen algunos medios por los cuales es posible expulsar a esos demonios,
sobre los cuales escribe Nider en su Formicarius.
Dice que hay cinco maneras de liberar a las muchachas o los hombres: primero, por
Confesión sacramental; segundo, por el Sagrado Signo de la Cruz, o por el recitado de la
Salutación Angélica; tercero, por el uso de exorcismos; cuarto, mudándose a otro lugar; y
quinto, por medio de la excomunión empleada con prudencia por santos varones. Por lo
dicho resulta, evidente que los dos primeros métodos no le servían a la monja; pero no por
ello deben ser omitidos, pues lo que cura a una persona no cura por fuerza a otra, y a la
inversa. Y es un hecho registrado el de que los demonios íncubos han sido muchas veces
ahuyentados por la Oración del Señor, o por la aspersión de agua bendita, y también, en
especial, por la Salutación angélica.
Porque San Cesáreo nos dice en su Diálogo que, después que cierto sacerdote se ahorcó, su
concubina entró en un convento, donde fue carnalmente solicitada por un íncubo. Lo
expulsó persignándose y usando Agua Bendita, pero él volvió en seguida. Pero cuando ella
recitó la Salutación Angélica, el demonio desapareció como una flecha disparada por un
arco; aun así regresó, pero no se atrevió a acercársele a causa de ese Ave MARIA.

San Cesáreo también se refiere al remedio de la Confesión Sacramental. Pues dice que la
mencionada concubina fue abandonada por entero por el incubo después de la confesión.
También habla de un hombre de Leyden acosado por un súcubo, y que quedó libre por
completo después de la Confesión Sacramental. Agrega otro ejemplo, el de una monja
enclaustrada, una contemplativa, a quien un íncubo no quería dejar a pesar de las oraciones
y confesiones y otros ejercicios religiosos. Pues persistía en llegar a su lecho por la fuerza.
Pero cuando por consejo de un religioso, ella, pronunció la palabra Benedícite, el demonio
la dejó en el acto. Del cuarto método, el de trasladarse a otro lugar, dice que la hija de cierto
sacerdote había sido mancillada por un íncubo y enloquecida de pena; pero cuando se fue
lejos, al otro lado del Rin, el íncubo la dejó en paz. Pero como su padre la había alejado, fue
tan acosado por el demonio, que murió al cabo de tres días. También menciona a una mujer
a quien un íncubo molestaba tan a menudo en su propia cama, que pidió a una devota
amiga suya que fuese a dormir con ella. Así lo hizo, y toda la noche se sintió perturbada por
la mayor inquietud y desasosiego, y entonces la primera mujer quedó en paz. Guillermo de
París también señala que los íncubos parecen molestar ante todo a las mujeres y muchachas
de hermosa cabellera; ya sea porque se dedican demasiado al cuidado y adorno de su pelo,

o porque suelen tratar de excitar a los hombres por medio de su cabello, o porque se jactan
y envanecen de él, o porque Dios, en Su bondad, así lo permite, para que las mujeres teman
atraer a los hombres por los mismos medios por los cuales los demonios desean que los
atraigan.
El quinto método, el de la excomunión, que tal vez es lo mismo que el exorcismo, queda
ejemplificado en una historia de San Bernardo. En Aquitania una mujer fue molestada
durante seis años por un íncubo, con increíbles abusos y obscenidades carnales; y oyó al
íncubo amenazarla de que no debía acercarse al santo varón, quien viajaba hacia allí, y le
dijo: “De nada te servirá, porque cuando se vaya, yo, que hasta ahora fui tu amante, me
convertiré para ti en el más cruel de los tiranos”. Ello no obstante, la mujer acudió a San
Bernardo, y éste le dijo: “Toma mi báculo y colócalo en tu cama, y que el diablo haga lo que
pueda”. Cuando ella así lo hizo, el demonio no se atrevió a entrar en su cuarto, pero le
lanzó terribles amenazas desde afuera, y le dijo que la perseguirla cuando San Bernardo se
hubiese ido. Cuando éste se enteró de ello por labios de la mujer, convocó a :a, gente, les

pidió que llevaran velas encendidas en la mano, y con todos los así reunidos excomulgó al
demonio, prohibiéndole volver a acercarse nunca más a esa mujer, o a ninguna otra. Y así
quedó ella libre de e castigo. Aquí debe señalarse que el poder de las Llaves otorgado San
Pedro y sus sucesores, que resuena en la tierra, es en ver, dad un poder curativo otorgado a
la iglesia, en beneficio d los viajeros sometidos a la jurisdicción del poder papal; por lo tanto
parece asombroso que inclusive los Poderes del aire puedan ser rechazados por esa virtud.
Pero hay que record que las personas molestadas por los diablos se encuentran bajo j la
jurisdicción del Papa y de sus Llaves; y por lo tanto no sorprendente ‘que tales Poderes
sean mantenidos a raya en forro indirecta, en virtud de las Llaves, tal como por la misma
virtud las almas del purgatorio pueden ser liberadas, de mol indirecto, de los sufrimientos
del fuego; en la medida en que este Poder rige sobre la tierra, sí, y para alivio de las almas
que están bajo tierra.

Pero no es justo discutir el Poder de las Llaves otorgado al Jefe de la Iglesia como Vicario de
Cristo, ya que se sabe que, para uso de la iglesia, Cristo concedió a ésta y a Su Vicarío tanto
poder como le es posible a Dios conceder a un simple hombre.

Y debe creerse piadosamente que, cuando las dolencias infligidas por las brujas por
intermedio del poder de los demonios junto con las brujas y los demonios mismos, son
excomulgados los afectados ya no recibirán tormento, y serán liberados tan antes por el uso
de otros legítimos exorcismos agregados.

Existe un informe corriente en los distritos del río Etsc como en otros lugares, de que por
permiso de Dios una roan de langostas llegó y devoró todos los viñedos, hojas verdes
cosechas, y que de pronto fueron ahuyentadas y disperso por medio de ese tipo de
excomunión y maldición. Ahora bien si alguien desea que esto se atribuya a algún santo
varón, no a la, virtud de las Llaves, que así sea, en nombre del Señor pero de una cosa
estamos seguros: de que el poder de ejecuta milagros y el poder de las Llaves presupone
por fuerza estado de gracia en quien ejecuta ese acto de gracia, ya q ambos poderes
proceden de la gracia otorgada a los hombre que se encuentran en ese estado.

Una vez más, hay que destacar que si ninguno de los remedios precedentes es de utilidad,
hay que recurrir a los exorcismo habituales, de los cuales trataremos más adelante. Y si esto
no son suficientes para eliminar la iniquidad del demonio, de considerarse que la afección
es un castigo expiatorio por pecado, que debe soportarse con toda mansedumbre, como o
enfermedades de este tipo, que nos oprimen, para que, por decirlo así, nos empujen a
buscar a Dios.

Pero también hay que señalar que a veces las personas sólo piensan que son molestadas por
un incubo, cuando en verdad no es así; y esto puede ocurrir más en el caso de las mujeres
que en el de los hombres, pues son más tímidas y pasibles de imaginar cosas
extraordinarias. En este sentido se cita muchas veces a Guillermo de París. Éste dice:
muchas apariciones fantásticas ocurren a personas que sufren de una dolencia melancólica.,
en especial a las mujeres, como lo muestran sus sueños y visiones. Y la razón de ello, como
lo saben los médicos, es que el alma de la mujer es, por naturaleza mucho más fácil y
rápidamente impresionable que la de los hombres. Y agrega: sé que he visto a una mujer
quien pensaba que un demonio copulaba con ella por dentro, y dijo que tenía conciencia
física de cosas tan increíbles.

Además, en oportunidades. las mujeres piensan que han sido embarazadas por un incubo,
y su vientre crece en enormes dimensiones; pero cuando llega el momento del parto, la

hinchazón se alivia nada más que con la expulsión de una gran cantidad de viento. Pues si
se toman huevos de hormiga en la bebida, o las simientes del pino negro, se engendra en el
estómago humano una increíbles proporción de viento y flatulencia. Y al demonio le resulta
muy fácil provocar estas perturbaciones del estómago, y otras aun mayores. Esto se ha,
establecido para que no se dé mucho crédito a las mujeres, sino sólo a aquellas a quienes la
experiencia mostró que son dignas de confianza, y a las que porque duermen en sus camas

o cerca de ellas, saben con certeza que las cosas de que hemos hablado son ciertas.
REMEDIOS PRESCRITOS PARA LOS HECHIZADOS POR UNA LIMITACIÓN DE LA
CAPACIDAD DE ENGENDRAR

Aunque hay muchas más brujos mujeres que hombres, como se mostró en la Primera Parte
de esta obra, más hombres que mujeres resultan embrujados. Y la razón de ello reside en el
hecho de que Dios concede al demonio más poder sobre el acto venéreo, por medio del cual
se trasmite el pecado original, que sobre otras acciones humanas. De la misma manera,
permite que se ejecuten más brujerías por medio de serpientes, que están más sometidas a
los encantamientos que otros animales, porque ese fue el primer instrumento del demonio.
Y el acto venéreo puede hechizarse con más rapidez y facilidad e el hombre que en la
mujer, como se mostró con claridad. Pues hay cinco maneras en que el diablo puede
impedir el acto d la gestación, y se las dirige con más facilidad contra los hombre.

Hasta donde sea posible, nombraremos los remedios que pueden aplicarse en cada una de
las obstrucciones, y que quien se encuentre embrujado en esa facultad tome nota de la clase
de obstrucción a la cual pertenece la suya. Porque hay cinco clases, según Pedro de Paludes,
en su Libro Cuarto, dist. 3 sobre el juicio de este tipo de encantamientos.
Pues el diablo, por ser un espíritu, tiene, por su propia naturaleza, y con permiso de Dios,
poder sobre una criatura corporal, en especial para promover o impedir el movimiento
local. De modo que con este poder puede impedir que los cuerpos de hombres y mujeres se
acerquen entre sí, y ello, de modo directo o indirecto. Directo, cuando los separan a una
distancia y no les permiten aproximarse. Indirecto, cuando provocar alguna obstrucción, o
se interponen en un cuerpo adopta Así ocurrió con el joven pagano que casó con un ídolo,
pero q sin embargo contrajo matrimonio con una muchacha; pero debido a ello fue incapaz
de copular con ella, como se mostró más arriba.
Segundo, el demonio puede inflamar a un hombre resto de una mujer y volverlo impotente
para con otra, y e puede hacerlo en secreto, mediante la aplicación de ciertas hierbas u otras
materias cuya virtud para este fin con muy bien.
Tercero, puede perturbar la percepción de un hombre una mujer, y hacer que uno aparezca
repugnante para el otro pues como se mostró, puede influir sobre la imaginación.
Cuarto, puede suprimir el vigor del miembro necesario p la procreación, tal como le es
posible privar de movimiento local a cualquier otro órgano.
Quinto, puede impedir el aflujo de semen a los miembros en que se encuentra la fuerza
motriz, cerrando, por decirlo el conducto seminal, de modo que no descienda a los órganos
genitales, o no vuelva a ascender de ellos, o no brote de e o se derrame en vano.
Pero si un hombre dijera: no sé por cuál de estos distintos métodos he sido hechizado; sólo
sé que nada puedo hacer mi esposa, se le responderá de la, siguiente manea. Si es activo y
capaz en relación con otras mujeres, pero no con su es entonces está embrujado de la
segunda forma; pues en cuanto a la primera puede afirmársele que está siendo dañado por
demonios súcubos o íncubos. Más aun, si no encuentra repulsiva a su esposa, y sin
embargo no puede tener trato carnal con ella, pero sí con otras mujeres, se trata, una vez
más, de la segunda forma; pero si la encuentra repulsiva y no puede copular con ella,
entonces son la segunda y tercera formas. Si no la encuentra repulsiva y desea tener

contacto con ella, pero carece de poder en sus miembros, es la cuarta forma. Pero si tiene
poder en su miembro y no puede emitir su semen, entonces es la quinta forma. El método
de curarlas se mostrará cuando consideremos si quienes viven en gracia y quienes no lo
hacen son igualmente pasibles de ser embrujados de estas maneras; y respondemos que no,
con excepción de la cuarta, y aun así en muy pocas ocasiones. Pues una afección de ese tipo
puede ocurrirle a un hombre que vive en la gracia y la rectitud; pero el .lector debe
entender que en este caso hablamos del acto conyugal entre personas casadas; porque en
cualquier otro caso todos son pasibles de encantamiento, porque todo acto venéreo fuera
del matrimonio es un pecado mortal, y sólo lo cometen quienes no viven en estado de
gracia. Por cierto que contamos con la autoridad de todas las enseñanzas escriturales, en el
sentido de que Dios permite al demonio afectar a los pecadores más que a los justos. Porque
aunque ese justísimo hombre, Job, fue atacado, no lo fue, de manera particular o directa,
respecto de la función procreadora. Y puede decirse que cuando una pareja casada se ve
afectada de esta manera, ambos integrantes o uno de ellos no viven en estado de gracia; y la
autoridad y la razón respaldan esta opinión en las Escrituras. Porque el ángel dijo a Tobías:
el demonio recibe poder contra quienes se entregan a la lujuria. Y lo mostró en el asesinato
de los siete esposos de la virgen Sara.
En su Colación de los padres, Casiana cita a San Antonio, quien habría dicho que el
demonio no puede entrar en nuestra mente o cuerpo a menos de que los haya privado de
todos los pensamientos santos, para dejarlos vacíos y desnudos de contemplación
espiritual.
Estas palabras no deben aplicarse a una afección maligna de todo el cuerpo, pues cuando
Job fue afectado de ese modo no carecía de la gracia Divina; pero se refiere en especial a
una enfermedad infligida al cuerpo por algún pecado. Y la enfermedad que consideramos
sólo puede deberse al pecado de incontinencia. Porque, como dijimos, Dios otorga al
demonio más poder sobre ese acto que sobre otros actos humanos, debido a su fealdad
natural, y porque con él se legó a la posteridad el primer pecado. Por lo tanto, cuando las
personas unidas en matrimonio han . sido privadas, por algún pecado, de la ayuda Divina,
Dios permite que sean hechizadas ante todo en sus funciones procreadoras.
Pero si se pregunta de qué tipo son esos pecados, puede decirse, según San Jerónimo, que
aun en estado de matrimonio es posible cometer el pecado de incontinencia de diversas
maneras. Véase el texto: “Quien ama a su esposa en exceso es un adúltero”. Y quienes aman
de esta manera son más pasibles de ser embrujados, como dijimos.
Los remedios de la iglesia, entonces, son dobles: uno aplicable en el tribunal público, el otro
en el tribunal del confesonario. En cuanto al primero, cuando se descubre en público que la
impotencia se debe a la brujería, es preciso distinguir si es temporaria o permanente. Si es
sólo temporaria, no anula el casamiento. Y se supone que es temporaria, cuando en el lapso
de tres años, y usando todos los expedientes posibles de los Sacramentos de la Iglesia y
otros remedios, puede efectuarse una cura. Pero si después de ese tiempo no pueden
curarse por remedio alguno, entonces se supone que es permanente.

Así como la facultad de engendrar puede ser hechizada, así también puede provocarse en la
mente humana un amor o un odio desmesurados . Primero consideraremos la causa de
esto, y luego, hasta, donde sea posible, los remedios.

El filocapcion, amor desmesurado de una persona por otra, puede provocarse de tres
maneras. A veces sólo se debe a la falta de control sobre los ojos; otras a la tentación de los
demonios; otras, a los hechizos de los nigrománticos y brujas, con ayuda de los demonios.

Del primero se habla en Santiago 1, 14, 15: “Sino que cada uno es tentado cuando de su
propia concupiscencia es atraído . y cebado. Y la concupiscencia, después que ha concebido,
pare el pecado; y el pecado, siendo cumplido, engendra muerte”. Y así, cuando Sichem vio a
Dina salir a ver a las hijas de la tierra, la amó y la violó y yació con ella, y su alma se apegó
a ella (Génesis, xxxiv). Y aquí la glosa dice que esto ocurrió a un espíritu enfermo, porque
ella abandonó sus propias ocupaciones para investigar las ajenas, y un alma así resulta
seducida por las malas costumbres, y se ve llevada a aceptar prácticas ilicitas.

La segunda causa nace de la tentación de los demonios. De esta manera Ammón amó a su
hermosa hermana Tamar, y tan angustiado, que cayó enfermo de amor por ella (II Samuel,
am). Pues no podía haber estado tan por completo corrompido en la mente como para caer
en el gran delito del incesto, a menos de que hubiese sido fuertemente tentado por el
demonio. El libro de los Santos Padres se refiere a este tipo de amor, donde dice que
inclusive en las ermitas se ven expuestos a todas las tentaciones, incluida la del deseo
carnal; pues en ocasiones algunos de ellos fueron tentados por el amor de mujeres, más de
lo que es posible creer. San Pablo también dice, en II Corintios, xii: “Me es dado un aguijón
en mi carne, un mensajero de Satanás que me abofetee”; y la glosa explica que esto se refiere
a la tentación de la lascivia.
Pero se dice que cuando un hombre no cede a la tentación, no peca, sino que es un ejercicio
para su virtud; pero esto debe entenderse acerca de la tentación del demonio, no de la
carne: pues es un pecado venial, aunque un hombre no ceda a él. Se leerán muchos
ejemplos de ello.

En cuanto a la tercera causa, por la cual el amor desmesurado proviene de las obras de los
demonios y las brujas, la posibilidad de este tipo de brujería fue considerada de manera
exhaustiva en las preguntas de la Primera Parte, en cuanto a si los demonios, por
intermedio de las brujas, pueden llevar la mente de los hombres a un amor o un odio
desmesurados, y se demostró con ejemplos conocidos por experiencia propia. Por cierto
que esta, es la forma más conocida y general de brujería.

Pero podría hacerse la siguiente pregunta: Pedro ha sido presa de un amor desesperado de
esa descripción, pero no sabe si se debe a la primera, la segunda o la tercera causa. Hay que
responder que puede ser obra del demonio el que surja el odio entre las personas casadas,
de modo de provocar el delito de adulterio. Pero cuando un hombre se encuentra envuelto
de tal manera en las redes del ansia y el deseo carnales, que ni la vergüenza, las palabras,
los golpes o la acción pueden hacerlo desistir de ello; y cuando un hombre rechaza a su
bella esposa para aferrarse a la más repugnante de las mujeres, y cuando no tiene reposo de
noche, sino que está enloquecido, que debe llegar hasta su querida por medios tortuosos; y
cuando se descubre que los de noble cuna, gobernadores y otros hombres ricos, están
desdichadamente hundidos en este pecado (pues esta, época se encuentra dominada por las
mujeres, como lo predijo San Hildegardo, como Vincent de Beauvais lo registra en Espejo
de la historia, aunque dijo que no duraría tanto como ya ha durado); y cuando el mundo
está ahora repleto de adulterio, en especial entre los de más alta cuna; cuando se considera
todo esto, digo, ¿de qué sirve hablar de remedios a quienes no los desean? Sin embargo,
para satisfacción del lector piadoso, expondremos en pocas palabras algunos de los pocos
remedios para el filocapcion, cuando no se debe a la brujería.

Avicenna menciona siete remedios que pueden usarse cuando un hombre enferma
físicamente de esta clase de amor; pero son muy poco pertinentes para nuestra
investigación, sólo en la medida en que resulten útiles para la enfermedad del alma. Pues

en el Libro III dice que la raíz de la enfermedad puede descubrirse tomando el pulso y
pronunciando el nombre del objeto del amor del paciente; y luego, si la ley lo permite,
pueden casarse con ella, y así curarse cediendo a la naturaleza. O pueden aplicarse ciertas
medicinas acerca de las cuales ofrece instrucciones. O el hombre enfermo puede ser
apartado de su amor por remedios lícitos que le hagan orientar su amor hacia un objeto
más digno. O puede eludir su presencia, y así apartar sus pensamientos de ella. O, si está en
condiciones de ser corregido, se le puede amonestar y censurar, en el sentido de que ese
amor es la, mayor desdicha. O puede llevárselo a alguien que, hasta, donde le sea posible
con la verdad de Dios, denigre el cuerpo y la disposición de su amor, y manche de tal modo
el carácter de ella, que se le aparezca baja y deformada desde todo punto de vista. O por
último, se le pueden encomendar pesadas tareas que distraigan sus pensamientos.

En verdad, así como estos remedios pueden curar la naturaleza animal de un hombre, así
también pueden ser útiles para reformar su espíritu interno. Que el hombre obedezca la ley
de su intelecto antes que la de la naturaleza, que vuelva su ! amor hacia placeres seguros,
que recuerde cuán momentáneo es á el deleite de la lujuria y cuán eterno el castigo, que
busque su placer en esa vida en que las alegrías comienzan para no terminar jamás, y que
considere que si se aferra a su amor terrenal, esa será su única recompensa, pero perderá la
bendición del cielo, y será condenado al fuego eterno, las tres pérdidas irrecuperables que
provienen de la lujuria desenfrenada.

Con respecto al filocapcion provocado por la brujería, los remedios detallados en el
parágrafo anterior también pueden ser aplicados aquí sin inconvenientes; en especial los
exorcismos con palabras sagradas, que la propia persona embrujada puede utilizar. Que
invoque todos los días al ángel guardián que le ha designado Dios; que use la confesión y
frecuente los altares de los santos, en especial el de la Virgen Santa, y sin duda quedará
liberado.

Mas cuán abyectos son esos hombres fuertes que desechan sus dones naturales y la
armadura de la virtud, y dejan de defenderse; en tanto que las jóvenes mismas, en su
invencible fragilidad, usan las mismas almas rechazadas para apartar ese 4 tipo de brujería.
Damos, en su elogio, uno de muchos ejemplos. En una aldea campesina cercana a Lindau,
en la diócesis de Constanza, había una doncella crecida, de bella apariencia y de conducta
más elegante aun, ante cuya vista cierto hombre de principios disolutos, en verdad un
clérigo, pero no un sacerdote, fue herido por violentas ansias de amor, y como ya no podía
ocultar la herida de su corazón, fue al lugar donde la joven trabajaba, y con bellas palabras
mostró que se encontraba en las redes del demonio, y comenzó por hablar sólo por
convencer a la joven de que le concediese su amor. Ella percibió, por instinto Divino, lo que
ocurría, y como era casta de mente y cuerpo, le contestó con valentía: “Señor, no vengas a
mi casa con tales palabras, pues la modestia misma lo impide”. A lo á cual él replicó:
“Aunque las dulces palabras no te convencen de que me ames, te prometo que pronto mis
acciones te obligarán a amarme”. Ahora bien, ese hombre era sospechado de mago y
hechicero. La doncella consideró sus palabras como amenazas huecas, y hasta ese momento
no sentía en sí ni una chispa de amor carnal por él; pero al cabo de un breve tiempo
comenzó a tener pensamientos amorosos. Al percibirlo, e inspirada por Dios, buscó la,
protección de la madre de la Merced, y le imploró, devota, que intercediese ante Su hijo
para ayudarla. Además, ansiosa de gozar de la compañía de personas piadosas, fue en una
peregrinación a una ermita, donde había, una iglesia milagrosamente consagrada en esa
diócesis a la Madre de Dios. Allí confesó sus pecados, para que ningún espíritu maligno
pudiese penetrar en ella, y después de sus oraciones a la Madre de la Piedad cesaron todas

las maquinaciones del demonio contra ella, y en adelante las malas artes jamás volvieron a
afectarla.

Ello no obstante, todavía existen algunos hombres fuertes, cruelmente atraídos por las
brujas hacia ese tipo de amor, de modo que parecería que nunca pueden contenerse de su
desenfrenada lujuria por ellas, pero es muy frecuente que se resistan virilmente a la
tentación de los atractivos obscenos y repugnantes, y con las mencionadas defensas
superen todas las artimañas del demonio.

Un joven adinerado de la ciudad de Innsbruck nos proporciona una, notable pauta de este
tipo de lucha. Las brujas lo importunaban de tal manera, que la pluma casi no puede
describir sus sufrimientos, pero siempre mantenía el ánimo en alto, y escapaba por medio
de los remedios que hemos mencionado. Por lo cual puede llegarse a la justa conclusión de
que estos remedios son infalibles contra dicha enfermedad, y que quienes usan tales armas
serán liberados sin duda alguna.

Y debe entenderse que lo que dijimos acerca del amor desmesurado también se aplica al
odio desenfrenado, ya que la misma disciplina resulta beneficiosa para los dos extremos
opuestos. Pero aunque el grado de brujería es igual en ambos, existe una diferencia en el
caso del odio: la persona odiada debe buscar otro remedio. Pues el hombre que odia a su
esposa y la expulsa de su corazón, si es un adúltero, no volverá con facilidad a ella, aunque
haga una peregrinación.

Ahora bien, por las brujas se ha sabido que provocan ese hechizo de odio por medio de
serpientes, pues éstas fueron el poner instrumento del demonio, y en razón de su maldición
heredan el odio a las mujeres; por lo tanto, pueden causar esos encantamientos colocando la
piel o la cabeza de una serpiente bajo el umbral de una habitación o casa. Por tal motivo, es
preciso examinar a fondo todos los rincones y recovecos de la casa en que vive tal mujer, y
reconstruirlos lo antes posible; o bien hay que alojarla en otra casa.

Y cuando se dice que los hombres hechizados pueden exorcizarse, debe entenderse que
pueden llevar en torno del cuello las palabras sagradas o bendiciones o encantamientos, si
no ‘, son capaces de leer o pronunciar las bendiciones.

REMEDIOS PRESCRITOS PARA QUIENES, POR ARTES PRESTIDIGITATORIAS,
HAN PERDIDO SU MIEMBRO VIRIL 0 EN APARIENCIA FUERON
TRASFORMADOS EN FORMAS ANIMALES

En lo que ya se escribió se mostraron con bastante claridad los remedios de que se dispone
para el alivio de los engañados por un hechizo, y que creen que han perdido su miembro
viril, o han sido metamorfoseados en animales. Pues como esos hombres carecen por
completo de la gracia Divina, según la condición esencial de quienes están así embrujados,
no es posible aplicar un ungüento curativo mientras el arma sigue clavada en la herida. En
consecuencia, ante todas las cosas, deben., reconciliarse con Dios por medio de una buena
confesión. Además, como se mostró en esta Segunda Parte, esos miembros. nunca son
arrebatados en realidad del cuerpo, sino ocultados,, por un hechizo, de los sentidos de la
vista y el tacto.
También resulta claro que a quienes viven en gracia no es fácil engañarlos de esa manera, ni
activa ni pasivamente, es decir, de tal modo, que parezcan perder sus miembros o que les
parezca que faltan los de otros. Por lo tanto, en ese capítulo se explica el remedio tanto

como la enfermedad, a saber, que en la medida de lo posible deben llegar a un
entendimiento amistoso con la bruja misiva. En cuanto a quienes piensan que han sido
convertidos en animales, debe saberse que este tipo de brujería se practica más en los países
orientales que en Occidente; es decir, que en Oriente las brujas hechizan más a menudo a
otras personas de esta manera, pero parece que las brujas se trasforman con más frecuencia
en nuestra parte del mundo; cuando se cambian, a plena vista, para adoptar formas de
animales.

Pero en Oriente se usa el siguiente remedio para tales ilusiones. Pues hemos aprendido
mucho acerca de esto, de los Caballeros de la Orden de San Juan de Jerusalén, en Rhodas; y
en especial este caso que ocurrió en la ciudad de Salamis, en el reino de Chipre. Pues es un
puerto marítimo, y una vez, cuando un navío era cargado con mercancías adecuadas para
un barco que partía a países extranjeros, y todos sus tripulantes se proveían de vituallas,
uno de ellos, un joven fuerte, fue a la casa de una mujer que se encontraba en las afueras de
la ciudad, sobre la costa, y le preguntó si tenía huevos para vender. La mujer, al ver que era
un joven fuerte, y un marino mercante alejado de su propio país, pensó que debido a ello la
gente de la ciudad abrigaría menos sospechas si se perdiera, y le dijo:

“Espera un poco, y te conseguiré todo lo que quieres”. Y cuando entró y cerró la puerta, y lo
dejó esperando, el joven, afuera, le gritó que se diese prisa, pues no quería perder el barco.
Entonces la mujer trajo unos huevos y se los dio al joven, y le dijo que volviera de prisa,
para no perder el barco, de modo que él corrió a éste, que se hallaba anclado junto a la
costa, y antes de subir a bordo, ya que no habían regresado sus demás compañeros, decidió
comer allí los huevos, y vigorizarse. Y he ahí que una hora más tarde quedó mudo, como si
careciera del poder del habla; y como dijo más tarde, se preguntó qué le habría ocurrido,
pero no pudo saberlo. Pero cuando quiso subir a bordo fue expulsado con palos por
quienes todavía quedaban en tierra, y que exclamaron: “¡Mira lo que hace ese asno! Maldito
sea el animal, no subirás a bordo”. El joven así expulsado, entendió, por las palabras de
ellos, que pensaban que era un asno, y reflexionó y comenzó a sospechar que había sido
hechizado por la mujer, en especial porque no podía pronunciar una palabra, aunque
entendía todo lo que se decía. Y cuando volvió a tratar de subir a bordo y fue ahuyentado
con golpes más duros, la amargura de su corazón lo obligó a quedarse y a ver cómo se
alejaba el barco. Y así, mientras corría de aquí allá, como todos creían que era un asno, lo
trataban como tal. Al cabo, por fuerza, volvió a la. casa de la mujer, y; para mantenerse con
vida la sirvió a su placer durante tres años, en los cuales no trabajaba, sino que llevaba a la
casa elementos tan necesarios como leña y trigo, y acarreaba lo que era preciso trasportar,
como un animal de carga. E1 único consuelo que le quedaba era el de que, aunque todos los
demás lo confundían con los asnos, las brujas mismas, por separado y juntas, que
frecuentaban la casa, lo reconocían como a un hombre, y podía hablar y comportarse con
ellas como lo haría un hombre. Ahora bien, si se pregunta cómo le pusieron encima cargas
como si fuese un animal, debemos decir que este caso es análogo a aquel del cual habla San
Agustín. en de Ciuitate Dei, Libro XVIII, capítulo 17, donde habla de las mujeres de taberna
que convertían a sus invitados en animales de carga; y al del padre de Prestancio, quien
creía que era un caballo de carga y acarreaba trigo con otros animales. Pues los engaños
provocado por este encantamiento son triples.

Primero, en su efecto sobre los hombres que veían al joven,’ no como un hombre, sino como
un asno, los demonios puede usar esto con facilidad. Segundo, las cargas no eran una
ilusión, pero cuando resultaban superiores a las fuerzas del joven, el demonio las sostenía
en forma invisible. Tercero, que cuando’ se encontraba con otros, el propio joven

consideraba, por lo menos en su imaginación y facultades perceptivas, que son’ facultades
correspondientes a los órganos corporales, que era’ un asno; pero no es su razón, pues no
estaba tan hechizado que no supiese que -era un hombre, aunque se lo había engañado
mágicamente, de modo que imaginara ser un animal. Nabucodonosor ofrece un ejemplo
del mismo engaño.

Después de pasar tres años de esta manera, al cuarto año ocurrió que el joven fue una
mañana a la ciudad, seguido desde lejos por la mujer, y pasó ante una iglesia en que se
celebraba,: la Santa Misa, y oyó sonar la campana en el momento de la elevación de la
Hostia (pues en ese reino la misa se celebra de acuerdo con el rito latino, y no el griego). Y
se volvió hacia la iglesia, y como no se atrevía a entrar por miedo de ser expulsado con
golpes, se arrodilló afuera, doblando las rodillas de las patas traseras y levantó las
delanteras, es decir, la manos, unidas sobre su cabeza de asno, como se consideraba que lo
era, y contempló la elevación del Sacramento. Y cuando algunos mercaderes genoveses
vieron este prodigio, siguieron asno con asombro, discutiendo entre sí esa maravilla. Y he
aquí que la bruja llegó y apaleó al asno. Y dado que, como dijimos, este tipo de brujerías es
mejor conocido en esas partes, por instancia de los mercaderes el asno y la bruja. fueron
lleva ante el juez, donde, interrogada y torturada, ella confesó s delito y prometió devolver
su verdadera forma al joven, si le permitía regresar a su casa. Con lo cual se la despidió,
regresó a su hogar, donde el joven recuperó su forma anterior y arrestada una vez más, ella
pagó la deuda que merecían delitos. Y el joven volvió alegremente a su país natal.

REMEDIOS PRESCRITOS PARA QUIENES PADECEN DE OBSESION ES DEBIDO A
ALGÚN ENCANTAMIENTO

Ya hemos mostrado que algunos demonios, por medio d artes de brujería habitan en
esencia dentro de ciertos hombre y por qué lo hacen, a saber: que puede ser por algún grave
delito del hombre mismo, y para su propio beneficio final; o en ocasiones, por una leve falta
de otro hombre; a veces, por el pecado venial del hombre; y otras, por un pecado grave de
otro. Por cualquiera de estas razones, y en diversos grados, un hombre puede ser poseído
por el demonio. En su Formicarius, Nider afirma que no es de extrañar que los demonios, a
instancias de las brujas y con permiso de Dios, se apoderen, en sustancia, de los hombres.

También resulta claro cuáles son los remedios con que es posible liberar a esos hombres, es
decir: por los exorcismos de la iglesia, y por una verdadera contrición y confesión, cuando
un hombre es poseído por un pecado mortal. Un ejemplo es la forma en que quedó libre el
sacerdote de Bohemia. Pero además existen otros tres remedios que son de gran virtud: la
Sagrada. Comunión de la Eucaristía, la visita de altares y las oraciones de santos varones, y
la anulación de la sentencia de excomunión. De ellos hablaremos, aunque son expuestos
con claridad en los discursos de los Doctores, ya que no todos tienen fácil acceso a los
tratados necesarios. En su Colación de los abates, Casiano habla de la Eucaristía con las
siguientes palabras: no recordamos .que nuestros mayores prohibiesen nunca la,
administración de la Sagrada Comunión a los poseídos por los espíritus malignos; inclusive
debería serles administrada todos los días, si ello es posible. Pues debe creerse que es de
gran virtud en la purificación y protección del alma y del cuerpo; y cuando un hombre la
recibe, el mal espíritu que afecta sus miembros o se agazapa oculto en ellos, es expulsado
como si se lo quemase con fuego. Y hace poco vimos que el abate Andrónico se curó de esa
manera; y el demonio ruge de loca furia cuando se siente expulsado por la medicina
celestial, y trata de infligir sus torturas con más intensidad y frecuencia, ya que se siente
cada vez más alejado por este remedio espiritual. Así dice San Juan Casiano.

Y además agrega: hay que creer en dos cosas con firmeza. Primero, que sin permiso de Dios
nadie es poseído por estos espíritus. Segundo, que todo lo que Dios permite que nos ocurra,
ya sea que parezca tristeza o alegría, es enviado para nuestro bien, por un Padre afectuoso y
un Médico piadoso. Pues los demonios; por decirlo así, son maestros de humildad, de
modo que quienes descienden de este mundo pueden ser purificados para la vida eterna o
sentenciados al dolor de su castigo; y tales, según San Pablo, son entregados en la vida
actual a Satán para la destrucción de la carne, con el fin de que el espiri pueda salvarse en el
día del Señor Jesucristo.

Pero aquí surge una duda. Porque San Pablo dice: que hombre se examine, y así coma de
ese Pan. Y entonces, ¿cómo puede comulgar un hombre poseído, ya que no tiene uso de
razón? Santo Tomás responde a esto en su Tercera Parte, pregunta 80, diciendo que existen
diversos grados de locura. Porque decir que un hombre no tiene uso de la razón puede
significa dos cosas. En un caso posee un débil poder de raciocinio, col se dice que un
hombre ciego lo es cuando, sin embargo, puede ver de manera imperfecta. Y como tales
hombres pueden unir hasta cierto punto, a la devoción de este Sacramento, no posible
negárselo.
Pero se dice que otros están locos porque lo han sido desde el nacimiento, y esos no pueden
participar del Sacramento ya que en modo alguno son capaces de dedicarse a una devota
preparación para él.

O tal vez no siempre han carecido del uso de su razón,, entonces, si cuando estaban cuerdos
parecían apreciar la devoción debida al Sacramento, hay que administrárselo cuando están
al borde de la muerte, a menos de que se tema que vomiten o escupan.

La siguiente decisión la registra el Consejo de Cartago pregunta, 6). Cuando un enfermo
desea confesar, y si a la gada del, sacerdote su enfermedad lo enmudece, o cae en Tren
quienes lo oyeron hablar deben prestar su testimonio. Y si lo considera al borde de la
muerte, que se reconcilie con por la imposición de manos y la colocación del. Sacramento su
boca. Santo Tomás también dice que el mismo procedimiento puede utilizarse con personas
bautizadas, atormentadas físicamente por espíritus impuros, y con otras personas que
padece de perturbaciones mentales. Y agrega en el Libro IV, dist, que la comunión no debe
negarse a los demoníacos, a me que exista la certeza de que el demonio los tortura por al
delito. A esto agrega Pedro de, Paludes: “En este caso se debe considerar como personas
excomulgadas y entregadas a Satán”.

Pues es claro que, aunque un hombre sea poseído por diablo por sus propios crímenes,
tiene intervalos lúcidos, y mi tras posee uso de su razón, es contrito y confiesa sus puesto
que se lo absuelve a la vista de Dios, y en modo al debe ser privado de la Comunión del
Divino Sacramento de Eucaristía.

En las Leyendas de los Santos se ve cómo puede liben a los posesos por medio de
intercesiones y oraciones a los santos. Pues por los méritos de los santos, mártires,
confesores y vírgenes, los espíritus impuros son sometidos por sus oraciones en el país en
que viven, tal como los santos los sometieron en su viaje terrenal.

De la. misma manera leemos que las devotas oraciones de los viajeros obtuvieron muchas
veces la liberación de los posesos. Y Casiano los insta a rezar por ellos, y dice: “Si
sostenemos la opinión, o más bien la fe acerca de la cual escribí más arriba, de que todo es

enviado por el Señor, para bien de nuestra alma y mejoramiento del universo, en modo
alguno despreciaremos a los poseídos, sino que oraremos sin cesar por ellos, lo mismo que
por nosotros, y nos apiadaremos de ellos con todo el corazón”.

En cuanto al último método, el de liberar al sufriente de la excomunión, debe saberse que es
raro, y sólo lo practican legalmente quienes poseen autoridad y están informados, por una
revelación, de que el hombre se encuentra poseído a consecuencia de la excomunión de la
iglesia; tal fue el caso del fornicador corintio (I Corintios, v), excomulgado por San Pablo y
la iglesia, y entregado a Satán para la destrucción de la carne, que su espíritu podía ser
salvo en el día de nuestro Señor JESÚS Cristo; es decir, como dice la glosa, ya sea para la
iluminación de la gracia por contrición o por juicio.

Y entregó a Satán a los falsos maestros que habían perdido la fe, tales como Himeneo y
Alejandro, para que aprendiesen a no blasfemar (I Timoteo, I). Pues tan grandes eran el
poder y la gracia de San Pablo, dice la glosa, que con las simples palabras de su boca podía
entregar a Satán a quienes se habían alejado de la fe.

Santo Tomás (IV, 18) enseña lo que sigue acerca de los tres efectos de la excomunión. Si un
hombre, dice, es privado de las oraciones de la iglesia, sufre una triple pérdida
correspondiente a los beneficios que pertenecen a quien se encuentra en comunión con la
iglesia. Pues los excomulgados quedan privados de la fuente de la cual fluye un aumento
de gracia para quienes la poseen, y un medio de obtener gracia para quienes no la tienen; y
privados de la gracia, también pierden el poder de conservar su rectitud, aunque no debe
considerarse que estén excluidos por entero de la, providencia de Dios, sino sólo de esa
providencia especial que vigila a los hijos de la iglesia; y también pierden una gran fuente
de protección contra el Enemigo, pues se concede al demonio un mayor poder para dañar a
esas hombres, tanto en su espíritu como en su cuerpo. porque en la iglesia primitiva,
cuando los hombres debían ser atraídos a la fe por medio de signos, tal como el Espíritu
Santo se hacía manifiesto por un signo visible, así también una afección física producida
por el demonio era un signo visible en un hombre excomulgado. Y no es impropio que un
hombre cuyo caso no es tan desesperado sea entregado a Satán. Porque no se lo entrega al
demonio como alguien que debe ser condenado, sino parra ser corregido, ya que la iglesia,
cuando lo desea, tiene el poder de volver a librarlo de las manos del diablo. Así dice Santo
Tomás. Por lo tanto, la anulación del acta de excomunión, cuando un exorcista discreto la
usa con discreción, es un remedio adecuado para los posesos.

Pero Nider agrega que el exorcista debe cuidar en especial ` de utilizar sus poderes en
forma demasiado presuntuosa, o del. Bromear o hacer chanzas con la seria obra de Dios, o
agregarle algo que huela a superstición o brujería, porque de lo contrario` no podrá escapar
al castigo, como lo demuestra con un ejemplo.

Pues el Beato Gregorio, en su Primer diálogo, habla de cierta mujer que, contra su
conciencia, cedió a las persuasiones de su esposo, de participar en las ceremonias de vigilia
de la dedicación de la iglesia de San Sebastián. Y como se unió a la procesión contra su
conciencia, quedó poseída y enfureció en público. Cuando el sacerdote de la iglesia vio esto,
tomó la tela del altar y la cubrió con ella; y el demonio penetró de pronto en ese, sacerdote.
Y porque había presumido de fuerzas superiores a las que poseía, sus tormentos lo
obligaron a revelar quién era. Así` dice San Gregorio.

Y para mostrar que no es posible permitir que un espíritu . de broma impregne el santo
oficio del exorcismo, Nider cuenta: que en un monasterio de Colonia vio a un hermano que
se complacía en hablar en broma. pero que era famoso expulsor de demonios. Este hombre
expulsaba a un demonio del cuerpo’ de un hombre poseído, en el monasterio, y el diablo le
pidió que le dijese algún lugar a donde pudiera ir. Esto complació al Hermano, y dijo en
broma: “Vé a mi excusado”. Y entonces e1 demonio salió, y por la noche, cuando el
Hermano quiso ir aliviar su vientre, el demonio lo atacó con tal salvajismo en excusado, que
con dificultades escapó indemne.

Pero es preciso cuidar en especial que los obsesionados por brujería no se vean inducidos a
visitar a brujas para ser curados. Porque San Gregorio dice luego, acerca de la mujer que
acabamos de mencionar: sus parientes y quienes la amaba en la carne la llevaron a algunas
brujas para que la curase quienes la condujeron a un río y la hundieron en el agua con
muchos encantamientos; ante lo cual fue presa de violentas sacudidas, y en lugar de
expulsar a un demonio, toda una legión entró en ella, y la mujer rompió a gritar con las
diversas voces de ellos. Por lo tanto sus parientes confesaron lo que habían hecho, y con
gran pena la llevaron ante el santo obispo Fortunato, quien por medio de oraciones y
ayunos diarios le devolvió por entero la salud.

Pero como se dijo que los exorcistas deben cuidarse de utilizar nada que huela a
superstición o brujería, algún exorcista podrá dudar de si es licito usar ciertas hierbas y
piedras no consagradas. En respuesta, decimos que es mucho mejor si las hierbas están
consagradas; pero si no, no es supersticioso usar determinada hierba llamada demonífugo,

o inclusive las propiedades naturales de las piedras. Pero no debe pensar que expulsa a los
demonios por el poder de ellas, porque entonces caería en el error de creer que puede usar
otras hierbas y encantamientos de la misma manera; y este es el error de los nigrománticos,
que creen que pueden ejecutar este tipo de tarea por medio de las virtudes naturales y
desconocidas de tales objetos.
Por lo tanto Santo Tomás dice, Libro IV, dist. 7, último articulo: “No debe creerse que los
demonios estén sometidos a poderes corpóreos”. Y por lo tanto no son Influidos por
invocaciones o acto alguno de brujería, salvo en la medida en que hayan firmado un pacto
con una bruja. De esto habla Isaías, (xxvm): “Concierto tenemos hecho con la muerte, e
hicimos acuerdo con la sepultura”. Y de tal modo explica el pasaje de Job, xvi: “¿Sacarás tú
al Leviatán con el anzuelo?”, y las palabras que siguen. Porque dice: si se considera con
corrección todo lo que se dijo antes, parecerá que corresponde a la presunción herética de
los nigrománticos cuando alguien intenta un convenio con los demonios, o someterlos de
alguna otra manera a su voluntad.

Después de demostrar, entonces, que un hombre no puede superar al demonio por su
propio poder, termina diciendo: pon tu mano sobre él, pero entiende que, si posees algún
poder, todavía es dominado por la virtud Divina. Y agrega: recuerda la batalla que entablo
contra él; es decir, poniendo el presente en lugar del futuro, lucharé contra él en la Cruz,
donde el leviatán será atrapado con un anzuelo, es decir, por la divinidad oculta bajo el
cebo de la humanidad, ya que pensará que nuestro Salvador es sólo un hombre. Y después
dice: no hay poder en la tierra que se le compare; por lo cual se entiende que ningún poder
físico puede igualar al poder del demonio, que es puramente espiritual. Así dice Santo
Tomás.

Pero un hombre poseído por un demonio puede ser aliviado de modo indirecto por el
poder de la música, como Saúl por el arpa de David, o de una hierba, o de cualquier otra
sustancia corpórea que contenga alguna virtud natural. Y por lo tanto pueden usarse esos
remedios, como es posible argumentar por medio de la autoridad y de la razón. Porque
Santo Tomás, XXVI, 7, dice que pueden usarse piedras y hierbas para el alivio de un
hombre poseído por el demonio. Y están las palabras de San Jerónimo.

Y en cuanto al pasaje de Tobías, donde un ángel dice: luego de tocar el corazón y el hígado
(que se sacaron de un pez), si un demonio o un espíritu maligno molestan a alguien,
debemos hacer con ellos un humo delante del hombre o la mujer, y ya no serán molestados:
Santo Tomás dice: “No debemos asombrarnos de esto, porque el huno de cierto árbol,
cuando es quemado, parece poseer la misma virtud, como si tuviese cierto sentido
espiritual, o poder de oración espiritual para el futuro”.

De la misma -opinión son el Beato Alberto, en su comentario de San Lucas, ix, y Nicolás de
Lira y Pablo de Burgos, sobre I Samuel, xvi. El homilista nombrado en último lugar llega a
la siguiente conclusión: que debe admitirse que los poseídos por un demonio, no sólo
pueden ser aliviados, sino liberados por completo, por medio de cosas materiales,
entendiendo que en este último caso no son molestados en exceso. Y lo demuestra
razonando como sigue: los demonios. No pueden modificar la materia corporal a voluntad,
sino sólo mediante la conjunción de agentes activos y pasivos complementarios, como dice
Nicolás. De la misma manera, un objeto material puede provocar en el cuerpo humano una
disposición que lo vuelva susceptible a las acciones del demonio. Por ejemplo, según los
médicos, la manía predispone a un hombre, en gran medida, a la demencia, y por
consiguiente, a la obsesión demoníaca. Por ende, si en tal caso se elimina el agente pasivo
de predisposición, se seguirá que quedará curada la afección activa del demonio.

Bajo esta luz podemos considerar el hígado de pescado; y la música de David, por la cual
Saúl fue al comienzo aliviado, y luego liberado por entero del espíritu maligno. Porque
dice: “Y el mal espíritu se alejó de él”. Pero no concuerda con el significado de las Escrituras
decir que esto se hizo por los méritos u oraciones de David; porque las Escrituras nada
dicen al respecto, en tanto que habrían hablado muy en su alabanza, si así hubiese sido.
Este razonamiento lo tomamos de Pablo de Burgos. También está la razón que vimos en la
Primera Parte: que Saúl fue liberado porque el arpa prefiguraba la virtud de la Cruz en
que estaban clavados los Sagrados Miembros del Cuerpo de Cristo. Y allí se escriben más
cosas que pueden ser consideradas con esta investigación. Pero sólo terminaremos diciendo
que no es supersticioso el empleo de cosas materiales en exorcismos lícitos. Y ahora
hablemos de los propios exorcismos.

REMEDIOS PRESCRITOS, A SABER: LOS EXORCISMOS LICITOS DE LA IGLESIA
PARA TODA CLASE DE ENFERMEDADES Y DOLENCIAS DEBIDAS A LA
BRUJERÍA; Y EL MÉTODO DE EXORCIZAR A QUIENES ESTÁN EMBRUJADOS

Ya se dijo que las brujas pueden afectar a los hombres con todo tipo de enfermedades
físicas; por lo tanto puede entenderse como regla general que los diversos remedios
verbales o prácticos aplicables en el caso de las enfermedades que acabamos de estudiar
son también aplicables para todas las otras, tales como la epilepsia o la lepra. Y como los
exorcismos legales se cuentan entre dos remedios verbales, y muy a menudo han sido
considerados por nosotros, puede vérselos como un tipo general de esos remedios; y hay
tres asuntos que deben considerarse respecto de ellos.

Primero, debemos juzgar si una persona que no ha sido ordenada como exorcista, como por
ejemplo un lego o un clérigo secular, puede lícitamente exorcizar a los demonios y sus
obras. Unidos a este interrogante hay otros tres: a saber, primero, qué constituye la
legalidad de esta práctica; segundo, las siete condiciones que deben observarse cuando se
desea hacer uso personal de encantamientos y bendiciones; y tercero, cómo se debe
exorcizar la enfermedad y conjurar al demonio. Segundo, debemos considerar qué es
preciso hacer cuando el exorcismo no produce una gracia curativa. Tercero, es preciso
estudiar los remedios prácticos y no verbales, junto con la solución de ciertos argumentos.

En cuanto a lo primero, tenemos la opinión de Santo Tomás en el Libro IV, dist. 23. Dice:
cuando un hombre es ordenado como exorcista o en cualquier otra de las órdenes menores,
se le confiere el poder de exorcismo en su condición oficial; y este poder puede ser usado
lícitamente, inclusive por quienes no pertenecen a una orden, pero no lo ejercen en
condiciones oficiales. De mismo modo, la misa puede decirse una casa no consagrada,
aunque el propósito de consagrar u iglesia es que la misa se diga allí; pero esto se debe más
la gracia que existe en los rectos, que a la gracia del Sacramentos

De estas palabras podemos extraer la conclusión de q aunque es bueno que en la liberación
de una persona embrujada se recurra a un exorcista autorizado a exorcizar esos
encantamientos, en otras ocasiones, otras personas devotas, con o sin exorcismos, pueden
eliminar ese tipo de enfermedades.

Pues oímos hablar de cierta virgen pobre y muy devota uno de cuyos amigos fue
gravemente embrujado en su pie, modo que a los médicos les resultó claro que ninguna
medie’ podría curarlo. Pero ocurrió que la virgen fue a visitar al enfermo, y éste le pidió en
seguida que aplicase alguna bendición a su pie. Ella consintió, y no hizo otra cosa que
pronunciar e silencio la Oración del Señor y el Credo de los Apóstoles, a vez que utilizaba
el signo de la Cruz, dador de vida. Entone el enfermo se sintió curado en el acto, y para
contar con remedio para el futuro, preguntó a la virgen qué hechizos había causado. Pero
ella, respondió: “Eres de poca fe, y no te atienes a las santas y lícitas prácticas de la iglesia, y
a menuda aplicas encantos y remedios prohibidos a tus enfermedades; e consecuencia,
pocas veces tienes salud en tu cuerpo, porque siempre estás enfermo del alma. Pero si
depositaras tu confianza en la oración y en la eficacia de los símbolos lícitos, a menudo te
curarías con suma facilidad. Porque yo no hice más que repetir la Oración del Señor y el
Credo de los Apóstoles, y ahora estás curado”.
Los ejemplos plantean la duda de si no existe ninguna eficacia en otras bendiciones y
encantamientos, y aun en conjuraciones por medio de exorcismos, pues en este relato
parecen condenados. Contestamos que la virgen sólo condenó 1 encantamientos ilícitos y
las conjuraciones y exorcismos ilegales

Para entender esto último debemos considerar cómo originaron, y cómo se llegó a abusar
de ellos. Pues en su orige eran sagrados, pero así como por medio del demonio y los
hombres malignos todas las cosas pueden ser mancilladas, así también ocurrió con estas
palabras sagradas. Porque en el últim capítulo de San Marcos se dice acerca de los
Apóstoles y san ; tos varones: en Mi Nombre expulsarán a los demonios; y vi sitaron a los
enfermos y rezaron sobre ellos las palabras sagra das; y en tiempos posteriores los
sacerdotes usaban ritos parecidos, en forma devota; por lo cual hoy pueden encontrarse, en
iglesias antiguas, oraciones devotas y exorcismos sagrados que los hombres pueden usar o
sufrir, cuando se los aplica por hombres piadosos, tal como antes solía hacerse, sin

supersticiones; tal como ahora, existen hombres sabios y Doctores de la Teología sagrada,
que visitan a los enfermos y usan esas palabras pes, la .ación, no sólo de los demoniacos,
sino también de otras enfermedades.

Mas, ¡ay!, los hombres supersticiosos, al igual que éstos, han encontrado muchos remedios
vanos e ilícitos que en estos días emplean para hombres y animales enfermos; y e1 clero se
ha vuelto demasiado perezoso para seguir usando las palabras licitas, cuando visita a los
enfermos. En este aspecto, Guillermo Duranti, el comentarista de San Raimundo, dice que
esos exorcismos legales pueden ser usados por un sacerdote religioso y discreto, o por un
lego, o aun por una mujer de buena vida y discreción probada; o por el ofrecimiento de
oraciones licitas a los enfermos. Pues el Evangelio dice: colocarán sus manos sobre los
enfermos, etc. Y a esas personas no se les debe impedir que practiquen de tal manera; salvo,
tal vez, que se tema que, siguiendo su ejemplo, otras personas indiscretas y supersticiosas
puedan hacer un uso inadecuado de los encantamientos. A estos adivinos supersticiosos
condenó la virgen que mencionamos, cuando„ dijo que quienes los consultaban tenía una fe
débil, es decir, mala.
Ahora bien, para .la aclaración de este asunto se pregunta cómo es posible saber si las
palabras de esos encantamientos y bendiciones son lícitas o supersticiosas, y cómo debe
utilizárselas, y si el demonio puede ser conjurado y exorcizadas las enfermedades.

En primer lugar, en la religión cristiana se dice que es lícito lo que no es supersticioso; y se
dice que es supersticioso lo que se encuentra por encima de la forma prescrita de religión
(Véase Colosenses) cosas que en verdad tienen apariencia de sabiduría en la superstición;
acerca de lo cual la glosa dice: la superstición es religión indisciplinada, o sea, religión
observada con métodos defectuosos y en circunstancias malignas.

Además, es superstición todo lo que la tradición humana, sin autoridad superior, ha hecho
para usurpar el nombre de religión, como la interpolación de himnos en la Santa Misa, la
alteración del Prefacio de los Réquiems, la abreviación del Credo que se debe entonar en la
misa, el confiar en un órgano antes que en el coro para la música, el olvido de la presencia
de un Servidor en el Altar, y otras prácticas por el estilo. Pero para volver a nuestro punto,
cuando una obra se hace en virtud de la bendición cristiana, como cuando alguien desea
curar al enfermo por medio de oraciones y bendiciones y palabras sagradas (que es lo que
estamos considerando), esa persona debe observar siete condiciones gracias a las cuales
tales bendiciones resultan lícitas. Y aunque utilice adjuraciones, por intermedio de la virtud
del Divino Nombre, y por la virtud de las obras de Cristo, Su Natividad, Pasión y Preciosa
Muerte, con las cuales el demonio fue dominado y expulsado, tales bendiciones y
encantamientos y exorcismos se considerarán lícitos, y quienes los practican son exorcistas

o encantadores legales. Véase en San Isidoro, Etim. VIII, los encantadores cuyo arte y
destreza reside en el uso de palabras.
Y la primera de estas condiciones, como sabemos por Santo Tomás, es que nada debe haber
en las palabras que insinúe una invocación expresa o tácita de los demonios. Si existiera, no
cabe duda de que sería ilícita. Si fuera tácita, podría considerársela a la luz de la intención, o
a la del hecho; en la de la intención, cuando quien actúa no se preocupa de si quien lo
ayuda es Dios o el demonio, siempre que logre su resultado deseado; en la del hecho,
cuando una persona no tiene aptitud natural para ese trabajo, pero crea algún medio
artificial, y de éstos no sólo deben ser jueces los médicos y los astrónomos, sino en especial
los Teólogos. Porque de esa manera trabajan los nigromantes, fabricando imágenes y anillos

y piedras por medios artificiales, que carecen de virtudes naturales para lograr los
resultados que a menudo esperan, por lo cual el demonio debe ocuparse de sus obras.

Segundo, -las bendiciones o encantamientos no deben contener nombres desconocidos,
porque según San Juan Crisóstomo, éstos tienen que ser considerados con temor, no sea
que oculten alguna materia de superstición.

Tercero, no tiene que haber en las palabras nada que no sea cierto, pues si lo hay, su efecto
no puede provenir de Dios, Quien no es testigo de una mentira. Pero en sus encantamientos
algunas ancianas usan coplillas como la que sigue: Santa MARÍA fue a pasear por el río
Jordán. Esteban la encontró y se pusieron a conversar, etcétera.
Cuarto, no debe haber vanidades, ni caracteres escritos, aparte de la Señal de la Cruz. Por lo
tanto quedan condenados los talismanes que los soldados suelen llevar.

Quinto, no debe ponerse fe en el método de escribir o leer o atar el amuleto en torno de una
persona, o de cualquiera de esas vanidades, que nada tiene que ver con la reverencia a Dios,
sin la cual e1 encantamiento es por completo supersticioso.

Sexto, al citar y pronunciar las Palabras Divinas y de las Sagradas Escrituras, sólo debe
prestarse atención a las propias palabras sagradas y a su significado, y a la reverencia a
Dios, ya sea que el efecto se busque en la Virtud Divina, o de las reliquias de los santos, que
son un poder secundario, dado que su virtud surge primitivamente de Dios.

Séptimo, el efecto buscado debe quedar en manos de la Voluntad Divina, pues É1 sabe si es
mejor que un hombre se cure o siga enfermo, o muera. Esta condición fue establecida por
Santo Tomás. De modo que podemos llegar a la conclusión de que si no se viola ninguna de
estas condiciones, el encantamiento será licito. Y Santo Tomás escribe en este sentido, sobre
el último capítulo de San Marcos: “Y estas señales seguirán a los que creyeren; en mi
nombre echarán fuera demonios; quitarán serpientes°. De ello resulta claro que, si se
observan las condiciones precedentes, es legal mantener alejadas a las serpientes por medio
de las palabras sagradas.

Santo Tomás dice luego: las palabras de Dios no son menos santas que las Reliquias de los
Santos. Como dice San Agustín: la palabra de Dios no es menos que el Cuerpo de Cristo.
Pero todos convienen en que es legal llevar encima, con reverencia, las Reliquias de los
Santos. En consecuencia, invoquemos por todos los medios el nombre de Dios mediante el
debido uso de la Oración del Señor y la Salutación Angélica, con Su Nacimiento y Pasión,
Sus Cinco Heridas y las Siete Palabras que pronunció en la Cruz, la Inscripción triunfante,
los tres clavos y las otras armas del ejército de Cristo contra el demonio y sus obras. Con
todos estos medios es licito trabajar, y debemos depositar nuestra confianza en ellos, y dejar
el resultado a la voluntad de Dios.

Y lo que se dijo sobre alejar a las serpientes rige también para otros animales, siempre que
la atención se fije sólo en las palabras sagradas y en la Virtud Divina. Pero debe usarse gran
cuidado en encantamientos de esta naturaleza. Porque Santo Tomás dice: esos adivinadores
utilizan a menudo observancias ilícitas, y obtienen efectos mágicos por medio del demonio,
en especial en el caso de la serpiente, porque ésta fue el primer instrumento del diablo, con
el cual engañó a la humanidad.

Pues en la ciudad de Salzburgo existía cierta imagen que un día, a la vista de todos, quiso
encantar a todas las serpientes de determinado pozo, y matarlas a todas en un kilómetro a
la redonda. Así que reunió a todas las semientes, y él mismo se encontraba sobre el pozo,
cuando por último llegó una enorme y horrible serpiente que no quiso entrar en el hoyo.
Esta serpiente hacia señales al hombre, de que la dejase ir y arrastrarse a donde quisiera,
pero él no cesó en sus encantamientos, e insistió en que, como todas las demás serpientes
habían entrado en el pozo y muerto allí, lo mismo debía hacer esa horrible serpiente. Pero
ésta se encontraba en el lado opuesto del hechicero, y de pronto saltó sobre el pozo, y cayó
encima del hombre, y se le enroscó en el vientre, y lo arrastró consigo al hoyo, donde ambos
murieron. De esto puede verse que sólo con un fin útil, tal como el de alejarlas de las casas
de los hombres, pueden practicarse esos encantamientos, y se los debe hacer con la Virtud
Divina, en temor a Dios y con reverencia.

En segundo lugar debemos considerar cómo es preciso emplear los exorcismos o
encantamientos de este tipo, y si se los debe usar en torno del cuello o cosidos a las ropas.
Podría parecer que tales prácticas son ilegales, pues San Agustín, en el Segundo libro de la
doctrina cristiana: “Existen mil recursos mágicos y amuletos y talismanes que son todos
supersticiosos, y la Escuela de Medicina los condena a todos, ya se trate de encantamientos,

o de ciertas marcas que se denominan caracteres, o amuletos grabados para ser llevados en
torno del cuello”.
Y también San Juan Crisóstomo, al comentar San Mateo, dice: algunas personas usan
alrededor del cuello una porción escrita del Evangelio. ¿Pero acaso el Evangelio no se lee
todos los días en la iglesia, y no lo escuchan todos? ¿De qué ayuda le será entonces a un
hombre el usar el Evangelio al cuello, cuando no obtuvo beneficios de escucharlo con los
oídos? ¿Pues en qué consiste la virtud del Evangelio: en los caracteres de sus letras o en el
significado de sus palabras? Si en los caracteres, hacen bien en colgarlos del cuello; pero si
en el significado, sin duda es más beneficioso cuando se implanta en el corazón que cuando
se usa en tornó del cuello.

Pero por otro lado, los Doctores responden como sigue, en especial Santo Tomás, cuando
pregunta si es ilícito colgar palabras sagradas del cuello. Su opinión es que en todos los
talismanes y escritos así usados hay que evitar dos cosas.

Primero, en lo escrito no debe haber nada que huela a invocación de los demonios, porque
entonces es manifiestamente supersticioso e ilícito, y debe ser considerado como una
apostasía de la fe, como ya se dijo muchas veces.

Del mismo modo, en consonancia con las siete condiciones precedentes, no debe contener
nombres desconocidos. Pero si se evitan estas dos trampas, es legal colocar esos amuletos
en los labios del enfermo, y que éste los lleve consigo. Pero los Doctores condenan su uso en
un sentido, a saber, cuando un hombre presta mayor atención a los simples signos de las
letras escritas, que a su significado, y tiene más confianza en ellos.

Puede decirse que un lego que no entiende las palabras no puede prestar atención a su
significado. Pero basta con que ese hombre fije sus pensamientos en la Virtud Divina, y deje
que ésta haga lo que parezca bien a Su Merced.

En tercer lugar, debemos considerar si es preciso conjurar al demonio y exorcizar la
enfermedad al mismo tiempo, o si habrá que observar un orden diferente, o si una de estas

operaciones puede efectuarse sin la otra. Hay varios puntos que considerar. Primero, si el
diablo está siempre presente cuando el enfermo se encuentra aquejado. Segundo, qué tipo
de cosas son capaces de ser exorcizadas o remediadas. Tercero, el método de exorcismo.
En cuanto al primer punto, parecería, según el pronunciamiento de San Juan Damasceno;
que el diablo está donde actúa, que el demonio se encuentra siempre presente en el
enfermo, cuando lo ataca. Además, en la historia de San Bartolomé, parece que un hombre
sólo se libera del demonio cuando se cura de su enfermedad. Pero esto puede contestarse
como sigue. Cuando se dice que el demonio está presente en un enfermo, ello puede
entenderse de dos maneras: bien que está presente en persona, o que se encuentra presente
en el efecto que causó. En el primer sentido, está presente cuando provoca la enfermedad;
en el segundo, se dice que está presente, no en persona, sino en el efecto. De esta manera,
cuando los Doctores preguntan si el demonio habita en esencia al hombre que comete
pecado mortal, dicen que no está presente en persona, sino sólo en efecto; tal como se
afirma que un amo mora en sus criados, en el respeto a su autoridad. Pero el caso es muy
distinto en los hombres poseídos por un demonio.

Para el segundo punto, en cuanto a los tipos de cosas que pueden exorcizarse, debe
señalarse la opinión de Santo Tomás, Libro IV, dist. 6, donde dice que, debido al pecado del
hombre, el demonio recibe poder sobre éste, y sobre todo lo que usa para herirlo con ello; y
como no puede haber conciliación entre Cristo y Belial, entonces, cuando algo debe ser
santificado para el culto Divino, primero se lo exorciza, de modo que se lo pueda consagrar
a Dios libre del demonio, por el cual se lo podría utilizar para dañar a los hombres. Esto se
muestra en la bendición del agua, la consagración de una iglesia, y en todos los asuntos de
esta clase, En consecuencia, ya que el primer acto de reconciliación por medio del cual un
hombre es consagrado a Dios desde el bautismo, resulta necesario que el hombre sea
exorcizado, antes de bautizarlo; por cierto que en esta circunstancia es más imperativo que
en cualquier otra. Pues en el hombre mismo reside la causa en razón de la cual el demonio
recibe su poder en otros asuntos creados por el hombre, a saber, el pecado, original o actual.
Este es, pues, el significado de las palabras que se usan en el, exorcismo, como cuando se
dice: “Vade retro, Satanás”, y lo mismo acerca de las cosas que entonces se hacen.

Para volver, pues, al asunto que nos ocupa. Cuando se pregunta, si la enfermedad debe ser
exorcizada y el demonio adjurado, y cuál de las dos cosas tiene que hacerse primero, se
responde que no se exorciza la enfermedad, sino al hombre enfermo y embrujado, tal como
en el caso de un niño lo que se exorciza no es la infección del fomes, sino al niño mismo.
Además, tal como el niño se exorciza primero, y luego se ordena al demonio que se vaya,
así primero se exorciza a la persona embrujada, y después se ordena que desaparezcan el
demonio y sus obras.

Una vez más, así como se exorcizan la sal y el agua, así también se hace con todas las cosas
que puede usar el enfermo, de modo que es conveniente exorcizar y bendecir ante todo sus
alimentos y bebidas. En el caso del bautismo se observa la siguiente ceremonia de
exorcismo: la exuflación hacia el oeste, y la. renuncia al demonio; segundo, la elevación de
las manos, con solemne confesión de la fe de la religión cristiana; tercero, oración, bendición
e imposición de las manos; cuarto, desnudamiento y unción con los Santos óleos; y después
del bautismo, la comunión y la colocación de la bata. Pero todo esto no es necesario en el
exorcismo del hechizado, sino que primero debe hacer una buena confesión, y si es posible,
sostener un cirio encendido y recibir la Sagrada Comunión; y en lugar de ponerse una bata
debe permanecer desnudo, unido a un Santo Cirio del largo del cuerpo de Cristo o de la
Cruz. Y puede decirse lo siguiente:

Te exorcizo, Pedro, o a ti, Bárbara, que eres débil pero renacido en el Santo Bautismo, por el
Dios vivo, por el Dios ver Dios que te redimió con Su Preciosa. Sangre, que puedas ser
exorcizado, que todas las ilusiones y maldades de los engaños del demonio puedan alejarse
y huir de ti con todos los espíritus impuros, adjurados por Aquel que vendrá a juzgar a los
vivos y a los muertos, y que purgará la tierra con el fuego. Amén. Oremos.

Oh Dios de merced y piedad, Quien según Tu tierna y amante bondad castigas a aquellos a
quienes amas, y empujas con dulzura a aquellos a quienes recibes a volcar su corazón, te
invocamos, oh Señor, para que quieras dignarte conceder Tu gracia a Tu servidor que sufre
de una debilidad de los miembros de su cuerpo, porque todo lo que sea corrompido por la
fragilidad terrena, todo lo violado por los engaños del demonio, pueda encontrar su
redención en .la, unidad del cuerpo de la iglesia. Ten piedad, Oh Señor, de sus gemidos, ten
piedad de sus lágrimas; y como él deposita sólo su confianza en Tu merced, recíbelo en el
sacramento de Tu reconciliación, por medio de Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

Por lo tanto, demonio maldito, escucha tu condena y honra al Dios verdadero y vivo, honra
al Señor Jesucristo, y véte con tus obras de este servidor a quien Nuestro Señor Jesucristo
redimió con su Preciosa Sangre.

Y que luego exorcice por segunda y tercera vez, con las oraciones precedentes. Oremos.

Dios, que piadosamente gobiernas todas las cosas que hiciste, inclina Tu oído a nuestras
oraciones y mira con piedad a Tu servidor que sufre bajo la enfermedad del cuerpo; visítalo
y concédele Tu salvación y la virtud curativa de Tu gracia celestial, por medio de Cristo
Nuestro Señor. Amén. Por lo tanto, demonio maldito, etcétera.

La oración para el tercer exorcismo.

Oh Dios, sola protección de la fragilidad humana, muestra la potente fuerza de Tu enorme
ayuda a nuestro hermano enfermo (o hermana) para que, ayudado (ayudada) por Tu
merced, sea digno de entrar en Tu Santa Iglesia en seguridad, por medio de Cristo Nuestro
Señor. Amén.
Y que el exorcista lo asperje continuamente con Agua Bendita, Y adviértase que este
método se recomienda, no porque deba observárselo con rigidez, o que otros exorcismos no
sean de mayor eficacia, sino para que exista algún sistema regular de exorcismo y
adjuración. Pues en las viejas historias y libros de la iglesia se encuentran a veces
exorcismos más devotos y poderosos; pero como ante toda las cosas es necesaria la
reverencia a Dios, que cada uno proceda, en este asunto, como mejor le parezca.

En conclusión, y para mayor claridad, podemos recomendar esta forma de exorcismo para
una persona hechizada. Que primero haga un buena confesión (según el Canon tantas
veces citado: si por sortilegio, etc.). Que luego se efectúe una búsqueda diligente en todos
los rincones, y en las camas y colchones, y debajo del umbral de la puerta, por si se
encuentra algún instrumento de brujería. Los cuerpos de los animales muertos por
maleficio deben ser quemados en el acto. Y es conveniente que se renueven todas las ropas
de cama y vestimentas, e inclusive que cambie de casa y de morada. Pero si nada se
encuentra, quien debe ser exorcizado tendría que ir a la iglesia, si es posible, por la mañana,
en especial en los días santos, tales como las fiestas de Nuestra Señora, o en alguna vigilia; y
mejor si el sacerdote también se ha confesado y se encuentra en estado de gracia, porque
más fuerte será entonces. Y que quien debe ser exorcizado sostenga en la mano un Santo

Cirio tan bien como pueda, ya sea sentado o de hinojos; y que los presentes ofrezcan
devotas oraciones por su liberación. Y que él comience la Letanía en “Nuestra ayuda está en
el nombre del Señor”, y se designe a alguien que dé las respuestas; que lo salpique con
Agua Bendita, y le coloque una estola en torno al cuello, y recite el Salmo “Apresúrate, oh
Dios, a liberarme”; y que continúe con la Letanía para los Enfermos, diciendo en la
Invocación de los Santos, “Ora por él y favorécelo; líbralo, oh Dios”, y así continúe hasta el
final. Pero cuando hay que decir oraciones, entonces, en lugar de éstas, que comience con el
exorcismo, y continúe en la forma que hemos declarado, o en cualquier otra mejor, como le
parezca. Y este tipo dé exorcismo puede continuarse por lo menos tres veces por semana,
para que gracias a muchas intercesiones se obtenga la gracia de la salud.

Por último debe recibir el Sacramento de la Eucaristía, aunque algunos crean que esto debe
hacerse antes del exorcismo. Y en su confesión, el confesor debe preguntar si se encuentra
bajo alguna pena de excomunión, y en ese caso, si por irreflexión omitió obtener la
absolución de su juez; pues entonces, aunque a su discreción pueda absolverlo, cuando
haya recuperado la salud también debe pedir la absolución al juez que lo excomulgó.

Debe señalarse, asimismo, que cuando el exorcista no está ordenado en la Orden de los
exorcistas, puede proceder con oraciones; y si puede, que lea los comienzos de los cuatro
Evangelios de los Evangelistas, y el Evangelio que comienza “Fue enviado un ángel”, y la,
Pasión de Nuestro Señor, todo lo cual posee gran poder para expulsar las obras del
demonio. Además, que se escriba el Evangelio de San Juan, “al principio fue el Verbo’, y
colgado en torno del cuello del enfermo, y que la gracia de la curación se busque en Dios.

Pero si alguien pregunta cuál es la diferencia entre la aspersión de Agua Bendita y el
exorcismo, ya que ambos se ordenan contra los ataques del demonio, la respuesta la da
Santo Tomás, quien dice: el demonio nos ataca por fuera y por dentro. Por lo tanto se
ordena el Agua Bendita contra sus ataques desde afuera, pero el exorcismo contra los de
adentro. Por tal motivo, aquellos para quienes es necesario el exorcismo se denominan
Energoumenol, de En, que significa en, y Ergon, que significa Obra, ya que trabajan dentro
de si. Pero para exorcizar a una persona embrujada deben usarse los dos métodos, pues se
encuentra atormentada por dentro y por fuera.
Nuestra segunda consideración principal es lo que debe hacerse cuando el exorcismo no
produce una gracia curativa. Ahora bien, esto puede ocurrir por seis razones; y existe una
séptima acerca de la cual debemos suspender cualquier juicio definitivo. Porque cuando
una persona no se cura, se debe a falta de fe en los espectadores o en quienes presentan al
enfermo, o a los pecados de quienes sufren del embrujo, o a un olvido de los debidos y
adecuados remedios, o a algún defecto en la fe del exorcista, o a la falta de una mayor
confianza en los poderes de otro exorcista, o a la necesidad de purificación y de mayores
méritos de la persona embrujada.

Acerca de los cuatro primeros, el Evangelio nos enseña en el incidente del hijo único de su
padre, que era un lunático, y de los discípulos de Cristo allí presentes (San Mateo, xvii y
San Marcos, ix). Porque en primer lugar, Él dijo que la multitud carecía de fe, ante lo cual el
padre le rogó,. diciendo: “Señor, yo creo, ayuda a mi incredulidad”. Y JESÚS dijo a la
multitud: “Oh generación infiel y perversa, ¿cuánto tiempo estaré con vosotros?”.

Segundo, con relación a aquel que soportó al demonio, JESUS lo censuró, es decir, el hijo;
pues como dice San Jerónimo, fue atormentado por el demonio a causa de sus pecados.

Tercero, esto ilustra la omisión de los remedios correctos, porque al principio no estaban
presentes hombres buenos y perfectos. Porque San Juan Crisóstomo dice: las columnas de
la fe, es decir, Pedro y Santiago y Juan, no se hallaban presentes, pues estaban en la
Trasfiguración de Cristo; ni hubo rezos y ayuno, sin los cuales Cristo dijo que ese tipo de
demonio no se va. Por lo tanto Orígenes, al escribir acerca de este pasaje, dice: “Si en algún
momento un hombre no es curado después de la oración, no nos asombremos ni hagamos
preguntas, ni hablemos, como si el espíritu impuro nos escuchara, sino expulsemos
nuestros malos espíritus por medio de la oración y el ayuno”. Y la glosa dice: este tipo de
demonio; es decir, -la variabilidad de los deseos carnales inducidos por ese espíritu, sólo es
vencido por el fortalecimiento del alma con la oración, y por el sometimiento de la carne
con el ayuno.

Cuarto, el defecto de la fe del exorcista está ejemplificado en los discípulos de Cristo que se
hallaban presentes. Porque cuando después le preguntaron en privado por la. causa de su
fracaso, É1 respondió: “Debido a vuestra incredulidad; pues en verdad os digo, si tenéis fe
del tamaño de un grano de mostaza diréis a esta montaña, apártate de aquí”, etc. Y San
Hilario dice: “En verdad, los Apóstoles creían, pero todavía no eran perfectos en la fe, pues
mientras el Señor se encontraba en la montaña con los otros tres y ellos se quedaron con la
multitud, su fe se entibió”.

La quinta razón se ejemplifica en las Vidas de los Padres, donde leemos que ciertas
personas posesas no pudieron ser libradas por San Antonio, sino que lo fueron por su
discípulo Pablo.
Ya se aclaró la sexta razón, pues no siempre, cuando un hombre es librado del pecado,
queda también libre del castigo, pues a veces la penalidad persiste como castigo y expiación
del pecado anterior.

Pero hay otro remedio por el cual ;se dice que muchos fueron librados, a saber, la
confirmación de los embrujados; pero este es un asunto acerca del cual, como dijimos, no
podemos efectuar un pronunciamiento definitivo. Sin embargo, es muy cierto que cuando
una persona no fue exorcizada debidamente antes del bautismo, el demonio, con permiso
de Dios, siempre tiene más poder contra esa persona. Y se muestra con claridad, y sin
ninguna duda, en lo que se ha escrito, a saber, que sacerdotes mal instruidos cometen
muchas negligencias (en cuyo caso corresponde al cuarto de los impedimentos antes
citados, a saber, un defecto del exorcista), o por algunas ancianas que no observan el
método correcto de bautismo en el momento necesario.

Pero Dios no quiera que yo afirme que los Sacramentos no pueden ser administrados por
hombres malvados, o que cuando el bautismo lo ejecuta un hombre maligno no es válido,
siempre que observe las formas y palabras adecuadas. De la misma manera, que en el
exorcismo se comporte con el debido cuidado, sin timidez y sin audacia. Y que nadie se
entrometa en esos sagrados oficios, por omisión accidental o habitual de cualesquiera
formas o palabras necesarias; pues hay cuatro asuntos que deben observarse en la correcta
ejecución del exorcismo, o sea: la materia, la forma, la intención y el orden, como los
establecimos más arriba, y cuando falta uno, no puede ser completo.

Y no es válido objetar que en la iglesia primitiva las personas eran bautizadas sin
exorcismo, porque en ese caso San Gregorio habría instituido el exorcismo en vano, y la
iglesia erraría en sus ceremonias. Por lo tanto no me he atrevido a condenar del todo la

confirmación en ciertas condiciones, de personas embrujadas, para que recuperen lo que al
comienzo se omítió.

También se dice, de quienes caminan en su sueño, durante la noche, sobre altos edificios,
sin sufrir daños, que lo que así los conduce es la obra de los malos espíritus; y muchos
afirman que cuando estas personas se confirman resultan muy beneficiadas. Y es
maravilloso que, cuando se las llama por su nombre, caen de pronto al suelo, como si ese
nombre no les hubiese sido dado en forma correcta en el momento de su bautismo.

Que el lector preste atención a los seis impedimentos mencionados más arriba, aunque se
refieren a los energoumenoi, u hombres poseídos, antes que a los embrujados; porque si
bien se requiere igual virtud en ambos casos, puede decirse que es más difícil curar a una
persona embrujada que a una poseída. Por lo cual dichos impedimentos rigen de manera
más pertinente aun en el caso de los embrujados, como lo prueba el siguiente
razonamiento.

En esta Segunda Parte se mostró que algunos hombres son poseídos a veces por un pecado
que no les es propio, sino por el pecado venial de otros hombres, y por varias otras causas.
Pero en la brujería, cuando los adultos son hechizados, en general les ocurre que el
demonio los posee gravemente por dentro, para la destrucción de su alma. Por lo tanto, el
trabajo requerido en el caso de los embrujados es doble, en tanto que es uno solo en lo que
se refiere a los posesos. Acerca de esta horrenda posesión habla Juan Casiano en su
Colación del abate Sereno: en verdad deben ser considerados desdichados y tristes quienes,
aunque se manchan con todos los
delitos y Maldades, no muestran señales exteriores de estar henchidos por el demonio, ni
parece existir una tentación concorde con sus hechos, ni un castigo bastante para frenarlos.
Pues ni siquiera merecen la medicina curativa del purgatorio, ya que en la dureza de su
corazón y en su impenitencia están más allá del alcance de toda corrección terrena, y
acumulan sobre sí cólera y venganza en el día de la ira y la revelación del Juicio Final, en
que sus gusanos no morirán.

Y un poco antes, comparando la posesión del cuerpo con la atadura del alma y el pecado,
dice: mucho más horrendo y violento es el tormento de quienes no muestran señales de ser
poseídos físicamente por los demonios, mas son terriblemente poseídos en su alma, atados
por sus pecados y vicios. Porque según el Apóstol, un hombre se vuelve esclavo de aquel
que lo conquista. Y en ese sentido, su caso es el más desesperado, ya que son los servidores
de los demonios, y no pueden resistir ni tolerar ese dominio. Resulta claro, entonces, que
los más difíciles de curar no son los poseídos por el demonio desde afuera, sino los
embrujados en el cuerpo y poseídos desde adentro, para perdición de su alma, y ello
debido a muchos impedimentos.

Nuestra tercera consideración principal es la de los talismanes curativos, y debe señalarse
que son de dos clases. O bien son lícitos y libres de sospecha, o se debe sospechar de ellos si
no son del todo legales. Ya tratamos de los primeros, cuando eliminamos la duda en cuanto
a la legalidad del empleo de hierbas y piedras para expulsar un maleficio.

Ahora debemos tratar de los segundos, sospechosos de no ser del todo lícitos, y llamar la
atención hacia lo que se dijo en la Segunda Parte de esta obra, en cuanto a los cuatro
remedios, de los cuales tres se consideran ilegales, y el cuarto no del todo, pero vano, pues
es aquello de lo cual los Canonistas dicen que es legal oponer la vanidad a la vanidad. Pero

los Inquisidores tenemos la misma opinión que los Santos Doctores, en el sentido de que,
cuando, debido a los seis o siete impedimentos detallados, no son suficientes los remedios
de las palabras sagradas y el exorcismo legal, quienes así están embrujados deben ser
exhortados a soportar con espíritu paciente los males de la vida actual, en púrgación de sus
crímenes, y no buscar de ninguna otra manera, remedios supersticiosos y vanos. Por lo
tanto, si alguien no se conforma con los precedentes exorcismos lícitos, y desea recurrir a
remedios que cuando menos son vanos, y de los que ya hablamos, que sepa que no lo hace
con nuestro consentimiento o permiso. Pero el motivo de que hayamos explicado y
detallado con tanto cuidado esos remedios es el de lograr cierta especie de acuerdo entre las
opiniones de Doctores tales como Duns Escoto y Enrique de Segusio, por un lado, y las de
los otros Teólogos, por el otro. Pero convenimos con San Agustín en su Sermón contra los
adivinadores, que se llama Sermón sobre los augurios, donde dice: “Hermanos, ustedes
saben que a menudo les rogué que no siguieran las costumbres de los paganos y hechiceros,
pero ello produjo poco efecto en algunos de ustedes. Y sin embargo, si no les hablo, seré el
responsable por ustedes en el Día del Juicio, y ustedes y yo deberemos sufrir eterna
condena. Por lo tanto, me absuelvo ante Dios porque una y otra vez los exhorto y les ruego
que ninguno busque adivinadores, y que no consulten con ellos por causa o enfermedad
alguna; pues quien cometa este pecado perderá en el acto el Sacramento del bautismo, y en
seguida se convertirá en un sacrílego y pagano, y si no se arrepiente perecerá para toda la
eternidad”.

Y después agrega: que nadie observe días para salir y volver, porque Dios hizo bien todas
las cosas y Quien ordenó un día, ordenó también el otro. Pero siempre que tengan algo que
hacer o deban salir, persígnense en nombre de Cristo, y luego de decir con fidelidad el
Credo o la Oración del Señor, pueden ocuparse de sus asuntos, seguros de la ayuda de
Dios. Pero algunos supersticiosos hijos de nuestra época, no conformes con las precedentes
seguridades, y con acumular error sobre error, y con ir más allá del sentido o intención de
Escoto y los Canonistas, tratan de justificarse con los siguientes argumentos. Si los objetos
naturales poseen ciertas virtudes ocultas; cuya causa no pueden explicar los hombres; tal
como la piedra imán atrae al hierro, y muchas otras cosas por el estilo, que San Agustín
enumera en la Ciudad de Dios, XXI. Entonces, dicen, buscar la recuperación de la salud en
virtud de esas cosas, cuando han fracasado los exorcismos y las medicinas naturales, no
será ilegal, aunque parezca ser vano. Y ello sería así si un hombre -tratase de obtener – su
propia salud o la de otro por medio de imágenes, no nigrománticas, sino astrológicas, o por
anillos y otros objetos parecidos. Argumentan también que, así como la materia natural está
sometida a. la influencia de los astros, lo mismo ocurre con los objetos artificiales tales como
las imágenes, que reciben de los astros alguna virtud oculta, con la cual pueden producir
ciertos efectos; por lo tanto no es ilícito utilizar tales cosas.

Además los demonios pueden cambiar los cuerpos de muchas maneras, como dice San
Agustín, de Trinitate, 3 y es evidente en el caso de los embrujados; por ello es licito usar las
virtudes de esos cuerpos para la eliminación de la brujería.
Pero en verdad todos los Santos Doctores tienen una opinión muy contraria, como se
mostró aquí y allá, en esta obra. Por consiguiente, podemos contestar de esta manera su
primer argumento: que si los objetos naturales se usan en forma sencilla, para producir
ciertos efectos para los cuales se cree que poseen alguna virtud natural, ello no es ilegal.
Pero si se los une a esos ciertos caracteres y signos desconocidos y vanas observaciones,
que, como es manifiesto, no pueden tener una eficacia natural, entonces es supersticioso e
¡licito. Por lo cual Santo Tomás, II, pregunta 96, art. 2, a1 hablar de este asunto, dice que
cuando se usa algún objeto con el fin de causar un efecto físico; como el de curar a los

enfermos, es preciso tomar nota de si tales objetos parecen poseer alguna cualidad natural
que pueda producir ese efecto; y en ese caso no es ilegal, ya que es licito aplicar las causas
naturales a sus efectos. Pero si no parece que puedan provocar esos efectos de manera
natural, se sigue que no se los aplica como causas a dichos efectos, sino como signos o
símbolos, y por lo tanto corresponden a algún pacto simbólicamente firmado con los
demonios. También San Agustin dice, en La Ciudad de Dios, xxi: “Los demonios los
enredan. Por medio de criaturas formadas, no por ellos, sino por Dios, y con diversos
deleites coincidentes con su propia versatilidad; y no como a los animales, con alimento,
sino como a los espíritus, con signos, por diversos tipos de piedras, hierbas y árboles,
animales y amuletos y ceremonias”.

En segundo lugar, Santo Tomás dice: “Las virtudes naturales de los objetos naturales se
siguen de sus formas materiales, que obtienen por la influencia de los astros„ y de la misma
influencia derivan ciertas virtudes activas”. Pero las formas de los objetos artificiales
proceden de la concepción del artesano, y puesto que, como dice Aristóteles en su Física, I,
no son más que una composición artificial, no pueden tener una virtud natural que cause
efecto alguno. Se sigue, pues, que la virtud recibida de la influencia de los astros sólo puede
residir en los objetos naturales y no en los artificiales. Por lo tanto, como dice San Agustín
en La, Ciudad de Dios, x, Porfirio se equivocaba cuando pensó que de las hierbas y piedras
y animales, y de ciertos sonidos y voces y figuras, y de algunas configuraciones en las
revoluciones de los astros y su movimiento, los hombres fabricaban en la tierra ciertos
Poderes correspondientes a los distintos efectos de los astros; como si los efectos de los
magos procedieran de las virtudes de los astros. Pero como agrega San Agustín, todos estos
asuntos corresponden a los demonios, los engañadores de almas sometidas a ellos. Y así
también, las imágenes que se llaman astronómicas son obras de los demonios, cuya señal
consiste en que inscribieron en ellas ciertos caracteres que no poseen poder natural para
lograr nada; pues una figura o signo no es causa de acción natural. Pero existe una
diferencia entre las imágenes de los astrónomos y las de los nigromantes: que en el caso de
estos últimos hay una invocación abierta, y por lo tanto un pacto franco y abierto con los
demonios, en tanto que los signos y caracteres de las imágenes astronómicas sólo implican
un pacto tácito.
Tercero, no existe poder concedido al hombre sobre los demonios, por el cual el hombre
pueda usarlos lícitamente para sus propios fines; pero hay una guerra declarada entre el
hombre y los demonios, y por lo tanto, en manera alguna puede usar la ayuda de los
diablos, ya sea por un pacto tácito o expreso con ellos. Así dice Santo Tomás.

Para volver al punto: dice “en manera alguna”. Por lo tanto, ni siquiera por medio de
ninguna cosa, vana en la cual el demonio pueda estar involucrado de alguna manera. Pero
si son sólo vanas, y el hombre, en su fragilidad, recurre a ellas para recuperar su salud, que
se arrepienta, del pasado y cuide del futuro, y que rece para que sus pecados sean
perdonados y no se vea llevado otra vez a la tentación, como dice San Agustín al final de su
Regla.

CIERTOS REMEDIOS PRESCRITOS CONTRA LOS NEGROS Y HORRENDOS
DAÑOS CON QUE LOS DEMONIOS PUEDEN AFECTAR A LOS HOMBRES

Podemos citar a Santo Tomás, el Segundo de los segundos, pregunta 90, donde interroga si
es licito ad jurar a una criatura irracional. Y responde que sí, pero sólo en la manera de una
compulsión, por la cual se la envía de vuelta al demonio, quien usa criaturas irracionales
para dañarlo. Y tal es el método de adjuración en los exorcismos de la iglesia, por el cual el

poder del demonio se mantiene alejado de las criaturas irracionales. Pero si la adjuración se
dirige a la, propia criatura irracional, que nada entiende, será inválida y nula. De esto
puede entenderse que es posible ahuyentarlos por medio de exorcismos y adjuraciones
legales, si se otorga la ayuda de la merced Divina; pero ante todo hay que pedir a la gente
que ayune y vaya en procesión y practique otras devociones. Pues este tipo de mal se envía
a consecuencia de adulterios y de la multiplicación de delitos, por lo cual hay que instar a
los hombres a que confiesen sus pecados.

En algunas provincias se pronuncian inclusive solemnes excomuniones, pero luego
obtienen el poder de adjuración sobre los demonios. Otra cosa terrible que Dios permite
que les suceda a los hombres es cuando sus propios hijos son arrebatados de las mujeres, y
los demonios ponen niños ajenos en su lugar. Y estos niños, que por lo general se
denominan cambiados, o en idioma alemán “Wechselkinder”, son de tres clases. Pues
algunos siempren sufren y lloran, y sin embargo la leche de cuatro mujeres no basta para
satisfacerlos. Algunos son engendrados por la acción de demonios íncubos, de los cuales,
sin embargo, no son hijos, sino del hombre de quien el diablo recibió el semen como
súcubo, o cuyo semen reunió de alguna polución nocturna ocurrida durante el sueño.
Porque a veces estos niños, por permiso Divino sustituyen a los niños reales.

Y hay una tercera clase, en que los demonios se presentan a veces en forma de niños
pequeños, y se apegan a las nodrizas. Pero los tres tipos tienen en común que, si bien son
muy pesados, siempre están enfermos y no crecen, y no pueden recibir suficiente leche para
satisfacerlos, y a menudo se informa que han desaparecido.
Y puede decirse que la piedad Divina permite esas cosas por dos razones: Primero cuando
los padres chochean demasiado con sus hijos, y este, es , un castigo por su propio bien.
Segundo, se supone que las mujeres a quienes ocurren estas cosas son muy supersticiosas, y
que los demonios las seducen de muchas otras maneras. Pero Dios es en verdad celoso, en
el correcto sentido de la palabra, que significa un fuerte amor por la esposa de un hombre,
que no sólo no permite que se le acerque otro hombre, sino que, como un marido celoso, no
tolera la insinuación o sospecha de adulterio: De la misma manera es celoso Dios del alma
que compró con Su Preciosa Sangre y desposó con la Fe; y no tolera que se la toque, que
converse con el demonio, o que de alguna manera se acerque a él o tenga tratos con él,
enemigo y adversario de la salvación. Y si un esposo celoso no puede soportar siquiera una
insinuación de adulterio, ¡cuánto más le molestará cuando el adulterio se comete de veras!
Por lo tanto no es extraño que les arrebaten sus propios hijos y los remplacen por niños
adúlteros.

Y por cierto que puede acentuarse con más energía la forma en que Dios está celoso del
alma y no tolera que nada pueda provocar una sospecha, como se muestra en la Ley
antigua, en la cual, para poder llevar a Su pueblo lejos de la idolatría, no sólo prohibió ésta,
sino muchas otras cosas que habrían podido ocasionarla, y que parecían no tener uso en sí
mismas, aunque de alguna forma maravillosa conservan cierta utilídad en un sentido
místico. Porque É1 no sólo dice en Exodo, xxii: “A la hechicera no dejarás que viva’, sino
que agrega lo siguiente: “No morará en tu tierra, no sea que te lleve al pecado”. Del mismo
modo, las rameras comunes son muertas, y no se le permite la compañía de los hombres.
Adviértase los celos de Dios, Quien dice como sigue en el Deuteronomio, xxii: “Cuando
topares en el camino algún nido de ave en cualquier árbol, sobre la tierra, con pollos o
huevos, y estuviere la madre echada sobre los pollos o los huevos, no tomes la madre con
los hijos. Dejarás ir a la madre”; porque los gentiles utilizaban esto para procurar la
esterilidad. El Dios celoso no permite en Su pueblo este signo de adulterio. De la misma

manera, en nuestros días, cuando las ancianas encuentran una moneda, la consideran una
señal de gran fortuna, y a la inversa, cuando sueñan con dinero es un signo de desdicha.
También Dios enseñó que todos los recipientes debían ser cubiertos, y que cuando uno no
lo estaba, había que considerarlo impuro.

Existía la creencia errónea, de que cuando los diablos llegaban por la noche (o la Buena
Gente, como los llamaban las ancianas, aunque son brujas o demonios en sus formas),
debían comerlo todo, para que después pudiesen traer mayor abundancia de alimentos.
Algunas personas dan color a la historia, y las llaman búhos; pero esto es contrario a la
opinión de los Doctores, quienes dicen que no existen criaturas racionales, salvo los
hombres y los ángeles; por lo tanto, sólo pueden ser demonios. Por lo demás, en Levítico,

xix: “No cortaréis en redondo las extremidades de vuestra cabeza ni, dañaréis la punta de
su barba”, porque esto lo hacían de manera idólatra, en veneración de los ídolos.
Y otra vez, en Deuteronomio, xxii: “No vestirá la, mujer hábito de hombre, ni el hombre
ropa de mujer”; porque esto lo hacían en honor de la diosa Venus, y otros en honor de
Marte o de Priapo. Y por la misma razón, Él ordenó que los altares de los ídolos fuesen
destruidos, y Ezequías destruyó la Serpiente de Bronce, cuando la gente quería hacerle
sacrificios, y dijo: es de bronce. Por el mismo motivo, prohibió la observancia de visiones y
augurios, y ordenó que el hombreo mujer en quienes existiera un espíritu familiar, fuesen
muertos. Los tales se llaman ahora augures. Por lo tanto, todas estas cosas, porque
engendran la sospecha de adulterio espiritual, como se dijo, por el celo que Dios tiene de las
almas que desposó, como un marido desposa a una mujer, fueron todas prohibidas por Él.

Y así los predicadores también deberíamos tener en cuenta, que ningún sacrificio es más
aceptable para Dios que un celo de las almas, como dice San Jerónimo en sus comentarios
sobre Ezequiel.

Un remedio. Cuando ciertas personas, con vistas a un beneficio temporal, se han entregado
por entero al demonio, a menudo se vio que, aunque podían liberarse del poder del diablo
por una verdadera confesión, fueron atormentadas larga y horriblemente, y en especial
durante la noche. Y Dios tolera esto para su castigo. Pero una señal de que han sido
liberadas es que, después de la confesión, desaparece todo el dinero de su bolso o cofres.
Muchos ejemplos de esto podrían presentarse, pero con fines de brevedad los pasamos por
alto y omitimos.

CARTA OFICIAL DE APROBACIÓN DEL MALLEUS MALEFICARUM, DE LA
FACULTAD DE TEOLOGÍA DE LA HONORABLE UNIVERSIDAD DE COLONIA

El Documento oficial de Aprobación del Tratado Malleus Maleficarum, y las firmas de los
Doctores de la Honorabilísima Universidad de Colonia, debidamente asentadas y
registradas como documento público y declaración.

En nombre de nuestro Señor Jesucristo, Amén. Sepan todos los hombres por las presentes, que
puedan leer, ver o conocer el tenor de este documento oficial y público, que en el Año de Nuestro
Señor, 1487, un sábado, el decimonoveno día del mes de mayo, a la quinta hora después del mediodía,
aproximadamente, en el afeo tercero del Pontificado de Nuestro Santísimo Padre y Señor, el Señor
Inocencio, Papa por providencia divina, octavo de ese nombre, en mi real y concreta presencia, Amold
Kolich, notario público, y en presencia de los testigos cuyos nombres más abajo figuran, y que fueron
reunidos y en especial convocados para este fin, el Venerable y Reverendísimo Padre Heinrich
Kramer, Profesor de Teología Sagrada, de la Orden de los Predicadores, Inquisidor de la depravación
herética en forma directa y delegado para ello por la Santa Sede, ¡tinto con el Venerable y
Reverendísimo Padre Jacobus Sprenger, Profesor de Teología Sagrada y Prior del Convento
Dominico de Colonia, en especial designado como colega del ya citado Padre Heinrsch Kramer, en
nombre de sí mismo y de su mencionado colega nos hizo saber y declaró que el Supremo Pontífice que
ahora reina por fortuna, el señor Inocencio, Papa, como se expuso más arriba, ordenó y otorgó por
Bula debidamente sellada y firmada, a los mencionados Inquisidores Heinrich y Jacobus, miembros de
la Orden de Predicadores y Profesores de Teología Sagrada, por Su Suprema Autoridad Apostólica,
el poder de investigar e inquirir en todas las herejías, y más en especial en la herejía de las brujas,
abominación que medra y se fortalece en nuestros desdichados tiempos, y les pidió que ejecutaran con
diligencia este deber en las cinco arquidiócesis de las cinco Iglesias Metropolitanas, es decir,
Maguncia, Colonia, Tréveris, Salzburgo y Bremen, y les concede toda facultad de juzgar y proceder
contra tales, aun con el poder de dar muerte a los malhechores, según el tenor de la Bula apostólica,
que tienen y poseen, y exhibieron ante nosotros, documento que está completo, entero, intacto, y en
modo alguno lacerado o perjudicado; in fine cuya integridad se encuentra por encima de toda
sospecha. Y el tenor de la mencionada bula comienza así: “Inocencio, obispo, Siervo de los siervos de
Dios, para eterna memoria. Nos anhelamos con la más profunda ansiedad, tal como lo requiere
Nuestro apostolado, que la Fe Católica crezca y florezca por doquier, en especial en este Nuestro
día…”, y termina así: “Dado en Roma, en San Pedro, el 9 de diciembre del Año de la Encarnación de
Nuestro Señor un mil y cuatrocientos y cuarenta y ocho; en el primer Afeo de Nuestro Pontificado”.

En tanto que algunos encargados de almas y predicadores de la palabra de Dios han tenido la audacia
de afirmar y declarar en público, en discursos desde el púlpito, sí, y en sermones al pueblo, que no
existen los brujos, o que esos desdichados en manera alguna molestan o dañan a los humanos o a los
animales, y ha ocurrido que como resultado de tales sermones, que deben ser muy reprobados y
condenados, el poder del brazo secular haya sido detenido y obstaculizado en el castigo de tales
ofensores, y ello resultó ser una gran fuente de estímulo para quienes siguen la horrenda herejía de la
brujería, y acrecentó y aumentó sus huestes en notable medida, por lo tanto, los mencionados
Inquisidores, que con toda el alma y energía desean poner fin a tales abominaciones y contrarrestar
tales peligros, con muchos estudios, investigaciones y trabajos han compilado y compuesto cierto
Tratado en el cual usaron sus mejores esfuerzos en beneficio de la integridad de la Fe Católica, para
rechazar y refutar la ignorancia de quienes se atreven a predicar tan groseros errores, y se han
tomado además grandes trabajos para exponer las formas legales y correctas en que estas brujas
pestilentes pueden ser llevadas a juicio, sentenciadas y condenadas, según el tenor de la precedente
Bula y las reglamentaciones de la ley canónica. Pero como es muy correcto y en todo sentido
razonable que esta buena obra que elaboraron en beneficio común de todos nosotros sea sancionada y

confirmada por la aprobación unánime de los Reverendos Doctores de la Universidad. no sea que por
alguna mala casualidad, hombres mal intencionados e ignorantes supongan que los mencionados
Rectores de la Facultad y los Profesores de la Orden de los Predicadores no coinciden en un todo, en
su opinión, con estos asuntos, los autores de dicho Tratado, escrito con exactitud tal como se lo
imprimirá en caracteres claros, de modo que cuando esté así impreso pueda ser recomendado y
honorablemente aprobado por las buenas opiniones registradas y el juicio maduro de muchos eruditos
Doctores, entregaron y presentaron ante la Honorabilísima Universidad de Colonia, es decir, ante
ciertos Profesores de Teología Sagrada, a quienes se encarga y pide que actúen como representantes
de la Honorabilísima Universidad, el mencionado Tratado para que lo estudien, examinen y analicen
de modo que si se encontraran puntos que puedan parecer de alguna manera dudosos o en
desacuerdo con las enseñanzas de la Fe Católica, esos puntos puedan ser corregidos y enmendados
por el juicio de los sabios Doctores quienes además aprobarán y elogiarán oficialmente todo lo que
contenga el Tratado, que convenga a las enseñanzas de la Fe católica. Y en consonancia, esto se hizo
tal como se ha expuesto.

En primer lugar, el honrado señor Lamberlos de Monte por so propia mano suscribió su juicio y
opinión tal como sigue: “Yo, Lamberlos de Monte profesor (aunque indigno) de Teología Sagrada, y
en este momento decano de la facultad de Teología Sagrada de la Universidad de Colonia, declaro con
solemnidad, y confirmo ésta, mi declaración, por mi propia mano, que he leído y con diligencia
examinado y considerado este Tratado, y que, en mi humilde juicio las dos partes nada contienen que
sea en manera alguna contrario a las doctrinas de la filosofía, o contrario a la verdad de la Santa Fe
Católica y Apostólica, _o contrario a las opiniones de los doctores cuyos escritos son aprobados y
permitidos por la Santa Iglesia. Y dadas las importantísimas y saludables materias que contiene este
Tratado, que, aunque sólo fuese por la honorable condición, sabiduría y buenos oficios de estos
dignísimos y honrados Inquisidores, podría muy bien ser considerado útil y necesario, es preciso
ejercer todos los cuidados diligentes para que este Tratado se distribuya con amplitud entre los
hombres sabios y henchidos de celo, para que con ello cuenten con la ventaja de tantas y tan bien
consideradas orientaciones para el exterminio de las brujas, y que también se ponga en manos de
todos los rectores de iglesias, en especial de quienes son hombres honrados, activos y temerosos de
Dios, que por la lectura se vean estimulados a despertar en todos los corazones el odio contra la
pestilente herejía de las brujas y sus sucias artes, de modo que todos los hombres buenos se vean
prevenidos y salvaguardados, y se pueda descubrir y castigar a los malhechores, para que a la plena
luz del día la merced y la bendición caigan sobre los rectos y se haga justicia con quienes hacen el
mal, y así, en todas las cosas, se glorifique a Dios, a Quien vayan todos los honores, alabanzas y
gloria”.

Luego el Venerable Maestro Jacobus de Stralen, con su propia mano redactó su juicio y ponderada
opinión: “Yo, Jacobus de Stralen, Profesor de Teología Sagrada, después de haber leído con diligencia
el mencionado Tratado, declaro que en mi opinión es en todo y por completo coincidente con el juicio
expuesto por nuestro Venerable Maestro Lambertus de Monte, Decano de Teología Sagrada, como
escribe más arriba, y ello lo atestiguo y confirmo en mi propia firma, para gloria de Dios”.

De la misma manera, el Honorable maestro Andreas de Oclisenfurt escribió por su propia mano lo
siguiente: “Del mismo modo, yo Andreas de Ochsenfurt, Profesor Suplente de Teología Sagrada, dejo
registrado que mi opinión ponderada sobre las materias que contiene el mencionado Tratado
coinciden del todo y por completo con el juicio escrito más arriba, y para verdad de esto doy
testimonio con mi firma”.

Y luego, en la misma forma, el honorable Maestro Tomás de Scotia firmó de su puño y letra, y siguió:
“Yo, Tomás de Scotia, Doctor de Teología Sagrada (aunque indigno de ello), me manifiesto de pleno
acuerdo con todo lo que escribieron nuestros Venerables Maestros respecto de las materias que

contiene el mencionado Tratado, que también examiné y estudié con cuidado, y en confirmación de
esto lo atestiguo con mi firma escrita por mi propia mano’.

Aquí sigue la segunda firma con respecto a los discursos que fueron pronunciados desde el púlpito
por predicadores ignorantes e indignos. Y en primer lugar parece conveniente exponer los siguientes
artículos:

Artículo primero: los Maestros de Teología Sagrada que firman abajo elogian a los Inquisidores de la
depravación herética, quienes, según los Cánones, han sido enviados como delegados por la autoridad
suprema de la Sede Apostólica, y con humildad los exhortan a cumplir con su exaltada tarea con todo
celo e industria.

Artículo segundo: la doctrina de que la brujería puede ejercerse por Permiso Divino, debido a la
colaboración del demonio con hechiceros o brujas, no es contraria a la Fe Católica, sino en todo
sentido coincidente con las enseñanzas de las Sagradas Escrituras; más aun, según las opiniones de
los Doctores de la Iglesia, es una creencia que puede sostenerse con seguridad y mantenerse con
firmeza.

Artículo tercero: por lo tanto es un grave error predicar que la brujería no puede existir, y quienes en
público predican este vil error, obstaculizan de manera notable la santa obra de los Inquisidores, para
gran perjuicio de la seguridad de muchas almas. No es conveniente que los secretos de magia que a
menudo se revelan a los Inquisidores sean conocidos por todos en forma indiscriminada.

Ultimo artículo: debe exhortarse a todos los príncipes y católicos piadosos a que usen siempre sus
mejores esfuerzos para ayudar a los Inquisidores en su buena obra de defensa de la Fe Católica. _

Por lo tanto, estos Doctores de la mencionada Facultad de Teología, que ya firmaron antes y que
también firmaron abajo, agregan sus firmas a estos artículos, tal como yo, Arnold Kolich. notario
público, que agrego mi nombre abajo, lo conocí por la información jurada de Johann Vörde de
Mechlin, hombre bueno y veraz, Bedel jurado de la Honorabilísima Universidad de Colonia, quien
me declaró esto bajo juramento, y que (pues su letra, tal como aparece en las firmas de arriba y de
abajo me son bien conocidas) yo mismo expongo como sigue: “Yo, Lambertus de Monte, Profesor de
Teología Sagrada, Decano de la Facultad, declaro con firmeza y apruebo por entero que mantengo los
artículos aquí expues tos, y de cuya verdad doy testimonio con mi firma escrita por mi propia mano.
Yo, Jacobus de Stralen, Profesor de Teología Sagrada, del mismo modo mantengo y en todo sentido
apruebo, las artículos expuestos más arriba, en prueba de lo cual doy testimonio agregando mi firma
con mi propia mano. Yo, Udalricus Kriduiss von Esslingen, Profesor de Teología Sagrada, también
mantengo y por completo apruebo los artículos antes expuestos y de cuya verdad doy fe agregando mi
firma con mi propia mano. Yo, Conradus von Campen, Profesor Ordinario de Teología Sagrada,
declaro que asiento y estoy en entero de acuerdo con el juicio de los profesores superiores. Yo,
Cornelius de Breda, profesor suplente, mantengo y apruebo por completo los artículos expuestos más
arriba, en prueba de lo cual doy testimonio agregando mi firma con mi propia mano. Yo, Tomás de
Seotia, profesor de Teología sagrada (aunque indigno), estoy en todo sentido de acuerdo, mantengo y
apruebo la opinión de los Venerables Profesores que firmaron arriba, y en prueba de ello agrego mi
nombre por mi propia mano. Yo, Theoderish der Bummel, profesor suplente de Teología Sagrada,
convengo por entero con lo que escribieron arriba los honorables maestros que firmaron sus nombres,
y en prueba de ello lo atestiguo con mi firma escrita por mi propia mano. En confirmación de los
artículos precedentes, declaro que soy de la misma y plena opinión que los precedentes y
honorabilísimos maestros y profesores, yo, Andreas de Ochsenfurt profesor de la facultad de Teología
Sagrada, miembro inferior de la junta de Teólogos de la Honorabilísima Universidad de Colonid’.

Por último, el antedicho Venerable y Reverendísimo Padre Heinrich Kramer, Inquisidor, poseía y nos
mostró obra carta, escrita con claridad en pergamino virgen, concedida y otorgada por el Serenísimo
y Noble monarca, Rey de los romanos, cuyo pergamino ostentaba su propio sello oficial real, rojo,
impreso sobre un fondo de cera azul, cuyo sello estaba suspendido y colgado del final del dicho
pergamino, y estaba completo y entero, intacto, no cancelado ni sospechoso, en modo alguno lacerado

o perjudicado, y por el tenor de las presentes el muy encumbrado señor, el mencionado y noble Rey de
los Romanos, para que, en beneficio de nuestra Santa Fe, estos asuntos puedan ser despachados con la
mayor rapidez y facilidad, en su real condición de rey muy Cristiano, deseó y desea que la misma
Bula Apostólica, de la cual hemos hablado arriba, sea en todo sentido respetada, honrada y defendida,
y puestas en vigor las cláusulas allí establecidas, y toma a los Inquisidores por completo bajo su
augusta protección, y ordena y exige a todos y cada uno de los súbditos del Imperio Romano que
muestren a los dichos Inquisidores todo el favor posible y les concedan toda la ayuda de que necesiten
en cumplimiento de su misión, y que presten a los Inquisidores toda la colaboración según las
cláusulas que más plenamente se encuentran contenidas y expuestas en dicha carta. Y la mencionada
carta emitida por el rey comienza así y termina así, como se expone por orden, a continuación:
“Maximiliano, por Favor Divino y Gracia de Dios, Augustísimo Rey de los Romanos, archiduque de
Austria, duque de Burgundia, de Lorena, de Brabante, de Limburgo, de Luxemburgo y de
Celderlandia, conde de Flandes . . .”; y termina así: “Dado en nuestra buena ciudad de Bruselas. por
nuestra propia mano y sello, en el sexto día de noviembre, en el año de Nuestro Señor un mil
cuatrocientos ochenta y seis, en el primer año de nuestro reinado”. Por lo cual, respecto de todo lo
que se expuso y estableció más arriba, el mencionado Venerable y Reverendísimo Padre Heinrich,
inquisidor, en su nombre y los de sus mencionados colegas, me pidió a mí, notario público, cuyo
nombre está escrito arriba y firmado abajo, que cada documento y todos ellos fuesen redactados en
forma oficial y elaborados en la forma de instrumento o instrumentos públicos, y ello se hizo en
Colonia, en la casa y vivienda del mencionado Venerable Maestro Lambertus de Monte, cuya casa se
encuentra situada dentro de las inmunidades de la Iglesia de San Andrés, de Colonia, en la
habitación en que el mismo Maestro Lambertus realiza sus estudios y despacha sus asuntos, en el año
de Nuestro Señor, en el mes, en el día, a la hora y durante el Pontificado, todo lo cual se expuso más
arriba, encontrándose presentes allí, en ese momento, el mencionado Maestro Lambertus y el Bedel
]ohann, así como también Nicolas Cuper van Venroid, notario jurado de la Venerable Curia de
Colonia, y Christian Wintzen von Eusskirchen, empleado de la diócesis de Colonia, ambos hombres
buenos y dignos, quienes atestiguan que este pedido se hizo y concedió de manera formal.
Y yo, Arnold Kolich van Eusskirchen, empleado de la diócesis de Colonia, notario jurado, también
estuve presente mientras los hechos anteriores se ejecutaron y desarrollaban, y de ello doy prueba con
los mencionados testigos; y en consonancia con lo que vi y con lo que, como más arriba digo, escuché
en el testimonio jurado del mencionado Bedel, hombre bueno y digno, he escrito de mi puño y letra y
sellado el presente instrumento público, que he firmado y hecho publicar, desde que lo redacté en esta
forma oficial para su publicación, y porque así se me pidió y solicitó, lo firmé y sellé de acuerdo con la
manera solicitada, con mi propio nombre y mi propio sello, para que pueda ser aprobado oficialmente
y constituya un testimonio y prueba suficientes y legales de que todos y cada uno están aquí
contenidos, expuestos y ordenados.

O bien la incapacidad sigue a la consumación de un matrimonio, y entonces no disuelve sus
vínculos. Los Doctores señalen muchas cosas más en este sentido, en varios escritos en que tratan de
la obstrucción debida a la brujería; pero como no son pertinentes para esta investigación, las
omitimos.

Pero algunos podrán encontrar difícil entender cómo puede obstruirse esta función respecto de una
mujer y no de otra. San Buenaventura responde que esto puede ser porque una bruja convenció al
demonio que así lo hiciera respecto de una mujer, o porque Dios no permite que la obstrucción se

aplique, salvo en el caso de esa mujer en especial. El juicio de Dios en este asunto es un misterio,
como en el caso de la esposa de Tobías. Pero lo que ya se dijo muestra con claridad de qué manera
provoca el demonio esa incapacidad Y San Buenaventura dice que obstruye la función procreadora,
no en términos intrínsecos, dañando el órgano, sino en forma extrínseca, impidiendo su uso; y es un
impedimento artificial, no natural; y por lo tanto puede hacer que se aplique a una, mujer y no a otra.
O bien anula. todo deseo hacia una u otra mujer; y esto lo hace por su propio poder, o por medio de
alguna hierba o piedra, o alguna criatura oculta. Y en este sentido coincide en lo sustancial con Pedro
de Paludes.

El remedio eclesiástico en el tribunal de Dios se establece en el Canon, donde dice: si con el permiso
del justo y secreto juicio de Dios, mediante las artes de hechiceras y brujas, y la preparación del
demonio, los hombres son hechizados en su función procreadora debe instárselos a que hagan plena
confesión ante Dios y Su sacerdote, de todos sus pecados, con corazón contrito y espíritu humilde; y
a dar satisfacción a Dios con muchas lágrimas y grandes ofrendas y rezos y ayunos.

De estas palabras resulta claro que tales afecciones sólo se deben al pecado, y sólo ocurren en quienes
no viven en estado de gracia. Luego dice cómo los ministros de la iglesia pueden efectuar una cura
por medio de exorcismos y otras protecciones y curaciones que proporciona la iglesia. De este modo,
con la ayuda de Dios, Abrahán curó con sus oraciones a Abimelech y su casa.
En conclusión, podemos decir que existen cinco remedios que se pueden aplicar en forma lícita a
quienes se encuentran hechizados de ese modo, a saber: una peregrinación a algún altar santo y
venerable; la verdadera confesión de los pecados, con contrición; el uso abundante de la Señal de la
Cruz y de devotas oraciones; exorcismos lícitos por medio de palabras solemnes, cuya naturaleza se
explicará más adelante; y por último, puede lograrse un remedio abordando con prudencia a la bruja,
como se mostró en el caso del conde que durante tres años no pudo cohabitar carnalmente con una
virgen con la cual había casado.

Guerra de Troya, talón de Aquiles, Cabayo de troya

•9 febrero 2014 • Dejar un comentario

En la mitología griega, la guerra de Troya fue un conflicto bélico en el que se enfrentaron una coalición de ejércitos aqueos contra la ciudad de Troya (también llamada Ilión y ubicada en Asia menor) y sus aliados. Según Homero, se trataría de una expedición de castigo por parte de los aqueos, cuyo casus belli habría sido el rapto (o fuga) de Helena de Esparta (luego conocida como Elena de Troya) por el príncipe Paris de Troya.

Los historiadores que piensan que los poemas épicos de la guerra de Troya derivan de algún conflicto real, lo fechan entre 1200 ac .–1100 ac

El mito surge así:

Zeus se convierte en rey de los dioses tras destronar a su padre Crono; Crono a su vez había destronado a su padre Urano. Zeus escucha una profecía en que él a su vez será destronado por uno de sus hijos. Otra profecía dice que un hijo de la ninfa Tetis sería más grande que su padre. Posiblemente por alguna de estas razones, Tetis se casó por orden de Zeus con un mortal, el rey Peleo. Peleo y Tetis tuvieron un hijo llamado Aquiles quien, según otra profecía, moriría joven en Troya. Con la esperanza de protegerle, cuando era un niño su madre lo bañó en el río Estigia haciéndolo invulnerable excepto en el talón, por donde lo sujetó( de aquí el mito del talón de Aquiles).

Todos los dioses fueron invitados a la boda de Peleo y Tetis, excepto Eris. Ésta se presentó de improviso en la boda y dejó sobre la mesa una manzana de oro en la que estaba inscrita la palabra kallisti (‘para la más hermosa’). La manzana fue reclamada por Hera, Atenea y Afrodita. Zeus resolvió el asunto nombrando árbitro a París, un príncipe de Troya, que había sido criado como pastor a raíz de una profecía, según la cual sería el causante de la caída de Troya.

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Las diosas quisieron sobornar a Paris: Atenea le ofreció sabiduría, destreza en la batalla y las habilidades de los grandes guerreros; Hera le ofreció poder político y el control de toda Asia, y Afrodita le ofreció el amor de la mujer más bella del mundo. París concedió la manzana a Afrodita, y regresó a Troya.

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El porque del rapto de Helena:

La mujer más bella del mundo era Helena. Era hija de Leda, la cual estaba casada con Tíndaro, rey de Esparta, y fue seducida por Zeus en forma de cisne; los informes difieren sobre cuáles de los cuatro hijos de Leda lo eran de Zeus y cuáles de Tíndaro, pero Homero presenta a Helena como hija de Zeus.

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Helena tenía muchos pretendientes, y Tíndaro estaba poco dispuesto a elegir uno por miedo a que los otros tomasen represalias. Finalmente, uno de los pretendientes, Odiseo de Itaca (Ulises en la mitología romana) propuso un plan. Hizo prometer a todos defender el matrimonio de Helena con quien ella eligiese. Ella eligió a Menelao, quien humildemente no hizo la petición por sí mismo, sino enviando a su hermano Agamenón en su lugar. Los dos hermanos vivían en la corte de Tíndaro desde que fueron desterrados de Micenas, después de que su padre, Atreo fuese asesinado y su trono usurpado por su hermano Tiestes y su hijo Egisto. Menelao heredó el trono de Esparta de Tíndaro, con Helena como su reina, y Agamenón, casado con la hermana de Helena, Clitemnestra recuperó el trono de Micenas.

Enviado a hacer tratos diplomáticos a Esparta, Paris se enamoró de Helena y, con la ayuda de Afrodita, la raptó o la sedujo, y la llevó de regreso a Troya como esposa. Todos los reyes y príncipes de Grecia fueron llamados a cumplir su juramento y recuperarla.

Quien dirigió las tropas:

Odiseo estaba casado con Penélope y tenía un hijo, Telémaco. Odiseo para evitar ir a la guerra, se fingió loco y sembró sus campos con sal. Palamedes fue más listo que él y puso a su hijo Telémaco delante del arado. Odiseo se incorporó al no estar dispuesto a matar a su hijo, revelando su cordura y viéndose obligado a ir a la guerra.

El adivino Calcas auguró que nunca podría ser conquistada la ciudad de Troya sin que Aquiles participara en la batalla. Su madre Tetis, sabiendo que Aquiles moriría si iba a Troya, lo disfrazó de mujer en la corte del rey Licomedes en Esciro. Allí tuvo una relación amorosa con la hija del rey, Deidamía, de la que tuvieron un hijo, Neoptólemo. Odiseo descubrió a Aquiles entre las mujeres y consiguió así que participara en la expedición.

Finalmente, se reunió una flota de más de mil barcos al mando de Agamenón.

Los griegos también llevaron los huesos de Pélope, padre de Atreo y abuelo de Agamenón y Menelao, para ayudarles a ganar la guerra. Otro oráculo auguró que serían necesarios para conseguir la victoria.

El viaje a troya:

Cuando la expedición se dispuso de nuevo a zarpar desde Áulide, los vientos cesaron. Calcas auguró que la diosa Artemisa estaba castigando a Agamenón por matar un ciervo sagrado (o matar un ciervo en un bosque sagrado) y alardear que era mejor cazador que ella. La única forma de apaciguar a Artemisa era sacrificar a la hija de Agamenón, Ifigenia. Ifigenia fue trasladada desde Micenas hasta Áulide con el falso pretexto de que iba a convertirse en esposa de Aquiles. Cuando llegó, Agamenón se dispuso a sacrificarla pero en el último momento Artemisa sustituyó a la joven por un ciervo y la llevó a Táurica (o Táurida), donde fue sacerdotisa de su culto. Allí era la encargada de sacrificar a todo extranjero que allí llegaba, en honor a Artemisa. Hesíodondice que se convirtió en la diosa Hécate. 

Inicio de la Guerra:

La armada aquea arribó a las playas de Troya, donde se encontró con gran parte del ejército troyano esperándola (arqueros y guerreros).

Mapa de la Tróade.

El oráculo profetizó que el primer griego que pisara tierra sería el primero en morir en la guerra de Troya.Protesilao, líder de los filaceos, satisfizo esta profecía.Héctor mató a Protesilao, y Laodamía, esposa de éste, se suicidó a causa del dolor. Tras la muerte de Protesilao, su hermano Podarces fue a la guerra en su lugar.

Tras una batalla en la playa, los aqueos lograron imponerse. Entre otros, Aquiles mató a un hijo de Poseidón, Cicno, que luchaba en las fuerzas de Ilión. Cicno era invulnerable a las armas y Aquiles lo estranguló.

Los griegos sitiaron Troya durante nueve años. Las tropas griegas saquearon varias ciudades cercanas y, en el reparto del botín, Agamenón tomó como esclava a Criseida, hija de Crises, sacerdote de Apolo. Cuando Crises intentó pagar su rescate, fue maltratado, así que pidió a Apolo que castigase a los griegos, y la armada fue azotada por una plaga.

Hechos de la Íliada:

El oráculo emitido por Calcas dijo que la plaga solo cesaría si Agamenón  devolvía a Criseida a su padre. Enojado por esto, y con Aquiles (que garantizó el cumplimiento del oráculo), Agamenón aceptó devolver a Criseida pero a cambio tomó a la concubina de Aquiles, Briseida. Aquiles y Agamenon discutieron y Aquiles se negó a luchar. Aunque los griegos estaban destinados a ganar la guerra, Aquiles pidió a su madre Tetis que intercediera ante Zeus para asegurarse de que a los griegos les fuese mal hasta que Agamenón se disculpase ante él. Los siguientes días los griegos fueron duramente castigados en la batalla y los principales guerreros, salvo Áyax fueron heridos gravemente. Los troyanos, liderados por Héctor, avanzaban sin parar sobre las posiciones griegas llegando incluso hasta las naves las cuales comenzaron a prender fuego; lo hubiesen logrado a no ser por la resistencia de Áyax y la llegada de Patroclo.

En vista del peligro, Aquiles había dejado que su compañero Patroclo llevase su armadura y liderase las tropas en la batalla. La llegada de Patroclo le dio nuevos ánimos a los griegos (quienes creían que era Aquiles) y lograron expulsar a los troyanos de las naves. Sin embargo, Héctor dio muerte a Patroclo(con ayuda de Apolo) y se quedó con la armadura de Aquiles tras una ardua batalla que se había desencadenado alrededor del cuerpo sin vida de Patroclo. Loco de dolor, Aquiles juró venganza, mató a Héctor y arrastró su cuerpo atado a su carro alrededor de las murallas de Troya tres veces, y daba 13 vueltas alrededor de la pira funeraria de Patroclo por cada día que pasaba. Aquiles, furioso, se negó a devolver el cuerpo de Héctor a los troyanos para los ritos funerarios hasta que, Príamo, acompañado por Hermes, fue una noche en persona a suplicarle que lo devolviese, con lo que se ablandó y declaró una tregua de doce días mientras durasen los funerales de Héctor.

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Muerte de Aquiles:

Poco después de la muerte de Héctor, Aquiles venció a Memnón de Etiopía y a la amazona Pentesilea (con quien Aquiles tuvo una aventura según algunas versiones). Fue muerto por Paris, bien de una flecha en su talón dirigida por Apolo durante una tregua; o en otra versión, directamente por el dios Apolo. Sus huesos fueron mezclados con los de Patroclo, y hubo juegos funerarios. Como Áyax, se representa viviendo tras su muerte en la isla de Leuce en la desembocadura del Danubio. En Las troyanas y Hécuba, obras de Eurípides, Políxena, hija de Príamo es sacrificada en la pira fúnebre de Aquiles.

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En otra versión bastante diferente de las anteriores,Aquiles había prometido a Príamo que, si consentía el casamiento con su hija Políxena, pasaría a abandonar a los suyos y defender Troya, pero tras concertar una cita en el templo de Apolo Timbreo, fue asesinado por Paris con una daga en la espalda (o una flecha en el talón).

El caballo de troya:

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El cerco de Troya duró diez años. Los griegos idearon una nueva treta – un gran caballo de madera hueco. Fue construido por Epeo y lo ocuparon soldados griegos liderados por Odiseo.El resto de la armada griega fingió partir y un espía griego, Sinón, convenció a los troyanos de que el caballo era una ofrenda a Atenea a pesar de las advertencias de Laoconte y Casandra. Los troyanos introdujeron el caballo en la ciudad e hicieron una gran celebración y, cuando los griegos salieron del caballo, la ciudad entera estaba bajo el sueño de la bebida. Los guerreros griegos abrieron las puertas de la ciudad para permitir la entrada al resto de las tropas y fue saqueada sin piedad alguna.

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La Leyenda del Mate

•3 julio 2013 • Dejar un comentario

Los guaraníes cuentan que la luna, Yacy, paseaba desde siempre por los cielos nocturnos, observando curiosa los bosques, las lagunas, el río conociendo el mundo por primera vez. 

Sin embargo, a sus oídos fueron llegando los relatos de quienes habían visitado el mundo y que le iban contando de la vida de los animales, de la belleza de las flores, del canto de los grillos, el piar de las aves, del sonido del río… y la luna fue tornándose cada vez más curiosa y con deseos de visitar la tierra. 

Así que un día se decidió y, junto con Araí, la nube, fue a pedirle autorización a Kuaray, el Sol, para que las dejase bajar un día a la tierra para así poder contemplar de cerca las bellezas del mundo. El dios Sol se mostró reacio a dejarlas partir, pero por fin cedió y las dejó marchar. Sólo les impuso una condición: en la tierra serían vulnerables a los peligros de la selva como cualquier humano, aunque también serían invisibles para estos. 

Luego las dejó partir. 

Fue así como la luna, Yacy, llegó un día a la tierra. Y junto con Araí fueron visitando los lugares que veían desde las alturas,maravillándose a cada paso. Observaron de cerca como las arañas tejían sus redes, sintieron el frío del agua del río, tocaron la tierra roja con sus manos. 

Tan absortas en su mundo estaban ambas diosas que no se percataron de la acechanza de un yaguareté que las seguía de cerca. El felino estaba hambriento y quería comer, por lo que en un momento largo el zarpazo para atrapar a las mujeres. 

En el momento justo cuando estaba por alcanzarlas, el animal fue alcanzado por una flecha lanzada por un joven cazador guaraní, que justo pasaba por el lugar, y que sin saberlo, salvó la vida de las diosas. 
El joven cansado por la búsqueda, pero feliz por su conquista,decidió descansar al pie de un árbol, antes de regresar a la tribu. Y entonces se durmió. 

Y en sus sueños fue visitado por las diosas que, vestidas de blanco, le hablaron con cariño. Yacy le dijo que como símbolo de gratitud, cuando llegue a su tribu, encontrará un arbusto a la entrada que nunca antes había visto. Le dijo como hacer con sus hojas para preparar una infusión que uniría a las personas de todas las tribus,como símbolo de hermandad y de confraternidad. 

Cuando se despertó y volvió con su gente, el joven cazador vio el arbusto a la entrada del campamento y siguiendo las instrucciones que la diosa le dio en sueños, el muchacho buscó una calabaza hueca, picó las hojas del arbusto, las puso dentro y llenó el cuenco con agua.Luego, con una pequeña caña tomó la bebida. 

Inmediatamente compartió la infusión con la gente de la tribu que observaban curiosos es trabajo del cazador. La calabaza fue pasando de mano en mano, y todos fueron tomando la infusión. 

AImagensí nació el mate, que une a las personas, que es un símbolo de paz y confraternidad. Y que fue un regalo de la luna a los hombres para que compartan vivencias, para que fomenten su amistad, o para que disfruten un silencio compartido.

Criaturas mitológicas 3

•4 enero 2013 • 1 Comentario

       Gigante:

El gigante es una criatura de aspecto humanoide que se caracteriza por poseer un tamaño y fuerza descomunales.

Los gigantes aparecen en infinidad de leyendas y se les atribuyen muchas de las catástrofes que se han vivido durante la historia.  Los antiguos creían que eran capaces de romper montañas y provocar avalanchas, o de secar un río entero bebiendo de su caudal.

Los gigantes en la mitología

Una de las razas de gigantes más conocida en la mitología griega son los cíclopes. Gigantes de un solo ojo dedicados a la herrería y forjadores los rayos de Zeus y de las más increíbles armas de los dioses.

En la mitología mesopotámica se contaban las aterradoras historias del gigante Humbaba, el vomitador de fuego. Este gigante era el Guardián del Bosque de Cedros, en la morada de los dioses, y su aspecto era verdaderamente peculiar. Tenía la cara envuelta en intestinos replegados y contaba con garras de león. Tal era su fiereza que sólo se podía entrar en el bosque que protegía si se poseían amuletos de protección contra demonios. Cuando los legendarios héroes Gilgamesh y Enkidu se adentraron en este bosque, dieron muerte a Humbaba sin saber que era una bestia sagrada. Los dioses castigaron a Gilgamesh arrebatándole a su compañero Enkidu.

En el norte de Europa las leyendas hablaban de enormes y horribles seres conocidos como trolls que vivían en cuevas y madrigueras. Acechaban durante la noche, ya que la luz solar los convertía en piedra.

Los gigantes también abundan en cuentos de hadas e historias folclóricas como por ejemplo pulgarcito.

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 Arconte:

La figura del arconte ha sido reconocida en numerosas mitologías y civilizaciones como la celta y la azteca, y algunas han conseguido nombrar hasta 12 arcontes. Esto no significa que no haya más, sino que nunca se han materializado en nuestro plano.

Los arcontes son eficaces y poderosos intermediarios. Son la conciencia y, en cierto modo, el ente físico que se encarga de llevar a cabo todo lo que el dios necesita ejecutar. Son La Autoridad.

Es lógico pensar que estos seres poseen un gran poder, pero hay mucho más. Su fuerza y gracia son celestiales, divinas. No necesitan hablar, aunque lo hagan, y no necesitan luchar, aunque porten armas arcanas. Su mera presencia es una revelación que despeja la mente y el espíritu.

Características del arconte

Suelen aparecer bajo la forma de un humano, hombre o mujer, de piel y cabello azul, blanco o dorado. La mayoría posee enormes alas angelicales aunque no las necesitan para volar y moverse a voluntad. Pueden teleportarse y estar a cada segundo en un lugar distinto.

Los arcontes hablan su propia lengua celestial y la lengua infernal. Aun así, pueden comunicarse con cualquier otro ser usando su empatía, de manera que se hacen entender aunque no se conozca ni una palabra del idioma angelical.

El aura del arconte es una de sus cualidades más llamativas. Cuando el arconte se manifiesta, su aura es de pura bondad y sus ojos se muestran comprensivos y llenos de amor. Si el arconte debe tomar una actitud más correctora, su aura se transforma en un amplio halo luminoso de protección para sí mismo y para las criaturas de buen corazón que estén presenten. Si el arconte debe mostrarse hostil ante una criatura malvada, su aura se convierte en halo amenazador sediento de justicia al que muy pocas criaturas infernales escapan, ya que debilita y merma la voluntad.

Un arconte presenta también la capacidad de atravesar la oscuridad y la penumbra con su mente, permitiendo a sus ojos ver todo lo que esconden las sombras. Arconte, de Jason Engle

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Drider:

En la sociedad drow existe una gran veneración a la diosa araña, Lolth. Cuando un drow llega a un cierto grado de desarrollo, ya sea como guerrero, mago, etc., es sometido a una prueba especial encomendada por Lolth.

Aquéllos que no superan la prueba reciben una maldición de la diosa y son desterrados de su comunidad. La maldición los transforma en seres que mantienen la parte superior de drow, pero la parte inferior de su cuerpo es la de una araña gigante, normalmente de 8 patas.

Los driders conservan las mismas cualidades que tenían cuando eran drows; la capacidad de lanzar conjuros, la infravisión, el dominio del arco y, sobre todo, del hacha y la espada. Evidentemente, también conservan la aversión a la luz y su odio por las criaturas de la superficie.

Son seres agresivos, rápidos y fuertes. Sus mordiscos son profundos y venenosos. El carácter del drider es muy desagradable y, puesto que no son seres especialmente sociables, es habitual verlos solos o en compañía de alguna araña.

Viven atormentando a sus víctimas, las persiguen y las acosan hasta que consiguen acorralarlas y matarlas, bien golpeando con sus patas o bien mordiéndolas. Tras la matanza, se alimentan de la sangre y de las vísceras del desafortunado contrincante.

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El contemplador:

Se le conoce como “el ojo tirano”, ya que se trata de un cuerpo globular con un ojo gigante, más o menos esférico, y con unos 10 pedúnculos largos. Su cuerpo esta recubierto de quitina, lo que le da una gran dureza y puede actuar como armadura. Los pedúnculos también tienen ojos, y están situados en la parte superior de la esfera. Tiene además una enorme boca con dientes afilados. El ojo central puede lanzar un rayo anti magia  que le permite bloquear cualquier tipo de magia dentro de su campo de visión. Los demás ojos tienen distintas funciones, uno puede de hechizar, otro provocar sueño, transformar en piedra, telequinesis, lanzar un rayo des integrador  provocar lentitud en el adversario y lanzar el “rayo de la muerte”.

Si pierde un pedúnculo en combate, sólo necesita una semana para que le vuelva a crecer. Estos pendúnculos perdidos son muy útiles para pociones mágicas de levitación. Los contempladores pueden levitar y desplazarse flotando a voluntad. Esta agilidad en sus movimientos permite que puedan esquivar fácilmente otros ataques, y esto unido a la magia de sus ojos lo convierten un ser muy poderoso. Existe una variedad de contemplador que habita en las profundidades marinas, y que se diferencia del anterior en que tiene unas pinzas como de cangrejo. Tiene además dos ojos extra que le permiten crear una ilusión, con la que engañan a sus víctimas.

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ETTIN :

Físicamente es muy parecido a un ogro; cuentan con enormes colmillos y tienen la piel tan dura y grisácea que parece cubierta de una capa de pelaje corto. Sin embargo, su tamaño puede llegar a duplicar al de los ogros. De hecho, “ ETTIN” viene del inglés “eoten”, una palabra en desuso que significa “gigante”.

Lo más característico de estos seres es, sin duda, la doble cabeza. Cada cabeza es independiente y dirige una parte de su cuerpo. De este modo, la cabeza izquierda controla el brazo y pierna izquierdos, y la derecha hace lo mismo con el brazo y pierna derechos. De ahí la importancia de llegar a un acuerdo entre ambas cabezas, o el resultado de los movimientos del ETTIN puede ser desastroso.

Sin embargo, la doble cabeza es más ventajosa de lo que pueda parecer, ya que permite al ETTIN tener un mayor campo visual y facilita el estado de alerta. Es muy difícil encontrar a un ETTIN desprevenido, siempre están listos para la lucha.

Los ettin tienen un ataque muy poderoso puesto que están especializados en armas de gran tamaño como el garrote y el mayal que, además, pueden blandir en ambos brazos ya que cada cabeza coordina un arma.

Igual que al resto de gigantes, les gusta habitar en colinas y montañas, y hacen de las cuevas su hogar. Al ser seres solitarios, las cuevas suelen estar ocupadas por un solo ettin, a menos que tengan descendencia. En este caso, se ocupan del pequeño ETTIN durante los primeros años de su vida, hasta que se consideran adultos.

Son poco inteligentes, apenas consiguen comunicarse con otros seres y, si unimos esto a su poca sociabilidad, encontraremos que un ettin tiende a mostrarse agresivo con casi cualquier ser que tenga delante. Aunque es cierto que, en ocasiones, puede llegar a realizar tratos con ogros o con orcos, normalmente con fines perversos.

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Orcos

 Orcos:

Orco es la deformación de un término, proveniente del inglés antiguo, que se refería a numerosos monstruos de la mitología celta. La existencia de estas criaturas fue inventada para dar explicación a los hechos de sangre y asaltos acaecidos en los campos y bosques. En español la palabra ha evolucionado como «ogro». En la mitología romana la palabra Orcus («Orco») es sinónimo de inframundo y, en ocasiones, también es el nombre de un gigante hijo del dios Putón. La palabra castellana derivada de la latina es huerco.

Los salvajes orcos de piel verde son una de las razas más prolíficas de Azeroth. Se cree que son brutales y estúpidos, sin humanidad ni empatía hacia las otras razas. Nacidos en el mundo infernal de Draenor, los orcos llegaron al reino de Ventormenta a través del portal dimensional conocido como El Portal Oscuro y manipulados para luchar contra los humanos. Aunque son pocos los que conocen su historia, los orcos cultivaron una sociedad noble y chamánica en el mundo de Draenor.

La sociedad de los orcos se ha caracterizado siempre por la vida robusta y salvaje. Consecuentemente son pragmáticos, firmes, y nunca son tímidos en la batalla cuando tienen que proteger el futuro de un orco o de su clan. Se espera que todos los orcos sin importar sexo o edad sean valientes, y la debilidad se considera una falta grave. La debilidad de uno contamina la debilidad de todos, y es castigable por la humillación más grande que un orco puede recibir: el exilio. Es más exacto decir que los orcos son prácticos más bien que nobles, pero diversos clanes también tienen diversas personalidades. Thrall y el Frostwolves han traído una influencia notable de compasión en la Horda, vista típica mente en un tratamiento menos duro de Thrall hacia los peones, que eran vistos como una raza secundaria y despreciable. No obstante hay clanes tales como los Warsong que todavía se aferran en lo rígido, la creencia espartana valorada en la vieja Horda.

 

Los números de 2012

•1 enero 2013 • Dejar un comentario

Los duendes de las estadísticas de WordPress.com prepararon un informe sobre el año 2012 de este blog.

Aquí hay un extracto:

4,329 films were submitted to the 2012 Cannes Film Festival. This blog had 20.000 views in 2012. If each view were a film, this blog would power 5 Film Festivals

Haz click para ver el reporte completo.

Medusa, otra victima de los dioses

•26 abril 2012 • 3 comentarios

En la mitología griega, Medusa era una de las tres gorgonas, la única mortal(y la más hermoza).

ImagenLas 3 Gorgonas (Esteno, Euríale y Medusa) eran hijas de dos divinidades marinas, Forcis y Ceto. Su aspecto era terrible: de la cabeza le crecían serpientes en vez de pelo, el cuerpo recubierto de escamas de dragón,; Medusa y las gorgonas, en su sonrisa lucían un par de afilados colmillos de jabalí; sus manos eran de bronce y sus dos alas de oro, lo que no les impedía utilizarlas para volar; y, si miraban directamente a alguien a los ojos, al momento le dejaban petrificado(hecho piedra).

De las tres gorgonas, la más famosa era Medusa, aunque era la única mortal. Medusa y sus hermanas vivían el extremo de Occidente, cerca del reino de los muertos, y no había mortal ni divinidad que no las tuviera temor.

En la versión más conocida del mito, Medusa era originalmente una hermosa mujer humana. Poseidón se enamoró de Medusa, y la sedujo (o violó) en un templo dedicado a Atenea. Ambos dioses eran rivales desde que compitieran por el patronazgo de Atenas y los habitantes de la ciudad prefiriesen el olivo de Atenea a la fuente o los caballos de Poseidón.

Tras descubrir la profanación de su templo, Atenea transformó a Medusa hasta tener la forma de sus dos hermanas(horribles para que ya no sedujece ni le interesase a nadie más).

Algunas versiones dicen que fue Afrodita quien celosa de la cabellera de Medusa,la cambió por serpientes(lo cual no sería extraño ya que Afrodita ha sido famosa por su brutalidad contra las mortales cuando las creian demasiado bellas dado su gran ego).

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Mientras Medusa estaba embarazada de Poseidón, fue decapitada por el héroe Perseo(medio dios segun dice la historia otro de los hijos de Zeus con una mortal) con la ayuda de Atenea y Hermes.

La sangre que cayó al suelo o, según las versiones, de su cuello brotó su descendencia: el caballo alado Pegaso y el gigante Crisaor ( el padre de Gerión, un gigante que poseía tres cuerpos hasta la cintura y al que Hércules mataría en La Coruña y enterraría debajo de la Torre de Hércules) .

Perseo usó la cabeza de Medusa para rescatar a Andrómeda(imagen reperesentada en la escultura de arriva), la uso para matar a Polidectes y, en algunas versiones, petrificar al titán Atlas. Entonces se la ofreció a Atenea, quien colocó la cabeza de medusa en su escudo, la égida. Se dice que la sangre de Medusa resucitaba a los muertos y con ella Asclepio resucitó a algunos héroes.

Según cuenta Pausanias en el libro II de su Descripción de Grecia, dedicado a Corinto, el mito de Medusa es una versión novelada de la historia de una reina quien, después de la muerte de su padre, habría recogido ella misma el cetro, gobernando a sus súbditos cerca del lago Tritonide, en Libia. Medusa habría muerto de noche durante una campaña contra Perseo, un príncipe del Peloponeso.

 
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